Capitulo 23: Aria

27/8/14

¡Capítulo nuevo! Como prometí, aquí os lo traigo. Parece que mi portátil ha venido de entre los muertos y espero que se quede entre nosotros bastante tiempo más. Mañana, sin falta, como todo jueves, habrá otro capítulo. Dos capítulos, dos días seguidos, no os podéis quejar. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste. 



Aria

-Mmm… Hay tantas cosas que quiero preguntarte.

-Como ya te dije, tengo tiempo. Pregunta lo que quieras. –Le animé.

Aún no me creía haberme sincerado completamente con un humano. Aún no podía creerme que ese humano fuera Dael. Y mucho menos poder creerme que él me creyese. Pensaba que en cuanto le dijera la verdad saldría huyendo, llamaría al médico y harían que me pusieran una camisa de fuerza. Pero no había sido así, él se estaba esforzando por entenderme a mí y a mi mundo.

Aún no podía creerme lo increíblemente bien que me sentía contándole todo. ¡A él precisamente!

-Las… las quemaduras.  –Dijo. - ¿Cómo te hiciste las quemaduras con un café frío?

-Eso está relacionado con la piel helada.- Contesté. – Parece contradictorio a lo que la ciencia dicta, porque cuanto más elevado estás más frío hace y cuanto más cerca te encuentras del núcleo de la tierra, más alta es la temperatura. Pero en realidad el cielo es un lugar cálido y el infierno está helado. La piel fría es una evolución de nuestra especie, así no nos helamos estando en el infierno. Por eso el mínimo toque de calor me arde.

-Ahorrarás en agua caliente. – Comentó.

-En realidad no tengo termo. Me ducho con agua fría. – Dije.- ¡Venga! Siguiente pregunta.

-La velocidad. ¿Tienes súper velocidad como las de los vampiros?

Vuelta al tema de los vampiros. Me reí.

-Sí, tengo súper velocidad. Tanto los demonios como los ángeles tenemos una velocidad y una agilidad mucho más desarrollada que la de vosotros. También es evolución de nuestras especies, por todas las guerras que hemos librado.

-¿Estáis en guerra?

Sabía que haría esa pregunta tarde o temprano. Aunque esperaba que fuese un poco más tarde. Intenté explicárselo tanto como pude. No es que yo supiese mucho tampoco, Kaydeen no había dado demasiados detalles.

-Ahora mismo… sí, se supone que estamos en guerra, pero es más complicado de lo que parece. El otro día vino un chico… un mensajero de mi padre y me dijo que la guerra estaba a punto de comenzar y de que esta vez los humanos tomarían parte en ella.

-¿Los humanos? – Preguntó sorprendido.

-Sí. Me dijo que un humano en especial tomaría parte en la guerra. No saben qué humano es. Dicen que es un humano que en realidad no es humano, y que solo un corazón sabrá reconocer a ese humano tan especial.

Frunció el ceño. Era normal, no entendía mucho. Yo tampoco. No le había dado vueltas hasta ahora y seguía sonándome a una auténtica locura.

-Ya sé que no tiene sentido. – Le dije. – Por eso están todos como locos, intentando averiguar qué significa esto. Todos quieren ganar la guerra. Y yo necesito que la ganemos nosotros. Si los demonios ganásemos la guerra, habría paz entre las tres razas.

-Y tú podrías ver a tu padre. – Razonó. Lo dijo con mucho tacto, casi sin querer pronunciar las palabras por si me hacía daño.

Asentí con la cabeza.

-Y… -Volvió a decir. – Vosotros tenéis algunos, no sé… ¿poderes? Tenéis la velocidad y la agilidad, pero ¿algo más?

-Tenemos el olfato. – Le dije.- Todos nuestros sentidos están súper desarrollados. Pero sobre todo el olfato. Con él distinguimos el olor de las personas. Por el olor podemos diferenciar dos cosas: de qué raza son y si son buenas o malas.

-¿Buenas o malas?

