Chicos, no me matéis por el final. De verdad, yo os aprecio, pero sin embargo, no me hago cargo de ningún paro cardíaco que pueda sufrir el lector. Ya sabéis lo de siempre: leed, disfrutad (si podéis) , ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
No
tardó mucho en llegar. Desde que la llamé, hasta que apareció por la acera
montada en su skate y con su mochila desgastada a la espalda, no pasaron más de
diez minutos. Sabía que vivía cerca, pero cuando la llamé dio a entender que
todavía estaba en la cama. No esperaba que se cambiase tan rápido.
-Eh.
– Saludó con un gesto de la cabeza al llegar a la altura del coche.
Yo
estaba apoyado en el capó, con los brazos cruzados.
-Eh.
– Le contesté de vuelta. - ¿Has usado tu velocidad?
-¿Perdona?
– Parecía algo dormida, pero no por ello menos avispada.
-Tu
velocidad. Tu velocidad de vampiro. – Le aclaré. – Para cambiarte. Has sido muy
rápida.
Ella
bufó con una sonrisa.
-No
todas las chicas tardamos una hora en prepararnos. Pero sí, he usado mi
velocidad. Si tienes ventajas, úsalas, para algo están. Y ahora ¿podemos irnos
a Londres?
-Su
carroza la espera, mi lady. – hice una reverencia y levanté el brazo indicando
el coche con un amplio gesto.
-Te
equivocas. – Dijo abriendo la puerta de los asientos traseros y dejando su
skate en el suelo. Cerró con un portazo sin querer. – Si aquí hay alguien de la
realeza, ese eres tú mi querido príncipe azul.
Metió
su esbelto cuerpo dentro del vehículo. Puse los ojos en blanco antes de entrar
yo también para que no pudiese verme.
Arranqué
el coche, metí primera, aceleré y me metí en la autopista rumbo norte hacia el
túnel que conectaba la capital francesa con la capital inglesa.
Aria
no había dicho nada, tenía la vista fija en un punto en el salpicadero del
coche.
-¿Qué?
–Le pregunté, pasándole la mano por delante de la cara para que reaccionase.
-Es
un libro. – Dijo señalando el ejemplar de Viaje
al centro de la Tierra de Julio Verme.
-Sí,
¿es que nunca habías visto uno? – Me reí.
-No
sabía que tú supieses leer. – Dijo; realmente parecía asombrada. – Tú eres un
muggle.
Volví
a poner los ojos en blanco y a reírme en voz alta. <<Si tú
supieras>> pensé.
-Pues
sí sé leer. – le contesté. – Ese libro era mi favorito cuando era pequeño. Nada
de tontos libros con dibujitos. A mí me gustaban los retos y decidí meterme en
el mundo de Verme. Lo he vuelto leer ahora, y no me parece tan bueno, tal vez
es porque ha cambiado mi gusto literario.
-¿Tú?
¿Gusto literario? – Parecía sin querer creerme.
-Pues
sí. – respondí algo molesto. Me tenía por un tonto, un egocéntrico y un
superficial. Nada me gustaría más que se quitara esa idea de la cabeza.
Pasamos
los chalet de la metrópolis y enfilamos ya en la autopista que iba directa al
túnel.
Aria
había girado la cara hacia la ventana, apoyando la frente en el frío cristal.
Parecía mirar al cielo, un conjunto de nubarrones tan negros como su cabello,
que parecían amenazar con descargar sus aguas en cualquier momento.
-Pensé
que hoy podría hacerte todas las preguntas que quisiese. – Dije rompiendo el
silencio que se había creado entre nosotros.
Ella
se acomodó en su asiento y giró la cara hacia mí; era tan hermosa que dolía
mirarla directamente a los ojos. Parecía tener energías renovadas.
-Y
siempre cumplo mi palabra. Venga, dispara.
-¿Cuál
es tu libro favorito?
La
pregunta pareció pillarla por sorpresa. Ella daba por sentado que yo iba a
preguntarle sobre su mundo, sobre la guerra, sobre los ángeles y los demonios.
Y quería preguntarle sobre ellos. Tenía muchas preguntas, anoche cuando no
podía dormir elaboré en mi mente una lista con todas las que le haría.
Pero
aparte de querer conocer el mundo en el que me acababa de adentrar, también
quería conocerla a ella.
Mis
sentimientos no habían cambiado, seguía gustándome. Ya fuese un demonio, un
ángel o un dinosaurio. Seguía gustándome y era algo que no podía cambiar.
-Pues
no sé. – Respondió al cabo de un rato. Lucía algo desconcertada pero sentía que
estaba cómoda, como si ya no me tuviese asco. – He leído tantos y hay tantos
que me han gustado. Los Juegos del hambre me pareció una novela increíble. Bajo
la misma estrella es un libro que me hizo pensar mucho. La saga de Cazadores de
sombras me marcó en cuanto la leí. Hay tantos que me han marcado…
-¿Los
libros han influido en tu personalidad?
