¡Capítulo nuevo! Como prometí, aquí os lo traigo. Parece que mi portátil ha venido de entre los muertos y espero que se quede entre nosotros bastante tiempo más. Mañana, sin falta, como todo jueves, habrá otro capítulo. Dos capítulos, dos días seguidos, no os podéis quejar. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Aria
-Mmm… Hay tantas cosas que quiero preguntarte.
-Como ya te dije, tengo tiempo. Pregunta lo que quieras.
–Le animé.
Aún no me creía haberme sincerado completamente con un
humano. Aún no podía creerme que ese humano fuera Dael. Y mucho menos poder creerme
que él me creyese. Pensaba que en cuanto le dijera la verdad saldría huyendo,
llamaría al médico y harían que me pusieran una camisa de fuerza. Pero no había
sido así, él se estaba esforzando por entenderme a mí y a mi mundo.
Aún no podía creerme lo increíblemente bien que me sentía
contándole todo. ¡A él precisamente!
-Las… las quemaduras.
–Dijo. - ¿Cómo te hiciste las quemaduras con un café frío?
-Eso está relacionado con la piel helada.- Contesté. –
Parece contradictorio a lo que la ciencia dicta, porque cuanto más elevado
estás más frío hace y cuanto más cerca te encuentras del núcleo de la tierra,
más alta es la temperatura. Pero en realidad el cielo es un lugar cálido y el
infierno está helado. La piel fría es una evolución de nuestra especie, así no
nos helamos estando en el infierno. Por eso el mínimo toque de calor me arde.
-Ahorrarás en agua caliente. – Comentó.
-En realidad no tengo termo. Me ducho con agua fría. –
Dije.- ¡Venga! Siguiente pregunta.
-La velocidad. ¿Tienes súper velocidad como las de los
vampiros?
Vuelta al tema de los vampiros. Me reí.
-Sí, tengo súper velocidad. Tanto los demonios como los
ángeles tenemos una velocidad y una agilidad mucho más desarrollada que la de
vosotros. También es evolución de nuestras especies, por todas las guerras que
hemos librado.
-¿Estáis en guerra?
Sabía que haría esa pregunta tarde o temprano. Aunque
esperaba que fuese un poco más tarde. Intenté explicárselo tanto como pude. No
es que yo supiese mucho tampoco, Kaydeen no había dado demasiados detalles.
-Ahora mismo… sí, se supone que estamos en guerra, pero
es más complicado de lo que parece. El otro día vino un chico… un mensajero de
mi padre y me dijo que la guerra estaba a punto de comenzar y de que esta vez
los humanos tomarían parte en ella.
-¿Los humanos? – Preguntó sorprendido.
-Sí. Me dijo que un humano en especial tomaría parte en
la guerra. No saben qué humano es. Dicen que es un humano que en realidad no es
humano, y que solo un corazón sabrá reconocer a ese humano tan especial.
Frunció el ceño. Era normal, no entendía mucho. Yo
tampoco. No le había dado vueltas hasta ahora y seguía sonándome a una
auténtica locura.
-Ya sé que no tiene sentido. – Le dije. – Por eso están
todos como locos, intentando averiguar qué significa esto. Todos quieren ganar
la guerra. Y yo necesito que la ganemos nosotros. Si los demonios ganásemos la
guerra, habría paz entre las tres razas.
-Y tú podrías ver a tu padre. – Razonó. Lo dijo con mucho
tacto, casi sin querer pronunciar las palabras por si me hacía daño.
Asentí con la cabeza.
-Y… -Volvió a decir. – Vosotros tenéis algunos, no sé…
¿poderes? Tenéis la velocidad y la agilidad, pero ¿algo más?
-Tenemos el olfato. – Le dije.- Todos nuestros sentidos
están súper desarrollados. Pero sobre todo el olfato. Con él distinguimos el
olor de las personas. Por el olor podemos diferenciar dos cosas: de qué raza
son y si son buenas o malas.
-¿Buenas o malas?
