Buenas nocheees!! :D Aquí os dejo el capitulo 10. Para mi es un capitulo muuy importante en la historia. Además de que me encantó escribirlo, como todos no pero este es especial. Espero que os guste, que me comentéis a ver que tal y bueno, nada más. Besazzos.
No se divisa vida en kilómetros.
Esta prueba, sea cual sea, es la que menos me gusta. No quiero perder a nadie
más. No creo ser capaz de poder encontrar a mi hermano sola. Si es que supero
yo mi prueba, claro.
U
na niebla misteriosa de color
naranja, igualita a la que nos dejó inconscientes la primera noche empieza a
ganar terreno. Bajo el vuelo para advertir a Dario que se cubra. El obedece y
se sube la camiseta, dejando a la vista sus azules ojos. A mí no me hace falta,
ya que la niebla solo ocupa los dos primeros metros y yo estoy como a cuatro.
Conforme la niebla avanza voy perdiendo de vista a Dario. La lluvia ya cesó
hace tiempo y dejó el vapor espesando el aire. Entre eso y la niebla ya lo
perdí por completo. Unos rugidos empiezan a sonar del corazón de la bruma. Unos
gritos lo acompañan. Me estremezco. Se me eriza el vello de la nuca y caigo al
suelo.
El golpe me duele, pero me duele
más ver el charco de sangre. Un espantoso y reseco charco de sangre. La prueba
¿Qué prueba es masacrar a un joven de 15 años sin darle la oportunidad de
defenderse? ¿Qué prueba es matarle sin ver por donde le llega el golpe mortal?
¿Y decían que los dioses eran bondadosos? Me pongo a gritar. En los gritos
están mezclados el dolor, un profundo dolor ligado a mis sentimientos e ira,
una ira que va unida a una promesa: recuperar sus vidas, sea como sea.
Sigo gritando, tanto de rabia
como del dolor que me provoca el corte de mi espalda. La niebla de disipó hace
rato. Aunque cuando caí al suelo aspiré bastante por lo que me estoy empezando
a marear. Intento levantarme, volando, pero no lo consigo. Caigo dándome un
batacazo en la nariz, y rompo en lágrimas. Acabo entregándome al gas venenoso y
cayendo al suelo con un estrepitoso sonido. Lo último que veo antes de quedarme
inconsciente es una luz de reflejos dorados acercarse a mí.
Cuando abro los ojos, veo lo que
tengo ante mí unas “personas” constituidas por los elementos: fuego, agua,
tierra y viento. A la persona que será el dios de la tierra, es una mujer muy
hermosa. Sus cabellos son como la copa de un bonito sauce llorón. Su cuerpo
fino y delgado hecho de ramitas marrón claro que está cubierto por un vestido
de sedosas flores de todos los colores. Con unos ojos de un verde intenso, como
el de una pradera en primavera en el crepúsculo. El dios del viento es un
hombre, que aparenta ser robusto. Su cuerpo, ropas y demás son nubes. Aparenta
ser bastante mayor al contrario de la tierra. Tiene una corta barba con un
bigote acabado en rizos como los franceses. Lleva ropas lujosas (para estar
hechas con nubes) el único toque de color que hay en él son sus ojos. Que son
como dos piedras preciosas de un color verde esmeralda. Al ver a la diosa del
agua me quedo boquiabierta. Me resulta tan familiar. Como las criaturas que nos
atacaron en la biblioteca, me parecía conocerla pero nunca las había visto.
Ella en mi opinión es la más hermosa de los presentes. Sus cabellos lisos, son
una especie de alga de color azabache. Tan negro como el mío. Tiene la tez
blanquísima, casi translúcida (ya veo el por qué me dicen fantasma). Sus
facciones aparentan ser de una ¿joven? … o lo que sea; ella parece ser muy
delicada. Sus ojos en efecto a como los esperaba, son iguales a los míos.
Turquesas. Pero en los de ella juraría que puedo ver los peces nadar felices en
el fondo del océano. Casi se me saltan las lágrimas al ver que me sonríe con
sus perfectos dientes tan relucientes como perlas. La mujer que dice ser mi
madre. Por el contrario mi padre no me inspira tanta ternura como la que emana
ella. Él está en llamas. Todo él es una gran bola de fuego. Su cara de
expresión enfadada. Sus ojos, que son humanos pero están coloreados en sangre.
Y su corazón al que se puede ver bajo la capa abrasadora de llamas, que es un
puño negro. Incapaz de sentir ningún sentimiento ¿Cómo puedo ser fruto del amor
de alguien como él? De ella vale, pero ¿de él?
