Capitulo 21: Dael

18/8/14

Como el gran Rick Riordan comenzó La Casa de Hades, os presento yo el capítulo: "Para mis maravilloso lectores: lamento el suspense final. Bueno, en realidad, no. JAJAJA. En serio, os quiero, chicos" Y sin decir nada más os dejo el capítulo. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste. 



Dael

Me desperté muy temprano (aunque mirándolo por otro lado, tampoco había dormido mucho) para poder desayunar y salir de casa sin tener que encontrarme con mis padres.

Ese también fue el motivo por el cual fui caminando hasta el instituto en vez de coger el porsche.

Llegué muy temprano. Vi a las personas entrar una por una. Vi a Verónica y a Zennon, quienes me saludaron, pero no entré con ellos. Estaba esperándola a ella. Aria solía llegar tarde, pero me daba igual: necesitaba hablar con ella. Si es que aparecía, claro.

Justo cuando el reloj estaba a punto de hacer sonar la campana y mis esperanzas estaban por los suelos, oí el golpe de las ruedas contra el asfalto. Aria Gómez apareció en la acera sobre su skate. Iba cabizbaja e intentó pasar por mi lado. Le corté el paso.

-Déjame entrar. – Dijo evitando mirarme a la cara.

-Dame una explicación y te dejaré pasar.

Levantó la vista y sus ojos encontraron los míos. Tenía un aspecto tan cansado…

-No eres normal.- Susurré.

-Mejor no hablemos de lo que eres tú.

-Aria, dímelo por favor ¿Qué eres?

Durante un momento no hizo otra cosa más que mirarme. A mí me costaba tragar porque me di cuenta de que por más que me asustara, seguía gustándome.

-Un consejo. – dijo. – Olvídalo todo, te irá mejor.

Me empujó el hombro con el suyo, sorprendiéndome su fuerza, y entró. Me di la vuelta para seguirla, pero ya la había perdido en la marabunta de gente.


-¡Mierda! – Exclamé; le di un puñetazo a mi taquilla.

-¡Eh! – Dijo Zennon haciendo gestos con los brazos para que me calmara. - ¿Cuál es tu problema, amigo?

-Mi problema tiene nombre y apellido, y se llama Aria Gómez. – Contesté guardando (lanzando) los libros de primera hora en la taquilla.

-¡Te lo dije! – Me reclamó Verónica. – Esa chica solo trae problemas. No es buena.

-No es así. – La corregí apoyándome en la pared. – De hecho ese es el problema: que es buena. Y por eso no puedo odiarla como me gustaría hacerlo.

No había parado de darle vueltas al asunto. Creo que en realidad lo que sentía no era miedo. O al menos, no miedo de ella. Creo que más bien tenía miedo a que me estuviese guardando un gran secreto. Había visto miles de películas así. Ella no era normal. No sabía si era un alien, un vampiro o un cambia formas. Ella no era humana. Y en vez de huir, me sentía más atraído hacia ella, y eso era lo que me daba tanta rabia.

-Aria juega con tus sentimientos. – La acusó Verónica. – No olvides eso o te partirá el corazón.

-Creo que te equivocas completamente con ella. El hecho de que te guste Axel no tiene nada que ver para que la odies a ella. Solo son amigos.

-¿Cómo sabes que me gusta Axel? – Exclamó enfadada mirando al primo.

-Porque no acabas de negarlo. – Le respondí intentado reprimir mi diversión.

-Yo…-  Sus mejillas se encendieron.

-Creo que deberías intentar conquistar al chico hablando con él y no odiando a Aria. Ella no tiene culpa de que Axel babee por ella.

-A ver si a ti te hace caso, porque a mí no. – Dijo Zennon.

-No es tan fácil como decís. – Respondió ella cruzándose de brazos y haciendo una mueca, una especie de puchero.

-Vamos a clase de música. Inténtalo y ya me dirás qué tal te va. – La cogí por los hombros y la encaminé a la clase.

Resultó ser que Aria no apareció en clase. Lo que en realidad no me sorprendió para nada.

-¿Dónde está tu compañera? – Me preguntó la Sra. Moretz.

Todos estaban en los mismos sitios que ayer y ya estaban cantando algo. Algunos tenían instrumentos a mano, otros no. Vero y Axel estaban riéndose mientras intentaban llegar a una nota de voz a la vez.

