Hola hola!!! Bueno, bueno, bueno... este capi... Aiiss!! Q potito me quedo jajajaj no enserio a algunos los voy a matar con el final Jajaja pero tranquilos que el proximo espero colgarlo antes del viernes jeje Comenten disfruten (no me maten...) XD Besazzos
Después de
reírnos y soltar la tensión, la marcha fue mucho más ligera. No hablamos mucho,
a decir verdad íbamos muy silenciosos. Solo interrumpía el silencio, el soplo
del viento, el canto de los pájaros o el estruendo que provocaba cuando Dario
se caía. Estamos pasando por una parte muy rocosa, adentrándonos en una montaña
bastante escarpada, y él no está acostumbrado sino a caminar por suelo llano.
En pocos
metros dejamos atrás la densa vegetación de la jungla para adentrarnos en una
montaña casi desértica. Solo se ven algunos cardones, y un par de cactus,
aunque nada nunca visto. De hecho vi cactus muchísimo más hermosos en una
vacaciones con mis tíos hace ya algunos años. El suelo es una arenilla algo
resbaladiza, y si no tienes cuidado te caes (mi culo es testigo de ello).
La verdad
es que no hace mucho calor para tener un ardiente sol encima de nuestras cabezas.
Hay una temperatura agradable unos 22 grados centígrados. Y bastante humedad.
Cada kilómetro y medio, hago llover para recargar las cantimploras (tejidas con
ramas por Kai). No me gusta mucho tener que pensar en la muerte de mi padre, la
separación con Elliot… Son muchas cosas poco gratas de recordar. Cuando voy a
provocar una lluvia por sexta o séptima vez, Kai me detiene. Me explica que no
es bueno agotar energías porque luego las necesitaré. Y es que provocar
fenómenos naturales con la mente agota un poco. Acabo rindiéndome, agotada.
Dario con su enorme caballerosidad se acerca a mi oído, tanto que noto su
respiración se compasa con la mía, y me susurra:
- ¿Te haría
mucho mal si te llevo un rato?
Agotada me
dejo hacer. Me da hasta vergüenza el depender de que los demás me lleven, sobre
todo, porque no tengo muy claro que es lo que pasó entre nosotros junto al
arroyo. Siempre me gustará ese sitio, desde el momento en que me rozó sus
labios contra los míos. También me gustará la casa donde nos refugiamos después
de perder a Atara en el templo de los dioses; donde me recorrió el cuello a
besos. Y el sitio donde solía acampar con Liam, en el que instintivamente me
agarró la mano. ¡Dios! Si que tenía recuerdos bien bonitos y románticos con él.
¡Oh Dios Mío! ¡Sí que me gustaba Dario! Además creo que…
- ¿Cómo
estás? – me pregunta justamente Dario, devolviéndome a la realidad, que por
cierto ya no estamos en la montaña sino en una cueva. Si que estaba ocupada en
mis sentimientos, que no me enteré ni cómo, ni cuando llegamos.
- Eh…mmm…
bien – balbuceo. Con miedo de que descubra en lo que estaba pensando.
- Estabas
distraída ¿no? ¿En qué pensabas? -¡Mierda! Es que me lee la mente ¿o qué?
- ¿Pensaba?
O si en mis padres y en cómo se lo contaría a Elliot – miento. Si se entera de
la verdad me da algo, lo juro.
- ¡Oh! –
contesta poco convencido de que mi respuesta sea verdadera. – Atara y Kai han
ido a buscar algo de comida. Supongo que te hubiera gustado ir a cazar algo,
pero debes reponer fuerzas.
Tampoco me
había dado cuenta de eso pero, estoy sentada en su regazo. ¡¿Qué!? Me aparto
como si él fuera un leproso y yo tuviera que cruzar la alfombra roja en quince
minutos.
- ¿Qué
pasa? creía que estabas cómoda – dice mientras se levanta y me coge la mano.
- Si… eh
bueno… es más complicado que eso. –conseguí decirle.
- ¿Complicado?
¿Te pasa algo conmigo? Antes nos arrimábamos mucho. – me dice mientras sus
mejillas se colorean de rojo – y ahora no dejas ni que me acerque.
- No es eso,
es que… - no sé cómo acabar la frase.
Intento que
suelte mi mano. En lugar de ello lo que consigo es que me acerque más a él. Me
rodea con sus fuertes brazos la cintura. Y yo presa de sus encantos dejo de
poner resistencia. Acerca su mano a mi cara. Vuelvo a intentar resistirme, y el
tiro me vuelve a salir por la culata. Con su dedo índice me vuelve la cara para
que le mire a los ojos.
- ¿Qué te
pasa conmigo? – me susurra
- Muchas
cosas como para poder decírtelas. – me atrevo a decir. No le estoy declarando
nada ¿No?
- ¿Cosas
como qué? Como que estás locamente enamorada de mí ¿puede ser? – me pregunta.
