Bueno, capitulo 8 aquí mismito. Os dejo una canción que me encanta, porque si, porque un poco viene al tema del capitulo y otro poco porque me apetece pornérosla. Besazzos
Tristeza, nostalgia, miedo,
terror y por mi parte, culpa. De eso está cargado el aire mientras caminamos
por la densa selva. De sentimientos horribles - “lo siento Kai, te prometo que
protegeré a tu hermana en tu ausencia, no pienso dejar que arriesgue su vida
por mi”- digo para mis adentros. Y con ese pensamiento cierro los ojos y apoyo
mi frente en la espalda de Dario (quien todavía me carga sin quejarse), con la
esperanza de que al alma condenada de mi nuevo y recién perdido amigo le llegue
mi pensamiento. Le susurro al viento que me haga ese favor. Y como si fuese
magia venida de mi interior una suave y cálida brisa nos envuelve en su abrazo.
Estoy segurísima de que en cuestión de minutos aparecerá la segunda prueba, si
es verdad, que no se para quien será, seguramente tendremos que enfrentarnos a
nuestros miedos o utilizar nuestras mayores habilidades para salvara a los otros. En cualquier caso haré todo lo
que está en mi mano para que nadie deba entregarse a los dioses. Lo juro por mi
vida, aunque jurarlo por mi vida no es muy significativo ya que he estado
dispuesta a perderla muchas veces, bueno lo juro por lo que más quiera (que no
sé muy bien que es).
No andamos demasiado, como mucho
unos veinte minutos. Aquí no hay barranco, ni nada extraño a primera vista, es
la selva, exactamente igual como por la que hemos caminado durante todo el día.
Ahora me fijo en las pisadas que dan mis compañeros, que a pesar de que son
bien fuertes, le tiemblan demasiado las piernas como para imponer.
Atara se adelanta, no sin antes
ordenarnos que nos quedemos aquí. Y una vez más no puedo cumplir mi promesa,
porque estoy tan drogada, tanto por el veneno como por los mejunjes que me da
Atara para apaciguar el dolor, que me entero de que se ha ido justo cuando
vuelve.
-No podemos avanzar deberíamos
dar…- Comienza Atara pero Dario le interrumpe.
-Deberíamos seguir, es otra
prueba, apostaría mi pellejo a ello. – lo dice y se le oscurece la cara por el
tormento que sufre.
Atara saca de su bolsillo un
poco más de esa sustancia que me deja tan grogui y sin darme cuenta ya está
corriendo por mis venas. Estoy sumida en un mundo al límite de la realidad y la
fantasía, rozando también un poco el abrazo frío y tentador de la muerte. Por
más que me resista sé que caeré inconsciente, así que reservo mis fuerzas para
cuando las necesite y dejo que el sueño me arrastre hasta no oír nada más que
mis oscuros pensamientos y los susurros del viento. Antes de caer completamente
dormida, oigo como Dario me susurra unas palabras que no logro entender, aunque
tampoco pongo mucha atención. En el mundo irreal de mi fantasía no hay
peligros, no hay malvados dioses (que supuestamente son mis padres) intentando
robarnos la vida. ¿Qué padre haría eso? Ni si quiera Darth Vader es tan malo
comparándolo a su lado. Me imagino morir ahora mismo, acabar con mi dolor
(reducido gracias a las drogas de Atara) y con el dolor de mis amigos. Morir y
vivir en mi irreal mundo de fantasía para siempre ¿No suena tan mal, verdad?
Cuando despierto no estamos en
la selva, sino en una pequeña cabaña. Es de una habitación, la madera está algo
mohosa pero a pesar de eso me resulta muy acogedora y hogareña. No hay mucho
mobiliario: una mesita de café, un canapé a mi izquierda, un par de sillas
rotas desperdigadas por ahí y un sillon en el que estoy tumbada, es tan viejo
que noto como se clavan los muelles en mis espalda; busco en todas las
direcciones llamo a Atara, a Dario, incluso a Kai hasta que reparo en que él ya
no está con nosotros. Se abre la puerta y aparece Dario con una sonrisa de
oreja a oreja al ver que siento alivio por ver una cara conocida.
