Bonsoir, mes petits lecteurs jeje Ahora me da por el francés. Bueno lo de siempre lectores evenianos (se parece mucho a lo de narnya no? XD) leed, comentad y disfrutad. Besazzos.
Nos acomodamos en el
incomodísimo silloncito. Dario ha encontrado algo que parece sopa, y tras oír
los rugidos de mi estomago será mejor que me la coma. Le pido que me cuente lo
que ocurrió con Atara ya que yo estaba en el mundo de las drogas.
- La prueba que le pusieron a
Atara no era difícil, solo debía trepar un pequeño acantilado. Dijo que era
imposible seguir, ya que tú tenías que ir a hombros de alguien si querías
sobrevivir. Bueno, trepó, e hizo una polea muy bien fabricada para llevarte sin
que hicieras el mínimo esfuerzo (ya que estabas dormida, claro). Luego trepé yo
y cuando llegué te encontré a ti durmiendo profundamente, sola, sin Atara. La
luz se me presentó y me dijo clara y específicamente: “No habéis pasado la
prueba”. Primero pensé que no debíamos trepar, pero rápidamente me di cuenta
que era justo lo que debíamos hacer, ya que no creo que lo propio fuera volver
por donde habíamos venido. Después me puse a pensar y creo que la razón por la
que no pasó la prueba es porque no era para ella, puede que el que debía trepar
fuese yo, ya que me guste o no le tengo bastante pánico a las alturas.
- ¿A lo mejor tenía que trepar
yo? – interrumpo en un murmullo.
- No, no creo. En mi opinión los
dioses son bondadosos a pesar del alto precio que ponen, y no te harían pasar
una prueba estando herida, pues el fin es conseguir tu cura.- me dice mientras
me acaricia suavemente la mejilla. Caminé hasta llegar aquí. El paisaje volvió
a cambiar, afuera por el lado derecho, todo son pinos altos y finos, y por el lado
izquierdo, un desierto marrón, como si fuese una pradera pero sin hierba ni
flores, ni prácticamente vida. Como el primer bosque que vimos pero sin plantas
y un tanto menos siniestro. Y bueno al llegar te dejé en el sillón, sé que no
es muy cómodo pero es mejor que nada. – Se interrumpe, da un sorbo a su sopa y
me dirige una sonrisa de diversión – rebusqué por toda la casucha, no es muy
grande y tampoco tiene gran cosa… solo un par de latas de sopa, que espero
estén en buen estado, y lo que alcanza a la vista, ¡Ni si quiera hay un baño! –
vuelve a dar un trago de su sopa, y espero a que siga. – Después de eso no hay
mucho más, te despertaste, hiciste estallar una mesa y el resto ya te lo sabes.
– Se pone rojo hasta la raíz del cabello, baja la mirada y yo no soy capaz de
contener una pequeña risita que enseguida se le contagia. Nos empezamos a
quedar dormidos en un silencio pesado, y algo incómodo. Entonces soy yo la que
lo rompe:
- La próxima prueba… la haré yo
- No – Se levanta del sillón se
pone delante de mí y me sacude un poco por los hombros- ni se te ocurra, hemos
venido aquí para conseguir tu cura, no puedes hacerlo sin arriesgarte a morir.
- Pero, Atara y Kai dieron la
vida por mi…
- Exacto, no hagas que sus
muertes hayan sido en vano. – Se me estremece el cuerpo. Yo solo quería
honrarles, y si muero yo, no lo habré conseguido. Solo serviría para
deshonrarles. Dieron la vida sin apenas conocerme pero ¿por qué? Según ellos si
yo moría ellos se libraban, su mundo no explotaría, no se desintegraría o no
pasaría lo que fuese a pasar. Su primera intención era arrancarnos la piel a
tiras, cocer nuestros cerebros y darse un gusto con nuestro corazón. ¿Es que no
me han contado toda la historia? ¿Me ocultaron lo más importante? ¿Su historia
al completo era una gran mentira? Bueno, pues ahora ya nunca lo sabré.
