¡Buenas! Otro capítulo nuevo capítulo. ¿Alguien en la sala shippea a Aria y Dael? Porque si es así, os va a gustar un pequeño detalle de este capítulo. Tengo una amiga (mi parabatai) que los shippea y les llama Ariel. Me gusta el nombre. Y creo que yo les shippeo más que nadie, y eso que es mi historia. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Aria
No tardé demasiado en llegar a casa de Axel desde el
instituto. Menos que la última vez, ya sea porque iba corriendo en vez de
caminando o porque el tiempo sucedía a mi alrededor de otra manera.
El caso es que cuando llegué eran a penas las cuatro y media.
Me abrió su madre.
-¡Aria! – Exclamó al verme, dándome un abrazo.
-Buenas tardes, señora DeLarobia ¿Está Axel en casa? –
Conocía a la madre de Axel desde que era una niña, pero siempre la había
tratado con mucho respeto. Y por más que ella insistiese en que la tutease, yo
no podía.
-Por supuesto. – contestó atusándose el castaño y rizado
pelo. – Está arriba, en su cuarto. Sube.
Pasé al interior y me dirigí a las escaleras.
-Aria – Me llamó cuando yo iba a mitades de ésta. - ¿Ha
sucedido algo? Axel entró en casa muy enfadado hoy.
-Nada. – Respondí con una sonrisa.
Me sentía mal mintiendo. Bueno, muy mal no me podía
sentir porque se me daba muy bien.
Normalmente entraba en la habitación de mi amigo como si
fuese la mía propia, pero ésta vez toqué la puerta.
-¡Déjame en paz, mamá! – Respondió con voz cansada.
-No soy tu madre. – Dije abriendo la puerta. – Soy yo.
Levantó la vista: estaba con el ordenador jugando a uno
de esos juegos de guerra que tanto les gustaba a los chicos y que yo nunca
había acabado de entender. Con la misma, bajó la cabeza otra vez y siguió
jugando. Ni si quiera me dijo hola.
-¡Eh! – Exclamé.
Cerré la puerta de su habitación y me acerqué a él, quién
estaba sentado en su escritorio.
-¡Axel, tenemos que hablar!
Siguió sin hacerme caso, así que con mucha calma me
acerqué al enchufe y desconecté el portátil, el cual sabía que no tendría la
batería puesta. La pantalla se apagó.
-¿Por qué has hecho eso? – Exigió enfadado, levantándose
del asiento y quitándose los cascos que tenía.
-Porque necesito que me prestes atención. – Le respondí
cruzándome de brazos indignada.
-Te dije que si el príncipe azul te hacía daño, no
vinieras llorando a mí.
Me daban ganas de coger el portátil y estampárselo contra
la cara, a ver si de esa manera, entre el golpe y la descarga, se le quitaba la
tontería de los celos.
-Mejor calla y siéntate. – Le aconsejé.
-Mejor te vas de mi casa. – Me lanzó una sonrisa falsa e
hizo un gesto mostrándome la puerta.
-Le he dicho a Dael que somos demonios.
-¡¿QUÉ?! –Su sonrisa desapareció, sus ojos se abrieron
como platos y a continuación empezó a pasarse las manos por el pelo,
revolviéndoselo aún más, gesto de que estaba estresado. - ¿Estás loca o qué te
pasa a ti? ¿Por qué se lo has contado? ¡Precisamente a él!
Me estaba convenciendo de que si se lo hubiera dicho a
cualquier otro humano como por ejemplo… el vagabundo que mendiga en la calle de
al lado, no le hubiera importado. Pero por el hecho de que se lo conté a Dael,
se moría de la rabia. Y luego negará el estar celoso.
-Siéntate. – Le ordené.
Me hizo caso. Aunque seguía removiéndose el cabello.
-He estado cometiendo un error tras otro. – Empecé a
contarle con la voz más calmada que encontré. – Cometí el error de dejar ver mi
velocidad. Y no me arrepiento de haberlo hecho porque si no lo hubiera hecho,
no habría podido salvar a Dael y ahora podría tener el cuello roto y estar
muerto. – Axel me miró a los ojos. Parecía más calmado, aunque no del todo. –
Lo hablé con mi tía y fue ella la que me aconsejó que se lo dijese. En un
principio yo me negué, pero luego empecé a reflexionar, sobre la guerra que
está por venirse, sobre el humano especial que va a participar y sobre el olor
que capto en Dael y pensé que tal vez él fuese el humano que estamos buscando.