-Sí, es como… oler tu aura. Puedo ver cuál es tu verdadero ser, si eres bueno o malo.

-¿Y a qué huelo yo? – Me preguntó sonriéndome de medio lado.

Inspiré hondo. Ya sabía a qué olía él, su olor me era tan agradable que lo sentía como una droga en mi cuerpo. En realidad no podía clasificar su olor en una sola cosa, siempre me recordaba a las galletas en la época de Navidad, a los comienzos de la primavera y sus flores naciendo, a un día cálido en la costa…

-Hueles bien. – Le respondí, intentando aclarar mis ideas a través de mi mente enturbiada por su aroma.

-¿Solo bien? – Preguntó. Parecía decepcionado, como si se esperara otra respuesta.
-Hueles… - No quería decirle lo que su olor provocaba en mí. Pero ya me había ido mucho de la lengua, por un poco más no pasaría nada. – Hueles a galletas. – Dije. – Hueles a las galletas caseras que se hacen en Navidad. Hueles… a flores, pero no a un olor dulce y empalagoso, sino a algo agradable y suave, como a principios de primavera. También hueles a sal, me recuerda a las olas del mar.

-¿A todo eso? – Preguntó, ahora, sorprendido y emocionado. -¿A la vez?

Suspiré.

-Sí, a la vez. Ese es el problema. – Respondí, ahora, muy seria. – No es algo normal. Tu olor es diferente al de cualquier otro, y además, solo yo consigo captarlo. Axel dice que no puede olerlo. Él capta que eres bueno, pero no capta lo mismo que yo.

El frunció el ceño. Esto era raro hasta para mí. Su olor era un enigma que había decidido no tocar demasiado, pero ahora… ahora me empezaría a preocupar cada noche.

De repente, sonrió. Como si acabara de recordar algo divertido.

-¿Qué pasa? – Inquirí.

-Que a lo mejor captas mi olor de otra manera porque… ¿estás enamorada de mí?

-¡¿Qué?! – Exclamé.

Mi voz había sonado extrañamente aguda, y sentí como las mejillas se me tornaban de color escarlata.

-Es pura ciencia. –Explicó con una sonrisa. - ¿Has escuchado la expresión “tienen química”? Es científicamente correcta. Cuando nos gusta alguien lo captamos por el olor, aunque seamos inconscientes de ello. A través de las fosas nasales detectamos si nuestro metabolismo es compatible con el de esa persona, todo para el fin de poder tener hijos juntos. Luego están los sentimientos claro, pero digamos que el amor se puede oler, literalmente.

Me sentía extrañamente incómoda ante el hecho de que sus palabras eran totalmente ciertas. ¿Tal vez lo olía diferente porque me había enamorado de él? No, seguramente el motivo era otra cosa. Ya había decidido que el príncipe azul no era tan malo como yo creía y que tal vez pudiéramos llegar a ser incluso… amigos. Pero ¿enamorados? Antes dejaría que me arrancaran la piel a tiras.

-No creo que sea eso. – Contesté, aunque sentí que mi tono de voz no era muy convincente. – Estoy pensando que…- Dejé la frase en el aire.

-¿Qué se te pasa por la cabeza? – Preguntó interesado.

Era una persona muy curiosa, y eso no tenía por qué ser necesariamente malo.

-¿Recuerdas lo que dije antes? ¿El humano especial que tendrá un papel en nuestra guerra? – Asintió débilmente. – Pues tal vez… seas… tú. Eso explicaría por qué tu olor es diferente al del resto.

Por un momento guardó silencio, como si quisiera ordenar la información y decidir si esa opción era válida o no. Me di cuenta entonces de que era un chico muy inteligente. Claro que ya debería haberlo sabido: primero porque nunca atendía a las clases de matemáticas y siempre tenía las actividades hechas a la perfección (algo que es casi improbable en una clase impartida por Celsius) y en segundo lugar porque aunque no lo hubiera dicho, sabía que venía de la Escuela para niños superdotados de la señorita Fitzpatrick, o sea, que era superdotado.