A pesar de que es a lo que más
miedo tenemos, salimos. Los dos estamos de acuerdo en que no podemos estar
metidos en esta casucha toda la eternidad, y para que esperar, mejor
adentrarnos ya, antes de que el miedo nos corrompa. Sigo yendo a hombros de
Dario. Creo, no, sé que puedo caminar, pero él se opone. Dice –Tú vida es muy
valiosa, no hagas estupideces.- Me enamora cuando dice esas cosas. No en
sentido literal claro, no estoy enamorada de él, eso está claro, ¿no…? Salimos
hacia el desierto, una llanura que va más allá de donde llega la vista. Me
pregunto qué prueba será la que nos puedan poner aquí. ¿Cómo la superaremos?
Eso, si estamos vivos para entonces, sin agua, ni comida y Dario cargando conmigo,
hay tres opciones: podemos morir de hambre, de deshidratación o de cansancio, y en mi caso envenenada. ¡Vaya
suerte! Bueno por lo menos tenemos a elegir tres maravillosas formas de morir
atrozmente.
No creo que llevemos más
de una hora caminando cuando Dario cae al suelo rendido. Pensé que no, pero es
humano, (no como yo) el cansancio le ha podido. Insisto en caminar y otra vez
él vuelve a insistir en llevarme a hombros, que solo fue una flojera, que él
puede. Entonces no sé qué hacer. Por una parte el veneno me hace marearme, me
tambaleo, y apenas sé mantenerme en pie. La otra parte es que no pienso dejar
que Dario me siga llevando, ha hecho un gran esfuerzo hasta ahora. Como
desearía en estos momentos elevarme salir volando y que Dario camine tranquilamente.
¡¡¡Ahh…!!! Me acabo de elevar del suelo. ¡No puede ser!, acabo de elevarme, muy
poco cierto, solo una veintena de centímetros, pero ha sido increíble. Dario me
mira estupefacto. No se lo cree, y yo tampoco. Le dedico una sonrisa llena de
alegría y él me devuelve el gesto con una carcajada algo nerviosa pero que
muestra que está alucinando. Y ¿Quién no? Vamos, no todos los días se ven
adolescente volando (no en la
Tierra ). Me concentro. Cierro los ojos y me imagino flotando
entre esponjosas nubes blancas, como si la gravedad no existiese para mí, y
para sorpresa de los dos, no solo me elevo un metro del suelo sino que comienzo
a desplazarme hacia donde deseo ir. Pruebo a elevarme un par de metros más,
hasta ver a Dario como una diminuta hormiga. Voy de acá para allá, de derecha a
izquierda, lo más rápido que puedo. Con solo pensar soy capaz de volar. La
buena noticia es que Dario no me tendrá que llevar más, y la mala que espero no
encontrarme con ningún pájaro medio tuerto. Aterrizo, aunque con ansias de
volver a elevarme. Me siento al lado de Dario. Sonrío y balbucea algo, in
entendible, y al final consigue decir:
- ¡¡Alucinante!!
- ¿Tú crees?... Supongo que para
lo que están acostumbrados a ver aquí no es nada, aunque claro, para gente que
creía ser humana hasta hace dos días es algo que nunca pensé que podría hacer.
- Me pregunto si podrás hacer
que llueva con solo pensarlo. Atara dijo que eras hija del elemento de agua, ya
podrías tener un dedo mágico por el que salga un chorro de agua y ya que estamos
un dispensador de hielo – dice en tono sarcástico.
- Bueno no sé si algún día
conseguiré lo del dispensador de hielo, pero que te parece esto. – Cierro mucho
los ojos, hasta ver miles de puntitos de todos los colores estallando tras mis
párpados. Me concentro en los recuerdos más tristes que tengo. Empezando por la
muerte de mi padre, en cómo me cantaba nanas para que me durmiese, en como
entraba por la puerta pronunciando el nombre de mi madre con una alegría que
solo reservaba para ella. En Elliot, en las últimas palabras que me dijo antes
de abandonar por siempre nuestra casa, en cómo me agarró instintivamente la
mano para no perderme cuando se levantó el tornado acuático en el bosque.
