Ajá, no estoy desaparecido, tan solo la excusa de siempre: las clases. ¿Quién las inventó y por qué siguen existiendo? Además de que ¿os acordáis de que mi ordenador se moría por momentos? Pues cada vez agoniza más. Pero don't worry, conseguí sacar los capítulos y guardarlo en un disco duro antes de que termine de morir completamente y tengo el ordenador de mi padre, así que vosotros no os vais a quedar sin historia. Como curiosidad, hay información que necesité buscar para este capítulo sobre la biblioteca británica, que nen lugar de buscarla en internet, la encontré leyendo Memorias de Idhún (¿Veis? Leyendo se aprende) Sin enrollarme más, os dejo el capítulo, creo que os gustará el fina *risa malvada* . Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Aria
Seguía sintiendo esa extraña sensación en el cuerpo
cuando nos bajamos del coche. Era como un cambio raro en el aire, como si se
hiciera más pesado y ese peso cayera sobre mis hombros. Nunca lo había
percibido, pero mi instinto me decía que no era nada bueno.
La mano de Dael contra la mía me reconfortaba.
Seguramente él veía el gesto como algo amoroso, pero lo fuese o no, a mí me
hacía bien. Puede que porque en el fondo sí que me estaba enamorando del
príncipe azul y también lo veía del modo romántico, pero también porque era un
punto de apoyo para no perder la cordura ante la sensación de peligro.
Caminamos hasta llegar a la Biblioteca Británica, unos
impresionantes edificios de piedra roja. Con curiosos tejados inclinados y
hermosos jardines. Me quedé petrificada al verlos. Era… enorme, y me emocionaba
pensar que todo eso estaba lleno de libros.
-¿Qué te parece? – Me preguntó Dael señalando la
biblioteca con nuestras manos unidas.
Me miró expectante, como si esperara que yo hiciese algún
comentario. No dije nada. Sabía lo que estaba pasando por su cabeza, y no le
iba a dar el placer de darle la razón y hacer algún comentario.
-Quiero ver el interior. – Le indiqué.
Tuve que tirar de él para que corriera detrás de mí. Me
hubiera dejado llevar por la emoción si no fuera porque todavía tenía a Dael de
la mano y habría usado mi velocidad para entrar, lo cual me hubiera causado, no
problemas, pero sí un momento incómodo al aparecer de la nada ante cientos de
turistas curiosos, aunque no había mucha gente por los alrededores. Cuando
llegamos a lo alto de las escaleras, Dael jadeaba. En su defensa diré, que yo
iba muy rápido y que él no se quejó.
Entramos. Me paré. Eché la cabeza hacia atrás y contemplé
cuan alto era el edificio, cuantas plantas tenía y me imaginé cuántos libros
habría en cada una. Sonreí.
Sé que parecía un bicho raro, que normalmente esta no era
la reacción que tenía una persona normal al entrar en una biblioteca. Pero mi
vida no había sido normal, no había sido buena en su mayor parte. Había sufrido
mucho, había pasado por épocas difíciles y solitarias. Épocas donde mi única
compañía habían sido los libros: hojas de papel llenas de letras e historias
que me hicieron reír aún cuando sabía que lo único que debería hacer era estar
llorando. Como Will Herondale, personaje de uno de mis libros favoritos, dijo:
los libros me enseñaron que quizás no estaba completamente sola.
-Te gusta. –Dijo Dael a mi lado; por un momento había olvidado que él estaba
ahí. Por un momento me había olvidado de absolutamente todo.
-Me encanta. – Contesté.
Bajé la cabeza y sentí la tensión en el cuello. El olor
seguía en el aire. Traté de inspirar hondo para calmarme, pero me entró de
lleno en los pulmones. Me estaba poniendo un poco histérica.
-¿Por dónde quieres empezar? – Preguntó Dael.