-¿Cómo estás? – pregunta
sentándose a mi lado.
-¿Dónde estamos? ¿Qué pasó?
¿Dónde está Atara? – pregunto barriendo la habitación con la mirada.
-Alex, está bien no tienes que
preocuparte. – Me dice y baja la mirada.
-¿Dónde está? – repito
-Da igual está bien – me
responde. Claramente me oculta algo.
-¿Don-de es-tá-A-ta-ra? – Le
repito articulando demasiado las palabras
-Te he dicho…
No puede acabar su frase, ya que
la mesita de café, también hecha de madera, estalla cubriéndonos de serrín y
pequeñas astillas que no llegan a clavarse en la piel. No estoy segura,
pero… bueno vale, sé que fui yo la que
la hizo estallar. No sé cómo, pero sé que salió de mí, de mi enfado. Quería asustar
a Dario para que me contara la verdad.
-¿Lo has hecho tú? – me pregunta
alejándose muy despacio, como si fuese una presa atrapada por una bestia, como
si yo fuese una bestia sanguinaria.
-Creo… creo que… Puede que sí. –
digo y después de decirlo estallo de risa. Dario me mira como si fuese una
demente, aunque es cuestión de preguntárselo ¿me estaré volviendo loca? ¿De
verdad soy capaz de hacer esas cosas con solo pensarlo? Atara y Kai me dijeron
que nací de elementos muy importantes, que era la más poderosa de todos junto
con Elliot, claro. ¿Por qué no? Ellos se regeneraban las heridas a velocidades
inhumanas y yo que soy la salvadora de mi mundo, una amenaza para la según ellos “más poderosa” de este lugar, para la
mandamás. Me siento grande, ponente. Me siento Poderosa. Poder, eso es lo que
corre por mis venas, y siento que puedo controlarlo a mi antojo.
-¿Qué haces? ¿Por qué lo has
hecho? – me vuelve a preguntar Dario, alejándose cada vez más de mí.
-No lo sé, estaba enfadada y
salió solo… - hago un esfuerzo por levantarme, para ir al encuentro de Dario.
Pero me caigo al suelo y se me escapa un gran grito de dolor. Veo como el
primer impulso de Dario es ir en mi ayuda, pero parece que se lo piensa mejor y
se queda donde está, con las manos en el picaporte por si tiene que salir
huyendo. – No, no te vayas, por favor, no soy un monstruo. Lo controlaré, te lo
prometo, no voy a hacerte daño. – se lo digo y acto seguido empiezo a llorar.
Porque ya me han dejado muchas personas. Mi padre abandonó la vida y con ello a
mí, mi madre sigue viva pero por mí como si no existiese, mi hermana también
nos dejó, Elliot se soltó de mi mano y ahora está perdido, y por supuesto, he
perdido a dos grandes personas a las que en poco tiempo he podido considerar
mis amigos. Si Dario cree que puedo perderle… es que realmente puedo hacerlo.
Hundo mi rostro entre las manos,
con incontrolables hipos del llanto. Sentada con la espalda apoyada en el
inmundo silloncito en el que me habían tumbado. Noto como una mano grande,
fuerte y sobre todo cálida, me rodea la cintura. Me abraza, y ahora hundo mi
cara en su cuello, noto como su largo pelo color café me hace cosquillas en una
mejilla, como me besa el cuello y sube hasta pararse en mi mejilla, la misma en
la que me hacía cosquillas su pelo. Se desliza hasta llegar a mi oído y me
susurra las palabras, con un tono que desconocía. En él están bien mezclados el
cariño y el miedo:
- Nunca te dejaré.
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