Como el gran Rick Riordan comenzó La Casa de Hades, os presento yo el capítulo: "Para mis maravilloso lectores: lamento el suspense final. Bueno, en realidad, no. JAJAJA. En serio, os quiero, chicos" Y sin decir nada más os dejo el capítulo. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
Me desperté muy temprano (aunque mirándolo por otro lado,
tampoco había dormido mucho) para poder desayunar y salir de casa sin tener que
encontrarme con mis padres.
Ese también fue el motivo por el cual fui caminando hasta
el instituto en vez de coger el porsche.
Llegué muy temprano. Vi a las personas entrar una por
una. Vi a Verónica y a Zennon, quienes me saludaron, pero no entré con ellos.
Estaba esperándola a ella. Aria solía llegar tarde, pero me daba igual:
necesitaba hablar con ella. Si es que aparecía, claro.
Justo cuando el reloj estaba a punto de hacer sonar la
campana y mis esperanzas estaban por los suelos, oí el golpe de las ruedas
contra el asfalto. Aria Gómez apareció en la acera sobre su skate. Iba
cabizbaja e intentó pasar por mi lado. Le corté el paso.
-Déjame entrar. – Dijo evitando mirarme a la cara.
-Dame una explicación y te dejaré pasar.
Levantó la vista y sus ojos encontraron los míos. Tenía
un aspecto tan cansado…
-No eres normal.- Susurré.
-Mejor no hablemos de lo que eres tú.
-Aria, dímelo por favor ¿Qué eres?
Durante un momento no hizo otra cosa más que mirarme. A
mí me costaba tragar porque me di cuenta de que por más que me asustara, seguía
gustándome.
-Un consejo. – dijo. – Olvídalo todo, te irá mejor.
Me empujó el hombro con el suyo, sorprendiéndome su
fuerza, y entró. Me di la vuelta para seguirla, pero ya la había perdido en la
marabunta de gente.
-¡Mierda! – Exclamé; le di un puñetazo a mi taquilla.
-¡Eh! – Dijo Zennon haciendo gestos con los brazos para
que me calmara. - ¿Cuál es tu problema, amigo?
-Mi problema tiene nombre y apellido, y se llama Aria
Gómez. – Contesté guardando (lanzando) los libros de primera hora en la
taquilla.
-¡Te lo dije! – Me reclamó Verónica. – Esa chica solo
trae problemas. No es buena.
-No es así. – La corregí apoyándome en la pared. – De
hecho ese es el problema: que es buena. Y por eso no puedo odiarla como me
gustaría hacerlo.
No había parado de darle vueltas al asunto. Creo que en
realidad lo que sentía no era miedo. O al menos, no miedo de ella. Creo que más
bien tenía miedo a que me estuviese guardando un gran secreto. Había visto
miles de películas así. Ella no era normal. No sabía si era un alien, un
vampiro o un cambia formas. Ella no era humana. Y en vez de huir, me sentía más
atraído hacia ella, y eso era lo que me daba tanta rabia.
-Aria juega con tus sentimientos. – La acusó Verónica. –
No olvides eso o te partirá el corazón.
-Creo que te equivocas completamente con ella. El hecho
de que te guste Axel no tiene nada que ver para que la odies a ella. Solo son
amigos.
-¿Cómo sabes que me gusta Axel? – Exclamó enfadada
mirando al primo.
-Porque no acabas de negarlo. – Le respondí intentado
reprimir mi diversión.
-Yo…- Sus mejillas
se encendieron.
-Creo que deberías intentar conquistar al chico hablando
con él y no odiando a Aria. Ella no tiene culpa de que Axel babee por ella.
-A ver si a ti te hace caso, porque a mí no. – Dijo
Zennon.
-No es tan fácil como decís. – Respondió ella cruzándose
de brazos y haciendo una mueca, una especie de puchero.
-Vamos a clase de música. Inténtalo y ya me dirás qué tal
te va. – La cogí por los hombros y la encaminé a la clase.
Resultó ser que Aria no apareció en clase. Lo que en
realidad no me sorprendió para nada.
-¿Dónde está tu compañera? – Me preguntó la Sra. Moretz.
Todos estaban en los mismos sitios que ayer y ya estaban
cantando algo. Algunos tenían instrumentos a mano, otros no. Vero y Axel
estaban riéndose mientras intentaban llegar a una nota de voz a la vez.
