Capitulo 26: Dael

4/9/14

Chicos, no me matéis por el final. De verdad, yo os aprecio, pero sin embargo, no me hago cargo de ningún paro cardíaco que pueda sufrir el lector. Ya sabéis lo de siempre: leed, disfrutad (si podéis) , ¡COMENTAD! y espero que os guste.



Dael

No tardó mucho en llegar. Desde que la llamé, hasta que apareció por la acera montada en su skate y con su mochila desgastada a la espalda, no pasaron más de diez minutos. Sabía que vivía cerca, pero cuando la llamé dio a entender que todavía estaba en la cama. No esperaba que se cambiase tan rápido.

-Eh. – Saludó con un gesto de la cabeza al llegar a la altura del coche.

Yo estaba apoyado en el capó, con los brazos cruzados.

-Eh. – Le contesté de vuelta. - ¿Has usado tu velocidad?

-¿Perdona? – Parecía algo dormida, pero no por ello menos avispada.

-Tu velocidad. Tu velocidad de vampiro. – Le aclaré. – Para cambiarte. Has sido muy rápida.

Ella bufó con una sonrisa.

-No todas las chicas tardamos una hora en prepararnos. Pero sí, he usado mi velocidad. Si tienes ventajas, úsalas, para algo están. Y ahora ¿podemos irnos a Londres?

-Su carroza la espera, mi lady. – hice una reverencia y levanté el brazo indicando el coche con un amplio gesto.

-Te equivocas. – Dijo abriendo la puerta de los asientos traseros y dejando su skate en el suelo. Cerró con un portazo sin querer. – Si aquí hay alguien de la realeza, ese eres tú mi querido príncipe azul.

Metió su esbelto cuerpo dentro del vehículo. Puse los ojos en blanco antes de entrar yo también para que no pudiese verme.

Arranqué el coche, metí primera, aceleré y me metí en la autopista rumbo norte hacia el túnel que conectaba la capital francesa con la capital inglesa.

Aria no había dicho nada, tenía la vista fija en un punto en el salpicadero del coche.

-¿Qué? –Le pregunté, pasándole la mano por delante de la cara para que reaccionase.

-Es un libro. – Dijo señalando el ejemplar de Viaje al centro de la Tierra de Julio Verme.

-Sí, ¿es que nunca habías visto uno? – Me reí.

-No sabía que tú supieses leer. – Dijo; realmente parecía asombrada. – Tú eres un muggle.

Volví a poner los ojos en blanco y a reírme en voz alta. <<Si tú supieras>> pensé.

-Pues sí sé leer. – le contesté. – Ese libro era mi favorito cuando era pequeño. Nada de tontos libros con dibujitos. A mí me gustaban los retos y decidí meterme en el mundo de Verme. Lo he vuelto leer ahora, y no me parece tan bueno, tal vez es porque ha cambiado mi gusto literario.

-¿Tú? ¿Gusto literario? – Parecía sin querer creerme.

-Pues sí. – respondí algo molesto. Me tenía por un tonto, un egocéntrico y un superficial. Nada me gustaría más que se quitara esa idea de la cabeza.

Pasamos los chalet de la metrópolis y enfilamos ya en la autopista que iba directa al túnel.

Aria había girado la cara hacia la ventana, apoyando la frente en el frío cristal. Parecía mirar al cielo, un conjunto de nubarrones tan negros como su cabello, que parecían amenazar con descargar sus aguas en cualquier momento.

-Pensé que hoy podría hacerte todas las preguntas que quisiese. – Dije rompiendo el silencio que se había creado entre nosotros.

Ella se acomodó en su asiento y giró la cara hacia mí; era tan hermosa que dolía mirarla directamente a los ojos. Parecía tener energías renovadas.

-Y siempre cumplo mi palabra. Venga, dispara.

-¿Cuál es tu libro favorito?

La pregunta pareció pillarla por sorpresa. Ella daba por sentado que yo iba a preguntarle sobre su mundo, sobre la guerra, sobre los ángeles y los demonios. Y quería preguntarle sobre ellos. Tenía muchas preguntas, anoche cuando no podía dormir elaboré en mi mente una lista con todas las que le haría.

Pero aparte de querer conocer el mundo en el que me acababa de adentrar, también quería conocerla a ella.

Mis sentimientos no habían cambiado, seguía gustándome. Ya fuese un demonio, un ángel o un dinosaurio. Seguía gustándome y era algo que no podía cambiar.

-Pues no sé. – Respondió al cabo de un rato. Lucía algo desconcertada pero sentía que estaba cómoda, como si ya no me tuviese asco. – He leído tantos y hay tantos que me han gustado. Los Juegos del hambre me pareció una novela increíble. Bajo la misma estrella es un libro que me hizo pensar mucho. La saga de Cazadores de sombras me marcó en cuanto la leí. Hay tantos que me han marcado…

-¿Los libros han influido en tu personalidad?

