Capitulo 18: Aria

7/8/14

Se me ha pasado la hora un poco. De hecho no sabía que hoy era jueves, estaba completamente despistada. Pero no pasa nada, aquí os traigo el capítulo como prometí. ¿Que os recuerda a Crepúsculo? Hay mis inocentes lectores... ¿Que Aria le tiene que confesar lo que es en este capítulo? Hay mis muy inocentes lectores... Si con este seguís teniendo intriga, pensad que queda poco para el lunes:) Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste. 



Aria

No volví a casa después del colegio. En realidad fui a la dirección que Dael me había dado, el cual era un edificio enorme, moderno e impresionante.

Me quedé por fuera, en la acera de enfrente sentada en un banco, mirándolo. Me preguntaba cual de todas esas ventanas sería la de Dael.

Estaba dudando si debía entrar o no. Por una parte estaba lo del trabajo, mis notas y su importancia de mantenerlas. Por otro lado estaba el hecho de que cada vez insultaba menos a Dael. Cada vez me daba cuenta de que no era tan horrible como yo pensaba. Y no sabía si eso era bueno o no. Y por una tercera parte, estaba Axel. Por muy celoso y tonto que se pusiera, sabía que él tenía razón; yo no dejaba de cometer fallos que acabarían llevándome a un lugar muy peligroso. Y aún así seguía lanzándome de lleno al peligro.

Pero fue su voz… la manera en decírmelo… “¿Me estás pidiendo permiso?” había dicho. Como si yo fuera suya. Y no era así. Yo no era de nadie más que mía propia. Supongo que fue mi enfado hacia él lo que me hizo mandarle un Whatsapp al príncipe azul diciéndole la hora. No puse nada más, solo la hora. Había dicho que no era tan horrible como yo pensaba, no que me fuera a volver sociable de repente.

Hasta las cinco no tenía mucho que hacer, así que me puse a patinar de aquí para allá. No tenía hambre y aunque hubiese tenido, no tenía dinero para pagarme una hamburguesa.

A las menos cinco crucé la calle y llegué al edificio. Solo había un portero para tocar, lo cual me extrañó. Presioné el botón e inmediatamente se abrieron las puertas sin que nadie respondiera. Entré con cautela en lo que parecía una amplia recepción; la experiencia me había enseñado que nunca se podía declarar un sitio como seguro.

-Buenas tardes, señorita. – Un hombre me esperaba junto al ascensor. Iba vestido como lo iría un mayordomo de las películas inglesas. Su cara tenía  una expresión recatada, pero sus ojos decían que era una persona amable. Inspiré: era humano, y de los buenos.

-Hola. – Saludé acercándome a él con pasos cortos.

-¿Es usted la compañera del señorito Bellanger? – Me preguntó.

Bellanger era el apellido de Dael ¿verdad?

Asentí con la cabeza.

-Sígame, la acompañaré a la habitación de éste.

Entramos en el ascensor y yo procuré mantener las distancias con aquel señor de aspecto amable pero con un aire misterioso.

Me fijé en el panel de botones: solo había cuatro plantas. Me parecía imposible que pudiese haber tan solo cuatro plantas en aquel edificio tan grande. En el mío había unas ocho, y era mucho más bajo.

Las puertas se abrieron cuando llegamos al último piso.

Se escuchaba el sonido de una guitarra que provenía de alguna habitación. Si no me equivocaba, era Deathbed lo que sonaba.

-Espere aquí, el señorito Bellanger vendrá en seguida. – El hombre misterioso se fue y me dejó sola en medio de la enorme habitación.

Jo-der. Era inmenso: en el centro de la habitación, con la cabecera pegada a la pared, había una cama mucho más grande que una matrimonial, en frente, unos sillones de un aspecto muy sofisticado en cuero negro, una televisión enorme, me arriesgaría a decir que casi tan grandes como las del cine viejo que hay en el centro de la ciudad (bueno, puede que exagerase); y al lado de la televisión se encontraba una enorme y altísima estantería. Sentí mucha curiosidad y quise acercarme a ver qué libros tendría Dael guardados ahí, pero me quedé en el sitio mirándolo todo con la boca abierta.