-Pero eso no explicaría por qué eres la única que lo hueles. – Argumentó muy serio.

-Tal vez… tal vez haya una parte que no conozco de la guerra. Puede que sea una única persona, una elegida la que consiga olerte. Y puede que esa elegida sea yo.

-¿Y cómo podemos estar seguros? – Lo decía en plural, incluyéndonos en el mismo bando. Acababa de arrastrarlo conmigo a un agujero del que ya ninguno podríamos salir.

-Esta no es la primera guerra que se libra entre ambas razas. – Dije recordando lo que sabía sobre mi historia. – Hay escritos, aquí, en la Tierra, en los que se narra las antiguas batallas. Vosotros los conocéis como antiguos relatos de la biblia. Si consiguiéramos algunos, puede que en ellos hubiera una pista sobre lo que va a suceder con esta guerra.

Volvió a guardar silencio y a procesar la información. Esta vez asintió.

-De acuerdo. Miraremos en antiguos documentos a ver si encontramos algo.

-¿Miraremos? – Vale que estábamos ahora en el mismo barco, pero… ¿trabajar juntos? Eso era diferente.

-¡Sí! Ahora estoy contigo en esto, quiero ayudarte. Y si tienes razón y yo soy ese humano… bueno, quiero estar preparado para lo que tenga que venir. No vas a excluirme de esto. No vas a poder.

Se le veía tan seguro de sí mismo, con tanta determinación… No podría haberle dicho que no aunque quisiera. Y el caso era que no quería excluirlo. No quería enfrentarme a todo esto sola. Y ahora que estaba peleada con Axel pues…

Axel. Me mataría cuando se enterara de lo que acababa de hacer: revelarle nuestro secreto número uno a un humano. Un humano del que él estaba profundamente celoso, aunque jamás lo reconocería.

-¿Tienes más preguntas? – No quise responderle. Ni decirle sí ni no. Ya veríamos como sucedía todo. Si él se achantaba y huía o si estábamos realmente juntos en esto.

-Ahora no hay ninguna que se me venga a la cabeza… aunque seguramente en cuanto te vayas se me ocurrirán cientos.

-Apúntalas. Y ya hablaremos mañana. – Le dije recogiendo mi mochila del suelo del coche.

-Pero mañana no hay clase. – Dijo apenado.

Yo sonreí. De medio lado, exactamente igual que hacía él.

-Tienes mi número. Y sé dónde vives. Llámame mañana y podrás sacar tu lista de preguntas. Prometo contestar todas las que pueda.

Abrí la puerta del coche y saqué un pie fuera. Justo en ese momento Dael me tocó el hombro.

-¿Quieres que te lleve? – Casi me atraganto con mi propia risa.

-No te confundas. – Le dije sonriendo. – Sigues sin caerme bien.

Él sonrió de vuelta y yo no podía creerme que estuviésemos compartiendo una broma privada. Salí del coche.

Cuando el coche arrancó, me di la vuelta y me apoyé en la ventanilla del copiloto.

-Dael… lo que te he dicho, no se lo puedes contar a nadie.

Él sonrió.

-¿De qué te ríes? – Pregunté molesta. Esto era algo serio.

-Me has llamado Dael y no príncipe azul.

Puse los ojos en blanco.

Confiaba en que no abriese la boca. Yo, mientras, iría a casa de Axel. Él y yo teníamos mucho de qué hablar. Uno de los dos se iba a cabrear y mucho, aunque aún no tenía claro del todo si ese sería él.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado, la parte del olor, ha sido genial.
    Quiero leer el de mañana.
    Besos Artista, Andrea

    ResponderEliminar
  2. Ohhhhcada vez mejorrr..me tiene super enganchada x.x ..tiene queser Dael lo se....gracias por el cap..si esperemos tu compu sigaa andandoo ..ysiii mañana mass cap :D besos cuidate

    ResponderEliminar