Capitulo 11

26/11/12

Ups! Lo siento! Anoche no pude ponerlo. Pero aquí está, tan largo como siempre (o al menos eso me parece :-) ) Y nada, comentad, dinfundid, sed felices y Hasta luego, besazzos.




  - ¿No puedes dormir? – le pregunto cuándo se sienta a mi lado

- En verdad, ya no recuerdo la última vez que conseguí dormir de verdad – me dice, como si estuviese pensando en voz alta; con la mirada fija en el vacío.

- ¿Qué hacéis vosotros dos? – quiero decir… ¿cómo os ganáis la vida y eso?

- Pues, cazamos a los bandidos para obtener las recompensas. Por eso queríamos mataros, porque os pusieron la recompensa más alta que jamás un hombre de Even haya recordado.

- Oh… - bajo la cabeza. Apenada y asustada al mismo tiempo.

-  Tranquila, verás yo no me creo la historia de que por vuestra culpa Even vaya a desaparecer. ¿Quieres saber lo que pienso yo y la mayoría de los que vivimos aquí? – me pregunta. Yo asiento levemente. – pues… creo que Ella, la bruja mala, como yo la llamo, es la que provocó esa fisura dimensional. Creo que lo que quiere es fusionar nuestras dimensiones para gobernar en ambas. Puesto que ella no muere a no ser que la mates, sería una eternidad de oscuridad. Por eso no te matamos después. Convencí a Atara de que erais nuestra salvación; tú y tu hermano Elot.

- Elliot – le corrijo – le molesta mucho que pronuncien mal su nombre.

- Tú y tu hermano Elliot, sois la salvación de ambos mundos.- repite Kai. – creo que me voy, a ver si logro dormir.

Al final, poco después de que Kai concilie el sueño, caigo yo también. Estoy cansada, pero más que física, es emocionalmente. Tengo ganas de contarle a Elliot quienes son nuestros padres. “Mi padre el dios de fuego y mi madre la diosa del agua” …¡¡a quien se lo cuente flipa!!. Os imagináis, cuando se metan conmigo en el colegio diría: -No os paséis porque mi padre puede o bien herviros como a una sopa o convertiros en cenizas con un soplido-. Sería alucinante.

Cuando me despierto, lo primero que veo es una barra de pan delante de mis narices (literalmente).

- ¿De dónde habéis sacado esto? – pregunto mientras me incorporo.

- Anoche te dormiste. – me regaña Kai con una gran sonrisa

- Lo sé, lo siento… ¿y el pan? – insisto

- ¿Ves esos árboles? Detrás hay un campo de cereales. Mientras tú hacías un descanso Atara se levantó y lo preparó. No me preguntes como, solo sé que cuando me desperté esto estaba ante mis narices. – me explica Kai, sin quitar su irónica sonrisa de la cara.

- ¿Qué tal la herida? – me pregunta Dario sentándose a mi lado; muerde un trozo de su barra de pan.

- Pues me acabas de recordar que la tenía - digo dando un mordisco yo también a la mía.

- Alexandra…

- Llámame Alex por favor. – le pido a Atara

- Alex, ¿ha pasado algo que nosotros no sepamos? Te noto con un sentido del humor no propio de tu mundo y además pareces haber adquirido más conocimientos de los que te he proporcionado. – se escucha un carraspeo de garganta procedente de Kai. – de los que te hemos proporcionado. – corrige Atara.

- Verás… - comienzo a explicarle todo. Desde que nos atacaron hasta que desaparecían uno por uno, pasando por lo mucho que sufríamos y el miedo que pasábamos. Les describo lo mejor que puedo, el aspecto de los dioses (se supone que los que los han visto no han sobrevivido para contarlo), describiendo cada perfecto rasgo de sus delicados rostros. Doy más detalles sobre mis padres. Les cuento como el malvado dios del fuego fue el que los liberó y me otorgó la medicina. – Dario… ¡Conocí a mis padres!, me muero por contárselo a Elliot.

- Eso sí lo encontramos, porque puede que esté… – agacha la cabeza avergonzado por lo que iba a decir. Me enfado ¿no creo que pueda? ¿De verdad piensa que está muerto? ¿Cómo va abandonar a su mejor amigo? No quiero verle la cara. La ira me consume y me voy.