Pienso en Liam. Con este último me vienen a la mente millones y millones de
momentos felices y divertidos, como cuando intentó cazar a una graciosa y
pequeñísima ardilla, lo intentaba y lo intentaba y la ardillita se reía a
costa, yendo de un lado a otro haciendo girar a Liam quien se enfadaba mucho,
sobre todo cuando escuchaba mi risa. Era tan feliz con él, mi mejor amigo, con
el que pensé que pasaría mi vida. Me resulta muy difícil pensar que no lo
volveré a ver. Comienzan a rodar lágrimas por mis ardientes mejillas, y cuando
una gota roza el suelo, sobre nosotros empiezan a acumularse negras nubes.
Nubes en las que retumban lo rayos y truenos. Unas pequeñas gotas caen,
seguidas de lo que podría haber sido el diluvio en el que embarcó Noé. Y todo
sin mover ni un músculo.
Dario empieza a dar vueltas
sobre sí mismo. Empieza a reír. Deja de girar poco a poco, y me dice:
- ¿Cuándo lo has aprendido?
- Anoche mientras dormías
- ¿Cómo lo haces? – abre la boca
y saca la lengua.
- Bueno anoche no podía dormir.
Me atormentaban las imágenes de mis pesadillas. Todos los recuerdos felices en
vez de contentarme me ponían triste, muy triste, muy, muy, muy…
- Vale, te ponían tope
deprimente – me interrumpe Dario, obsequiándome con una enorme sonrisa.
- El cielo se empezó a nublar y
empezó a llover. Cuando dejé de sentirme así, la lluvia cesó.
- ¡Es increíble! – dice mientras
se acuesta tan largo como es a mi lado.- ¿cómo estás? – me pregunta sin ni
siquiera mirarme; con los ojos fijos en el cielo y la lluvia empapándole el
rostro.
- Sobreviviré – respondo. Es la
respuesta más sincera que se me ocurre.
- Eso tenlo claro.
Me mira, esboza una pequeña
sonrisa. En ese gesto se puede captar el miedo y la angustia que siente.
- ¿Por qué te preocupas tanto
por mí? – desde que llegamos su objetivo ha sido protegerme. ¿Por qué? Podría
ser que al ser la hermana de su mejor amigo hayamos estrechado algún vínculo.
Pero antes de que la “magia” llegara a nuestra vida él no sabía ni que existía,
y solo se puede contar una vez que estuviéramos juntos antes de venir aquí, la
biblioteca.
- Pues porque me… porque yo… -
es lo único que consigue balbucear antes de rendirse ante la evidencia de que
no tiene una respuesta. Le ayudo.
- Es porque te recuerdo a tu
hermana pequeña ¿verdad? – Elliot (en las ocasiones en las que nos llevábamos
bien, que eran muy pocas), me contó que Dario tenía una hermana menor. Creo que
recordar que actualmente tendrá unos diez u once años.
- ¡Exacto! – exclama
entusiasmado. Como se le nota que le acabo de salvar de darme una respuesta
real, porque no creo que sea por eso. Hay grandes diferencias entre su hermana
y yo, empezando por la edad. – me recuerdas mucho a Moni.
- ¿Moni? ¿Así se llama?
- Abreviatura de Moneyba
- Moneyba…, me gusta ese nombre
- Es muy bonito y no lo digo
porque lo eligiera yo
- Me da envidia…
Me recuesto a su lado con mucho
cuidado. Reprimo uno o dos gritos de dolor para no alarmar al chico, del que
estoy segura se pondría furioso por hacer tanto esfuerzo.
- ¡Envidia!... ¿de qué?
- De la relación que tienes con
tu hermana. Os lleváis bien, os queréis y os lo demostráis. Yo y Elliot lo más
que nos demostramos es el profundo odio que nos tenemos el uno al otro.