-Buenas tardes. – Dael entró en la sala.

-Hola. – Saludé. – Eh… yo… - dije la primera estupidez que se me pasó por la cabeza. – No me dijiste qué portero era.

-Solo ha uno para tocar. – Sonrió.

-Lo sé. – Me sentía completamente incómoda. - El hombre me ha dejado pasar. Dijo que me acompañaría hasta tu habitación. Y tu habitación ha resultado ser un piso. Un piso solo para ti. – Era una especie de acusación.

-Lo único que no tengo es cocina- Dijo sonriendo– Mis padres dicen que si tuviera de comer aquí arriba jamás saldría de aquí.

-¿Dónde están tus padres? –Pregunté, por cambiar de tema; si seguía diciendo todas las cosas que tenía y que yo no, acabaría por ponerme borde. Mucho más de lo usual.

-De viaje. Si no me equivoco, esta noche vuelven. O no, nunca estoy seguro. Dame tus cosas, puedes soltarlas, prometo no robarte nada. –Me tendió la mano para que se las diera. Mi primer instinto fue coger mi mochila con más fuerza aún, pero acabé dándoselas.

-No entendería qué me ibas a robar, teniendo todo lo que tienes. –Era otra acusación, aunque él no se enterase.

-¿Quieres que empecemos a ensayar? – Me preguntó después de dejar mis cosas sobre su enorme cama.

-Quiero oírte cantar. – Respondí sonriéndole, aunque mi sonrisa no era tan dulce y amable como la suya, ni de lejos– Me da igual si no es la canción que vamos a tocar. Simplemente quiero comprobar si eres un once de bueno.

Tenía la seguridad de que intentaba impresionarme, y de que con suerte llegaba a un siete.

-De acuerdo. – Dijo ansioso – Vamos mejor a la sala de música.

¿Sala de música? ¿Estaba de coña?

-Malditos ricos. – Mascullé. Me daba igual si me había oído.

Me guió hasta la “sala de música”, que consistía en cuatro paredes muy amplias pintadas de rojo oscuro, con unos cuantos poof  de color negro y blanco en una esquina, una batería en la otra, un piano al lado de ésta y, en la pared de enfrente, en sus adecuados soportes de pared, guitarras. Muchas guitarras.

-La hostia. – Murmuré al verlas.

-¿Te gusta? – Me preguntó satisfecho.

-Quiero una de estas en mi casa. – Suspiré; a mí a penas me cabía la cama y el armario en el cuarto. Me senté en frente de él. - Busca la letra de Deathbeds en YouTube, así veo qué tal te sale ¿Tienes un portátil? – Que pregunta más tonta: tendría dos y un ordenador Mac

 -No, no tengo un portátil. Pero si quieres me acerco a comprar uno. – Contestó.

-¿Qué? – Exclamé sorprendida. Con toda sinceridad, me lo creí.

-Era broma. – Sentí como me sonrojaba – La tablet está ahí, busca la letra.

Cogí el aparato con cuidado, no me gustaba usar las cosas de otros, y mucho menos si costaban tanto dinero. No me gustaba tener la responsabilidad de cuidarlos. Me metí en youtube y le pasé el cacharro con un vídeo de un karaoke con la letra.

-¿Preparada para oírme cantar? – Preguntó.

Yo asentí con la cabeza y me encogí de hombros.

- Eyes like a car crash. I know I shouldn’t look but I can’t turn away. Body like a whiplash. Salt my wounds but I can’t heal the way. I feel about you…

Me sabía esa canción de memoria, la sabía con la guitarra, tanto acústica como eléctrica. La había tarareado hasta la saciedad. No me debería haber sorprendido haberla escuchado con su voz; pero no fue así. Lo hizo. Me sorprendió. Aún peor: me gustó.  Tenía una voz tan preciosa. No preciosa como se les dice a las chicas, que tienen una voz dulce y preciosa. No, su voz era ronca y rota, pero aún así era preciosa porque conseguía tocarte el corazón.