-¡Esto es enorme! No podremos mirar ni una cuarta parte
hoy aunque nos quedemos todo el día. – Me hubiera gustado pedirle que nos
quedásemos todo el día, que perdiésemos clase y nos quedáramos hasta mañana.
Que durmiésemos en la biblioteca, a mí me encantaría. Pero me había invitado y
yo no tenía la confianza de pedirle aquello.
-Podemos empezar por… -Cogió un folleto de la recepción y
lo ojeó por encima. - ¿Qué te parece si empezamos por la sección de Lectura de
Manuscritos y Libros Raros?
-¿Eso existe? – Pregunté escéptica.
-Es lo que pone aquí. – Me mostró un mapa como el que te
dan en los parques temáticos para que no te pierdas; la sección se encontraba
en la segunda planta.
-Pues tiene un nombre muy apropiado.
Al llegar a la sala, la adoración que había expresado por
el lugar se magnificó al entrar en la sala: estanterías y estanterías y más
estanterías que iban del techo al suelo, con hileras llenas de libros. Libros
encuadernados en todos los colores, con letras impresas en todos los tamaños.
Inspiré: el olor a libro era como un seductor perfume, solo que mejor.
Recorrí un pasillo. Extendí la mano para acariciar los
rugosos lomos de los viejos libros.
Me giré: Dael me miraba con curiosidad, pero con una
sonrisa coloca en sus finos labios.
Decidí que con el poco tiempo que teníamos debía ponerme
manos a la obra. Cogí algunos tomos que me parecieron interesantes por el
título, además de que estaban datados del siglo XI, cuanto más antiguos, mejor.
Dael hizo lo mismo. Nos sentamos a leerlos.
En lo que Dael leía una página yo leí un capítulo. No era
por nada en especial, simplemente mi velocidad sobrehumana se transmitía a todo
lo que hacía. Cuando leía en casa novelas corrientes no la usaba, leía con
tranquilidad, empapándome con las palabras y las emociones del personaje. Pero
este era un caso especial, necesitaba abarcar el mayor número de libros
posibles. En realidad tenía mucha curiosidad por saber cómo funcionaba esta
súper velocidad. Sabía que no era que yo moviese los ojos a una velocidad de
vértigo sobre la página. Era como si mirando la página mi cerebro procesa cada
palabra en un tiempo récord.
No sabía cómo funcionaba. Ningún demonio que conociese lo
hacía. Tal vez mi padre lo supiese… pero claro, a él no podía preguntarle,
porque ni si quiera lo conocía.
En un momento dado de la investigación, en vez de ponerme
a buscar datos sobre guerras pasadas, historias sobre algún humano importante
en nuestra cultura o pistas sobre alguna profecía en la que se incluyese a
alguien como Dael, me puse a buscar explicaciones sobre por qué mi padre no me
podía ver. ¿Sería verdad que le estaba prohibido? ¿Era una excusa para no verme
o de verdad lo matarían si lo intentase? ¿Cómo lo matarían pues, si se escapase
y nadie se enterase?
Suspiré exasperada.
Miré el reloj que colgaba de la pared: llevábamos cuatro
horas seguidas buscando algo que no encontrábamos. Ni si quiera sabíamos que
buscábamos.
Volví a pasar la página: tardé aproximadamente un minuto
en leer el siguiente capítulo.
A pesar de que para mi leer era una especie de droga de
la que no podía desengancharme, esta lectura se me estaba haciendo cansina. Me
gustaba la lectura porque me dejaba liberar la mente y dejar de pensar. Leyendo
estos libros de edades anteriores a Cristo solo hacían que mi mente diese más
vueltas.
Levanté la vista de la página, solo para toparme con otro
libro abierto: la mirada azul oscuro de Dael. Sentía que podía leer su historia
directamente en sus ojos. Que podía leer su mente. Sus ojos me miraban sin
disimulo, con curiosidad, como quien observa a un animal a través de un
cristal. En sus ojos se leían preguntas, a las que al parecer nadie había
escrito respuestas.