-Sí. – Exclamó sonriendo. – Es exactamente así. – Se la notaba… feliz. Alegre de que alguien comprendiese como se sentía. – Cada vez que leo un libro en mi cabeza se mueve algo. Me hacen ver las cosas de forma diferente. Yo no leo para ser más inteligente, solo para ser un poco menos ignorante. Me encanta la sensación de estar aprendiendo, no sobre un tema en concreto, sino sobre lo que es la vida en general. – Suspiró. – La gente dice que eso es raro…

-¡No! No lo es. Es tu pasión. En esta vida nos definen nuestros actos. Lo que nos gusta, lo que hacemos, dictan quien somos realmente. Si a ti te gusta leer, la lectura, tus actos sobre ella acabarán diciéndoles a los demás cómo eres realmente por dentro. – Contesté, más para mí que para ella. – No somos apariencias, somos decisiones.

Pensé en la repulsión que ella me tenía. No era asco propiamente dicho, solo una especie de aversión a acercarse a mí. Ella se había dejado guiar por mi apariencia de niño rico y se había formado una imagen en su cabeza. Solo esperaba que esa imagen se estuviese diluyendo a través de mis actos.

-Me equivoqué contigo. – Dijo de repente, con la voz baja y dulce. – No debí juzgarte a primera vista. Sé que no te he tratado como merecías, pero… es costumbre. A mí me han tratado según apariencias, y yo he aprendido a tratar a las personas según lo que me parecen a primera vista. Sé que muchas veces me equivoco, pero no por ello dejo de hacerlo. Puede que tengas razón, que sean nuestras decisiones lo que nos definan. Créeme, estoy intentando juzgarte por las decisiones que has tomado. Sobre todo por la de no haber salido corriendo cuando te conté mi historia y haberme denunciado a un psiquiatra.

Por un momento la miré a los ojos, olvidándome completamente de que debería tener la vista puesta en la carretera. Se estaba disculpando conmigo. Por segunda vez.

Tal vez fuese verdad que estaba cambiando de parecer. Tal vez ella tenía algo de razón al juzgarme a primera vista, pues sé que los que tienen dinero en sus bolsillos, suelen tratar a los que no como basura. Y a Aria le había pasado eso, la habían tratado como si no valiese. Aunque uno no puede condenar a todos los de una clase por los actos de unos pocos, porque existen las excepciones, y son las que marcan la diferencia.

-Todavía me estoy pensando si llamar al psiquiatra. – Dije devolviendo la vista a la carretera. – No por ti, sino por mí. Tengo la sensación de que me voy a volver loco de un momento a otro.

-Eso es porque todavía hay detalles en el aire que no acabas de comprender. Haz preguntas, te resolveré las dudas, y verás cómo todo acaba cobrando sentido.

Inspiré, y luego suspiré. ¿Por cuál de todas empezar?

-Eres un demonio… ¿tienes alas? – Decirle demonio me seguía sonando extraño.

-Sí y no. – Respondió. – Tengo alas pero en la Tierra no son visibles. Tiene algo que ver con la luz solar y no sé qué reacción química con el aire de aquí. Están en mi espalda, plegadas como si se tratase de una segunda capa de piel, pero son invisibles, solo podrías verlas si fuésemos al infierno. O al cielo. Ni si quiera yo puedo verlas.

-¿Nunca te has visto las alas?

Pareció pensarse la repuesta, como si intentara recordar alguna memoria en la que le fuese visible sus alas.

-Cuando era niña visité el infierno con mi tía, ni si quiera recuerdo por qué fuimos. Y allí las vi. Me sentí como un pequeño polluelo despertando. Siempre había sabido que las tenía ahí, pero jamás las había desplegado, y mucho menos contemplado. Eran pequeñas, y de un color blanco sucio, y daba la sensación de que estaban desplumadas. Mi tía me dijo que eso era normal, que yo era muy pequeña y que todavía no me habían crecido del todo. –Se miró disimuladamente por encima del hombro la espalda. – Me gustaría ver cómo son ahora.

Me la imaginé, de pie, con los brazos elevados y tras ellos, brotando dos hermosas alas del color blanco más puro que hubiese. Espera… ¿blanco?

-¿Tus alas son blancas? Quiero decir  ¿Las alas de los demonios son blancas? ¿No eran negras? – Pregunté.

Ella puso los ojos en blanco, como si estuviese cansada de que le hicieran esa pregunta, aunque estaba seguro de que no muchas personas se lo habían preguntado.

