Ups! Lo siento! Anoche no pude ponerlo. Pero aquí está, tan largo como siempre (o al menos eso me parece :-) ) Y nada, comentad, dinfundid, sed felices y Hasta luego, besazzos.
- ¿No puedes dormir? – le pregunto cuándo se sienta a mi lado
- En verdad, ya no recuerdo la
última vez que conseguí dormir de verdad – me dice, como si estuviese pensando
en voz alta; con la mirada fija en el vacío.
- ¿Qué hacéis vosotros dos? –
quiero decir… ¿cómo os ganáis la vida y eso?
- Pues, cazamos a los bandidos
para obtener las recompensas. Por eso queríamos mataros, porque os pusieron la
recompensa más alta que jamás un hombre de Even haya recordado.
- Oh… - bajo la cabeza. Apenada
y asustada al mismo tiempo.
- Tranquila, verás yo no me creo la historia de
que por vuestra culpa Even vaya a desaparecer. ¿Quieres saber lo que pienso yo
y la mayoría de los que vivimos aquí? – me pregunta. Yo asiento levemente. –
pues… creo que Ella, la bruja mala, como yo la llamo, es la que provocó esa
fisura dimensional. Creo que lo que quiere es fusionar nuestras dimensiones
para gobernar en ambas. Puesto que ella no muere a no ser que la mates, sería
una eternidad de oscuridad. Por eso no te matamos después. Convencí a Atara de
que erais nuestra salvación; tú y tu hermano Elot.
- Elliot – le corrijo – le
molesta mucho que pronuncien mal su nombre.
- Tú y tu hermano Elliot, sois
la salvación de ambos mundos.- repite Kai. – creo que me voy, a ver si logro
dormir.
Al final, poco después de que
Kai concilie el sueño, caigo yo también. Estoy cansada, pero más que física, es
emocionalmente. Tengo ganas de contarle a Elliot quienes son nuestros padres.
“Mi padre el dios de fuego y mi madre la diosa del agua” …¡¡a quien se lo
cuente flipa!!. Os imagináis, cuando se metan conmigo en el colegio diría: -No
os paséis porque mi padre puede o bien herviros como a una sopa o convertiros
en cenizas con un soplido-. Sería alucinante.
Cuando me despierto, lo primero
que veo es una barra de pan delante de mis narices (literalmente).
- ¿De dónde habéis sacado esto?
– pregunto mientras me incorporo.
- Anoche te dormiste. – me
regaña Kai con una gran sonrisa
- Lo sé, lo siento… ¿y el pan? –
insisto
- ¿Ves esos árboles? Detrás hay
un campo de cereales. Mientras tú hacías un descanso Atara se levantó y lo
preparó. No me preguntes como, solo sé que cuando me desperté esto estaba ante
mis narices. – me explica Kai, sin quitar su irónica sonrisa de la cara.
- ¿Qué tal la herida? – me
pregunta Dario sentándose a mi lado; muerde un trozo de su barra de pan.
- Pues me acabas de recordar que
la tenía - digo dando un mordisco yo también a la mía.
- Alexandra…
- Llámame Alex por favor. – le
pido a Atara
- Alex, ¿ha pasado algo que
nosotros no sepamos? Te noto con un sentido del humor no propio de tu mundo y
además pareces haber adquirido más conocimientos de los que te he proporcionado.
– se escucha un carraspeo de garganta procedente de Kai. – de los que te hemos
proporcionado. – corrige Atara.
- Verás… - comienzo a explicarle
todo. Desde que nos atacaron hasta que desaparecían uno por uno, pasando por lo
mucho que sufríamos y el miedo que pasábamos. Les describo lo mejor que puedo,
el aspecto de los dioses (se supone que los que los han visto no han
sobrevivido para contarlo), describiendo cada perfecto rasgo de sus delicados
rostros. Doy más detalles sobre mis padres. Les cuento como el malvado dios del
fuego fue el que los liberó y me otorgó la medicina. – Dario… ¡Conocí a mis
padres!, me muero por contárselo a Elliot.
- Eso sí lo encontramos, porque
puede que esté… – agacha la cabeza avergonzado por lo que iba a decir. Me
enfado ¿no creo que pueda? ¿De verdad piensa que está muerto? ¿Cómo va
abandonar a su mejor amigo? No quiero verle la cara. La ira me consume y me
voy.
