Capitulo 30

19/7/13

¡Hola artistillas! Capitulo treinta para ustedes. Treinta ya... eso significa que solo quedan diez capítulos más para que se acabe la segunda parte del mundo de Even *chan chan chaaan* ¡Aviso! Si en el otro os dejé con ganas de más con este me desearéis enterrar (Me ha rimado y todo jaja)  Leed, difundid ¡comentad y espero que os guste.







-¡¡Corre!! – Gritó Emelina poniéndose en pie.

Me levanté a trompicones.

-¿qué pasa?  -Exclamé con horror.

-¡Corre junto a tus amigos y Mónica! ¡Dile que ponga al instituto a salvo! – No me movía - ¡¡He dicho que corras!!

Me empujó, echándome de su despacho, dándose la vuelta para enfrentar cara a cara a…eso.

Corrí por el pasillo. En otra circunstancia me hubiera perdido, pues a mí todos los retratos me parecían el mismo, pero mis piernas reaccionaban sin que mi mente les ordenara: ellas mismas sabían a donde ir. No me tropecé con nadie, los pasillos estaban tan desiertos como me los había encontrado la mañana anterior. Ni un alma.

Derrapé delante de la puerta de la clase.

-¡Mónica! – Grité al entrar.

Mi hermana se encontraba al frente de la clase intentando calmar a sus alumnos, repitiéndoles que no había sucedido nada.

-¡Tranquilos! – Decía en ese momento – No ha sucedido nada. Na pasa nada. Estarán haciendo reformas, nada más.

-¡De eso nada! – Vociferé yo para hacerme escuchar por encima de los chillidos de la clase - ¡Mónica, Emelina me ha dicho que pongas el instituto a salvo!

-¿Qué ha sucedido? – Su tez se volvió el triple de pálida de lo que habituaba a estar.
-Ha entrado algo… - Dije; la voz me tembló ligeramente.

De repente todos guardaban silencio.

-¿Algo? – Dijo uno.

-¿Qué es ese algo? – Chilló la voz aguda de Loray.

-¡Vamos a morir! – Exclamó alguien.

-No quiero que me pase nada.

-¡dijeron que aquí no correríamos peligro!

-¡Mintieron!

-¡¡CALMAOS!! – Gritó Mónica nuevamente.

Todos volvieron a guardar silencio pero los susurros de temor se seguían escuchando levemente.

-¿Ha entrado Ella? –Escuché una voz masculina que preguntaba. Al fondo de la clase, donde se había sentado el primer día que llegué, estaba el chico de físico similar al de Liam. Detrás de él estaban Dario y Elliot cuchicheando entre ellos.

El chico se levantó y fue con paso lento hasta dónde estábamos mi hermana y yo, al lado del escritorio del profesor.

-¿Ha sido Ella, verdad? ¿Ha entrado aquí?

-No – Respondí – No es Ella. Pero estoy segura que la clase de criatura que ha entrado es obra de Ella.

-¿Hombres sin corazón? – Preguntó Mónica.

-No sé si tenían corazón o no. Pero ten por seguro que hombres no eran.

-Seguro que es una de sus creaciones. Esas bestias de las que se cuentan leyendas – Dijo el chico - ¡Tenemos que salir de aquí!

-Entendido  - Asintió Mónica – Vosotros dos corred hasta el sótano y despejad el camino. ¡Elliot, Dario! – Les llamó acercándose a ellos - ¡Ayudadme a evacuar el instituto! ¡¡ESTO VA EN SERIO!

-¿dónde está el sótano? – Pregunté al aire.

-¡Sígueme!

Salí corriendo de la clase tras aquel chico, no sin antes apretarle la mano a Dario al pasar por su lado, para indicarle que todo saldría bien. Recorrimos el camino en silencio, con paso rápido. Corría tanto como mis piernas me lo permitían.

El pasillo seguía desierto, los mismos cuadros adornaban las paredes, la misma oscuridad rota únicamente por las viejas lámparas colgadas cada tantos metros. Sin embargo, al doblar la esquina, una de esas cosas nos esperaba. El chico no pareció percatarse de ello. Él iba mirando fijamente al frente sin ver cómo esa bestia colgaba del techo sobre su cabeza.

Corrí aún más para alcanzarle y apartarle empujándolo con mi cuerpo.

Los dos caímos, yo sobre él, o él sobre mí. No lo sé. Ni si quiera me dio tiempo a darme cuenta. No habíamos tocado el suelo y ambos ya estábamos poniéndonos en pie para pelear.

No sé de dónde saqué la idea. Alguna película antigua, mis amados libros, alguna sugerencia sacada de los sádicos videojuegos de Elliot. El caso es que sin saber por qué, pero teniendo la certeza de que iba a funcionar, extendí las manos ante mí cerrando los ojos fuertemente. Concentrándome en el agua, en su fluidez, en su pureza. Pronto bolas de agua, bolas de energía liberada por el agua brotaban de mis manos. Las iba lanzando una a una acertando en todo lanzamiento sobre la abominación que nos atacaba. Al tercer tiro la bestia estaba carbonizada. Curioso; carbonizada tras haberla empapado.

Dimos media vuelta y seguimos corriendo.

-¡Increíble! – Me gritó el chico entre jadeos.

Seguíamos corriendo.

-¡Gracias! – Contesté – Esto es nuevo para mí también.

Soltó una risa.

-¡Soy Gus, por cierto! – Se presentó.

-¿Te parece buen momento para presentaciones?

-Podríamos no tener otro momento.

En ese instante una tanda completa de bestias se había colocado detrás de nosotros en persecución. Nos pisaban los talones.