Sin ni si quiera darme cuenta, comencé a cantarla con él cuando llegó al estribillo.

- That Little kiss you stole. It held my heart and soul. And like a ghost in the silence I disappear. Don’t try to fight the storm you’ll tumble overboard. Tide will bring me back to you…

Se me cruzó por la cabeza que no nos haría falta fingir mucho el que estamos enamorados el uno del otro.

Sentía que habían cambiado al chico pijo por otro. No. Que a la que habían cambiado era a mí. Que me habían intercambiado por otra que podía ver más allá de los estereotipos, conocer realmente a las personas y no juzgándolas por sus apariencias como había hecho hasta ahora.

-Tide will bring me back to you…

Y no sabía si me terminaba de gustar ese cambio.

La canción acabó. Ninguno dijo nada durante un rato que se me hizo eterno.

-¿Y bien? ¿Estoy para un nueve al menos? – Preguntó rompiendo el silencio.

Yo aún tuve que pensarme un poco la respuesta.

-Estás para un quince. Aunque me da mucha rabia admitirlo. – Añadí.

Empezó a sonreír de esa manera tan encantadora suya.

-Deja de hacer eso. – Le espeté.

-¿Hacer qué? – Sonrió más.

-Sonreír de esa manera.

-Es mi manera de sonreír ¿Es que no puedo sonreír?- Sonrió mucho más.

-Es esa manera, como si fueses la persona más feliz y encantadora del mundo. – Le dije. Era otra acusación.

-¿Te molesta que sea feliz? – Él lo dijo como una broma, pero yo me lo tomé en serio. Claro que no me molestaba que fuese feliz, era solo que… yo no lo era, y me daba envidia por ello.

-Mejor empezamos a ensayar. – Respondí en su lugar, mirándole directamente a esos ojos azul oscuro.

-Claro.

Me levanté del sitio, recuperando mi verdadero yo, esa que no pide permiso para nada y hace siempre lo que le da la gana. Cogí una guitarra (había tantas, que elegí la que más cerca estaba). Me volví a sentar y me puse a tocar unos acordes para calentar los dedos.
-¿Tienes púas? – Dije haciendo crujir los dedos. Siempre tocaba mejor con púa.

-Sí, creo que tengo algunas, aunque no suelo usarlas mucho.

Seguí tocando unos acordes en lo que fue a buscarlas.

Normalmente solo podía tocar en clase de música o cuando iba a casa de Axel (y éste paraba de besuquearme por un momento) Me gustaba la sensación de estar sola y poder tocar la guitarra con tranquilidad.

De repente noté un cambio en el aire. Sentí como mi oído se agudizaba para poder escucharlo: un crujido. De madera, supuse. Mi cerebro se activó y lo dedujo en cuestión de milésimas: la estantería estaba a punto de derrumbarse.

No me lo pensé dos veces: corrí hacia Dael para apartarlo antes de que el mueble se le cayese encima.

No me di cuenta de lo que acababa de hacer hasta que ya estuvo hecho.

-¿Cómo lo has hecho? – Preguntó apartándose de mí con expresión aterrada.

Esto no era un fallo cualquiera. Ahora había metido la pata y de qué manera. 

2 comentarios:

  1. Como siempre el capi genial^^ me gusta mucho esta historia, se que hace mucho que no comento, pero que sepas que si que leo todas tus entradas, un beso:) y pasate si queires

    heysoulhipster.blogspot.com nos leemos:)

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  2. Ay dios en la mejor parteeee u.u ayy sii!Dael la esta haciendo cambiar en eso de juzgar a las personas sin conocerlas..y lo salvo ahora..Gracias por el cap Artista ^^ inocentes nosotras? U.u mas intrigaaaa esperamos cap ansiosas besos cuidate;)

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