Aparto de
nuevo la vista. Él se toma ese gesto como una declaración y me intenta… ¡Me
intenta besar! Sé que no puedo. Que un lado es el que se está inclinando hacia
él, pero que hay otro que prefiere que su primer beso sea con otra persona. Por
desgracia ¿desgracia? Por suerte es más fuerte la parte de mí que está loca por
Dario así que no me importa. Cuando sus labios rozan los míos no es como
aquella vez junto al arroyo. No. Siento un calor que emana de lo más profundo
de mí, recorriendo cada fibra de mi ser haciéndome temblar de placer.
- Ejem…
Alguien se
aclara la garganta en voz alta. No me hace falta girarme para ver que es Kai.
Ahora sí que es por desgracia que nuestro beso no pasa del roce de labios, por
lo tanto todavía no es un beso ¡Mierda! Me va a costar mucho coger valor para
dejar que me bese otra vez.
- No quería
interrumpiros pero… ¡Sed algo más discretos!
Me giro y
compruebo que estaba en lo cierto y es Kai. Dario que parece reacio a soltarme,
me da un suave beso en la mejilla y por fin deja mi cintura. Me pongo colorada
hasta la raíz del cabello y no quiero mirar a nadie a los ojos.
- Aquí
traigo la cena… ¿Qué pasa aquí? – pregunta Atara frunciendo los labios.
Veo como
Dario y Kai intercambian miradas que a decir verdad no tengo ni idea de lo que
significan.
- Nada es
que sin quiere les interrumpí. – dice Kai divertido.
- ¿Los
interrumpiste, en qué? – pregunta Atara
- Pues que
estaba…
- No pasa
nada, tu hermano que es muy gracioso. – corto a Kai. Él me mira divertido y se
echa a reír. Me atrevo a mirar a Dario aunque sea unos segundos y veo su
decepción reflejada en sus azules ojos. ¿Le molestará el que quiera ocultar lo
que siento a los demás? Si, si le molesta. Y me lo confirma saliendo de la
cueva nada más apartar yo la mirada.
- Voy a
buscarlo para ver que pasa – propone Atara
- No, creo
que yo soy la única que puede arreglarlo.
– le corto – y ya sé como
- ¿Pero qué
pasa entre vosotros dos? – me pregunta Atara con una amable sonrisa.
- Ven
hermanita, deja que ellos dos arreglen sus cosas que yo te lo cuento todo –dice Kai rodeando los hombros de su hermana
con un brazo y echándome a mí fuera con el que le queda libre.
Vacilo un
momento sobre a dónde dirigirme. Sigo mi instinto (que es ir en dirección
contraria de donde caen pequeñas piedras). Subo por la escarpada y pequeña
pendiente. Le veo a lo lejos. Se gira y sus ojos brillan con más intensidad aún
de lo normal. Con un destello del color azul más perfecto que haya visto. Me
quedo quieta. Este chico ha cambiado desde que lo conocí. Cuando lo conocí por
primera vez no hablaba, era tímido. Miraba sin decir una sola palabra y
apartaba la mirada cuando se sentía incómodo o captaba cuando a ti te
molestaba. Ahora es atrevido, tanto que ha intentado besarme, en dos ocasiones.
Aunque supongo que era cuestión de conocerlo. Y en verdad me gusta Dario en
cualquier sentido.
Camino
lentamente, esperando a que salga corriendo otra vez; no lo hace. Se levanta,
con un puñado de piedras en la mano. Que segundos después lanza hasta más allá
de donde alcanza la vista.
- Si vienes
a consolarme, ahórratelo. – me suelta sin más. Me duele que me lo diga así. Ya
no es en si la frase, sino el tono. No es enfadado ni mucho menos, sino
decepcionado. Es triste y sé que hay una sola manera de devolverle su bella
sonrisa a la cara, pero me temo que no tengo el valor suficiente como para
hacerlo. Sigo sin ser lo suficientemente valiente como para ello.
- No me
digas eso. – le digo mientras noto como un sollozo estalla en mi garganta.
- No te
diga ¿el qué?, ¿sabes? La chica de la que te hablé estando en la cueva, eres
tú. Está mal que me gustes, eres más pequeña, la hermana de mi mejor amigo y
llevo loco por ti desde el momento en que te vi, cuando tú tenías ocho años y
yo nueve. Por eso está mal porque llevo loco por ti mucho tiempo y nunca me
había atrevido a hablarte. – Me quedo paralizada ante su confesión. Como una
auténtica imbécil, con la boca abierta y los ojos como platos, como si él
acabara de confesar que es la bruja malvada come niños de Hansel y Gretel. – Me
gustas y sé que yo te gusto- me dice en un tono dulce y seductor, acercándose
cada vez más a mí. Me rodea la cintura con sus fuertes brazos (otra vez). Hago
el ademán de separarme (otra vez), pero hasta yo debo admitir que adoro sentir
el calor de su cuerpo junto al mío.
- ¿Y cómo
sabes que me gustas? – pregunto traviesa.
- Pues
porque todavía no me lo has negado- me dice con una sonrisa llena de
satisfacción.
Me coge por
la cintura y me eleva unos centímetros del suelo. Subo mis manos hasta
aferrarlas a su cuello. El corazón me late tan deprisa que me da miedo que
estalle y se me salga del pecho. Nuestras caras están tan cerca que noto como
nuestra respiración acaba siendo solo una; como si fuéramos una sola persona.

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