¡Buenas! Aquí me tenéis con el nuevo capítulo. Volverme a disculpar porque la semana pasada no hubo, pero bueno, prometo que a partir de ahora no volverá a pasar. Dejadme como siempre en los comentarios que os ha parecido, vuestra opinión me importa. Juro que leo todos y cada uno de los comentarios, algunos incluso los leo más de una vez, pero siento no contestarlos a todos, creedme cuadno digo que siempre estoy atareada. Lo de siempre, leed, disfrutad, ¡Comentad! y espero que os guste.
-Señor Girardon… ¿Cómo piensa volver a la Tierra? – Preguntó
Gus con voz temblorosa. Lo que yo no sabía si el temblor era por frío, por
miedo a la respuesta o por dirigirse a alguien como mi padre.
Elliot me lanzó una mirada, a lo que yo interpreté como que
nosotros podríamos intentarlo.
Después de que Dario y yo…. Eso. Ambos nos vestimos medio
corriendo, siendo conscientes de que sospecharía de nosotros por haber tardado
tanto, y he de decir que los pelos de ambos, todos revueltos, manoseados por
las manos del otro, no ayudaban a disolver dudas.
Desde entonces nos habíamos sentado todos en círculo con el
fin de trazar un plan.
De momento solo habíamos conseguido ponernos de acuerdo en
abrir una lata de comida para cenar.
-Pues… -comenzó a decir mi padre rascándose la barba. En los
ojos se le podía leer que no tenía ni idea.
-Elliot y yo podemos intentarlo. – Dije en voz alta sin mirar
a nadie más que al suelo.
-Lo hicimos una vez, podemos volver a hacerlo. – Corroboró mi
hermano.
-Lo sé chicos, pero aquella vez tuvisteis ayuda de un montón
más de personas que se concentraron en llegar a casa y tuvisteis la ayuda de
los dioses ¿quién dice que esta vez vuelvan a ayudaros? – Dijo mi padre no muy
convencido. Ni convencido por lo que decíamos nosotros ni por lo que decía él.
-Lo harán- afirmé firmemente. – Nos ayudarán. Estoy segura.
-¡Vamos! Por intentarlo no muere nadie. – Exclamó Loray
alzando los brazos. - ¡Hagámoslo!
-De acuerdo: Plan uno para llegar a la tierra en marcha. –
Anunció mi padre.
Recogimos nuestras mochilas, empacamos todo lo que teníamos,
porque quién sabe si en la Tierra había habido apocalípsis de… ¿mosquitos
gigantes? ¿Fuego azul devora hombres? ¿Monstruos primos de golum? Si la Tierra
iba a ser destruida por criaturas malvadas secuaces de Ella, me esperaba eso y
mucho más. Los primos de golum fijo.
Volvimos a hacer un círculo, esta vez de pie y cogidos de las
manos.
-Cerrad todos los ojos y pensad en casa. – Dijo Elliot
mirándome, me dio un apretón en la mano que me sostenía.
Elliot sabía lo que había pasado entre Dario y yo. A él ya no
le podía ocultar nada. Y en un principio me pensé que se enfadaría, por todas
esas veces que se molestaba cuando Dario y yo nos mostrábamos afecto. Pero
supongo que eso era porque no se había hecho a la idea: ahora era consciente de
que yo era una chica de dieciséis años, que había tenido que madurar en un
tiempo récord y que era capaz de enfrentarme a mosntruos, brujas malvadas y
lidiar además con una relación. Para él, ante sus ojos, ahora mismo, acababa de
crecer. Acababa de dejar de ser una niña a la que proteger y me acababa de
convertir en aliada guerrera con la que luchar esta guerra. Y lo más
importante, más que su hermana, me empezaba a ver como una amiga.
En un arrebato de emoción y amor hacia mi hermano, le di un
abrazo tan fuerte que me dolieron los brazos. Él me lo devolvió con la misma
fuerza.
Después, volvimos a agarrarnos de las manos, él tomó la de
Loray y yo la de Liam. Cerramos los ojos y les rogamos a los dioses volver a
casa.
No hicimos gran cosa, exactamente lo mismo que la otra vez:
pensar en casa, pensar en mi bosque. Lo único que esta vez no hice fue pensar
en mi madre, porque… bueno, sabía que si pensaba en ella, no me iría a la
Tierra, sino a un lugar no explorado por los vivos.
Esta vez no sentimos ninguna ayuda de los dioses. Quiero
decir, sabía que nos estaban ayudando, pero no les sentí como la otra vez.
Tampoco aparecimos en su templo; supongo que ya no podían decirnos nada más, ya
éramos conscientes del riesgo que íbamos a correr, no había necesidad de
volverlo a repetir.