-Sí, es como… oler tu aura. Puedo ver cuál es tu
verdadero ser, si eres bueno o malo.
-¿Y a qué huelo yo? – Me preguntó sonriéndome de medio
lado.
Inspiré hondo. Ya sabía a qué olía él, su olor me era tan
agradable que lo sentía como una droga en mi cuerpo. En realidad no podía
clasificar su olor en una sola cosa, siempre me recordaba a las galletas en la
época de Navidad, a los comienzos de la primavera y sus flores naciendo, a un
día cálido en la costa…
-Hueles bien. – Le respondí, intentando aclarar mis ideas
a través de mi mente enturbiada por su aroma.
-¿Solo bien? – Preguntó. Parecía decepcionado, como si se
esperara otra respuesta.
-Hueles… - No quería decirle lo que su olor provocaba en
mí. Pero ya me había ido mucho de la lengua, por un poco más no pasaría nada. –
Hueles a galletas. – Dije. – Hueles a las galletas caseras que se hacen en
Navidad. Hueles… a flores, pero no a un olor dulce y empalagoso, sino a algo
agradable y suave, como a principios de primavera. También hueles a sal, me
recuerda a las olas del mar.
-¿A todo eso? – Preguntó, ahora, sorprendido y
emocionado. -¿A la vez?
Suspiré.
-Sí, a la vez. Ese es el problema. – Respondí, ahora, muy
seria. – No es algo normal. Tu olor es diferente al de cualquier otro, y
además, solo yo consigo captarlo. Axel dice que no puede olerlo. Él capta que
eres bueno, pero no capta lo mismo que yo.
El frunció el ceño. Esto era raro hasta para mí. Su olor
era un enigma que había decidido no tocar demasiado, pero ahora… ahora me
empezaría a preocupar cada noche.
De repente, sonrió. Como si acabara de recordar algo
divertido.
-¿Qué pasa? – Inquirí.
-Que a lo mejor captas mi olor de otra manera porque…
¿estás enamorada de mí?
-¡¿Qué?! – Exclamé.
Mi voz había sonado extrañamente aguda, y sentí como las
mejillas se me tornaban de color escarlata.
-Es pura ciencia. –Explicó con una sonrisa. - ¿Has
escuchado la expresión “tienen química”? Es científicamente correcta. Cuando
nos gusta alguien lo captamos por el olor, aunque seamos inconscientes de ello.
A través de las fosas nasales detectamos si nuestro metabolismo es compatible
con el de esa persona, todo para el fin de poder tener hijos juntos. Luego
están los sentimientos claro, pero digamos que el amor se puede oler,
literalmente.
Me sentía extrañamente incómoda ante el hecho de que sus
palabras eran totalmente ciertas. ¿Tal vez lo olía diferente porque me había enamorado
de él? No, seguramente el motivo era otra cosa. Ya había decidido que el
príncipe azul no era tan malo como yo creía y que tal vez pudiéramos llegar a
ser incluso… amigos. Pero ¿enamorados? Antes dejaría que me arrancaran la piel
a tiras.
-No creo que sea eso. – Contesté, aunque sentí que mi
tono de voz no era muy convincente. – Estoy pensando que…- Dejé la frase en el
aire.
-¿Qué se te pasa por la cabeza? – Preguntó interesado.
Era una persona muy curiosa, y eso no tenía por qué ser
necesariamente malo.
-¿Recuerdas lo que dije antes? ¿El humano especial que
tendrá un papel en nuestra guerra? – Asintió débilmente. – Pues tal vez… seas…
tú. Eso explicaría por qué tu olor es diferente al del resto.
Por un momento guardó silencio, como si quisiera ordenar
la información y decidir si esa opción era válida o no. Me di cuenta entonces
de que era un chico muy inteligente. Claro que ya debería haberlo sabido:
primero porque nunca atendía a las clases de matemáticas y siempre tenía las
actividades hechas a la perfección (algo que es casi improbable en una clase
impartida por Celsius) y en segundo lugar porque aunque no lo hubiera dicho,
sabía que venía de la Escuela para niños superdotados de la señorita
Fitzpatrick, o sea, que era superdotado.