-No ha aparecido. – Contesté. – Lo más probable es que
esté en su taquilla ¿Voy a buscarla?
-Pero no tardes demasiado.
La profesora se dio la vuelta dando esos pasitos cortos
suyos que parecían saltos.
Salí de la clase y recorrí un par de pasillos: no la
encontré.
Tampoco me molesté en volver a clase.
La clase de matemáticas sucedió de la misma manera: Aria
no apareció. Sin embargo sabía que seguía en el colegio: la había visto junto
con Axel en las escaleras. Pero en aquel momento no pensaba abordarla con
explicaciones.
El profesor Celsius no preguntó por ella. Yo no hice nada
por ir a buscarla.
A la salida, después de que los primos se despidieran de
mí, me quedé en la puerta esperándola. No llevaba ni un minuto cuando vi
aparecer a Thomas con el porsche.
-¿Qué haces aquí? – Le pregunté asomándome por la
ventanilla sin quitar el ojo en ningún momento de la entrada del colegio.
-Su padre me ha pedido que venga a buscarle. – Respondió
el mayordomo.
-¿Podrías dejarlo aparcado en la parte de atrás? Te daré
dinero para un taxi, pero necesito quedarme un poco más.
Thomas no puso objeciones. Sabía que ya se inventaría
alguna excusa convincente para mi padre. Aceptó el dinero que le ofrecí sin
decir ni una palabra y se pidió un taxi.
Aria fue la última alumna en salir de todo el instituto.
Suspiró al verme.
-Pensé que ya te habrías ido. – Dijo mirándome con
cansancio.
-¿Qué te ha pasado en música y mates? – Le pregunté cruzándome de brazos.
Ella me lanzó una sonrisa falsa
-Me dolía la cabeza.
-¿Vas a decirme ya lo que eres? – Fui directo al grano.
-Una chica. – respondió. – Es normal que un marginado
como tú no sepa lo que es. Apuesto a que nunca has besado a una. Pero sí, soy
una chica. Y las chicas somos raras. ¿Me vas a dejar en paz ya?
Me hubiera hecho gracia el comentario si no fuera porque
mi cuerpo necesitaba esa respuesta como si fuera droga alimentándolo.
-¿Sabes? Tengo una teoría.
-¿Ah, sí? Estoy impaciente de oír cuál es. – Avanzó hacia
mí a pesar de que se notaba que quería mantener las distancias, pero el portero
estaba cerrando la puerta, obligándola a salir. Y la acera era estrecha.
-Creo que eres un vampiro. – Dije sin más. Era lo que más
me pegaba. La súper velocidad y la piel fría como la de un muerto. Eran
señales.
-¿Un vampiro? – Se echó a reír.
-Sí, es mi mejor teoría. – Le respondí calmado. – Y aún
pensando eso, sigo aquí. Y no porque crea que esto pueda llegar a convertirse
en un amor inmortal y con malas películas como en Crepúsculo. Sigo aquí porque
como te dije el primer día: no pienso rendirme contigo.
La miré directamente a los ojos y vi como algo en ella se
movía. Como en su mente se libraba la misma lucha que ayer, solo que estaba
vez, parecía que iba ganando el bando contrario. Estábamos relativamente cerca,
si levantaba mi brazo, podría haberle tocado la cara.
No lo hice. No quería que ningún movimiento hiciera que
la batalla perdiera a en mi contra.
-No soy un vampiro. – Dijo con una sonrisa en los labios,
solo que su sonrisa no era divertida, sino nerviosa. – Soy un demonio.
Valeeeeeeee, ¿lo dice de verdad no? Un demonio, bueno, eso explica algo ¿no? Si su madre también lo era la quemaron por eso, y lo de la guerra tambien.
ResponderEliminarJo quiero saber que piensa Dael!!!
Ya estoy esperando al jueves
Besos Artista, Andrea.
PD: los jueves no comento pero la leo siempre, para que no te desanimes. Me encanta
OMGGGGGGGG PERO ESTO QUE ES :0 que fuerte!! Queremos más!!
ResponderEliminarPD. Grande Rick Riordan JAJAJA
☆
UN DEMONIO???? Esto es muy confuso no aguanto..*se golpea la cabeza contra la mesa* jajaa voy a leer el de Ariaa gracias por el capii ^^
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