Cuando aterrizamos, esta vez caímos suavemente sobre la
tierra húmeda del bosque, haciendo crujir las hojas bajo nuestro peso. Inspiré
una vez, llenándome del olor a aire puro de mi familiar bosque, antes de abrir
los ojos.
-Llegamos. – Suspiró Loray, soltando toda la tensión. Algo en
su mirada incrédula me decía que no confiaba en volver sana y salva a la
Tierra.
-Sí, lo han conseguido. – Dijo mi padre dándonos un beso en
la frente a cada uno de sus hijos. Era gracioso, porque la última vez que nos
había dado un beso, ambos teníamos unos diez años y éramos tan bajos y él tan
alto. Y ahora yo era casi como él y Elliot le sacaba una cabeza.
-Alex ¿En qué parte del bosque estamos? – Me preguntó Gus.
Miré a mí alrededor: los árboles crecían más juntos en esta
parte y sus troncos eran más delgados y altos.
-En la parte norte. – Respondimos Liam y yo a la vez. Casi se
me había olvidado que él conocía este lugar tan bien como yo.
Compartimos una mirada cómplice.
-Entonces debemos tomar dirección este. – Anunció mi padre;
claro, él me había enseñado todo sobre el bosque.
Comenzamos a andar, todos con la silenciosa esperanza de que
Mónica y todos los demás supervivientes estuvieran a salvo, cerca de los
perímetros del bosque junto al lago.
Al pensar eso, caí: el pueblo estaba hacia el este, el lago
hacia el sur.
-Papá, estamos yendo hacia el pueblo y el campamento está en
el lago. Debemos ir hacia el sur.
-Ya lo sé cielo, pero necesito ir al pueblo una vez más antes
de que todo comience realmente. – Me dirigió una triste, una muy triste
sonrisa.
Quería ver a mamá.
Quería ir hasta nuestra casa y despedirse de ella. Yo sabía
que lo más probable es que solo quedaran cenizas de lo que una vez fue una
mujer, pero igualmente él se despediría. Le diría su último adiós. Le diría un
último te quiero.
Pero yo no podía. Simplemente no soportaría volverlo a ver.
Sabía que alucinaría que volvería a ver el fuego azul arder, volvería a ver las
brasas consumiendo a mi madre y sentiría los brazos de Dario deteniéndome para
no hacer nada estúpido.
No podría volver allí y recordar que no pude salvarla.
-Está bien. Id al pueblo. Yo me dirijo al sur y pondré a
Mónica al día.
No esperé una respuesta, salí trotando hacia donde se suponía
que debía estar el lago. No escuché pasos detrás de mí. Pensaba que quizás
Elliot viniera conmigo, pero no lo hizo.
Cuando ya llevaba dos minutos corriendo entre los árboles, me
di la vuelta, para descubrir a Dario y Gus correr conmigo.
Sentí un tirón en las entrañas: ¿Cuánto había pasado? La
última vez que regresamos de Even, habían sido años en la tierra. También
habíamos estado durante semanas enteras en Even. ¿Cuánto habría sido la
diferencia esta vez? Habíamos pasado exclusivamente dos días ¿Sería como dos años
en la Tierra? ¿Dos meses quizás?
Solo esperaba que el transcurso del tiempo no hubiera
desalentado a los demás, que no nos hubieran olvidado.
Apreté el ritmo de mi carrera, desesperada por llegar al
campamento. No tardé demasiado en encontrarlo ante mis ojos. Casetas de
campañas, trozos de impermeable colgando entre los árboles protegiendo a los
demás de la lluvia, fuegos en cada esquina para calentar el ambiente. Y
personas. Muchas personas arrebujadas en sus abrigos, abrazadas entre sí para
mantener el calor. Muchas personas con rostros contraídos en sufrimiento, lo
peor era, que conocía el rostro de todos ellos.
-¡Mónica! – Exclamé cuando la localicé a lo lejos, al pie del
perímetro del bosque, observando el lago de aguas heladas.
-¡Alex! - Corrió a mi
encuentro a la vez que yo al de ella y nos fundimos en un abrazo. - ¡Alex, dios
mío! ¿Estás bien? ¿Dónde están los otros? ¿Están bien? ¡Dime que vienen detrás
de ti!
Me había interrogado con su particular hiperactividad, sin
parar de apretarme contra ella, apartándome para verme la cara y volviéndome a
abrazar nuevamente.
-¡Eh! – Exclamó Dario al llegar a nuestra altura. Gus detrás
de él.
-¡Vivos! – Exclamó Mónica y le dio a cada uno un efusivo
abrazo.
-Los otros llegarán en seguida, papá vino con nosotros. –
dije, y los ojos de mi hermana se dilataron. – Él fue a despedirse de mamá.

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