Hasta ahora no me había sentido incómoda bajo su atenta
mirada. Pero ahora la sentía diferente. Tal vez fuese consecuencia de que aún
estaba algo paranoica por ese extraño cambio que no taba en el aire. Pero aún
así sentía que sus ojos me contemplaban de otra manera.
Si me ponía a pensar, no me había dado cuenta de esa
mirada antes. Me refiero a que el cambio en su mirada había sido… hoy. El único
día después que nos habíamos visto después de que le contase quien era yo y de
donde venía. Después de haberle confesado que soy un demonio.
¿Seguiría sin creerme? ¿Aún dudaba de la existencia de mi
mundo? ¿Y si dudaba por qué me estaba ayudando a descifrar la profecía de la
guerra? ¿Para él era un juego? ¿Creía que estaba loca? O peor ¿Me creía y me
miraba de esa forma porque pensaba que yo era antinatural? ¿Pensaba que era
un…monstruo como el que su cultura le había enseñado que eran los demonios?
-¿Qué miras tanto? – Pregunté en voz alta; mi voz sonó
dura, a pesar de que en parte me sentía rota por dentro.
-A ti. – Respondió a secas.
-¿Y se puede saber por qué?
Devolví la vista al libro. Era más fácil concentrarme en
estar enfadada si no le miraba a los ojos.
-Porque eres diferente
-¿En qué sentido?
-Bueno, nunca había conocido a un… demonio. – La palabra
sonaba extraña en sus labios, como si se negase a salir de ellos.
- ¿Y por qué me miras como si fuera una alienígena?
-Bueno, es que es como….
-¿Me miras así porque piensas que soy un monstruo? ¿Cómo
los que salen en vuestras estúpidas películas de terror?
Abrió la boca solo para cerrarla un segundo más tarde.
Me dio la impresión de que mi arrebato lo cogió por
sorpresa, cosa que no debería haber sido así: yo era borde por naturaleza.
Es más, me daba la sensación de que se estaba pensando su
respuesta. No como quien la elabora primero mentalmente para luego decirla,
sino más bien como si estuviera decidiendo si decir lo que pensaba.
-Si piensas que soy una abominación de la naturaleza, por
favor, dilo ya para poder darte una torta y terminar con esto de una vez.
Inspiró profundamente antes de contestar.
-Te miro porque me pareces increíble. Jamás había… sentido
nada así.
Creo que la que abrió la boca esta vez fui yo. Y no la
cerré. Me quedé embobada procesando su respuesta.
-Yo… te… - balbuceé, no obstante, sin reflejar mi
sorpresa, tan solo una pequeña parte de ella. Y era una sorpresa burlona. Había
pasado años aprendiendo a dominar mis emociones.
-Sí, me gustas. Me gusta un demonio. – dijo en voz alta
como si quisiera saborear las palabras.
Beso, necesito un beso, mejor aun, necesito EL beso. Por favor por favor... Dime que a Aria también le gusta, venga, somos amigas... Bueno vale, tu ganas, sigue con tu secretismo¬¬ en fin, un capitulo genial^^ besitos, nos leemos<3
ResponderEliminarVale, me parece muy bien que le guste un demonio, pero yo quiero que se bese con el demonio, cuando he leido tu introduccion he pensado qur se besaban y cuando he leido la última palabra a sido como ¡plof! La Artista no es de esas escritoras qur hacen qye sus personajes se besen antes del capítulo 60.
ResponderEliminarPero aun asi a estado tan genial como siempre.
Besos Artista, Andrea
Oww que lindos por favor. Este capítulo es bastante largo, mola ^^
ResponderEliminarTe lo digo muy en serio, TU SERAS UNA GRAN ESCRITORA. LO VEO. ES QUE ERES GENIAL. Afdhkkgsghjjh
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