- Eso no es verdad – dice muy
convencido – Elliot te quiere muchísimo, más de lo que te puedas imaginar. ¿De
quién crees que fue la idea de reunirnos en tu casa para hablar y ayudarte a
encontrar respuestas? ¿Quién fue el único que sabía las palabras que te
calmarían cuando rompiste en lágrimas? Desde que supe que Elliot tenía una
hermana, lo acosé a preguntas. El me contaba todo lo que sabía de ti, me decía
lo mucho que te quiere. También me dijo que no se llevaba muy bien contigo, que
te tenía mucha envidia. Porque según él, tú eres más inteligente, él apenas
sabe leer; tú eres ágil y rápida, él algo torpe y lento; tú eras tan genial que
los chicos caían a tus pies y las chicas envidian tu belleza, que cuando se te
conoce se sabe que eres dura y muy amable, y él tenía que esforzarse en todo
eso. También me decía que estaba muy orgulloso de ser el hermano de una chica
como tú – hace una pausa para ver mi reacción.
Abro la boca para decir algo
pero las palabras no fluyen. Noto como las lágrimas corren por mis ardientes
mejillas. La lluvia cae todavía con más intensidad, ya que he vuelto a llorar
aunque ahora es de felicidad.
- Eso te lo estás inventando –consigo
decir. Aunque me siento idiota por haberlo dicho.
- No, no me lo invento – dice
cansado de repetírmelo unas once veces al día – Y dices que os odiáis, tú no le
odias. Simple y llanamente porque estás sacrificando tu vida por encontrarle.
Me sonrojo, no acabo de
acostumbrarme a que Dario hable tan bien de mí. No sé si lo hace por pelotismo,
si es que cree que vamos a morir e intenta ser amable o piensa de verdad que
soy tan maravillosa como me describe.
- Gracias –digo en un susurro
- Gracias… ¿por qué? – dice
confundido
- Por darme ánimos y no dejar
que me suicidase caminando. –le respondo con una sonrisita.
Se levanta y me tiende una mano
para ayudarme. Yo la rechazo dulcemente y me elevo volando. Retomamos nuestra
marcha a paso ligero. Ahora nos cubrimos las espaldas el uno al otro. Dario
monta guardia en tierra y yo soy una buena defensa aérea.
Nos acomodamos en el
incomodísimo silloncito. Dario ha encontrado algo que parece sopa, y tras oír
los rugidos de mi estomago será mejor que me la coma. Le pido que me cuente lo
que ocurrió con Atara ya que yo estaba en el mundo de las drogas.
- La prueba que le pusieron a
Atara no era difícil, solo debía trepar un pequeño acantilado. Dijo que era
imposible seguir, ya que tú tenías que ir a hombros de alguien si querías
sobrevivir. Bueno, trepó, e hizo una polea muy bien fabricada para llevarte sin
que hicieras el mínimo esfuerzo (ya que estabas dormida, claro). Luego trepé yo
y cuando llegué te encontré a ti durmiendo profundamente, sola, sin Atara. La
luz se me presentó y me dijo clara y específicamente: “No habéis pasado la
prueba”. Primero pensé que no debíamos trepar, pero rápidamente me di cuenta
que era justo lo que debíamos hacer, ya que no creo que lo propio fuera volver
por donde habíamos venido. Después me puse a pensar y creo que la razón por la
que no pasó la prueba es porque no era para ella, puede que el que debía trepar
fuese yo, ya que me guste o no le tengo bastante pánico a las alturas.
- ¿A lo mejor tenía que trepar
yo? – interrumpo en un murmullo.
- No, no creo. En mi opinión los
dioses son bondadosos a pesar del alto precio que ponen, y no te harían pasar
una prueba estando herida, pues el fin es conseguir tu cura.- me dice mientras
me acaricia suavemente la mejilla. Caminé hasta llegar aquí. El paisaje volvió
a cambiar, afuera por el lado derecho, todo son pinos altos y finos, y por el lado
izquierdo, un desierto marrón, como si fuese una pradera pero sin hierba ni
flores, ni prácticamente vida. Como el primer bosque que vimos pero sin plantas
y un tanto menos siniestro. Y bueno al llegar te dejé en el sillón, sé que no
es muy cómodo pero es mejor que nada. – Se interrumpe, da un sorbo a su sopa y
me dirige una sonrisa de diversión – rebusqué por toda la casucha, no es muy
grande y tampoco tiene gran cosa… solo un par de latas de sopa, que espero
estén en buen estado, y lo que alcanza a la vista, ¡Ni si quiera hay un baño! –
vuelve a dar un trago de su sopa, y espero a que siga. – Después de eso no hay
mucho más, te despertaste, hiciste estallar una mesa y el resto ya te lo sabes.
