¡Buenas! Primero: a ese comentario que me dejaron diciéndome que me pasara a Wattpad... jeje... ya lo he hecho. Estoy en los dos en blogger o en Wattpad. Me alegra que me lo hayas recomendado, pero bueno, yo ya lo había hecho, gracias de todas formas (Buscadme en Wattpad y votad mis capítulos *sapm, spam*) Lo segundo: creo que no hay nada más, salvo decir que este capítulo es el comienzo de algo mayor jajaja. Bueno, lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
Me desperté el sábado a primera hora de la mañana y lo
primero que quise hacer cuando abrí los ojos, fue coger el móvil y llamar a
Aria.
Esa noche había tenido pesadillas, pero no eran como las
de siempre. Sí que tenían la misma base, pero algo había cambiado en ellas,
aunque no tenía claro el qué. Las plumas seguían apareciendo y no sabía qué
significado tenían.
Contuve el impulso de llamarla a ella y en su lugar me
levanté para hacer mi rutina; me duché, me vestí con unos vaqueros y una
camiseta cualquieras, bajé al comedor y me senté a la mesa.
-¿Qué tal estás hoy, hijo mío? – María Teresa llamaba
hijo a todo el mundo, pero yo me sentía bien pensando que me trataba como a un
ser de su familia.
-El cielo es azul, los pájaros cantan y la vida es
maravillosa. – En realidad el cielo estaba poblado de nubarrones negros y en
vez de cantos de pájaros se escuchaban claxon de coches, pero la vida sí que
era maravillosa.
-¿Mi niño se ha enamorado? – Preguntó la casi anciana con
las manos en jarras y una enorme sonrisa en el rostro.
-¿Y por qué debería haberlo hecho?- Creo que se me
sonrojaron las mejillas y no logré
esconder muy bien mi estado de enamoramiento.
-¡Mi niño se ha enamorado! – Exclamó María Teresa dándome
un estrujante abrazo y plantándome un beso lleno de carmín en la frente.
-¡Shh! – La apremié a guardar silencio. – No quiero que
mis padres se enteren, se pondrían muy pesados. – Esa era la ironía de mi vida:
yo quería ocultar mis secretos y todos se enteraban, ellos querían que todos
les conocieran y yo no sabía nada de ellos.
-Estoy en mi obligación de decirle, señorito Bellanger,
que sus padres han salido esta mañana a primera hora con destino a Londres. –
Me comunicó Thomas entrando en el comedor; le ofrecí asiento con la cabeza y él
se acomodó. Se suponía que el mayordomo nunca debía sentarse a la mesa conmigo,
pero si mis padres no estaban daba igual lo que sucediese en su ausencia. – Me
han pedido que le comunique que si lo desea podrá acompañarles esta tarde.
-¿Y puedo llevar a alguien? – La idea se me vino a la
cabeza en cuanto Thomas lo dijo.
-Sus padres no dijeron nada, pero no creo que exista
ningún inconveniente.
Claro que mis padres no dijeron nada de que llevase a un
amigo. Se suponía que no tenía amigos. En el antiguo instituto no tenía, ellos
sabían que no soportaba a ese tipo de gente. Daban por hecho que en la nueva escuela que tuviese,
sucedería lo mismo. Si es que pensaban que estaba en una escuela privada y pija
para superdotados.
-Thomas, mis padres no saben que estoy en… ya sabes.
-¿Se refiere a que le he ocultado intencionadamente a sus
padres cierta información sobre su actual centro de enseñanza? No. – Se auto contestó.
– Yo jamás haría eso.
-¿Saben que estoy en un instituto público? – Me alarmé,
si mis padres lo sabían, tratar con ellos sería terreno peligroso.
-Tampoco he dicho eso. – Elevó las comisuras de los
labios levemente, lo más cerca que estaba él de una sonrisa. – He dicho que yo
jamás ocultaría información a sus padres. Pero tampoco se los he dicho.
Simplemente, ellos no me han preguntado sobre el tema. – Sonreí aliviado. – Le
diré a sus padres que se llevará a un amigo a dar una vuelta por Londres.