-Sí.
– Exclamó sonriendo. – Es exactamente así. – Se la notaba… feliz. Alegre de que
alguien comprendiese como se sentía. – Cada vez que leo un libro en mi cabeza
se mueve algo. Me hacen ver las cosas de forma diferente. Yo no leo para ser
más inteligente, solo para ser un poco menos ignorante. Me encanta la sensación
de estar aprendiendo, no sobre un tema en concreto, sino sobre lo que es la
vida en general. – Suspiró. – La gente dice que eso es raro…
-¡No!
No lo es. Es tu pasión. En esta vida nos definen nuestros actos. Lo que nos
gusta, lo que hacemos, dictan quien somos realmente. Si a ti te gusta leer, la
lectura, tus actos sobre ella acabarán diciéndoles a los demás cómo eres
realmente por dentro. – Contesté, más para mí que para ella. – No somos
apariencias, somos decisiones.
Pensé
en la repulsión que ella me tenía. No era asco propiamente dicho, solo una
especie de aversión a acercarse a mí. Ella se había dejado guiar por mi
apariencia de niño rico y se había formado una imagen en su cabeza. Solo
esperaba que esa imagen se estuviese diluyendo a través de mis actos.
-Me
equivoqué contigo. – Dijo de repente, con la voz baja y dulce. – No debí
juzgarte a primera vista. Sé que no te he tratado como merecías, pero… es
costumbre. A mí me han tratado según apariencias, y yo he aprendido a tratar a
las personas según lo que me parecen a primera vista. Sé que muchas veces me
equivoco, pero no por ello dejo de hacerlo. Puede que tengas razón, que sean
nuestras decisiones lo que nos definan. Créeme, estoy intentando juzgarte por
las decisiones que has tomado. Sobre todo por la de no haber salido corriendo
cuando te conté mi historia y haberme denunciado a un psiquiatra.
Por
un momento la miré a los ojos, olvidándome completamente de que debería tener
la vista puesta en la carretera. Se estaba disculpando conmigo. Por segunda
vez.
Tal
vez fuese verdad que estaba cambiando de parecer. Tal vez ella tenía algo de
razón al juzgarme a primera vista, pues sé que los que tienen dinero en sus
bolsillos, suelen tratar a los que no como basura. Y a Aria le había pasado
eso, la habían tratado como si no valiese. Aunque uno no puede condenar a todos
los de una clase por los actos de unos pocos, porque existen las excepciones, y
son las que marcan la diferencia.
-Todavía
me estoy pensando si llamar al psiquiatra. – Dije devolviendo la vista a la carretera.
– No por ti, sino por mí. Tengo la sensación de que me voy a volver loco de un
momento a otro.
-Eso
es porque todavía hay detalles en el aire que no acabas de comprender. Haz
preguntas, te resolveré las dudas, y verás cómo todo acaba cobrando sentido.
Inspiré,
y luego suspiré. ¿Por cuál de todas empezar?
-Eres
un demonio… ¿tienes alas? – Decirle demonio me seguía sonando extraño.
-Sí
y no. – Respondió. – Tengo alas pero en la Tierra no son visibles. Tiene algo
que ver con la luz solar y no sé qué reacción química con el aire de aquí.
Están en mi espalda, plegadas como si se tratase de una segunda capa de piel,
pero son invisibles, solo podrías verlas si fuésemos al infierno. O al cielo.
Ni si quiera yo puedo verlas.
-¿Nunca
te has visto las alas?
Pareció
pensarse la repuesta, como si intentara recordar alguna memoria en la que le
fuese visible sus alas.
-Cuando
era niña visité el infierno con mi tía, ni si quiera recuerdo por qué fuimos. Y
allí las vi. Me sentí como un pequeño polluelo despertando. Siempre había
sabido que las tenía ahí, pero jamás las había desplegado, y mucho menos
contemplado. Eran pequeñas, y de un color blanco sucio, y daba la sensación de
que estaban desplumadas. Mi tía me dijo que eso era normal, que yo era muy
pequeña y que todavía no me habían crecido del todo. –Se miró disimuladamente
por encima del hombro la espalda. – Me gustaría ver cómo son ahora.
Me
la imaginé, de pie, con los brazos elevados y tras ellos, brotando dos hermosas
alas del color blanco más puro que hubiese. Espera… ¿blanco?
-¿Tus
alas son blancas? Quiero decir ¿Las alas
de los demonios son blancas? ¿No eran negras? – Pregunté.
Ella
puso los ojos en blanco, como si estuviese cansada de que le hicieran esa
pregunta, aunque estaba seguro de que no muchas personas se lo habían
preguntado.