Aligero el paso y cuando me doy cuenta estoy corriendo. Llego a un pequeño arroyo. El mismo donde cacé al jabalí. Me siento en una pequeña roca a la orilla. Me lavo la cara. Así si me encuentran, la cara mojada confundirá las marcas de las lágrimas. Sorbo los mocos, y rompo otra vez a llorar.

- No me lo creo, pero… Te echo de menos Elliot. – susurro

¿Por qué dijo eso Dario? Le odio. Le odio, le odio, le odio… Bueno, en verdad tanto como odiar no. Sus ojos para mi siguen siendo un misterio y la forma en la que me protege y en cómo me habla… ¡NO! Alex céntrate. No estás aquí para ligar, no te gusta Dario, tu corazón late por otra persona a la que encontrarás en una dimensión menos rara. Elliot está perdido y hay que salir en su busca ahora mismo. No podemos perder tiempo. Por muy enfadada que estés debes volver, como si nada, y retomar la marcha; eso me digo a mi misma.

Cuando estoy dispuesta a dejar mi guerra interior aparte para levantarme, escucho un crujido. Como cuando pisas las hojas secas en otoño. Mi cuerpo se activa y me pongo en modo alarma. Sigo escuchando pequeños crujidos, cada vez más cercanos. Echo un rápido vistazo entre los árboles y veo que de ellos sale disparado un hilo plateado (no es un hilo pero lo parecía por las inmensas velocidades que iba). Cuando lo pienso mejor, me doy cuenta de que es una de mis flechas, de reflejos plateados hechas a mano con madera de roble (si, mi padre compró unas flechas muy pijas ¿y qué? A mí me gustan). La flecha no me apuntaba. Creo que iba dirigida al platanero que estaba a mi derecha. Pero no ha dado en su blanco y ha acabado en el suelo. Supongo quien lo haya tirado no tiene mucha experiencia con el arco (ni una gran puntería).

La recojo. Y es entonces cuando me doy cuenta de que lleva enrollada una nota. Está escrita en la hoja de una palmera, pero claramente es tinta de un bolígrafo (en serio no trae agua ni alimento pero si se trae un bolígrafo a un mundo mágico en otra dimensión). En la nota está escrita con una caligrafía no muy lograda aunque bastante clara, que dice lo siguiente:

Perdóname. ¿Podrás?
No quería ofenderte, simplemente soy un estúpido.
Cuando estés leyendo esto (si no te he dado en la cabeza),
Estaré oculto entre los árboles.
Tienes 1 minuto para pensártelo.
Si me das otra oportunidad ven a verme sino ve directo con Atara y Kai
                                                                            El imbécil de Dario.

A pesar de que vacilé un poco, no había duda. No podía enfadarme con él. Me era imposible. Me dirigí de donde había salido la flecha, buscando (como una desesperada) a Dario. Vi su sombra proyectada. Estaba en una rama. De cuclillas supongo que buscándome. En otra circunstancia hubiera trepado para asustarle pero hoy me sentía algo vaga así que mejor le grito:

- ¡Imbécil de Dario! Si quieres que te perdone baja a pedirme disculpas a la cara.

Con un salto increíblemente ágil, llega hasta una rama más baja. Y así hasta alcanzar el suelo, quedándose a un par de milímetros (si, milímetros, porque era demasiado poco para llegar a centímetros) de mi cara. En sus ojos se lee perfectamente su arrepentimiento, y la tristeza que siente por nuestra pelea. Articula los labios, esbozando una sonrisa entre divertida y tímida. Pero sobretodo lo que más me inspiraba es misterio. Ese misterio que me ha atrapado desde el primer momento en que lo vi. Le sostengo la mirada, directa, ojos con ojos. Entonces en un susurro dice:

- Lo siento, fantasmita. Yo no quería decir eso. Para mí es tan doloroso como para ti.
No dije nada. Me quedé como una tonta. Embobada. Me daban ganas de pegarme un puñetazo por no ser capaz de reaccionar bajo su intensa mirada.

- ¿Me perdonas, si o no? – insistió, devolviéndome a la realidad de la que me había prometido que nada de enamoramientos absurdos e innecesarios.

