¡Nuevo capítulo! No sé si os habéis dado cuenta, pero yo os lo informo: los capítulos los estoy subiendo los Martes y los Viernes. ¿Os parece bien? Si no es así... os aguantais. Jajaja. Este es un capítulo especial para el blog, porque la misma Alex hace alusión al nombre del blog. Habla de soñar despierta y... ¿Por eso se creo esta historia no? Porque soy incapaz de concentrarme en este mundo, porque mi cabeza prefiere volar por otros aún no descubiertos. Y me gusta compartir esos mundos con vosotros. Bueno lo dicho, leed, ¡Comentad! y difundid. Espero que os guste.
-Alex ¿Puedes vendarle la pierna a esta niña? Yo tengo que
desinfectarle a aquel chaval una herida – Me pidió Gus.
Tragué en seco. Anoche dormí seguido, sin sueños ni
pesadillas. Sin nada. Una noche tranquila arropada por los brazos de Dario,
quien ahora mismo estaba sentado en una cama dejando que Mónica le revisase la
pierna enyesada. No quería ayudar a una niña a vendarle la pierna, ni a nadie a
desinfectarle la herida, ni si quiera a curarle un rasponcito. En mi estómago
se había instalado la sensación de que todo había ocurrido por culpa mía. Ella
me buscaba, Ella me quería solo a mí y en un intento de conseguirme hirió a
inocentes que solo luchaban por volver a casa. ¿Por qué ellos pagan por mí? La
vida da mil vueltas, toma mil decisiones y por muy injustas que nos parezcan
las decisiones y el destino, son así. Así es la vida. Es una lección que deberé
grabarme a fuego en la mente.
-¿Qué… qué te pasó, chiquitina? – Me agaché delante de ella,
evitando la mirada color aguamarina que se clava en mí con un destello de
admiración.
-¡Tú eres una celestial! – Exclamó la niña maravillada. Me
sentía como una famosa delante de la alfombra roja. Curioso sentimiento,
teniendo en cuenta que solo estábamos la niña y yo en varios metros a la
redonda.
Sonreí. A pesar de que yo era la culpable de su daño, me
seguían admirando y depositando su confianza en mí. Una parte de mí se aterraba,
pero otra parte solo un poco mayor se sentía agradecida.
-¿Sabes? Ser celestial no es nada del otro mundo. Solo soy
una persona que tuvo suerte de tener los padres que tiene –Le respondí
quitándole los zapatos con cuidado.
También le retiré el calcetín de la pierna que debía vendar.
-¿Los dioses son tan malos como dicen? – Preguntó con algo de
timidez.
Le miré a los ojos y una vez más sonreí.
-Sí. Son increíblemente malos y si no te portas bien mandarán
a un horrible monstruo para que mientras duermas… ¡Te haga cosquillas!
Cosquilleé allí y allá en sus costados. La niña se removía de
un lado a otro soltando carcajadas alegres. Tenía el pelo rubio envuelto por
rizos; por un momento se me pareció a la auténtica ricitos de oro.
-No, no son tan malos – Le aclaré cuando su respiración se
hubo calmado. Comencé a vendarle el tobillo con movimientos metódicos. -
¿Sabes? Yo nunca los había conocido, ellos me enviaron a la Tierra por mi bien,
para mantenerme a salvo. Cuando los vi por primera vez me aterroricé, pero
entonces descubrí que eran bondadosos, y lo único que buscaban era que fueras
bueno, generoso y leal a tus sentimientos. Ellos me salvaron la vida y también
la de mi hermano y su amigo.
Omití el detalle de que también habían salvado a Atara y Kai,
tanto por no verme en la situación de contarle a aquella dulce niña como dos
personas valientes y heroicas murieron de una manera espantosa. También porque
ni si quiera yo quería escuchar la historia.
-¿Es tu novio? – Preguntó la niñita.
No me había dado cuenta, pero me había quedado mirando a
Dario. Ya no tenía la escayola y estaba dando pasitos con la ayuda de Mónica.
De seguro habían utilizado la magia con él y su pierna rota, recuerdo en el
ángulo que había quedado cuando aquel lagarto nos atacó. Con un tratamiento
normal habría estado mínimo seis meses sin poder caminar con normalidad.
-¿Por qué lo preguntas? – Pregunté en lugar de contestar.
Cogí el esparadrapo para fijar la venda. La coloqué bastante
bien, como me enseñaron en el colegio en clase de primeros auxilios.
-Es que los ojos te brillan cuando le miras – Se rió. Me
encantaba la risa de los niños, era tan pura y sincera – Es muy guapo.
-Sí, es muy guapo. Y muy dulce, y tierno, e inteligente, y
valiente, y… Sí, es mi novio.
Noté como me sonrojaba. Ya me había acostumbrado a estar
entre los brazos de Dario, pero seguía sin acostumbrarme a decir en voz alta
esa palabra novios. No era más que un
mero título, una simple palabra que englobaba el concepto de lo que ambos
sentíamos: nos queríamos el uno al otro, nos queríamos y nos protegíamos. Nos
amábamos.