Me levanto con cuidado. Siempre
sin apartar la vista de estos cuatro elementos (nunca mejor dicho) que me
rodean.
-Alexandra… - susurra la diosa
del agua.
-¿Madre? – pregunto en un
susurro casi inaudible
-Sí, hija mía. Pero me temo que
no puedo hablarte de lo mucho que te quiero, pues estás aquí para obtener algo.
Algo que te es vital.
-Tus amigos han fracasado en sus
pruebas, salvo tú puedes salvarlos. – interviene el dios del aire.
-Ahí está tu prueba. – dice con
voz dulce y melodiosa la diosa de la tierra. – te daremos dos opciones, y tú
deberás elegir.
-¿Y eso es una prueba? ¿Elegir?
– pregunto impresionada.
-Sí, así es mi querida niña –
responde mi madre.
-No lo entiendo. Mis amigos…
Atara desapareció sin razón, a Kai le robaron el alma y Dario fue masacrado por
una bestia. ¿Y yo solo debo elegir? – pregunto indignada
-Pues si, tus amigos no debían
superar ninguna prueba, por ello fueron eliminados, para que el verdadero, en
este caso la verdadera interesada tenga que elegir – habla por primera vez el
dios del fuego. Lo dice casi chillando y con tono brusco.
-La prueba la debe pasar el
interesado. El que utilizará para saciar su codicia o recuperar su salud el don
que le otorguemos. Tus amigos estaban dispuestos a superar la prueba por ti,
pues tus amigos han sido, y son, elementos de lo que será tu prueba. – me
explica con dulzura la diosa del agua. – te daremos dos opciones. – hace una
pausa y sigue. – Si eliges bien serás feliz en ambos sentidos, si la codicia y
tu favor es lo que te mueve serás desdichada para el resto de tus días. – me
dice con amargura.
-Opción A: tu medicina. La que
te liberará del dolor. Medicina por la que has entrado. – abro la boca
estupefacta al oír sus palabras. Aparece un frasquito ante mí. Un tubito fino
que se ensancha hacia abajo, de cristal con una tapa que es una perla
transparente. Hago el acto de sostenerlo pero la voz del viento me corta. – si
lo aceptas ni siquiera tendrás opción de escuchar más. – no lo acepto, aún. –
Opción B: la vida de tus amigos. Están en una sala tras nuestros asientos,
junto con la salida de nuestro templo. Si eliges la B no tendrás elección sobre la A. – trago saliva con
dificultad.
-Sin embargo hay una Opción C.
Tu medicina y la vida de DOS de tus amigos, el otro será mi sirviente perpetuo.
– me dice el dios del fuego. Con una sonrisa de malicia dibujada entre las
llamas.
-Elige bien hija mía…
Por un parte no puedo soportar
el dolor. Cada vez me duele más y debo rescatar a Elliot. Otra parte más fuerte
que el dolor físico, es el dolor de dejar a aquí a uno de ellos. No puedo. Dije
que recuperaría sus vidas. Y lo haré. Me arrepentiré. Moriré entre atroces
gritos de sufrimiento, empapada por las lágrimas de mis pocos seres queridos
presentes en este mundo. Ni si quiera vacilo al contestar:
-Elijo la B
-¿Segura? ¿No deseas tu
salvación y la compañía de dos de tus allegados? – me pregunta con un tono
singular el dios del viento. Mira de reojo al agua y veo como se le dibuja una
enorme sonrisa en la cara.
-Ellos dieron la vida por mí sin
pensárselo, yo estoy dispuesta a hacer lo mismo. – respondo satisfecha de mi
elección
-Humanos. Son tan estúpidos se
conmueven por el otro. – refunfuña el fuego. - El amor es lo peor que ha
existido
-¿y tú eres mi padre? – Respondo
a punto de llorar- ¿sabes? Me lo han explicado. Soy fruto de lo que me dijeron
que era un amor prohibido. Tú no te mereces amar – ya estoy chillando. – el
amor es lo mejor que hay. Cualquier persona puede amar, cualquier ser. Sin
embargo lo que albergas en tu corazón es odio. – veo como su corazón, ese puño
negro va cobrando un color nacarado. Entonces es cuando me doy cuenta. Relajo
mi tono de voz y me acerco dando pasos pequeños. Intentando reprimir el dolor.
– tú no odias, lo que pasa es que sufres de amor. Sufres haber estado separado
de tus seres queridos. Apuesto que te prohibieron el amar a la diosa del agua y
después de haber nacido Elliot y yo os separaron. Lo siento, papá.