- Sí. – conseguí susurrar.

Su sonrisa se transformó. Alegría y satisfacción. Eso se leía en sus ojos. Sin dejar por supuesto el misterio oculto bajo esa melena de pelo color café. Me da un beso en la mejilla derecha y mientras siento como me ponía colorada, se va y… ¡Me rozó los labios! Lo juro. No me lo estoy inventando como una niñatilla que se crea historias para satisfacerse a sí misma. Juro que sus labios rozaron los míos accidentalmente ¿Eso era un beso? Nunca he dado uno pero supongo que no. Si no hubiera durado más de micro milésimas. ¡Ay! Céntrate. ¿Cómo puede este chico hacerme sentir lo que ninguno, exceptuando uno te ha hecho sentir en esa piedra que tienes por corazón? Boba, boba, boba… Sigo caminando hasta llegar con los demás intentando alejar esos pensamientos, encantadores pero imposible de mí mente. (Sin mucho éxito, por cierto)
En cuanto nos ponemos en marcha siento un extraño presentimiento. Al contrario de lo que puede parecer, creo que va a pasar algo bueno. Es decir, no se me ha cerrado el estómago, como cuando sabía que mis amigos iban a morir en el templo de los dioses. Al contrario. Siento una liberación. Un enorme peso ha desaparecido de mis hombros, y es realmente agradable. Quién sabe, puede que nos encontremos con Elliot a la vuelta de la esquina.

- ¿Cómo decías que se llamaba el laberinto donde se encuentra mi hermano? – pregunté a Kai ,que iba un poco más retrasado del resto al igual que yo. Cuando nos conocimos dijo laberinto ¿no?

- Laberinto sin Retorno – me responde Kai – dicen que cuando te adentras en él, no hay forma de que salgas por dónde has venido, pues se rumorea que las plantas se cierran tras tuyo, cambiando repentinamente el camino a seguir. Guiándote a un millón de trampas a las que enfrentarte.

- Estás de coña ¿no?

- En absoluto. También dicen que una bestia mitológica custodia la salida. Si tu hermano se encuentra ahí dentro, y sigue con vida, no habrá salido de ahí seguro. – añadió, poniendo extremo cuidado en las palabras “si sigue con vida”

Se me atragantó la saliva, y se me cortó la respiración al oír esas palabras. Por lo que la siguiente frase la hice más por distraerme que por entablar una agradable conversación.
- Después de rescatar a mi hermano ¿Qué haremos?

- Entrenaros –dijo simple y llanamente Atara

- Entrenarnos ¿para qué? – pregunta Dario

- Pues para dominar vuestros poderes y conseguir unir fuerzas para llamar a un elemento que os devuelva a vuestro mundo, la Tierra de donde venís.

-¡Oh! – Exclamó Dario con cara de absoluta confusión – pero yo no encajo en eso de entrenarme. Soy humano al cien por ciento, no tengo poderes ¿no?

- Todos los humanos de la Tierra tiene poderes en su interior, solo que muy pocos de ellos tienen la mente lo suficientemente abierta como para creer en ello, y sacarlos al exterior. Tú has sacado algunos, al igual que Alex, aunque los de ella son muchísimo más potentes y especiales. Intensificados por sus orígenes. – nos contestó Atara

- Poderes como volar, invocar a la lluvia a través de mis sentimientos o hacer estallar objetos con el mínimo y absurdo hecho de pensarlo – solté, ¡como si eso fuera lo que una chica de catorce años hace todos los días desde que se levanta hasta que se vuelve a dormir!.

Me miraron asombrados, excepto Dario que me miraba con ese hilo de diversión y el destelló de felicidad en los ojos.

- Has aprendido rápido- ríe Kai

- Aquí volar es algo normal, raro es el que no sepa. – comenta Atara

Tras decir eso su hermano y ella avanzaron unos metros, a una veintena de centímetros del suelo, a modo de demostración.

- Sin embargo el producir cosas con el poder de la mente y provocar un fenómeno natural con tus sentimientos de tristeza, alegría y dolor es… -hizo una pausa buscando la palabra adecuada – especial – concluyó volviendo al suelo. Arrastrando a su hermano con ella.

