Capitulo 9: Dael

9/6/14

¡Buenas! He aquí un nuevo capítulo. Al parecer, a pesar de que sigo de exámenes estoy cumpliendo bastante bien con la subida de entradas, se podría decir que incluso he subido más que cuando tengo tiempo libre (mejor callarme, a ver si la voy a fastidiar) Si estáis de exámenes, os comprendo y que la suerte este de vuestra parte. Bueno, lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste. 



Dael

Giré, tomé la siguiente calle y al llegar, aparqué justo delante de la puerta de la librería.

Me sacudí el pelo de la cara y entré.

No era una librería muy moderna, hablándose de temas decorativos, aunque sus libros estaban actualizados, todas las novedades se encontraban allí. Tampoco era una librería muy conocida, era un poco exclusiva: todos los que tenían dinero compraban allí (cuando compraban, recordemos que los ricos usan tablet y esos cacharros hacen de todo) Pero si querían comprar, lo hacían allí. Los libros salían un pelín más caros, pero eran libros exclusivos: ediciones especiales, libros firmados por los autores, etc.

Tenía un aspecto de lo más acogedor, como si fuera una biblioteca antigua: las paredes estaban pintadas de un ocre oscuro que parecía quemarse con la luz de la media tarde dándole de lleno a través de los altos ventanales. La primera planta se constituía por altas estanterías hechas de una oscura madera con tonos rojizos. Una escalera subía al segundo piso, una especie de buhardilla, en la que se encontraban unos mullidos sillones cubiertos de piel marrón.

A mí me gustaba ir allí, no por la exclusividad de los libros, sino por el ambiente. No solía pasarme mucho por la librería, me gustaba leer pero no era mi hobby favorito. Sin embargo, cada vez que podía, venía a admirar el lugar, su ambiente tan relajado.

-¿Le puedo ayudar en algo? – La mujer de detrás del mostrador me atendió.

Siempre era la misma, y a pesar de que había estado cientos de veces allí seguía tratándome con toda profesionalidad, tratándome de usted y sin confianzas.

-El primer libro de Harry Potter. – Le pedí.

-¿Alguna edición en especial?

Lo pensé por un momento.

-La más sencilla que tenga.

Me cobró sin decir apenas nada más.

Hice un amago de salir de la tienda, pero lo pensé mejor. No tenía ninguna tarea que hacer, esa era una de las ventajas de ser superdotado, conseguías hacer los deberes incluso a la vez que el profesor los marcaba. Y no tenía hora de volver a casa. Esa era otra de las ventajas de que mis padres no estuvieran por casa el ochenta por ciento del tiempo, Thomas y María Teresa se preocupaban por mí, pero no solían ponerme normas. Supongo a que se debía que no tenían motivos para hacerlo, siempre he sido un chico ejemplar. Nunca he tenido un amigo con el que poder hacer locuras para que se preocupasen. Y hacer locuras solo es muy aburrido y sobretodo patético.  

Pasé gran parte de la tarde, hasta que el cielo comenzó a tintarse de los colores del ocaso, leyendo el libro del mago Potter sentado en un mullido sillón tapizado en cuero marrón.

Era increíble, no me había dado ni cuenta. Me había metido en el libro de tal manera que no me había percatado de la hora. Hacía mucho tiempo que no me centraba tanto en algo, que lo demás, lo externo, pasaba ante mí sin darme cuenta.

Y me había vuelto adicto al libro: a pesar de que había visto la película (toda la saga) y sabía cómo acababa, la historia me atrapó por completo. Es cierto eso que dicen que el libro es mejor a la película, porque a pesar de que tenía como referencia los actores de la película, en mi cabeza tomaban otra forma. A Hermione la imaginaba con unos pelos rizados tipo melena de un león, y no como los lleva la hermosa Emma Watson en la película.

Y la sensación de estar rodeado por las paredes de Hogwarts, imaginarme caminando por la estación nueve y tres cuartos hasta el tren que me llevaría a tan maravillosa aventura… era una sensación que hacía mucho no disfrutaba de ella.

Entendía a la perfección porque aquellas personas que se habían leído los libros como Aria, se enfadaban tanto con las que no lo habían hecho como yo: les enfadaba que pensáramos que esa sensación era pura fantasía, que estaba locos.