-Pero eso no explicaría por qué eres la única que lo
hueles. – Argumentó muy serio.
-Tal vez… tal vez haya una parte que no conozco de la
guerra. Puede que sea una única persona, una elegida la que consiga olerte. Y
puede que esa elegida sea yo.
-¿Y cómo podemos estar seguros? – Lo decía en plural,
incluyéndonos en el mismo bando. Acababa de arrastrarlo conmigo a un agujero
del que ya ninguno podríamos salir.
-Esta no es la primera guerra que se libra entre ambas
razas. – Dije recordando lo que sabía sobre mi historia. – Hay escritos, aquí,
en la Tierra, en los que se narra las antiguas batallas. Vosotros los conocéis
como antiguos relatos de la biblia. Si consiguiéramos algunos, puede que en
ellos hubiera una pista sobre lo que va a suceder con esta guerra.
Volvió a guardar silencio y a procesar la información.
Esta vez asintió.
-De acuerdo. Miraremos en antiguos documentos a ver si
encontramos algo.
-¿Miraremos? – Vale que estábamos ahora en el mismo
barco, pero… ¿trabajar juntos? Eso era diferente.
-¡Sí! Ahora estoy contigo en esto, quiero ayudarte. Y si
tienes razón y yo soy ese humano… bueno, quiero estar preparado para lo que
tenga que venir. No vas a excluirme de esto. No vas a poder.
Se le veía tan seguro de sí mismo, con tanta
determinación… No podría haberle dicho que no aunque quisiera. Y el caso era
que no quería excluirlo. No quería enfrentarme a todo esto sola. Y ahora que
estaba peleada con Axel pues…
Axel. Me mataría cuando se enterara de lo que acababa de
hacer: revelarle nuestro secreto número uno a un humano. Un humano del que él
estaba profundamente celoso, aunque jamás lo reconocería.
-¿Tienes más preguntas? – No quise responderle. Ni
decirle sí ni no. Ya veríamos como sucedía todo. Si él se achantaba y huía o si
estábamos realmente juntos en esto.
-Ahora no hay ninguna que se me venga a la cabeza… aunque
seguramente en cuanto te vayas se me ocurrirán cientos.
-Apúntalas. Y ya hablaremos mañana. – Le dije recogiendo
mi mochila del suelo del coche.
-Pero mañana no hay clase. – Dijo apenado.
Yo sonreí. De medio lado, exactamente igual que hacía él.
-Tienes mi número. Y sé dónde vives. Llámame mañana y
podrás sacar tu lista de preguntas. Prometo contestar todas las que pueda.
Abrí la puerta del coche y saqué un pie fuera. Justo en
ese momento Dael me tocó el hombro.
-¿Quieres que te lleve? – Casi me atraganto con mi propia
risa.
-No te confundas. – Le dije sonriendo. – Sigues sin
caerme bien.
Él sonrió de vuelta y yo no podía creerme que
estuviésemos compartiendo una broma privada. Salí del coche.
Cuando el coche arrancó, me di la vuelta y me apoyé en la
ventanilla del copiloto.
-Dael… lo que te he dicho, no se lo puedes contar a
nadie.
Él sonrió.
-¿De qué te ríes? – Pregunté molesta. Esto era algo
serio.
-Me has llamado Dael y no príncipe azul.
Puse los ojos en blanco.
Confiaba en que no abriese la boca. Yo, mientras, iría a
casa de Axel. Él y yo teníamos mucho de qué hablar. Uno de los dos se iba a
cabrear y mucho, aunque aún no tenía claro del todo si ese sería él.
Me ha encantado, la parte del olor, ha sido genial.
ResponderEliminarQuiero leer el de mañana.
Besos Artista, Andrea
Ohhhhcada vez mejorrr..me tiene super enganchada x.x ..tiene queser Dael lo se....gracias por el cap..si esperemos tu compu sigaa andandoo ..ysiii mañana mass cap :D besos cuidate
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