<<Amiga. – pensé. – Llevaré a una amiga con
intenciones de que se convierta en algo más>>
-Pero diles que no me reuniré con ellos. – Le pedí. –
Solo quiero ir a dar una vuelta por Londres con una amiga, prometo estar esta
noche de vuelta.
Thomas asintió ligeramente con la cabeza, y con la
espalda recta como si se hubiese tragado un palo salió del comedor. María
Teresa me lanzó miraditas y empezó a cantar una canción de dos enamorados bajo
la luz de la luna en un puente italiano.
En cuanto terminé de desayunar mis tostadas con
mantequilla y mermelada de naranja, me fui a mi cuarto tarareando viejas
canciones cursis de rock y marqué el número de Aria en el móvil. Contestó al
tercer timbrazo.
-¿Quién es? – Sonaba adormilada, como si se acabara de
despertar. Miré el reloj de la pared: las 10:15
-¡Buenos días! Soy yo, Dael.
-A ver, príncipe azul, cuando te dije que podías llamarme
me refería a una hora decente. ¡Es
sábado! Los sábados es ley levantarse después del medio día.
-¿Quieres venirte a Londres conmigo? – Le solté la
pregunta directamente, sabía que a ella no le gustaba que se anduviesen con
rodeos. Y porque estaba seguro de que si no se lo decía ya, se volvería a
dormir con el teléfono en la mano.
-¿Londres? – Dijo sorprendida. - ¿Estás de coña? ¿Es una
broma?
-No, no es ninguna broma. – Le respondí. – Estaba
pensando que ya que tenemos que buscar información, que yo tengo un coche y que
mis padres me han dado permiso, podríamos acercarnos esta tarde a la Biblioteca
Británica, es una de las más grandes del mundo, allí debe haber algo. Viaje de
un día
-¿Vas a ir a Londres en coche? Si no me equivoco hay mar
de por medio. – Comentó en plan sabionda.
-Sí, lo sé. Y también hay un túnel subterráneo que
conecta París con Londres. – Le recordé, en plan sabiondo.
-Odio que tengas razón.
Se escuchó un suspiró a través del altavoz.
-¿Vas a venir o no? – Le insistí.
-No sé… se trata de salir del país y… bueno, mi tía no
está en casa, pero…
-¡Por favor! – Le supliqué. – Es una de las bibliotecas
más importantes, si no encuentras información allí es que no hay. Y es una
oportunidad única para viajar a Londres
en un caro porsche en compañía de un apuesto muchacho.
Su risa me inundó a través del teléfono.
-Me creo lo del coche, pero no lo del apuesto muchacho. –
Contestó entre risas. –Pero vale, iré. ¡Tienes razón! Si no hay información
allí, no habrá en ningún lado. ¿Dónde nos vemos?
Di gracias a que no podía verme a través del teléfono,
porque me levanté del sillón y comencé a hacer extraños pasos de baile
manifestando mi alegría.
-Ven a mi casa, dentro de una hora. – Contesté, parando
inmediatamente mi extraño baile de la felicidad.
-De acuerdo, príncipe azul, hasta ahora.
Colgó.
-¡SÍ! – Solté un grito de alegría.
Empecé a correr de un lado para otro, preparando una
mochila con la cartera, las llaves, el móvil, etc.
Cuando hube acabado, todavía faltaban unos veinte minutos
para que Aria apareciera por allí, pero aún así saqué el coche del garaje y lo
aparqué justo en frente de la puerta principal de mi edifico, así cuando Aria
apareciese, lo más probable, montada en su skate y vestida en sus colores
oscuros ondeando su larga cabellera, yo estaría listo para que pudiésemos
partir.
Al fin y al cabo, iba a conseguir llevarla en coche.
Me encanta Dael y sus cosas de ricos, yo también quiero un Dael...
ResponderEliminarQue chulo, al final lo conseguirá, el que la sugue la consigue.
ResponderEliminarMe ha encantado.
Besos Artista, Andrea
Ay dios que mono es Dael, que monos son los dos *-* LONDRES *_* !
ResponderEliminarQuereemos maas ☆