-Las alas de los demonios no son negras, esos son cuentos chinos para darnos un aspecto más monstruoso. – Contestó muy indignada. – Pero tampoco son blancas, ese es el color de los ángeles.

-Entonces ¿De qué color son?

-Doradas. –Dijo. – En el infierno no hay la luz suficiente para que se vean blancas. Es otro tipo de evolución en nuestra raza: las alas de los caídos se fueron tornando doradas, y sus descendientes las heredaron así.

-Y… ¿cómo…? ¿Cómo se va al infierno? – Me parecía una pregunta muy extraña, pero tenía mucha curiosidad.

Abrió la boca para contestar, pero justo en ese momento entramos en el túnel.

No nos llevó mucho el papeleo. Cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos metidos en uno de los trenes que cruzaban el canal de la mancha.

No era la primera vez que viajaba de esta manera, en lugar de usar avión. Pero Aria sí, y se la veía fascinada. A mí me parecía un poco pesado el viaje: el coche lo metías en una plaza dentro de un tren, y tú podías elegir si quedarte dentro del coche o salir fuera a un vagón club (aunque para el segundo había que pagar más) Y a pesar de tener dinero, yo no era partidario de derrocharlo, además de que en el coche tendríamos más intimidad para poder hablar de cualquier cosa sin miradas que nos acusasen de locos.

Nos pusimos cómodos: colocamos los asientos delanteros todo lo pegado al volante que se podía y nos sentamos en los traseros, así tendríamos más espacio para movernos. Un porsche podía ser todo lo bonito que tú quisieras, pero a la hora de comodidad, se quedaba corto.

-¿Qué era lo que me habías preguntado? – Dijo Aria. Seguía mirando a su alrededor asombrada.

-¿Cómo se va al infierno? – Repetí la pregunta, y esta segunda vez, pareció salir con más normalidad de mi boca, como si ya me estuviese acostumbrando a todo aquel mundo.

-Pues… en realidad no lo sé. Sé que tiene que ver con algo mental. No sé exactamente cómo es, creo que tienes que visualizarlo y luego te transportas o algo así. Solo he viajado una vez, cuando era pequeña y fui con mi tía.

-¿Ella no te ha enseñado a ir?

-No. – Negó con la cabeza y un liso mechón de cabello azabache le cubrió parte del rostro. – Se lo he pedido muchas veces, pero ella se niega a enseñarme. Cree que si me enseña, me iría al infierno a buscar a mi padre.

Mi mano temblaba: se moría de ganas de apartarle ese mechón de la cara.

-Pero se supone que tu padre no puede verte. – Recordé, más para mí que para ella.

-Así es. Por eso me envió a la Tierra, para no verme. Si me hubiera quedado en el inferno con él, le habrían matado. O eso dicen, la verdad es que no estoy segura. Sinceramente creo que no quiere verme. Vale, le prohibieron verme pero, si me quisiera de verdad se escaparía de vez en cuando a escondidas para visitarme.

-Te entiendo perfectamente. – Lo dije sin querer. Normalmente no hablaba de temas familiares con nadie, ni si quiera con Thomas o María Teresa, quienes eran más familia que mis propios padres. Para mí ese era un tema tabú, pero allí sentado junto a Aria me sentía tan bien, tan a gusto… sentía que podía confiar en ella, al igual que ella lo había hecho conmigo. Me daba la sensación de que éramos… amigos. Y me gustaba esa sensación de amistad con ella. Pero… sentía un regusto amargo al pensar en ella como una amiga. En mi cabeza no cuadraba. Me alegraba haber conseguido llegar hasta ese punto pero… yo aún quería algo más.

-¿Me entiendes? No te lo tomes a mal, pero tú tienes dos padres. – Dijo con mucho tacto. Como si ella lo supiese.

-Ya sé que tengo dos padres, pero es como si no los tuviera. ¿Sabes? Llegaron hace dos días. En esos dos días apenas los vi dos horas y esta mañana Thomas me dijo que ya se habían ido otra vez, sin fecha de regreso. – Vi que me miraba con el ceño fruncido. – Thomas es el mayordomo. – Le expliqué. Abrió los ojos en señal de reconocimiento. – Me dijeron que podía venir a Londres, como quien se va un fin de semana a la playa. Creen que pueden comprarme haciéndome regalos caros, pero lo que de verdad quiero es que se queden en casa y se preocupen por mí. Ni si quiera saben que estoy matriculado en un instituto público.

Miré al suelo, en lugar de a Aria. Ella no tenía culpa, pero de repente me sentía enfadado. Ni con ella ni conmigo, sino con mis padres. En realidad llevaba cabreado desde el momento en el que me di cuenta de que pasaba más tiempo con Thomas que con ellos.