Lo que ocurre después es tan
hermoso, tan bonito que incluso el hombre más duro de los seres rompería en
lágrimas de emoción. El dios de fuego, es decir, mi padre, baja de su enorme
trono y adopta forma humana. Un hombre
alto, de pelo castaño claro con una muy pequeña barba, ojos castaños claro, y
en ellos se observa una dulzura que antes no pude captar. Se acerca a mí y me
abraza. Yo lo abrazo y unas llamas nos envuelven. Veo bailar el fuego ante mis
ojos. Los colores rojos y amarillos mezclándose para hacer un naranja perfecto.
Esta escena me recuerda mucho a la del torbellino de agua con su paleta de
colores azules.
-Ve con tus amigos. – me tiende
el frasquito que antes flotaba ante mí. Me conduce a velocidades vertiginosas a
una sala. En la que están tumbados Atara, con unas enredaderas alrededor del
cuello. Kai sobre un montón de piedras y Dario. Éste último tiene una herida en
la pierna que le vendé. Espero que nada grave.
-Ahora volveréis al punto donde
te cortaron. Tómate la medicina nada más pisar ese territorio. Ellos… no se
acordarán de nada. De lo que pasó tras tu corte. Te quiero hija, y recuérdaselo
a tu hermano al que le deberás contar el cómo conociste a vuestra hermosa madre
y vuestro odiado padre. Adiós.
Desaparece por donde mismo me
trajo. Sin dejar despedirme de él. No todos los días ves a un padre dios
todopoderoso que te salva la vida y te devuelve la de tus amigos.
De repente estamos en el refugio
que había construido Atara en la jungla. Solo me dio tiempo a parpadear antes
de llegar aquí.
-¿cómo estás, Alex? – me
pregunta Atara
-¿Qué? ¿Estar qué? – pregunto
confusa. Entonces me acuerdo. Abro el frasco me giro para que nadie me vea y me
tomo el contenido. ¡Aj! Sabe horrible. Ni si quiera en este sitio saben bien
las medicinas.
- El corte no es nada grave. No
estaba envenenada ni nada, la daga digo. Pero a lo mejor es más profundo de lo
que parece – me explica confusa al ver mi confusión.
- Oh… vale… si estoy bien
gracias por cuidar de mí.
- Te la debía tú cuidaste de mí,
después de atacarme pero me curaste. –me dice entre risas
-¿y Dario? –pregunto, ansiosa
por volverle a ver
-Pues no lo sé – me responde Kai
- ¡Aquí estoy! – entra al claro
y me abalanzo sobre él
-Te he echado de menos.
-Solo he ido a por algo de comer,
para acompañar a tu carne fresca. – dice abrazándome él también.
-Si tú supieras por lo que he…,-
me corrijo; por lo que hemos pasado. Me separo de él con las mejillas ardiendo.
-Bueno, creo que la poca pérdida
de sangre te ha hecho delirar. ¿Por qué no te tumbas? – me dice Kai cogiéndome
por los hombros, me conduce a la casetita
-Me alegro de que no te hayan
robado el alma los dioses. – y me rió yo sola.
Veo la estupefacción en la cara
de todos. Les propongo que vayamos a dormir. Aceptan sin poner pegas excepto
Atara que decide hacer la primera guardia.
Casi se me olvida que ellos no recuerdan nada. Mejor para ellos. No
tendrán pesadillas esta noche.
Me despierto sobresaltada a
medianoche sin saber por qué. Me desperezo, me froto los ojos para que se terminen
de abrir del todo. Le propongo a Atara que se vaya a dormir que yo me ofrezco a
terminar la guardia. Ella acepta sin poner ni una sola objeción. Aunque no lo
quiera reconocer está terriblemente cansada. Se le nota por las bolsas oscuras
bajo los ojos y su cuerpo caído hacia abajo por falta de descanso. Me pregunto
si todo lo que pasó no me lo habré imaginado. Supongo que no. Porque el
recuerdo está muy vivo en mi memoria. Escucho unos pasos acercarse a mí. Me
sobresalto. Cojo el arco y lo cargo. Lo relajo al girarme y ver que es Kai el
que se acerca y no una bestia chupasangre.

Hola oye donde puedo encontrar los capitulos completos bueno iniciando desde el 1ero aqui en tu blog
ResponderEliminarEn las pestañas de arriba, en la que se llama "capitulos", cuelgo el link con todos los capitulos que vaya colgando. Mira, aqui tienes el link de la pestaña:
Eliminarhttp://ladyartista.blogspot.com.es/p/capitulos_17.html
PD: Gracias por querer leerme ;)