Aligero el paso y cuando me doy
cuenta estoy corriendo. Llego a un pequeño arroyo. El mismo donde cacé al
jabalí. Me siento en una pequeña roca a la orilla. Me lavo la cara. Así si me
encuentran, la cara mojada confundirá las marcas de las lágrimas. Sorbo los
mocos, y rompo otra vez a llorar.
- No me lo creo, pero… Te echo
de menos Elliot. – susurro
¿Por qué dijo eso Dario? Le
odio. Le odio, le odio, le odio… Bueno, en verdad tanto como odiar no. Sus ojos
para mi siguen siendo un misterio y la forma en la que me protege y en cómo me
habla… ¡NO! Alex céntrate. No estás aquí para ligar, no te gusta Dario, tu
corazón late por otra persona a la que encontrarás en una dimensión menos rara.
Elliot está perdido y hay que salir en su busca ahora mismo. No podemos perder
tiempo. Por muy enfadada que estés debes volver, como si nada, y retomar la
marcha; eso me digo a mi misma.
Cuando estoy dispuesta a dejar
mi guerra interior aparte para levantarme, escucho un crujido. Como cuando
pisas las hojas secas en otoño. Mi cuerpo se activa y me pongo en modo alarma.
Sigo escuchando pequeños crujidos, cada vez más cercanos. Echo un rápido
vistazo entre los árboles y veo que de ellos sale disparado un hilo plateado
(no es un hilo pero lo parecía por las inmensas velocidades que iba). Cuando lo
pienso mejor, me doy cuenta de que es una de mis flechas, de reflejos plateados
hechas a mano con madera de roble (si, mi padre compró unas flechas muy pijas
¿y qué? A mí me gustan). La flecha no me apuntaba. Creo que iba dirigida al
platanero que estaba a mi derecha. Pero no ha dado en su blanco y ha acabado en
el suelo. Supongo quien lo haya tirado no tiene mucha experiencia con el arco
(ni una gran puntería).
La recojo. Y es entonces cuando
me doy cuenta de que lleva enrollada una nota. Está escrita en la hoja de una
palmera, pero claramente es tinta de un bolígrafo (en serio no trae agua ni
alimento pero si se trae un bolígrafo a un mundo mágico en otra dimensión). En
la nota está escrita con una caligrafía no muy lograda aunque bastante clara,
que dice lo siguiente:
Perdóname. ¿Podrás?
No quería ofenderte, simplemente soy un
estúpido.
Cuando estés leyendo esto (si no te he
dado en la cabeza),
Estaré oculto entre los árboles.
Tienes 1 minuto para pensártelo.
Si me das otra oportunidad ven a verme
sino ve directo con Atara y Kai
El imbécil de Dario.
A pesar de que vacilé un poco, no había duda. No podía
enfadarme con él. Me era imposible. Me dirigí de donde había salido la flecha,
buscando (como una desesperada) a Dario. Vi su sombra proyectada. Estaba en una
rama. De cuclillas supongo que buscándome. En otra circunstancia hubiera
trepado para asustarle pero hoy me sentía algo vaga así que mejor le grito:
- ¡Imbécil de Dario! Si quieres que te perdone baja a pedirme
disculpas a la cara.
Con un salto increíblemente ágil, llega hasta una rama más
baja. Y así hasta alcanzar el suelo, quedándose a un par de milímetros (si,
milímetros, porque era demasiado poco para llegar a centímetros) de mi cara. En
sus ojos se lee perfectamente su arrepentimiento, y la tristeza que siente por
nuestra pelea. Articula los labios, esbozando una sonrisa entre divertida y
tímida. Pero sobretodo lo que más me inspiraba es misterio. Ese misterio que me
ha atrapado desde el primer momento en que lo vi. Le sostengo la mirada,
directa, ojos con ojos. Entonces en un susurro dice:
- Lo siento, fantasmita. Yo no quería decir eso. Para mí es
tan doloroso como para ti.
No dije nada. Me quedé como una tonta. Embobada. Me daban
ganas de pegarme un puñetazo por no ser capaz de reaccionar bajo su intensa
mirada.
- ¿Me perdonas, si o no? – insistió, devolviéndome a la
realidad de la que me había prometido que nada de enamoramientos absurdos e
innecesarios.
