Capitulo 27: Aria

8/9/14

Bon giorno! (ni idea de cómo se escribe, si alguien con conocimientos sobre el italiano está leyendo ésto, que me ilumine, por favor) Creo que hoy estoy en Florencia, no lo sé. Vosotros estáis leyendo esto, que es lo que me importa. Otra vez, siento el final. Pero oye, una le coge el gusto a ser malvada. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.




Aria

No quería ser yo la que tuviese que decírselo. No me sentía cómoda dando aquella noticia, pero tampoco podía quedarme esa información para mí.

Su reacción me sorprendió. Pues no gritó indignado, no me llamó mentirosa, no se alteró y tampoco lloró. Simplemente asintió con la cabeza, como si se estuviera resignando a ello, como si comprendiese que por mucho que no quisiese que fuese así, la realidad no iba a cambiar.

-¿Estás completamente segura? – Creo que hizo la pregunta más porque era lo normal en estos casos, que porque pensase que me pudiese equivocar.

-Sí. – Le respondí, apenada. – Los ángeles huelen a… a muerte. A azufre y a podredumbre. Tus padres olían a eso. Por eso cuando los vi, me asusté tanto.

De repente abrió los ojos, parecía que en su mente una bombilla había sido encendida.

-¡Por eso se pusieron tan pesados! – Dijo. – No dejaban de preguntarme quién eras y de qué te conocía. Ellos también te reconocieron y saben que eres un demonio.

-¿Les has dicho algo?

-¡No! – Respondió ofendido – Te prometí que no diría nada y no lo he hecho. Confía en mí, soy de fiar.

Sabía que era de fiar. Confiaba en él ¡Había depositado mi confianza en él sin tener pruebas de su fidelidad! Pero me era inevitable preguntarle sobre ello. No estaba acostumbrada a que alguien que no fuese Axel o mi tía supiese de la existencia de mi mundo.

-Disculpa. – Dije en un tono relajado, para quitarle peso al asunto. – Costumbres. No estoy acostumbrada a relacionarme con gente como tú. Humana y rica, me refiero.

-Pues es momento de que te vayas acostumbrado, ya sabes, por eso de que vamos a pasar algún tiempo juntos. Salvando al mundo de una guerra y porque tenemos un trabajo que preparar para la clase de música.

-¿Cuál es tu grupo favorito?

La pregunta me salió sola, como algo natural, una conversación entre amigos.

¿Amigos? ¿Me había hecho amiga de un niño de papá? ¿Y por qué no me sonaba espantosa esa idea?

-¿De verdad quieres saberlo? – Enarcó una ceja, pero una sonrisa alumbraba su rostro.

-Si vamos a pasar tanto tiempo juntos, me gustaría conocerte mejor.

Sonrió abiertamente, encantado de la idea de pasar tiempo en mi compañía.

Me mordí el labio, en un acto reflejo: a mí también me gustaba la idea. Y no me gustaba que me gustase, si es que eso tenía sentido en algún lado.

-Pues… no lo sé, me gustan muchos grupos. – Respondió al fin.

-Dime algunos.

-Pues… Black Veil Brides, Evanescence… Bon Jovi es especial para mí. Mi padre me lo ponía desde que estoy en la cuna, en aquella época en la que yo era su hijo y no simple descendencia.

Sus palabras eran duras y su tono de voz frío cuando mencionaba a sus padres, pero estaba vez había un atisbo de alegría, felicidad al recordar otros tiempos.

-¿Y los tuyos?- Me preguntó de vuelta.

-Black Veil Brides, Evanescence, Bring me the horizon… Me da rabia admitirlo, pero tenemos algo en común. – Contesté. - ¡Ah! Y me encanta Taylor Swift.
-¿De verdad? – Parecía sorprendido.

-¿No me crees?

-Es que… no te pega demasiado. A Taylor Swift la apodan la princesa de las rupturas, porque todas sus canciones hablan de amor. Todas. – Parecía reacio a creerme.

-Supongo que por eso me gusta. Porque es diferente al estilo que llevo y sus canciones tratan de amor, pero de amor del de verdad, nada de pasiones de una noche. Sus canciones relatan los sentimientos que uno no sabe que alberga por una persona hasta que estos le abofetean de golpe.

-Me gusta. – Dijo.

-¿Lo de la bofetada de sentimientos?

-No. Me gusta el que te guste. Me gusta como piensas y como razonas las cosas. No he conocido a nadie como tú en mi vida, eres diferente y original. Y eso es lo que me gusta.

Sentí como a cada palabra que decía mis mejillas se iban tornando más rojas. Sentí algo extraño dentro de mí… no era como cuando besaba a Axel, pero… sí muy parecido. Posiblemente mejor. Una sensación más cálida. Me sentía muy a gusto sentada allí, junto a él, con nuestras rodillas tocándose de manera inocente, mirándole directamente a los ojos, a esos ojos azul oscuro, hablando con naturalidad de todo, incluso de mi mundo.

Me… No, no podía ser. No quería que así fuese. No quería que me gustase. Pero sí que me gustaba ¡Me gustaba! ¿Por qué? <<No puedes permitir enamorarte en este preciso instante>> Me recordé.

Sacudí la cabeza, queriendo espantar mis confusos sentimientos, aunque no lo conseguí. Lo que sí conseguí fue apartarlos, por lo menos durante un momento, y seguir disfrutando de la conversación y el viaje, algo que era una nueva experiencia para mí.

Dael carraspeó.

-Y bueno… cuéntame algo… de… ¿ti? – De pronto, me pareció que era un animalillo indefenso intentando hacer amistad con el salvaje depredador.