– Se pone rojo hasta la raíz del cabello, baja la mirada y yo no soy capaz de
contener una pequeña risita que enseguida se le contagia. Nos empezamos a
quedar dormidos en un silencio pesado, y algo incómodo. Entonces soy yo la que
lo rompe:
- La próxima prueba… la haré yo
- No – Se levanta del sillón se
pone delante de mí y me sacude un poco por los hombros- ni se te ocurra, hemos
venido aquí para conseguir tu cura, no puedes hacerlo sin arriesgarte a morir.
- Pero, Atara y Kai dieron la
vida por mi…
- Exacto, no hagas que sus
muertes hayan sido en vano. – Se me estremece el cuerpo. Yo solo quería
honrarles, y si muero yo, no lo habré conseguido. Solo serviría para
deshonrarles. Dieron la vida sin apenas conocerme pero ¿por qué? Según ellos si
yo moría ellos se libraban, su mundo no explotaría, no se desintegraría o no
pasaría lo que fuese a pasar. Su primera intención era arrancarnos la piel a
tiras, cocer nuestros cerebros y darse un gusto con nuestro corazón. ¿Es que no
me han contado toda la historia? ¿Me ocultaron lo más importante? ¿Su historia
al completo era una gran mentira? Bueno, pues ahora ya nunca lo sabré.
A pesar de que es a lo que más
miedo tenemos, salimos. Los dos estamos de acuerdo en que no podemos estar
metidos en esta casucha toda la eternidad, y para que esperar, mejor
adentrarnos ya, antes de que el miedo nos corrompa. Sigo yendo a hombros de
Dario. Creo, no, sé que puedo caminar, pero él se opone. Dice –Tú vida es muy
valiosa, no hagas estupideces.- Me enamora cuando dice esas cosas. No en
sentido literal claro, no estoy enamorada de él, eso está claro, ¿no…? Salimos
hacia el desierto, una llanura que va más allá de donde llega la vista. Me
pregunto qué prueba será la que nos puedan poner aquí. ¿Cómo la superaremos?
Eso, si estamos vivos para entonces, sin agua, ni comida y Dario cargando conmigo,
hay tres opciones: podemos morir de hambre, de deshidratación o de cansancio, y en mi caso envenenada. ¡Vaya
suerte! Bueno por lo menos tenemos a elegir tres maravillosas formas de morir
atrozmente.
No creo que llevemos más
de una hora caminando cuando Dario cae al suelo rendido. Pensé que no, pero es
humano, (no como yo) el cansancio le ha podido. Insisto en caminar y otra vez
él vuelve a insistir en llevarme a hombros, que solo fue una flojera, que él
puede. Entonces no sé qué hacer. Por una parte el veneno me hace marearme, me
tambaleo, y apenas sé mantenerme en pie. La otra parte es que no pienso dejar
que Dario me siga llevando, ha hecho un gran esfuerzo hasta ahora. Como
desearía en estos momentos elevarme salir volando y que Dario camine tranquilamente.
