Dos cositas: la primera, me gusta esa reacción de WTF con respecto al capítulo anterior, ¿no os lo esperabais? ¿conseguí sorprenderos? ¿Qué creéis que pasará a partir de ahora? Dejadme vuestras respuestas en los comentarios, me gustaría saber si de verdad conseguí sorprenderos. Y la segunda, siento que ayer no hubo reseña, a pesar de que ya me terminé El corredor del laberinto, libro que me gustó muchísimo por cierto. Pero mi ordenador pues, se muere. En verano se muere, porque se calienta y no consigo de que se quede más de dos minutos encendidos, y no me da tiempo a escribir nada. ¡Doy gracias a que hoy está durando lo suficiente para subir esta entrada! Bueno, os dejo ya el capítulo. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
-Estás de coña. – Le dije.
Se la veía ofendida.
-¿Qué? ¡No! Me pediste la verdad, ahí la tienes ¿no me
crees?
-Pues… - No sabía qué hacer. Todo era demasiado extraño.
Una parte de mí quería creerla sin cuestionarla. Pero otra parte, en la que se encontraba
la cordura, me decía que todo era una auténtica locura.
Aunque a veces… son los locos los que ven el mundo como
realmente es.
-No te crees que sea un demonio pero eras tú el que me
estaba acusando de ser un vampiro. – Puso los brazos en jarras.
-Ayúdame a entenderlo.
Su cuerpo se relajó, como si hubiera dicho la respuesta
correcta que ella había estado esperando.
-Entonces ¿me crees? – Preguntó esperanzada.
-Supongo. El que no seas humana, explicaría muchas cosas.
– Le contesté.- Pero explícamelo todo. Por favor, quiero saberlo.
Aria asintió, creo que más para ella que para mí.
-Pero aquí no. – Miró a su alrededor y me dio la
sensación de que ella veía algo más que una simple calle y unas simples
personas paseando.
-Mi coche está aparcado en la parte de atrás. Allí nadie
nos debe molestar.
Me acababa de decir que era un demonio y yo la estaba
llevando a mi coche. O yo también estaba loco o el amor me había vuelto tonto.
O ambas.
Aria se rió. Y a pesar de que me asustaba todo lo que me
estaba diciendo, decidí que me gustaba su risa.
-Desde el primer día has estado intentando meterme en el
coche. – Exclamó.
Y estando en la situación en la que estaba, aún así me
reí con ella.
Caminamos uno al lado del otro hasta es el coche, sin
decir nada. Su respiración era pesada y pensé que se estaba preparando
mentalmente para lo que le esperaba. Aunque yo no sabía qué era lo que nos
esperaba.
Sentados en el coche, me preguntó:
-¿Qué es lo que quieres saber?
-¿De verdad eres un demonio? – Me seguía pareciendo más convincente
la idea del vampiro.
-Sí, y los vampiros no existen. – Contestó como si me
leyera la mente. – No, tampoco puedo leer la mente. Y antes de que digas nada,
sé lo que estás pensando porque sé lo que se suele pensar en estas situaciones.
-Por lo que veo ya has hecho esto otras veces.
-No. – dijo cabizbaja. – En realidad eres el primero al
que se lo cuento.
-Axel no sabe que… - No me dejó acabar la frase.
-Axel también es un demonio. Su familia entera lo es.
-¿La tuya no? – La pregunta pareció cogerla por sorpresa.
-El tema familiar es un poco más complicado en lo que
a mí concierne.
-Entonces empieza por lo más sencillo. Empieza
explicándome qué es exactamente lo que consiste ser un demonio y bueno, por qué
estás en la Tierra y no en el… infierno.
Suspiró mirando al cielo, como si le pidiese ayuda a
éste. Lo que hacía cómica la situación.
-Nos llevará tiempo. – masculló. – Bien, los demonios
son… no son lo que piensas. – Comenzó a decir con voz firme. – Desde que eras
pequeño has aprendido que los demonios son la representación del mal y que los
ángeles son la representación del bien. Has aprendido que si eres bueno te vas
al cielo y que si eres malo te vas al infierno. Pues bien, nada de eso es
verdad, es todo falso. – Hizo una pausa; me dio la sensación de que trataba de
ordenar sus pensamientos. – Para explicarlo tengo que remontarme a nuestra
historia. ¿Has escuchado la historia de la caída de los ángeles? En un
principio solo existían dos razas: los humanos y los ángeles. Vivían en paz, pues
ninguna conocía la existencia de la otra. Hasta que un día dos hermanos,
Lucifer y Gabriel, jugando, descubrieron la puerta para descender a visitar a
los mortales. Bajaron movidos por la curiosidad. Conocieron a los humanos,
vivieron con ellos durante un tiempo ocultando su identidad, y se enamoraron.