-Eres adoptado. – Lo dijo como una afirmación y no como una pregunta. Y su tono de voz era bajo, como un susurro, casi como si no quisiera que la escuchase.

-¿Cómo lo sabes? – Yo era consciente de que era adoptado desde los nueve años y siempre me había dado igual, porque aunque fuesen mis padres biológicos, era como si no tuviese.

Pero no me había enterado por mi cuenta, me lo habían dicho ellos. La verdad es que si no me lo hubieran contado, jamás me habría planteado el ser adoptado, pues nos parecíamos mucho. Parecía… bueno, su hijo.

-Por su olor. – Contestó Aria. Su voz parecía más firme, pero igual de baja. – A pesar de que tu olor es diferente al de cualquiera, sigue siendo un olor humano. El de tus padres… no.

-¿Qué quieres decir? – Empezaba a asustarme.

De repente se puso muy recta en el asiento, estiró una mano y la puso sobre la mía.

-Dael no quiero ser yo la que te diga esto pero… Ya que te estás metiendo en todo este mundo, supongo que deberías saberlo.

-Aria, por favor ¿Quieres ir directa al grano? – Le pedí.

Me apretó la mano con fuerza.

-Tus padres son ángeles. 

4 comentarios:

  1. ¡¿ANGELES?! Vamos a ver, ¿no quedamos en el olian a azufre o algo a si? Yo pensaba que eran demonios, pero ya veo que me equivoque.
    PERFECCION, como siempre
    Besos Artista, Andrea

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  2. Se puede redactar aun mejor? Eres muy buena.

    EEEHHHH ALGO DE ESTO SOSPECHABA. BIEN BIEN. ME GUSTA. :D

    ☆

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  3. Holaaaaa!!! Empecemos la presentación ya te aviso de antemano que esto va a ser un mega parrafazo pero no duermo si no te lo digo. Me llamo Llara, voy a pasar a 2º de la ESO y adoro leer no me voy a poner ahora a escribir lo que siento cuando leo porque esto se haría muy largo, la cuestión es que hoy encontré tu blog gracias a otro blog, y me encanto, me leí todos los capitulos que hay, el mundo de even entero y todos los que había de las alas blancas no siempre son ángeles, no pare de leer en ningún momento bueno si para ir a comer pero a regañadientes, pero empecemos por el principio. Cuando empece a leer el mundo de even al principio lo veía como que las cosas ocurrían muy rápido no se como explicarlo, pero aun así no deje de leer, seguí, y a medida que iba leyendo me enamoraba cada vez mas de la historia, he de decir que no coincido contigo en que un libro debe acabar con una muerte para ser escritora de verdad, puede que no quisieras decir eso pero es lo que yo entendí, pero con eso no quiero decir que me caigas mal o no me guste tu historia, simplemente es mi opinión, pero no quiere decir que no me guste tu historia porque ahora mismo seria capaz de imprimir los capítulos, ir a buscarte a tu casa y pedirte que me hicieras una dedicatoria porque adoro tus historias y cada persona tiene su manera de escribir es lo que hace la magia en un libro. He de decir que al leerme las historias de un tirón he observado el cambio en tu forma de escribir, como si fueras madurando y la historia me empezaba a gustar mas y mas. Y es por eso que te admiro, admiro tu imaginación, admiro tu forma de escribir y muchas cosas mas, y gracias a ti he conseguido algo que nunca había hecho y que quería hacer, escribir, y me siento muy feliz y orgullosa. Me gusta el titulo de tu blog y la entradilla porque me identifico con ella porque es lo que yo siempre he hecho, soñar despierta y vagar por mi mundo, un mundo que como tu bien dices ni los que dicen conocerme saben como funciona. Me haría muy feliz que respondieses este comentario solo para saber que lo has leído (es una chorrada pero me hace ilusión jejej). Y una cosa mas, QUIERO SIGUIENTE CAPITULO YAAA!!! O MUERO!!! jajajaja.
    Me despido porque ya me esta dando miedo ver lo que ocupa este comentario xD.
    Besooooos <3
    P.D: quiero un Dael para mi jajaj xD

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    Respuestas
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      Decirte lo mucho que me alegra que te guste mi historia, que la hayas le\'eddo completa. Tienes toda la raz\'f3n sobre mi madurez al escribir y me alegra que pienses que haya ido para bien. Y por supuesto, lo que m\'e1s me alegra es haberte animado a escribir. Es algo que s\'f3lo los grandes autores consiguen inspirar a las personas, y que yo lo haya conseguido en ti, me ilusiona mucho.\
      \
      Espero que te animes, y si escribes algo me encantar\'eda leerlo.\
      \
      Un beso, LaArtista}

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