Me hizo gracia, y se me escapó una sonrisa maliciosa.

-¿Te parece poco lo que ya sabes?

-¿Sinceramente? Sí. No solo sé poco de ti, sino que también sigo sin saber mucho de tu mundo. Es decir, aún tengo un montón de preguntas ¿Cómo se gobierna vuestra sociedad? ¿Cuáles son vuestras leyes? ¿Si tenéis algunos poderes más? ¿Cuál es tu canción favorita? ¿A dónde te gustaría viajar? Ya sabes, cosas de ese estilo.

-Creo que puedo contestar a las primeras, las otras deberás ganarte sus respuestas. – Le respondí.

-Me las ganaré. –Aseguró, estirando una mano sobre el respaldo del sillón. – Pero por ahora, dime ¿cómo se gobierna vuestra sociedad? ¿Quién os manda? ¿Sois democráticos?

-En la raza de los demonios tenemos un presidente, que fue elegido por todo el pueblo, aunque ese presidente no se ha renovado en más de 2.000 años. El presidente se encarga de hacer tratos con los ángeles para asegurar la paz, intenta crear treguas para evitar la guerra. Aunque ya no sirven de nada…

-¿Quién es vuestro presidente?

-Lucifer. – Respondí, y el estómago se me revolvió. – Él fue el primero en caer y en crear el infierno, el pueblo lo eligió como presidente y nunca ha dado motivos para querer a otro.

-Espera ¿2000 años? ¿Sois inmortales? ¿Cómo los vampiros? – Tenía los ojos tan abiertos que las pupilas parecieron dilatársele, lo que hacía que su azul fuese aún más oscuro.

-Somos algo extraño. No somos inmortales, no todos. Pero no puedes matarnos, solo morimos de vejez. Lucifer y otros demonios del gobierno son inmortales porque viven en el infierno, y allí el tiempo está congelado, no avanza. Las pocas veces que salen a la Tierra no están el tiempo suficiente para envejecer y morir.

-¿No podemos mataros? ¿Ni si quiera con fuego, como a los vampiros?

-¡Qué obsesión con los vampiros! – Una sonrisa torcida apareció en su rostro y yo quise quitársela de una bofetada, porque le hacía más guapo y no me gustaba reconocerlo – Pero sí, - reconocí- puedes matarnos con fuego o decapitándonos, como los vampiros. Por eso nuestras guerras son tan horrorosas, porque no morimos, peleamos sin matar hasta que uno de los bandos hace que el otro se rinda. Eso pasó en la última guerra, hace más de 500 años. Los ángeles nos ganaban en número y nos torturaron hasta que nos rendimos. No puedes matarnos, pero sí sentimos dolor, como cualquier ser vivo.

-Los ángeles son los verdaderos demonios. – Dijo a media voz.

-Así es. –Asentí.

-Es cierto eso de que no todo lo que creemos bueno resulta serlo, y no todo lo que nos dicen que es malo acaba haciéndonos daño. – Reflexionó en voz alta.

El flequillo le cayó sobre los ojos y mi mano se moría por apartárselo.

Lo cierto era, que me gustaba su pelo. Siempre me habían gustado los chicos con el pelo largo. Le había dicho a Axel que se lo dejara crecer pero él opinaba que era de maricones. Y si era de maricones a Dael le quedaba muy bien.

-¿Y quién gobierna en el cielo? ¿Lo sabes? – Tenía el ceño fruncido, como si estuviese muy concentrado en algo, dándole vuelta a pensamientos en la cabeza una y otra vez.

-Gabriel.- Respondí. – Sucede lo mismo que en el infierno, el tiempo está congelado. El primer caído y el primero en echar gobiernan en sus respectivos lugares.

-Y no es… no sé… ¿Dios? ¿O un ángel llamado Jesús?

-No. Dios no existe. El jefe de los ángeles es Gabriel. – Respondí para que lo entendiese de una vez.

-¿Fue un ángel importante en la biblia? –Le respondía  a sus preguntas, y encima, me discutía.

-¡Y yo que sé! No me interesa la política de los ángeles. Además, la biblia es tan cierta como lo es el cuento de Blancanieves y los siete enanos.

-Nunca más voy a ir a la iglesia. – Declaró.

-Mira que eres tonto. – Le dije negando con la cabeza, aunque por dentro me estaba riendo.

-Y tú sorprendente. – Lo dijo con total naturalidad, como si fuese un hecho que yo era increíble.

Sentí de nuevo esa sensación.

No me gusta. No me gusta. No me gusta.

No puede gustarme.


3 comentarios:

  1. Me encanta, te lo juro, me encanta demasiado. Yo creo que no es normal que me encante tanto. Pero aun asi ne encanta de sobremanera. Es que la historia es genial.
    Y me gusta que le guste Dael, aunque ella diga que no le gusta, o al final que no puede gustarle.
    Adios Artista , Andrea.
    PD: ni idea de italiano, yo soy mas de frances.

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  2. Me encanta, me encanta, me encanta!! Diooooooss, como me gusta es tan agujbkbyufuvio, me entiendes?? jajaja, Cuando próximo?? lo adoro jajaj. Pero... te odio, te odio y te odio (con amor) como puedes dejarme así!! Te mataría, pero no puedo hacerlo xq sino no sabría la continuación de la historia.
    Me encanta, besoooooos <3
    P.D: enserio me encanta Dael, no podrías regalarme uno??

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  3. Tio me encanta el mundo que estas creando. Te hemos dicho ya que nos encanta? Es que es genial jajajaja. Tu si que sirves para escritora, amo como escribes *-*

    ☆

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