Capítulo 50

2/1/14

¡Buenas! Aquí el capítulo 50. 50... Comienza la cuenta atrás. A solo 10 capítulos de que acabemos para siempre con El Mundo de Even. No, no, que me pongo sentimental. Y hablando de sentimental, así es este capítulo. Puede que sea más corto, discúlpenme, pero quería dejar este capítulo solo para esto. Y por favor, decidme si lo he escrito bien. En este capítulo más que en ninguno, porque claramente nunca he escrito nada así y me gustaría saber si lo hice bien. Lo de siempre, leed, disfrutad ¡COMENTAD! y espero que os guste.





Nos mantuvimos un rato en silencio, nuestras manos entrelazadas sobre mi regazo, nuestros ojos perdidos en la paleta de colores que era el cielo. Anochecía con rapidez, cubriendo el cielo con los violetas más brillantes y los azules más oscuros.

-No puedes volverlo a hacer. – Dije cortando el silencio. Me asombré cuando mi voz salió firme y no en un susurro como me temía que sucediese.

-¿El qué? – Preguntó Dario desconcertado; con una sonrisa en sus labios pero una duda en sus ojos. Sabía a qué me refería, aún así lo dije en voz alta.

-A arriesgarte, a dar media vuelta porque yo no te sigo. A estar dispuesto a morir por mí. – Solté sus manos, estar en contacto con él me hacía más difícil decir lo que pensaba. – No puedes hacerlo.

-No puedes prohibírmelo. – Contestó, intentando coger mis manos nuevamente.

Me deslicé sobre la arena húmeda para poner un poco de distancia.

-Sí, te lo prohíbo. No puedes dejar tu vida por mí. Hay un futuro esperándote ¿entiendes? Yo nunca tuve futuro, mi destino está escrito en un libro mágico, mi destino puede significar que debo morir para liberar a la tierra de Ella. No puedo dejar que ates tu destino al mío. No cuando es tan inseguro.

-¿Te estás oyendo? – Contestó, un poco alterado. Tan alterado como yo me sentía. Incluso desesperado. Pero no más desesperado de lo que me sentía yo. – Suenas como si estuvieras rompiendo conmigo.

-No… - sentí como se me clavaban garras en la garganta y se deslizaban hacia abajo, desgarrando todo a su paso: era lo que estaba haciendo. Estaba rompiendo con él, no me había dado cuenta. Y yo no quería hacerlo. No quería romper con él ¡Claro que no! Por eso le estaba diciendo todo esto, porque le amaba, no porque quisiese que termináramos. – No puedes dar la vida por…

-¡Pues claro que pienso dar la vida por ti! – Exclamó sin dejarme acabar la oración. - ¡Te amo! Tú harías lo mismo por mí.

-Pues por eso mismo. Daría mi vida por ti porque no soportaría verte muerto. Por eso no puedo dejar que la des por mí, jamás me lo perdonaría. – No fue hasta que lo dije, hasta que me di cuenta que en realidad no estaba enfadada porque se arriesgara. En realidad tenía miedo de que la próxima vez, porque sabía que la había, no tuviéramos tanta suerte.

Noté las lágrimas salir de mis ojos.

-Alex… - suspiró. – Yo tampoco podría verte muerta. Tampoco me lo perdonaría. Viviría en un… no, no. Una vida culpándome, una vida con tu muerte no sería una vida. ¿Entiendes? Lo volveré a hacer: cuando vea que no estás a mi lado, daré la vuelta, desharé el camino, te encontraré y te traeré de nuevo a mi lado o… o me iré contigo. A donde tú vayas yo voy.

-¿Es una amenaza?- Pregunté, con una tímida sonrisa asomando en mis labios.

-Es una promesa. – Esta vez dejé que se acercara a mí.

Reposé mi cabeza sobre su hombro.

-Pues déjame prometerte, que yo también haré lo mismo. Que cuando vea que estás en apuro, me da igual si pongo en riesgo al resto del mundo, al universo: tú eres lo primero.

-¿Por qué no podríamos habernos conocido en el pueblo –me rodeó con sus brazos-  y haber tenido citas, e ir al cine e intentar robarte un beso de la manera más tonta, que tú te hubieras reído en mi cara pero al final acabáramos junto? ¿Por qué nos tocó esto?