- Sí. – conseguí susurrar.
Su sonrisa se transformó. Alegría y satisfacción. Eso se leía
en sus ojos. Sin dejar por supuesto el misterio oculto bajo esa melena de pelo
color café. Me da un beso en la mejilla derecha y mientras siento como me ponía
colorada, se va y… ¡Me rozó los labios! Lo juro. No me lo estoy inventando como
una niñatilla que se crea historias para satisfacerse a sí misma. Juro que sus
labios rozaron los míos accidentalmente ¿Eso era un beso? Nunca he dado uno
pero supongo que no. Si no hubiera durado más de micro milésimas. ¡Ay!
Céntrate. ¿Cómo puede este chico hacerme sentir lo que ninguno, exceptuando uno
te ha hecho sentir en esa piedra que tienes por corazón? Boba, boba, boba… Sigo
caminando hasta llegar con los demás intentando alejar esos pensamientos,
encantadores pero imposible de mí mente. (Sin mucho
éxito, por cierto)
En cuanto
nos ponemos en marcha siento un extraño presentimiento. Al contrario de lo que
puede parecer, creo que va a pasar algo bueno. Es decir, no se me ha cerrado el
estómago, como cuando sabía que mis amigos iban a morir en el templo de los
dioses. Al contrario. Siento una liberación. Un enorme peso ha desaparecido de
mis hombros, y es realmente agradable. Quién sabe, puede que nos encontremos
con Elliot a la vuelta de la esquina.
- ¿Cómo
decías que se llamaba el laberinto donde se encuentra mi hermano? – pregunté a
Kai ,que iba un poco más retrasado del resto al igual que yo. Cuando nos
conocimos dijo laberinto ¿no?
- Laberinto
sin Retorno – me responde Kai – dicen que cuando te adentras en él, no hay
forma de que salgas por dónde has venido, pues se rumorea que las plantas se
cierran tras tuyo, cambiando repentinamente el camino a seguir. Guiándote a un
millón de trampas a las que enfrentarte.
- Estás de
coña ¿no?
- En
absoluto. También dicen que una bestia mitológica custodia la salida. Si tu
hermano se encuentra ahí dentro, y sigue con vida, no habrá salido de ahí
seguro. – añadió, poniendo extremo cuidado en las palabras “si sigue con vida”
Se me
atragantó la saliva, y se me cortó la respiración al oír esas palabras. Por lo
que la siguiente frase la hice más por distraerme que por entablar una
agradable conversación.
- Después
de rescatar a mi hermano ¿Qué haremos?
-
Entrenaros –dijo simple y llanamente Atara
-
Entrenarnos ¿para qué? – pregunta Dario
- Pues para
dominar vuestros poderes y conseguir unir fuerzas para llamar a un elemento que
os devuelva a vuestro mundo, la
Tierra de donde venís.
-¡Oh! –
Exclamó Dario con cara de absoluta confusión – pero yo no encajo en eso de
entrenarme. Soy humano al cien por ciento, no tengo poderes ¿no?
- Todos los
humanos de la Tierra
tiene poderes en su interior, solo que muy pocos de ellos tienen la mente lo
suficientemente abierta como para creer en ello, y sacarlos al exterior. Tú has
sacado algunos, al igual que Alex, aunque los de ella son muchísimo más
potentes y especiales. Intensificados por sus orígenes. – nos contestó Atara
- Poderes
como volar, invocar a la lluvia a través de mis sentimientos o hacer estallar
objetos con el mínimo y absurdo hecho de pensarlo – solté, ¡como si eso fuera
lo que una chica de catorce años hace todos los días desde que se levanta hasta
que se vuelve a dormir!.
Me miraron
asombrados, excepto Dario que me miraba con ese hilo de diversión y el destelló
de felicidad en los ojos.
- Has
aprendido rápido- ríe Kai
- Aquí
volar es algo normal, raro es el que no sepa. – comenta Atara
Tras decir
eso su hermano y ella avanzaron unos metros, a una veintena de centímetros del
suelo, a modo de demostración.
- Sin
embargo el producir cosas con el poder de la mente y provocar un fenómeno
natural con tus sentimientos de tristeza, alegría y dolor es… -hizo una pausa
buscando la palabra adecuada – especial – concluyó volviendo al suelo.
Arrastrando a su hermano con ella.