-Las
alas de los demonios no son negras, esos son cuentos chinos para darnos un
aspecto más monstruoso. – Contestó muy indignada. – Pero tampoco son blancas,
ese es el color de los ángeles.
-Entonces
¿De qué color son?
-Doradas.
–Dijo. – En el infierno no hay la luz suficiente para que se vean blancas. Es
otro tipo de evolución en nuestra raza: las alas de los caídos se fueron
tornando doradas, y sus descendientes las heredaron así.
-Y…
¿cómo…? ¿Cómo se va al infierno? – Me parecía una pregunta muy extraña, pero
tenía mucha curiosidad.
Abrió
la boca para contestar, pero justo en ese momento entramos en el túnel.
No
nos llevó mucho el papeleo. Cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos metidos
en uno de los trenes que cruzaban el canal de la mancha.
No
era la primera vez que viajaba de esta manera, en lugar de usar avión. Pero
Aria sí, y se la veía fascinada. A mí me parecía un poco pesado el viaje: el
coche lo metías en una plaza dentro de un tren, y tú podías elegir si quedarte
dentro del coche o salir fuera a un vagón club (aunque para el segundo había
que pagar más) Y a pesar de tener dinero, yo no era partidario de derrocharlo,
además de que en el coche tendríamos más intimidad para poder hablar de
cualquier cosa sin miradas que nos acusasen de locos.
Nos
pusimos cómodos: colocamos los asientos delanteros todo lo pegado al volante
que se podía y nos sentamos en los traseros, así tendríamos más espacio para
movernos. Un porsche podía ser todo lo bonito que tú quisieras, pero a la hora
de comodidad, se quedaba corto.
-¿Qué
era lo que me habías preguntado? – Dijo Aria. Seguía mirando a su alrededor
asombrada.
-¿Cómo
se va al infierno? – Repetí la pregunta, y esta segunda vez, pareció salir con
más normalidad de mi boca, como si ya me estuviese acostumbrando a todo aquel
mundo.
-Pues…
en realidad no lo sé. Sé que tiene que ver con algo mental. No sé exactamente
cómo es, creo que tienes que visualizarlo y luego te transportas o algo así.
Solo he viajado una vez, cuando era pequeña y fui con mi tía.
-¿Ella
no te ha enseñado a ir?
-No.
– Negó con la cabeza y un liso mechón de cabello azabache le cubrió parte del
rostro. – Se lo he pedido muchas veces, pero ella se niega a enseñarme. Cree
que si me enseña, me iría al infierno a buscar a mi padre.
Mi
mano temblaba: se moría de ganas de apartarle ese mechón de la cara.
-Pero
se supone que tu padre no puede verte. – Recordé, más para mí que para ella.
-Así
es. Por eso me envió a la Tierra, para no verme. Si me hubiera quedado en el
inferno con él, le habrían matado. O eso dicen, la verdad es que no estoy
segura. Sinceramente creo que no quiere verme. Vale, le prohibieron verme pero,
si me quisiera de verdad se escaparía de vez en cuando a escondidas para
visitarme.
-Te
entiendo perfectamente. – Lo dije sin querer. Normalmente no hablaba de temas
familiares con nadie, ni si quiera con Thomas o María Teresa, quienes eran más
familia que mis propios padres. Para mí ese era un tema tabú, pero allí sentado
junto a Aria me sentía tan bien, tan a gusto… sentía que podía confiar en ella,
al igual que ella lo había hecho conmigo. Me daba la sensación de que éramos…
amigos. Y me gustaba esa sensación de amistad con ella. Pero… sentía un regusto
amargo al pensar en ella como una amiga. En mi cabeza no cuadraba. Me alegraba
haber conseguido llegar hasta ese punto pero… yo aún quería algo más.
-¿Me
entiendes? No te lo tomes a mal, pero tú tienes dos padres. – Dijo con mucho
tacto. Como si ella lo supiese.
-Ya
sé que tengo dos padres, pero es como si no los tuviera. ¿Sabes? Llegaron hace
dos días. En esos dos días apenas los vi dos horas y esta mañana Thomas me dijo
que ya se habían ido otra vez, sin fecha de regreso. – Vi que me miraba con el
ceño fruncido. – Thomas es el mayordomo. – Le expliqué. Abrió los ojos en señal
de reconocimiento. – Me dijeron que podía venir a Londres, como quien se va un
fin de semana a la playa. Creen que pueden comprarme haciéndome regalos caros,
pero lo que de verdad quiero es que se queden en casa y se preocupen por mí. Ni
si quiera saben que estoy matriculado en un instituto público.
Miré
al suelo, en lugar de a Aria. Ella no tenía culpa, pero de repente me sentía
enfadado. Ni con ella ni conmigo, sino con mis padres. En realidad llevaba
cabreado desde el momento en el que me di cuenta de que pasaba más tiempo con
Thomas que con ellos.