Ambos hermanos se enamoraron perdidamente de la misma muchacha. La chica eligió
a Lucifer como amante, lo que hizo que su hermano se enfadara muchísimo. Éste
ascendió nuevamente a los cielos y reunió a un grupo de rebeldes y les habló de
las bellezas humanas. Convenció a un gran número, y cuando Lucifer regresó a
los cielos a visitar a sus familiares, se encontró con una rebelión. Una
rebelión contra él: le echaron del cielo. Pero no solo eso, sino que además se
llevaron a su amada al paraíso. Lucifer se quedó solo en la Tierra, traicionado
por su hermano. Decidió que aquel no era un lugar para un ser inmortal como él,
por ello creó el infierno, el que sería su hogar. Pronto la banda de Gabriel
desterró a más ángeles, aquellos que no quisieron doblegarse ante su poder:
Gabriel se había autoproclamado rey de los cielos. Lucifer acogió a los
desterrados en su modesto hogar. – Hizo una pausa y se pasó la lengua por los
labios. – Y así se creó la tercera raza, la de los demonios, la de los ángeles
desterrados, o como tu religión los conoce, los ángeles caídos. Con el tiempo
ambas razas decidieron mezclarse en la Tierra. Ahora la gran mayoría viven
aquí, en lo que llamamos la Tierra Media, entre los humanos. El cielo y el
infierno han quedado como lugares de encuentro, como una especie de sala de
reuniones para los grandes.
Parpadeé varias veces. Era impresionante. Sus palabras se
trataban de algo mayor. Me estaba desmintiendo todo lo que creía conocer.
-Y tú eres un demonio. – Dije, tratando de entenderlo
todo.
-Así es. – Confirmó.
-Y dices que se mezclan entre los humanos. Entonces si un
humano y un demonio tienen un hijo…
-El bebé sale cien por cien demonio. – Contestó. – Hay
tres maneras de concebir un demonio: un demonio con un demonio, un demonio con
un humano y un demonio con un ángel. De las tres maneras el bebé saldrá demonio.
Lo más normal es que saliera mitad ángel y mitad demonio, o mitad humano y
mitad demonio. Pero por alguna razón genética es así.
-¿Y tus padres son...?
-Mi padre es demonio y mi madre es un ángel. – Respondió.
-Y… ¿Lo ángeles y los demonios no están peleados?
-Sabía que harías esa pregunta. – Dijo sonriendo mientras
negaba con la cabeza. – Sí, los ángeles y los demonios están peleados. Desde
que Gabriel echó a Lucifer del paraíso siempre ha habido cierta disputa entre
ambas razas. Y ahora mismo, los ángeles son quienes tienen el poder. Los
ángeles tienen doblegados a los demonios. Nosotros, los demonios, lo único que
queremos es la paz, pero Gabriel no lo desea así: él quiere ser el único rey. Y
lo demuestra cada día. Por ejemplo, cuando un ángel y un demonio tienen un
hijo… al ángel lo matan y al demonio le prohíben ver a su hijo.
Se me cayó el alma a los pies cuando lo escuché.
-Entonces tus padres…
-Sí, mi madre está muerta y mi padre no puede verme. –
Contestó sin un atisbo de sentimiento en sus palabras. –Vivo con mi “tía” por
parte de padre. En realidad no es mi tía de sangre, pero es amiga de mi padre
desde siempre y cuida de mí ya que él no puede hacerlo.
-¿Y no puede visitarte bajo ninguna circunstancia?
-No sé. Supongo que podría esconderse de los ángeles y
venir a visitarme sin que se enteraran. Pero yo nunca le he visto. Me trajo con
mi tía cuando yo era un bebé. Nunca le conocí.
Por un momento guardé silencio. Asimilando toda la
información que me había dado. Procesándola y… creyéndomela.
-¿Es muy extraño para ti contarme todo esto? –Le
pregunté.
-¿Es para ti escucharlo? – Asentí. – Sí, para mí es raro
contarlo pero… me gusta la idea de que… bueno, aún no has salido corriendo.
-No tengo ninguna intención de hacerlo. – Me di cuenta de
que lo decía de verdad, de que ya no estaba asustado. Creía lo que estaba
diciendo. Era raro, porque la razón me estaba gritando que saliese del coche y
huyese, que llamase a un psiquiatra para que la encerraran. Pero había una
parte de mí que era como si… ya supiese todo aquello. Como si le sonase nuevo
pero no extraño.
Sin darme cuenta de lo que hacía, alargué la mano y tomé
la de Aria. Sorprendentemente, ella no me la apartó. Es más, me la apretó con
fuerza.
-¿Tienes que ir a alguna parte?
-Si lo que estás preguntando es si tengo prisa, la
respuesta es no. Tengo todo el tiempo del mundo para responder a todas tus
graciosas preguntas. – Respondió.
-¿Graciosas? – Enarqué una ceja.
-A ti no te lo parecerán, pero la visión que tenéis los
humanos de mi mundo me parece graciosa.
Me fijé en que se la veía mucho más relajada, como si ya
se hubiese quitado ese enorme peso que cargaba sobre los hombros. Ya no era
tan… borde.
-Adelante. – Dijo acomodándose en el asiento para
mirarme. – Dispara tus preguntas.
Ayyy dios, me ha encantado este capítulo, de verdad! Y la historia Omg *-* me ha recordado a Hush Hush jajajaja. Lo que faltaba ya era que... Dael fuese un ángel e.e
ResponderEliminarQueremos más!
☆
Owwwwwe...Primero: wow si que nos has sorprendido...definitivamente no me lo esperaba...y toda la explicacion me.encantoo ^^ yo creo que Dael es un angel..nose..si..mmm ahora tienen que luchar contra Gabriel! Se viene la guerra OMG esto esta cada vez mas bueno gracias por el cap ^^ quiero masss
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