- Entonces
mi sueño de estallar mesitas de café con la mente y producir un vendaval para
que se llevara los restos se ha esfumado ¿verdad? – Dario como siempre
arrancándome una sonrisa sin tener modo alguno de resistirme. ¿Cómo he
sobrevivido todo este tiempo sin él? Bueno, si lo sé, he tenido a Liam y eso es
más que suficiente. Aunque admito que él me hace sentir realmente feliz. Porque
además de guapo, no guapo no, guapísimo, es encantador. Tiene todas las
cualidades que una chica puede desear en un chico. Es agradable, inteligente,
atlético, divertido, simpático… Consigue sacarme una sonrisa en los momentos
más difíciles, es sincero cuando dice que soy maravillosa, por no hablar de que
su mirada; derretiría el iceberg que hundió al Titanic, o su sonrisa
deslumbraría al sol o… ¿Qué estoy haciendo? ¿Me estoy enamorando? No, ¡no
puedo!. ¡Dios solo tengo catorce años! Ya habíamos hablado de esto. No me
gusta. O si, me gusta pero nunca se enterará. Además, el cómo accidentalmente
rozó mis labios… no es real, no puede estar pasando.
Creo que
mientras todos nos reíamos al unísono yo estaba mirándole medio embobada. Puede
que incluso babeara (o me faltara poco para hacerlo) cuando la voz de Kai me
devolvió a la realidad:
-
¿Seguimos? Por cómo has contado de tu hermano, debe de estar cagado.- su risa
sonó algo malévola pero inspiraba simpatía.
No me había
dado ni cuenta de que nos habíamos parado.
- ¿Y en qué
consiste ese entrenamiento? ¿Que nos harán hacer? – pregunto mientras retomamos
la marcha.
- Pues… -
vacila Atara – nosotros aprendimos a controlar mejor el vuelo, a invocar
antiguos espíritus y poco más. Estuvimos tres años en la escuela, luego nos
echaron por mal comportamiento. También se aprende a llamar a un elemento en el
quinto año.
- ¿Quinto
año? – dijimos Dario y yo al unísono.
- No
tenemos tanto tiempo, nos tendrán que hacer un curso acelerado. – dice Dario
- Para los
que son como vosotros, pasajeros de la Tierra perdidos en Even, se les hace un curso
exprés. Dura cuatro meses. Es lo más rápido que puede ir.
- Y ¿qué
hicisteis para que os echaran? – pregunta Dario echándole una mirada pícara a
Atara.
- Pues la
hija del director estaba en un curso menos que nosotros. Era una niñata
caprichosa, mimada y un poco descarada, y eso que era más pequeña. Se enamoró
de Kai, y éste creyó que era divertido encerrarla en un armario junto con un
buldog. Lo pagamos los dos – explicó Atara
- ¿En
serio? – exclamó Dario
- Sí, lo sé
¿A que es inmaduro? – respondió Atara
- No, la
verdad es que mola mucho. – respondió Dario. Chocando los puños con Kai.
- Alex ¿A
que tú me apoyas en esto como una verdadera chica centrada? – me pregunta Atara
- Soy una
chica, pero eso de centrada… la verdad es que me parece muy gracioso. – me da
hasta vergüenza admitirlo, pero es verdad.
Atara me
dirige una mirada de indignación, intentando reprimir una sonrisa aunque no lo
consigue y acabamos riéndonos todos a carcajadas.

me encanto el capitulo! la verdad a mi también me parece gracioso lo del armario y el buldog, jaja
ResponderEliminaraaay Alex... si que se enamoro de Dario, pero es tan cabeza dura que no se lo piensa admitir, habría que encerrarla a ella en un armario con un buldug a ver si se le aclaran las ideas de una buena vez...
Ya quiero leer el próximo capitulo, espero que encuentre a su hermano y a Liam...
Un besote grande, Lucia.
Jajajajajaj ¿De verdad la encerrarias en un armario? Jjajajaaja
EliminarBueno chica, GRACIASSSSAAASSSS!!!!
:')
por supuesto que lo haría!, me parece una excelente idea para que se le aclaren la ideas...jajajajaja
Eliminarno hace falta que agradezcas nada ;)
Un besote grande, Lucía.
.e encanto me encanto me encanto :D quede ajhdsjkasd con ese roce <3
ResponderEliminar