-¿Y aquel es tu hermano?
-¿Aquel torpe?
No sé muy bien que estaba haciendo Elliot, pero fuera lo que
fuese creo que no estaba saliendo como él esperaba. Acabó en el suelo acostado
sobre el estómago golpeándose la cabeza contra el suelo. Puse los ojos en
blanco.
-Sí, es mi hermano. Aunque no sé donde ve la gente el
parecido.
-¡Sois igualitos! – Exclamó la niñita.
-¿Tú eres de aquí? – Le pregunté. -¿cómo te llamas?
-Claudia.
-¿Vienes de la Tierra, Claudia?
-Sí.
-¿Cómo llegaste aquí?
-Estaba nadando en la playa con mi prima y mi madre, yo me
alejé un poco y me hundí para coger una concha brillante que había en el fondo.
Cuando salí del agua estaba en este mundo tan diferente. Un pueblo pesquero me
ayudó a llegar al instituto. Esto se parece a los cuentos que mi papá me
contaba antes de irme a dormir.
Un cuento, una vía para llegar a él, una malvada bruja.
Faltaba el león. Si de repente aparecía un león que me hablase, entonces sí me
asustaba.
-Volverás a casa – Le aseguré.
-¿cómo lo sabes?
-Lo sé, creo en ello. Creer es poder ¿nunca lo habías
escuchado?
Sacudió la cabeza haciendo danzar sus dorados rizos alrededor
de su rostro.
-¿De dónde vienes?
Me senté junto a ella en la cama. Coloqué perezosamente unos
mechones rebeldes que se habían escapado de la trenza.
-De Múnich ¿y tú?
-De Cataluña, de un pueblo muy pequeño pegado a los pirineos
¿Hablas mi idioma?
-No, tú hablas el mío.
Fruncí el ceño. Alemania… Yo no sabía más que dos idiomas.
Sí, soy bilingüe. Hablo tanto el castellano como el francés, ambos a la
perfección. Pero ¿alemán? Apenas sabía decir hola.
Me incorporé poniéndome en pie.
-Bueno, ya te vendé el pie. No creo que tengas nada roto ni
mucho menos, un mero esguince, nada más. No fuerces el pie y en unos días
estarás como nueva.
-¡Gracias! – Se abalanzó sobre mí, dándome un fuerte abrazo,
rodeando con sus manitas mi cintura.
-Ya nos veremos, Claudia.
Se despidió con la mano mientras me iba. Era idéntica a
ricitos de oro.
-¿Qué más hay que hacer? – Pregunté a Mónica.
-¿Por qué no ayudas a Dario a contar los víveres que tenemos?
De pequeña eras buena con los cálculos.
-¡Y lo sigo siendo, por si te interesa saberlo! – Le sonreí y
busqué a Dario.
Estaba arrodillado frente a un baúl enorme de madera oscura.
Bajo la tenue luz el pelo se le oscurecía mucho, demasiado, invitándolo a
adoptar el color de la noche sin luna. Era hermoso, jamás me cansaría de
pensarlo.
-¿Te ayudo? – Me arrodillé junto a él.
-¡Claro! Vete cogiendo tú las bebidas y yo las comidas y
haciendo inventario ¿de acuerdo?
Asentí. Comencé a sacar las botellas de agua y a colocarlas a
un lado, contando mentalmente y apuntando en libreta.
-Te han quitado la escayola.
No era una pregunta, pero igualmente asintió, sonriendo.
-Sí, era justo como yo sospechaba: utilizaron magia para
acelerar el proceso de cura. Prácticamente no me duele, es como si nunca me la
hubiera roto.
-Es que caíste con un ángulo muy raro – Comenté haciendo una
mueca.
-Lo sé, cuando caí y sentí ese dolor, pensé que perdía la
pierna.
-No ha pasado.
-Gracias a Dios.
Seguí contando; 50, 51, 52, 53… Apunté setenta y cinco en la
libreta y comencé a dividir para racionarlas en cada día. Nadie sabe cuánto
estaríamos aquí. Las medidas de precaución sería permanecer aquí abajo mínimo
una semana, solo para asegurarnos de que el peligro se había ido, dándonos por
desaparecidos.
-¿Sabes que hablamos alemán? – Dije, por sacar algo de tema
de conversación.
-¿eh? Explica – Contestó frunciendo el ceño.
-Sí. Cuando estaba curando a una niña le pregunté que de
donde venía y me dijo que de Alemania. Le pregunté si hablaba nuestro idioma y
me dijo que era yo la que hablaba el suyo ¿extraño, no?
-Te puedo asegurar que no sabes alemán. Mis tíos son alemanes
y no hay quienes les entiendan. Tú hablas normal, hasta donde yo sé.
-¿sabes de qué creo que va todo eso?
-¡Magia! – Contestamos al unísono.
Acabamos soltando una carcajada.