– Le seguí contando mi teoría sobre que tal vez hubiese una elegida y que tal
vez yo fuese ella. Seguí contándole mi conversación con Dael, aunque sin entrar
en detalles.
La verdad es que yo no le había dicho la verdad a Dael
porque pensara que él fuese el humano especial. Esa idea vino luego, mientras
hablábamos en su coche. En realidad le dije la verdad porque… porque quise.
Porque le miré a los ojos directamente y sentí que podía confiar en él. Sabía
que era la cosa más estúpida del mundo, porque puede que me la fuese a jugar,
pero de momento, tenía mi absoluta confianza.
Cuando terminé de contarle el relato tenía el ceño
fruncido, pero por lo menos ya no estaba gritando.
-No me puedo creer que le hayas dicho todo sin haberme
consultado nada antes. – Fue su contestación.
Suspiré. Me senté a su lado en la cama.
-Ya lo sé… Sé que debería haberte consultado, que somos
un equipo, pero por favor Axel, sabes que tengo razón, hice bien – o por lo
menos esperaba haber hecho bien. – Solo te pido que me perdones y que nos
dejemos de enfados y que hagamos esto juntos.
Lo cierto era que yo no había hecho nada malo para
necesitar su perdón, pero bueno, todo fuese por la causa.
-De acuerdo. – Dijo al fin tras un minuto de reflexión. –
Te perdono, en realidad nunca me enfadé, solo es que… últimamente estás tan
rara. Desde que llegó el príncipe azul.
-Ya te lo he dicho, era por su olor, que me
desconcertaba. Ahora que ya tenemos una posible teoría de lo que puede ser,
prometo que volveré a ser la misma de siempre.
-Espero que eso sea verdad. – Me sonrió, y yo le sonreí,
y todo volvió a ser como siempre.
Después de nuestra conversación estuvimos hablando de
tonterías. Hablar de tonterías es sano de vez en cuando, sobre todo si eres
como yo que está todo el día metida en cosas serias y deprimentes.
Cuando el reloj dio las seis, le dije que debía irme.
Tardaría casi una hora en llegar a mi casa, y aunque yo no tendría ningún
problema en defenderme si viniesen a atracarme, no me gustaba andar cerca de mi
calle siendo de noche, con las prostitutas y los borrachos tan cerca.
-¿No te puedes quedar a cenar? – Preguntó Axel haciendo
un puchero.
-Ya sabes que no me gusta estar hasta tan tarde en la
calle. Además, mi tía prometió que llegaría temprano y quiero pasar un tiempo
con ella.
-De acuerdo, ya hablamos mañana.
Antes de que quisiera darme cuenta, sentí los labios de
Dael sobre los míos. Espera ¿qué? ¿Dije Dael? No. Axel. Sentí los labios de
Axel sobre los míos.
En un acto reflejo, aparté la cara.
-¿Qué pasa? – Preguntó desconcertado. Entre nosotros era
habitual despedirnos con un beso, en el que normalmente se incluía la lengua,
pero esta vez… No, estaba bien. Habían pasado muchas cosas en el día, era
normal que mi mente estuviese algo atrofiada.
-Nada. – Respondí. – Es que estoy algo cansada. Mañana
hablamos. – Me puse de puntillas y le di un rápido pico. Luego bajé las
escaleras corriendo, dejándole en su cuarto desconcertado, y caminé a paso
ligero hacia mi casa.
No me lo podía creer: había besado a Axel pensando en Dael.
Me estaba volviendo completamente loca.
hola! me encantó y seguí El mundo de Even y estoy esperando terminar con el libro que estoy leyendo ahora para empezar a leer tu nueva historia pero lo que queria decirte es que por que no las escribes tambien en Wattpad hay mucha gente que ya se ha pasado de blogs a wattpad y era para saber si tu tambien querias .BESOS
ResponderEliminarHola cielo! Me ha encantado este capítulo, siento no escribir más pero es que solo tengo un momentito haha. Un beso!
ResponderEliminarEh!! Yo tmb te dije por twitter que si los shippeabas salia Ariel :3 me alegro de que te gustara jajajaja
ResponderEliminarMe esta encantando, besos, Zai¤