-Eres
adoptado. – Lo dijo como una afirmación y no como una pregunta. Y su tono de
voz era bajo, como un susurro, casi como si no quisiera que la escuchase.
-¿Cómo
lo sabes? – Yo era consciente de que era adoptado desde los nueve años y
siempre me había dado igual, porque aunque fuesen mis padres biológicos, era
como si no tuviese.
Pero
no me había enterado por mi cuenta, me lo habían dicho ellos. La verdad es que
si no me lo hubieran contado, jamás me habría planteado el ser adoptado, pues
nos parecíamos mucho. Parecía… bueno, su hijo.
-Por
su olor. – Contestó Aria. Su voz parecía más firme, pero igual de baja. – A
pesar de que tu olor es diferente al de cualquiera, sigue siendo un olor
humano. El de tus padres… no.
-¿Qué
quieres decir? – Empezaba a asustarme.
De
repente se puso muy recta en el asiento, estiró una mano y la puso sobre la
mía.
-Dael
no quiero ser yo la que te diga esto pero… Ya que te estás metiendo en todo
este mundo, supongo que deberías saberlo.
-Aria,
por favor ¿Quieres ir directa al grano? – Le pedí.
Me
apretó la mano con fuerza.
-Tus
padres son ángeles.
¡¿ANGELES?! Vamos a ver, ¿no quedamos en el olian a azufre o algo a si? Yo pensaba que eran demonios, pero ya veo que me equivoque.
ResponderEliminarPERFECCION, como siempre
Besos Artista, Andrea
Se puede redactar aun mejor? Eres muy buena.
ResponderEliminarEEEHHHH ALGO DE ESTO SOSPECHABA. BIEN BIEN. ME GUSTA. :D
☆
Holaaaaa!!! Empecemos la presentación ya te aviso de antemano que esto va a ser un mega parrafazo pero no duermo si no te lo digo. Me llamo Llara, voy a pasar a 2º de la ESO y adoro leer no me voy a poner ahora a escribir lo que siento cuando leo porque esto se haría muy largo, la cuestión es que hoy encontré tu blog gracias a otro blog, y me encanto, me leí todos los capitulos que hay, el mundo de even entero y todos los que había de las alas blancas no siempre son ángeles, no pare de leer en ningún momento bueno si para ir a comer pero a regañadientes, pero empecemos por el principio. Cuando empece a leer el mundo de even al principio lo veía como que las cosas ocurrían muy rápido no se como explicarlo, pero aun así no deje de leer, seguí, y a medida que iba leyendo me enamoraba cada vez mas de la historia, he de decir que no coincido contigo en que un libro debe acabar con una muerte para ser escritora de verdad, puede que no quisieras decir eso pero es lo que yo entendí, pero con eso no quiero decir que me caigas mal o no me guste tu historia, simplemente es mi opinión, pero no quiere decir que no me guste tu historia porque ahora mismo seria capaz de imprimir los capítulos, ir a buscarte a tu casa y pedirte que me hicieras una dedicatoria porque adoro tus historias y cada persona tiene su manera de escribir es lo que hace la magia en un libro. He de decir que al leerme las historias de un tirón he observado el cambio en tu forma de escribir, como si fueras madurando y la historia me empezaba a gustar mas y mas. Y es por eso que te admiro, admiro tu imaginación, admiro tu forma de escribir y muchas cosas mas, y gracias a ti he conseguido algo que nunca había hecho y que quería hacer, escribir, y me siento muy feliz y orgullosa. Me gusta el titulo de tu blog y la entradilla porque me identifico con ella porque es lo que yo siempre he hecho, soñar despierta y vagar por mi mundo, un mundo que como tu bien dices ni los que dicen conocerme saben como funciona. Me haría muy feliz que respondieses este comentario solo para saber que lo has leído (es una chorrada pero me hace ilusión jejej). Y una cosa mas, QUIERO SIGUIENTE CAPITULO YAAA!!! O MUERO!!! jajajaja.
ResponderEliminarMe despido porque ya me esta dando miedo ver lo que ocupa este comentario xD.
Besooooos <3
P.D: quiero un Dael para mi jajaj xD
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Decirte lo mucho que me alegra que te guste mi historia, que la hayas le\'eddo completa. Tienes toda la raz\'f3n sobre mi madurez al escribir y me alegra que pienses que haya ido para bien. Y por supuesto, lo que m\'e1s me alegra es haberte animado a escribir. Es algo que s\'f3lo los grandes autores consiguen inspirar a las personas, y que yo lo haya conseguido en ti, me ilusiona mucho.\
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Espero que te animes, y si escribes algo me encantar\'eda leerlo.\
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Un beso, LaArtista}