¡¡¡Ahh…!!! Me acabo de elevar del suelo. ¡No puede ser!, acabo de elevarme, muy
poco cierto, solo una veintena de centímetros, pero ha sido increíble. Dario me
mira estupefacto. No se lo cree, y yo tampoco. Le dedico una sonrisa llena de
alegría y él me devuelve el gesto con una carcajada algo nerviosa pero que
muestra que está alucinando. Y ¿Quién no? Vamos, no todos los días se ven
adolescente volando (no en la
Tierra ). Me concentro. Cierro los ojos y me imagino flotando
entre esponjosas nubes blancas, como si la gravedad no existiese para mí, y
para sorpresa de los dos, no solo me elevo un metro del suelo sino que comienzo
a desplazarme hacia donde deseo ir. Pruebo a elevarme un par de metros más,
hasta ver a Dario como una diminuta hormiga. Voy de acá para allá, de derecha a
izquierda, lo más rápido que puedo. Con solo pensar soy capaz de volar. La
buena noticia es que Dario no me tendrá que llevar más, y la mala que espero no
encontrarme con ningún pájaro medio tuerto. Aterrizo, aunque con ansias de
volver a elevarme. Me siento al lado de Dario. Sonrío y balbucea algo, in
entendible, y al final consigue decir:
- ¡¡Alucinante!!
- ¿Tú crees?... Supongo que para
lo que están acostumbrados a ver aquí no es nada, aunque claro, para gente que
creía ser humana hasta hace dos días es algo que nunca pensé que podría hacer.
- Me pregunto si podrás hacer
que llueva con solo pensarlo. Atara dijo que eras hija del elemento de agua, ya
podrías tener un dedo mágico por el que salga un chorro de agua y ya que estamos
un dispensador de hielo – dice en tono sarcástico.
- Bueno no sé si algún día
conseguiré lo del dispensador de hielo, pero que te parece esto. – Cierro mucho
los ojos, hasta ver miles de puntitos de todos los colores estallando tras mis
párpados. Me concentro en los recuerdos más tristes que tengo. Empezando por la
muerte de mi padre, en cómo me cantaba nanas para que me durmiese, en como
entraba por la puerta pronunciando el nombre de mi madre con una alegría que
solo reservaba para ella. En Elliot, en las últimas palabras que me dijo antes
de abandonar por siempre nuestra casa, en cómo me agarró instintivamente la
mano para no perderme cuando se levantó el tornado acuático en el bosque.
Pienso en Liam. Con este último me vienen a la mente millones y millones de
momentos felices y divertidos, como cuando intentó cazar a una graciosa y
pequeñísima ardilla, lo intentaba y lo intentaba y la ardillita se reía a
costa, yendo de un lado a otro haciendo girar a Liam quien se enfadaba mucho,
sobre todo cuando escuchaba mi risa. Era tan feliz con él, mi mejor amigo, con
el que pensé que pasaría mi vida. Me resulta muy difícil pensar que no lo
volveré a ver. Comienzan a rodar lágrimas por mis ardientes mejillas, y cuando
una gota roza el suelo, sobre nosotros empiezan a acumularse negras nubes.
Nubes en las que retumban lo rayos y truenos. Unas pequeñas gotas caen,
seguidas de lo que podría haber sido el diluvio en el que embarcó Noé. Y todo
sin mover ni un músculo.
Dario empieza a dar vueltas
sobre sí mismo. Empieza a reír. Deja de girar poco a poco, y me dice:
- ¿Cuándo lo has aprendido?
- Anoche mientras dormías
- ¿Cómo lo haces? – abre la boca
y saca la lengua.
- Bueno anoche no podía dormir.
Me atormentaban las imágenes de mis pesadillas. Todos los recuerdos felices en
vez de contentarme me ponían triste, muy triste, muy, muy, muy…
- Vale, te ponían tope
deprimente – me interrumpe Dario, obsequiándome con una enorme sonrisa.
- El cielo se empezó a nublar y
empezó a llover. Cuando dejé de sentirme así, la lluvia cesó.
- ¡Es increíble! – dice mientras
se acuesta tan largo como es a mi lado.- ¿cómo estás? – me pregunta sin ni
siquiera mirarme; con los ojos fijos en el cielo y la lluvia empapándole el
rostro.
- Sobreviviré – respondo. Es la
respuesta más sincera que se me ocurre.
- Eso tenlo claro.
Me mira, esboza una pequeña
sonrisa. En ese gesto se puede captar el miedo y la angustia que siente.