Redoblamos nuestros esfuerzos. Estábamos ambos en forma. Por lo menos yo me sorprendí de mi capacidad para aguantar aquel ritmo. ¿Quién lo diría? La caza me había servido de muy bien, no solo para asegurarme un sobresaliente en la clase de educación física.

-¡Yo soy Alex!

-¿Son momentos de presentaciones? – Se burló un poco de mí.

Sonrío un poco antes de abrir la boca para respirar. Incluso la sonrisa… era la de Liam
-¿Cómo llegaste aquí? – Gritó mientras doblábamos una esquina. Derrapamos una esquina, más que doblamos.

-¡Larga historia!

Nos pillaron.

Las bestias se abalanzaron sobre nosotros. Sin embargo ese maravilloso sexto sentido mío me previno, me agaché. Gus me imitó, aunque aventuro que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Esas monstruosidades saltaron sobre nuestras cabezas cayendo ante nosotros, cortándonos el paso. Repetí mi jugada, lanzando bolas de agua, carbonizando a nuestros atacantes, mientras, Gus, peleaba cuerpo a cuerpo con ellos. Él me los lanzaba y yo los carbonizaba. Trabajo en equipo.

Gus golpeó a uno en la mandíbula, lo arrojó hacia mi campo antes de darse la vuelta para enfrentar a uno nuevo. Yo arrojaba mis bolas de agua, de energía acuática, y los reducía a simples cenizas.

Acabar con los cinco que nos perseguían no nos llevó más de veinte minutos. Pero había más, muchos más. Teníamos que seguir corriendo hasta llegar al sótano.

-¡Por aquí! – Gus me cogió del brazo y me arrastró detrás de él para que siguiera.

En seguida me soltó para sujetarse contra una pared y equilibrarse mientras derrapábamos.

-¡Nos atacaron en la tierra! – Dije.

-¿Qué?

-Unos bicharracos pequeños y feos nos atacaron donde yo vivía, en la Tierra. Dos años después de que nos atacaron quisimos investigar qué eran y acampamos en el bosque, donde los vimos por última vez antes de que desaparecieran. No sé cómo, pero se levantaron olas de agua en medio del bosque y aparecimos aquí, en Even – Le expliqué.

Sonará raro, pero contarle a un desconocido con rostro familiar la historia de cómo hemos acabado en esta situación me relajaba en cierto modo. Aún así, no me relajaba lo suficiente como para mantener las guardias bajas. Estaba a alerta con todos y cada uno de mis sentidos. Incluido mi sexto sentido de la intuición.

-Yo me metí en el hueco de un árbol en un bosque cerca de donde vivía. No sé cómo tampoco, pero de repente las ramas me encerraron en el árbol y aparecí aquí, a unos metros del instituto – Me contó él.

Llegamos a unas escaleras y comenzamos a descender, bajando los escalones de tres en tres.

-Yo me he recorrido medio Even para llegar aquí – Dije – Aparecimos en un bosque negro, cuando amaneció en ese mismo sitio nos encontramos en una jungla, pasamos por el templo de los dioses, salimos con vida de allí y nos adentramos en el laberinto sin retorno, conseguimos salir y cuando creí que iba a morir desperté en la enfermería del instituto. Un viaje movidito.

-¿Conseguisteis salir del templo de los dioses? ¡Eso es imposible! – Se asombró.

Puse los ojos en blanco.

Salté los últimos cinco escalones de la escalera y corrí por el pasillo central de la planta baja.

Todo estaba en absoluta penumbra, iluminado solamente por las lámparas de aceite, algunas de ellas apagadas.

-¡Espabila! ¡Dos de los dioses son mis padres! ¡Era lógico que me dejaran vivir! – Exclamé un tanto irritada.

-Cierto, se me olvidaba que estaba hablando con una Celestial. Una celestial de lo más rara.

-Cierto, se te olvidaba – Afirmé en bajito.


No dijimos nada más, no tuvimos ocasión, más de esas bestias se acercaban por el frente. Me estremecí. Eran horribles, daba… lástima mirarlas. No eran humanas como le había dicho a Gus y Mónica, pero podrían haberlo sido en un pasado. No eran zombis, como se ven en las películas, pero podrían haberlo sido en otras circunstancias. Tenían forma humana, puede que más delgadas y altas de lo normal, pero humanas al fin y al cabo. Sin embargo, iban desnudos de pies a cabeza, y carecían de ojos, nariz y ombligo. No tenían dedos, solo muñones. Lo único humano en su rostro era la boca: una fina línea rojo oscuro entreabierta. No sé si eso era piel, pero desde luego estaba en estado de putrefacción. Se les caía a cachos y soltaba cierto hedor a podrido. De los pies les salían garras y de la espalda dos colas, una a la altura del lumbar y otra a la altura del omóplato.

Tragué en seco e intenté respirar. Me estaban entrando arcadas.


4 comentarios:

  1. Ohhhhhhhhh, se me ha hecho muy corto que emocion, esta noche no duermo!!!!!!!! Jajajajaja
    Me comere las uñas hasta los codos por la espera del proximo capitulo, joer como nos dejas asi, MORIRE XO !!!!
    Me encanto el capitulo
    Besos, Andrea

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    1. Jajajajja Me gujsta haceros sufrir Buajajaja No tendras que esperar mucho más
      Un beso

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  2. Guauuuuu!!!!!
    Me paso como a Gus, pense que era Ella, pero no estaba equivocada....
    A ver como salen de esta.......pon pronto el proximo capitulo.......
    Besos

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    1. Me gusta que os equivoqueis, da más emoción a la historia. Pronto estará.
      Un beso

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