-No ha aparecido. – Contesté. – Lo más probable es que esté en su taquilla ¿Voy a buscarla?

-Pero no tardes demasiado.

La profesora se dio la vuelta dando esos pasitos cortos suyos que parecían saltos.

Salí de la clase y recorrí un par de pasillos: no la encontré.

Tampoco me molesté en volver a clase.

La clase de matemáticas sucedió de la misma manera: Aria no apareció. Sin embargo sabía que seguía en el colegio: la había visto junto con Axel en las escaleras. Pero en aquel momento no pensaba abordarla con explicaciones.

El profesor Celsius no preguntó por ella. Yo no hice nada por ir a buscarla.

A la salida, después de que los primos se despidieran de mí, me quedé en la puerta esperándola. No llevaba ni un minuto cuando vi aparecer a Thomas con el porsche.

-¿Qué haces aquí? – Le pregunté asomándome por la ventanilla sin quitar el ojo en ningún momento de la entrada del colegio.

-Su padre me ha pedido que venga a buscarle. – Respondió el mayordomo.

-¿Podrías dejarlo aparcado en la parte de atrás? Te daré dinero para un taxi, pero necesito quedarme un poco más.

Thomas no puso objeciones. Sabía que ya se inventaría alguna excusa convincente para mi padre. Aceptó el dinero que le ofrecí sin decir ni una palabra y se pidió un taxi.

Aria fue la última alumna en salir de todo el instituto.

Suspiró al verme.

-Pensé que ya te habrías ido. – Dijo mirándome con cansancio.

-¿Qué te ha pasado en música  y mates? – Le pregunté cruzándome de brazos.

Ella me lanzó una sonrisa falsa

-Me dolía la cabeza.

-¿Vas a decirme ya lo que eres? – Fui directo al grano.

-Una chica. – respondió. – Es normal que un marginado como tú no sepa lo que es. Apuesto a que nunca has besado a una. Pero sí, soy una chica. Y las chicas somos raras. ¿Me vas a dejar en paz ya?

Me hubiera hecho gracia el comentario si no fuera porque mi cuerpo necesitaba esa respuesta como si fuera droga alimentándolo.

-¿Sabes? Tengo una teoría.

-¿Ah, sí? Estoy impaciente de oír cuál es. – Avanzó hacia mí a pesar de que se notaba que quería mantener las distancias, pero el portero estaba cerrando la puerta, obligándola a salir. Y la acera era estrecha.

-Creo que eres un vampiro. – Dije sin más. Era lo que más me pegaba. La súper velocidad y la piel fría como la de un muerto. Eran señales.

-¿Un vampiro? – Se echó a reír.

-Sí, es mi mejor teoría. – Le respondí calmado. – Y aún pensando eso, sigo aquí. Y no porque crea que esto pueda llegar a convertirse en un amor inmortal y con malas películas como en Crepúsculo. Sigo aquí porque como te dije el primer día: no pienso rendirme contigo.

La miré directamente a los ojos y vi como algo en ella se movía. Como en su mente se libraba la misma lucha que ayer, solo que estaba vez, parecía que iba ganando el bando contrario. Estábamos relativamente cerca, si levantaba mi brazo, podría haberle tocado la cara.

No lo hice. No quería que ningún movimiento hiciera que la batalla perdiera a en mi contra.

-No soy un vampiro. – Dijo con una sonrisa en los labios, solo que su sonrisa no era divertida, sino nerviosa. – Soy un demonio.



3 comentarios:

  1. Valeeeeeeee, ¿lo dice de verdad no? Un demonio, bueno, eso explica algo ¿no? Si su madre también lo era la quemaron por eso, y lo de la guerra tambien.
    Jo quiero saber que piensa Dael!!!
    Ya estoy esperando al jueves
    Besos Artista, Andrea.
    PD: los jueves no comento pero la leo siempre, para que no te desanimes. Me encanta

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  2. OMGGGGGGGG PERO ESTO QUE ES :0 que fuerte!! Queremos más!!

    PD. Grande Rick Riordan JAJAJA

    ☆

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  3. UN DEMONIO???? Esto es muy confuso no aguanto..*se golpea la cabeza contra la mesa* jajaa voy a leer el de Ariaa gracias por el capii ^^

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