- ¿Por qué te preocupas tanto
por mí? – desde que llegamos su objetivo ha sido protegerme. ¿Por qué? Podría
ser que al ser la hermana de su mejor amigo hayamos estrechado algún vínculo.
Pero antes de que la “magia” llegara a nuestra vida él no sabía ni que existía,
y solo se puede contar una vez que estuviéramos juntos antes de venir aquí, la
biblioteca.
- Pues porque me… porque yo… -
es lo único que consigue balbucear antes de rendirse ante la evidencia de que
no tiene una respuesta. Le ayudo.
- Es porque te recuerdo a tu
hermana pequeña ¿verdad? – Elliot (en las ocasiones en las que nos llevábamos
bien, que eran muy pocas), me contó que Dario tenía una hermana menor. Creo que
recordar que actualmente tendrá unos diez u once años.
- ¡Exacto! – exclama
entusiasmado. Como se le nota que le acabo de salvar de darme una respuesta
real, porque no creo que sea por eso. Hay grandes diferencias entre su hermana
y yo, empezando por la edad. – me recuerdas mucho a Moni.
- ¿Moni? ¿Así se llama?
- Abreviatura de Moneyba
- Moneyba…, me gusta ese nombre
- Es muy bonito y no lo digo
porque lo eligiera yo
- Me da envidia…
Me recuesto a su lado con mucho
cuidado. Reprimo uno o dos gritos de dolor para no alarmar al chico, del que
estoy segura se pondría furioso por hacer tanto esfuerzo.
- ¡Envidia!... ¿de qué?
- De la relación que tienes con
tu hermana. Os lleváis bien, os queréis y os lo demostráis. Yo y Elliot lo más
que nos demostramos es el profundo odio que nos tenemos el uno al otro.
- Eso no es verdad – dice muy
convencido – Elliot te quiere muchísimo, más de lo que te puedas imaginar. ¿De
quién crees que fue la idea de reunirnos en tu casa para hablar y ayudarte a
encontrar respuestas? ¿Quién fue el único que sabía las palabras que te
calmarían cuando rompiste en lágrimas? Desde que supe que Elliot tenía una
hermana, lo acosé a preguntas. El me contaba todo lo que sabía de ti, me decía
lo mucho que te quiere. También me dijo que no se llevaba muy bien contigo, que
te tenía mucha envidia. Porque según él, tú eres más inteligente, él apenas
sabe leer; tú eres ágil y rápida, él algo torpe y lento; tú eras tan genial que
los chicos caían a tus pies y las chicas envidian tu belleza, que cuando se te
conoce se sabe que eres dura y muy amable, y él tenía que esforzarse en todo
eso. También me decía que estaba muy orgulloso de ser el hermano de una chica
como tú – hace una pausa para ver mi reacción.
Abro la boca para decir algo
pero las palabras no fluyen. Noto como las lágrimas corren por mis ardientes
mejillas. La lluvia cae todavía con más intensidad, ya que he vuelto a llorar
aunque ahora es de felicidad.
- Eso te lo estás inventando –consigo
decir. Aunque me siento idiota por haberlo dicho.
- No, no me lo invento – dice
cansado de repetírmelo unas once veces al día – Y dices que os odiáis, tú no le
odias. Simple y llanamente porque estás sacrificando tu vida por encontrarle.
Me sonrojo, no acabo de
acostumbrarme a que Dario hable tan bien de mí. No sé si lo hace por pelotismo,
si es que cree que vamos a morir e intenta ser amable o piensa de verdad que
soy tan maravillosa como me describe.
- Gracias –digo en un susurro
- Gracias… ¿por qué? – dice
confundido
- Por darme ánimos y no dejar
que me suicidase caminando. –le respondo con una sonrisita.
Se levanta y me tiende una mano
para ayudarme. Yo la rechazo dulcemente y me elevo volando. Retomamos nuestra
marcha a paso ligero. Ahora nos cubrimos las espaldas el uno al otro. Dario
monta guardia en tierra y yo soy una buena defensa aérea.

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