- Entonces mi sueño de estallar mesitas de café con la mente y producir un vendaval para que se llevara los restos se ha esfumado ¿verdad? – Dario como siempre arrancándome una sonrisa sin tener modo alguno de resistirme. ¿Cómo he sobrevivido todo este tiempo sin él? Bueno, si lo sé, he tenido a Liam y eso es más que suficiente. Aunque admito que él me hace sentir realmente feliz. Porque además de guapo, no guapo no, guapísimo, es encantador. Tiene todas las cualidades que una chica puede desear en un chico. Es agradable, inteligente, atlético, divertido, simpático… Consigue sacarme una sonrisa en los momentos más difíciles, es sincero cuando dice que soy maravillosa, por no hablar de que su mirada; derretiría el iceberg que hundió al Titanic, o su sonrisa deslumbraría al sol o… ¿Qué estoy haciendo? ¿Me estoy enamorando? No, ¡no puedo!. ¡Dios solo tengo catorce años! Ya habíamos hablado de esto. No me gusta. O si, me gusta pero nunca se enterará. Además, el cómo accidentalmente rozó mis labios… no es real, no puede estar pasando.

Creo que mientras todos nos reíamos al unísono yo estaba mirándole medio embobada. Puede que incluso babeara (o me faltara poco para hacerlo) cuando la voz de Kai me devolvió a la realidad:

- ¿Seguimos? Por cómo has contado de tu hermano, debe de estar cagado.- su risa sonó algo malévola pero inspiraba simpatía. 

No me había dado ni cuenta de que nos habíamos parado.

- ¿Y en qué consiste ese entrenamiento? ¿Que nos harán hacer? – pregunto mientras retomamos la marcha.

- Pues… - vacila Atara – nosotros aprendimos a controlar mejor el vuelo, a invocar antiguos espíritus y poco más. Estuvimos tres años en la escuela, luego nos echaron por mal comportamiento. También se aprende a llamar a un elemento en el quinto año.

- ¿Quinto año? – dijimos Dario y yo al unísono.

- No tenemos tanto tiempo, nos tendrán que hacer un curso acelerado. – dice Dario

- Para los que son como vosotros, pasajeros de la Tierra perdidos en Even, se les hace un curso exprés. Dura cuatro meses. Es lo más rápido que puede ir.

- Y ¿qué hicisteis para que os echaran? – pregunta Dario echándole una mirada pícara a Atara.

- Pues la hija del director estaba en un curso menos que nosotros. Era una niñata caprichosa, mimada y un poco descarada, y eso que era más pequeña. Se enamoró de Kai, y éste creyó que era divertido encerrarla en un armario junto con un buldog. Lo pagamos los dos – explicó Atara

- ¿En serio? – exclamó Dario

- Sí, lo sé ¿A que es inmaduro? – respondió Atara

- No, la verdad es que mola mucho. – respondió Dario. Chocando los puños con Kai.

- Alex ¿A que tú me apoyas en esto como una verdadera chica centrada? – me pregunta Atara

- Soy una chica, pero eso de centrada… la verdad es que me parece muy gracioso. – me da hasta vergüenza admitirlo, pero es verdad.

Atara me dirige una mirada de indignación, intentando reprimir una sonrisa aunque no lo consigue y acabamos riéndonos todos a carcajadas.

4 comentarios:

  1. me encanto el capitulo! la verdad a mi también me parece gracioso lo del armario y el buldog, jaja
    aaay Alex... si que se enamoro de Dario, pero es tan cabeza dura que no se lo piensa admitir, habría que encerrarla a ella en un armario con un buldug a ver si se le aclaran las ideas de una buena vez...
    Ya quiero leer el próximo capitulo, espero que encuentre a su hermano y a Liam...
    Un besote grande, Lucia.

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    1. Jajajajajaj ¿De verdad la encerrarias en un armario? Jjajajaaja
      Bueno chica, GRACIASSSSAAASSSS!!!!
      :')

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    2. por supuesto que lo haría!, me parece una excelente idea para que se le aclaren la ideas...jajajajaja
      no hace falta que agradezcas nada ;)
      Un besote grande, Lucía.

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  2. .e encanto me encanto me encanto :D quede ajhdsjkasd con ese roce <3

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