-Disculpa – dijo la dependienta asomando la cabeza pelirroja por las escaleras -, pero es hora de cerrar, tienes que irte ya.

No esperó a una respuesta por mi parte. Supongo que quedaba bastante claro que o me iba por mi cuenta o llamaba a la policía, no necesitaba más explicaciones.

Recogí mis cosas y me fui.

De camino a casa presté mayor importancia a los transeúntes que andaban tranquilamente por la acera camino de sus casas que a la carretera. Cada vez que veía por el rabillo del ojo a alguien montado en skate, mi corazón daba un brinco.

Estaba seguro de que Aria vivía cerca de mi edificio, pero no pensaba que me la fuese a encontrar de camino a casa. Tal vez la viese, si la volvía a atropellar.

Yo tampoco es que viviese en un chalet para millonarios. Vale, sí, tenía un edificio solo para mí, y mis padres claro, pero no estaba en una zona muy pija. Se encontraba en medio de la ciudad. Y justo una calle más abajo se encontraba uno de esos bares donde prostitutas y mafiosos llevan sus negocios. Y prefería vivir allí antes que irme a un chalet con piscina apartado de la urbanización como los alumnos de mi antiguo instituto.

Perdí las esperanzas de encontrarme con ella cuando metí el coche en el garaje.

Subí sin ganas hasta mi habitación, mi piso ¿Mi habitación era todo el piso? Pues sí. La cama se encontraba en medio de donde debería ser el comedor, era mayor que una cama matrimonial normal. En frente, separándolos unos dos metros, había un conjunto de sillones en color negro que miraban hacia una televisión de pantalla plana de… muchas pulgadas. Al lado de la televisión había una estantería llena de libros, tanto míos como prestados por Thomas (y alguna biblia de María Teresa), de carpetas con dibujos horribles hechos por mí en primaria, pero sobretodo de discos. Muchos discos. Al otro lado de la cama, casi pegada a la ventana de cuerpo entero que cubría una pared, se encontraba mi guitarra favorita. Tenía varias, pero las demás se encontraban en la habitación que debería hacer de cuarto, la cual yo había convertido en una especie de estudio de música: tenía un par de poof tirados por ahí, un par de micros, una batería, un piano y bastantes guitarras. Sabía tocar todos esos instrumentos, y también sabía cantar. Cuando Verónica me había preguntado esta mañana que por qué había elegido música como optativa no quería responderle que para mí, la música era mi única amiga, la que nunca me había dejado. Si se lo hubiese dicho, lo más probable es que ahora no tuviese a nadie con quien sentarme mañana a la hora de la comida.

El instituto… por un lado estaba ansioso porque llegase el día de mañana: quería volver a ver a Aria. Pero por otro lado no quería que todos me volviesen a señalar como un bicho raro. Menos mal que mañana… ¡mierda! Tan enfrascado había estado en el libro que se me había olvidado pasarme por el centro comercial a comprar algo de ropa normal, algo más como vaqueros y camisetas que como la ropa pija que tenía.

¿Iba a tener que pasar otro día así vestido? ¿Siendo víctima de las innumerables burlas?

Me di un golpe en la frente, y fue ahí cuando vi el número escrito en la mano.

Marqué el número de Verónica.

-¿Si? – Contestó al tercer toque.

-¿Verónica? Soy Dael. Por casualidad no tendrás un conocido que calce lo mismo que yo ¿verdad?

4 comentarios:

  1. JAJAJAJAJA Me ha hecho mucha gracia lo de Thomas y Maria Teresa (Maze Runner plssss) jajajajajajjajajajaja

    ☆

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  3. Jajaaj me mato lo ultimo 'de casualidad no tendrás un conocido que calce* lo mismo que yo' xd que lindo que es!!! Se compro el libroo!!! Uyy yo también quería que se encontrara con Aria...pero ni modo mañana en el instituto la veraaa siii! Gracias por el cap ^^ me encanto

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  4. Jajajaja ohh se compró el libro y le gustó!! XD
    Me gustó mucho la parte final ^.^
    Besos!! Pásate :)

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