-¿Por qué a nosotros? – Pregunté a mi vez. – Yo me pregunto lo mismo todos los días. Pero no creo que exista una respuesta para ello.

-Habrá que mirarle el lado bueno a todo esto ¿no? – Levanté la cabeza para mirarle.
-¿Cómo cual?

-Como que gracias a haber caído en Even estamos juntos. Después de todo, sino hubiera sido por el ataque en la biblioteca seguramente nos habrías dado la clase, nos habríamos ido cada uno para nuestra casa y yo no me habría armado de valor nunca más para hablarte. Te hubiera seguido mirando desde las esquinas, como el cobarde que soy.

-Una persona que da la vida por otro no es un cobarde. – Le recordé.

-Una persona que da la vida por otra a la que ama es un cobarde, porque no es lo suficientemente valiente como para vivir en un mundo sin esa persona. – Habló él.

-¿Sabes? Creo que el amor, la cobardía y la locura van unidas de la mano: donde hay una, van las otras dos. – Dije, mirando las estrellas reflejadas en sus ojos.

-¿Eso crees? ¿Crees que ambos somos unos cobardes que rozan la locura y están enamorados?
Como respuesta, junté mis labios con los suyos. Primero nos besamos muy despacio, con mucha cautela, con eterna suavidad. Como si el tiempo se hubiera parado solo para nosotros y tuviéramos un sinfín de días para estar unidos por la seguridad de nuestros labios.

Luego ambo recordamos que eso era mentira, que no teníamos todo el tiempo del mundo, que teníamos los días contados, por lo que nos besamos con más urgencia. Casi devorándonos el uno al otro.

Mis manos acabaron tirando del borde de su camiseta hacia mí, y las de él por debajo de mi empapada blusa, la cual se me pegaba a la piel. En un momento de pura lujuria, le saqué la camiseta. Me dio la sensación de que quiso decir algo, pero no lo dejé, volví a besarle. Era nuestro momento, puede que no tuviéramos otro, necesitábamos disfrutarlo al máximo.

Me mordió el labio inferior mientras tiraba de mi camiseta hacia arriba, como si fuera una interrogación. Como respuesta, de una manera tímida e insegura, me saqué la camiseta, quedándome expuesta con el sujetador.

Le miré a los ojos, esperando que me dijera que no era bonita, que no le gustaba lo que veía.

-Sé lo que estás pensando. – Dijo riendo. – Y aunque no fueses bonita, que lo eres, me seguiría gustando lo que veo, porque eres tú. Solo por esa razón.

Volvimos a unirnos. Nos recostamos en la arena, él encima de mí. Pasé mis manos por los músculos de su espalda, acariciándola en su totalidad. Me sentía segura, me sentía fuerte, me sentía amada. Y hacía mucho que no me sentía de esa manera, las tres a la vez. Me sentía realmente yo.

Seguimos amándonos entre besos y caricias, entre palabras bonitas y risas tímidas. Seguimos, y seguimos hasta el final, hasta que no quedó ningún espacio entre nosotros, hasta que estuvimos completamente unidos, realmente como una persona. Y mientras nos amábamos en la orilla de la arena, ocultando nuestro amor del mundo tras unas rocas, me sentí yo. Y sentí que era la primera vez en años que alcanzaba a ser feliz, con todo lo que conlleva su significado.




1 comentario:

  1. Al principio ha sido : NO!!!!
    Y luego ha sido: UF!!!
    Y al final ha sido: UHHHHH que pillines
    Jajajajaja el de hoy ha sido un lio de emociones y la verdad me he gustado como has descrito la ultima parte, como te has inspirado he pillina??? (jajajaja es broma, es broma)
    Me da penita porque como bien has dicho es el capitulo 50 y puf no me gusta tener que decirle adios a Alex, a Darío... A todos. Y supongo que cuando se termine la historia tendras que subir mas noticias para cubrir el hueco de los lunes... OH alomejor escribes otra, a saber pero lo que te decia que me dara pena decir adios
    Besos, Andrea

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