Acabé de dividir las bebidas.
-Es tan increíble… Este mundo, los poderes, los dioses. Tú.
Eres tan increíble que sigo sin poder creérmelo. Todavía estoy esperando a
tropezar, caerme de la cama y darme cuenta de que todo ha sido un sueño. De que
tú y yo nunca vinimos a este sitio, de que no conocemos más mundo que casa. –Su
mirada brilló, intensificando el mar de sus ojos – De que tú y yo no nos
queremos, bueno, de que tú no me quieres.
-Dario… - Susurré.
Él sabía decir cosas tan… profundas. Yo no era capaz de
expresarme. Toda mi vida leyendo, toda mi infancia y toda mi adolescencia. Y no
sabía cómo utilizar las palabras, como escoger las adecuadas en cada momento.
Podía escribirlas, sabía escribir ¡Me encantaba! Se me daba bien, pero no sabía
decirlas. Era penosa a la hora de explayarme y soltar lo que siento. Dario se
merece que me abra a él. Por él, solo por él, hago un esfuerzo. Y curiosamente
me sale, por él, y solamente por él, consigo hacer que las palabras broten de
mi garganta.
-Puede que todo esto sea un sueño y que Even no exista, de
que un día despertemos y estemos en casa, que esto solo sea el recuerdo de un
sueño extraño y lejano. Pero incluso aunque despertáramos, tú y yo seguiríamos
estando juntos. Te seguiría amando. Porque no es por el hecho de estar aquí
contigo por el que te quiera, sino por ser tú, por ser como eres y por la
manera en la que me tratas. Estamos hechos el uno para el otro. Nunca he creído
en el destino, pero después de ver lo que he visto, creo que hay alguien ahí
fuera haciendo que los caminos lleguen a encontrarse. Hizo que nuestros caminos
se encontraran. Te quiero y aunque mañana despertara sin saber quién soy, sin
saber mi nombre ni de dónde vengo, tendría claro una única cosa: te amo.
-Un camino que se me hizo eterno encontrar.
Su voz sonaba ronca, teñida por el profundo deseo. Acarició
mi mejilla con la punta de sus dedos, y como si ya no pudiera aguantar más me
tomó el rostro con ambas manos y me besó. Fue un beso tan profundo y tierno a
la vez, que por un momento creí perder la mente, creí haberme trasladado a otro
mundo completamente diferente. Puede que a casa, incluso. Me marcó tanto que
tardé en reaccionar y devolverle el beso, subir mis brazos hasta rodear su
cuello y jugar con el cabello que se le rizaba en la nuca. Un beso que por
muchas veces que despertara, jamás me olvidaría. Porque eso es lo mejor de
dormir, el soñar. Y por muchas veces que las pesadillas asomen, los sueños son
la recompensa que los dioses nos conceden. El soñar. Yo sueño, pero me gusta
soñar así. Como estoy ahora con Dario, soñar con los ojos abiertos. Soñar en un
mundo escondido a ojos de los otros, en un mundo lleno de magia y juegos
peligrosos. Me gusta soñar despierta. En realidad puede que todo esto esté ocurriendo
mientras sueño despierta.

Owww, que bonito! OwQ Yo también quiero a alguien así >///< (vale, eso suena desesperado ._.) El capítulo está genial, creo que la parte en que está con Claudia es preciosa :) (y con Dario también X3)
ResponderEliminar¡Muchos besos y abrazos!^^
PD: ¿Eres catalana? O.o
Es que me sentia emotiva cuando lo escribi jejee Muchas gracias, me alegro de que te gustara tanto.
EliminarAbrazos y besos para ti tambien
PD: No, no soy catalana, soy canaria ¿Por qué lo preguntas?
¡De nada! ^^
EliminarPD: Por lo que has puesto en el capítulo sobre la procedencia de Alex, es que me he quedado "to" loca XD
Jajajaa si ya... es que necesitaba un sitio cerca de grandes montañas y siempre me ha gustado cataluña así que... jaja
EliminarOhhhhhhhhh, me encanta :3 !!!!!! Es precioso, sobre todo me ha gustado el párrafo final :3, bueno y todo el capítulo jajajaja
ResponderEliminarPero el final me ha encantado, enserio es precioso
Y la ultima frase me ha hecho pensar, ya decia yo que olía a quemado.... Jajajajaja -broma-
Besos, Andrea
Jajajajaj Gracias, gracias, me alegro de que te guste tanto. Quemado.... y yo que me lo habia currado para que no lo descubrieses jajaj
EliminarUn beso
hermoso y perfecto capitulo como siempre.
ResponderEliminartengo un blog, me gustaría que te pasaras y unieras, yo ya te sigo desde hace tiempo
sequiturviamlunarum.blogspot.com
un beso
Claro, como no. Una pregunta ¿Tu me mandaste una imagen para el concurso?
EliminarAhhhhh me encanto y mas el final wow soñar despierta....enserio, es tan. genial como tu nos muestras toda tu imaginación *--*
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