Capitulo 8: Dael

2/6/14

¡Buenas! ¿Con qué vengo hoy? Pues con nuevo capítulo, como cada lunes. Hoy toca la versión de Dael de lo que sucedió en el capitulo 7. Sé que a veces es como leer el mismo capítulo dos veces, pero os prometo que esto es solo al principio, cuando ya avance la historia, no será tan pausada. Es que como todavía ellos dos no se conocen del todo, quiero que véias lo que piensa cada uno. Bueno, nada más, lo de siempre: Leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste. ¡Ah! Y escuchad este temazo, porque es oro para los oídos.





Dael

Las anteriores clases se me habían hecho extrañas, raras. Puede que porque no estaba habituado a este sistema de estudio.

Sin embargo la clase de matemáticas me pareció como cuando eras niño y te pasabas aquellos recreos en día de calor mirando las nubes recostados sobre la hierba. Solo que en vez de mirar nubes ahora miraba a un ángel guerrero. Guerrera, mejor dicho.

Aunque ella no me miró, ni me habló, e hizo como si no existiera, yo estaba bien, a gusto en el sitio que me tocaba.

Era como un reto: conseguiría caerle bien a Aria Gómez. Puede que no llegase al punto que yo realmente quería, a ese punto en el que se es algo más que simples amigos. Pero con llegar al hecho de conocidos con afecto me daría más que satisfecho. Pero sabía que me iba a costar. La mayor conversación que había tenido con ella y me había amenazado con hacer mi vida social trocitos pequeñitos para luego pisarlos.

Seguía sin importarme. Yo me iba  esforzar. Quería caerle bien. Quería hacerme su amigo. ¡Es más! Quería gustarle. Quería que me viese como un futuro ligue. ¿Qué se pierde en intentarlo?

Total, mi vida social ya estaba acabada.

Al terminar la clase me dispuse a ir a la salida, con suerte encontraría a Verónica y a Zennon y tendría a alguien con quien hablar. Entonces recordé que estaba castigado y aunque podría haber tirado que con la excusa de ser nuevo me había perdido y no había llegado al castigo… una hora con Aria era una hora en la que podría desplegar mi abanico de encantos. Aunque primero tendría que fabricar un abanico de encantos. Primero tendría que intentar ser encantador. Primero tendría que definirme a mí mismo qué significaba ser encantador.

Eché a andar en dirección contraria hasta llegar a Aria.

-Mmm… ¿qué haces? – Me preguntó; no hacía falta que me mirara para saber qué cara había puesto.

-Seguirte. – Le contesté.

- Bien, Einstein, de eso ya me había dado cuenta yo. ¿Por qué?

-Tengo que cumplir castigo contigo. No sé dónde hay que ir. – Sabía que la conversación era un poco pobre y que parecía un auténtico imbécil pero… no sabía qué hacer.

-Pues calla y camina. – Me ordenó.

Murmuré un: sí mi señora. El cual recé porque ella no hubiese oído.

No lo oyó. Y si lo hizo, no dio muestras de ello.

Caminamos en silencio hasta el aula de castigos. Aria sacó el móvil de camino y se puso a teclear. No quería ser un cotilla de mierda pero una de las veces, sin querer, eché una mirada por el rabillo del ojo y vi que le escribía a Axel. Suponía que ese era el nombre del chico que estaba con ella en clase de música.

No conseguí ver qué era lo que le escribía.

Antes de que pudiese hacer una estupidez, como preguntarle qué escribía, llegamos al aula de castigo: estaba vacía, solo una chica, de primero suponía, o tal vez segundo, que se parecía a las de mi antiguo instituto.

-¿Otra vez, Aria? – Preguntó la profesora que vigilaba a los castigados.

-Traigo compañía. – Lo dijo e inmediatamente se fue a sentar; se notaba que había estado aquí más veces, se movía con confianza. Su comentario me hizo sentir como si me acabara de echar a los perros para comer, probablemente esa era su intención.

-¿Nuevo aquí, querido? – Miré por primera vez a la profesora y casi grito cual niña pequeña asustada.

-Sí, soy Dael Bellanger. – Sabía que mi cara era una mueca en la que se veía reflejado el miedo y el asco, pero no podía hacer nada por cambiarla.

-Soy la señorita De LaRose, estoy a cargo de vigilar los castigos y de dar refuerzo a los que peor van en las asignaturas. Con toda sinceridad espero no tener que vernos más, joven.

Me indicó que me sentara. La clase era enorme y solo había dos asientos cogidos, y yo no pude haber hecho otra cosa sino sentarme al lado de Aria. Sabía que se iba a cabrear, pero… me gustaba que se enfadase.

La señorita De LaRose se sentó tras el pupitre del profesor y se puso a ojear una revista. <<Señorita>> pensé. Señorita es para las jóvenes damas sin casar. Y aunque esa vieja no se hubiera casado, era eso, una vieja. Una vieja que daba miedo. Tendría por lo menos la edad de jubilación, sino más, e iba vestida de arriba abajo con prendas negras. Yo no tenía ningún problema con el negro, me gustaba vestir de negro, Aria iba vestida completamente de negro y me parecía la persona más sexy del mundo. Pero la señora llevaba un vestido que debían ponerse las viudas en la época victoriana. Además, tenía los ojos pintados de negro y morado.

-Parece un puto dementor. – Pensé en voz alta.

De repente Aria, quien yo había dado por hecho que dormitaba sobre el pupitre, levantó la cabeza.

-¿Te gusta Harry Potter?

Se la veía sorprendida, y yo también lo estaba.

-He visto todas sus películas, son geniales. – Apenas se notó que tartamudeé.
-Agg. – Gruñó y volvió a hundir la cabeza entre sus brazos. – Muggle. – Masculló.

-¿Eh?

-El hecho de que no sepas lo que es un muggle, te hace todavía más muggle. – Me dijo con la cabeza aún enterrada en la mesa.

-Sé lo que es un muggle, pero no entiendo por qué lo dices. –Claro que sabía lo que era, había visto esas películas un millón de veces cada una.

No pude evitar que una sonrisa me tirara en los labios. Me estaba hablando y no me amenazaba. Me insultaba, pero era un insulto friki digamos, lo que hizo que me gustara más.
-Háblame cuando aprendas a leer. – dijo por último.

No volvió a hablarme en toda la hora.

Y yo acabé entendiéndolo todo, y entonces, Aria Gómez me gustó aún más: lo primero que haría después de clase sería ir a comprarme los libros de Harry Potter.


El castigo terminó antes de lo que yo pensaba.

Mi mente había empezado a delirar sobre cómo podría sacarle tema de conversación a Aria. Y aunque se me ocurrieron algunas ideas del tipo “¿Te gusta leer? ¿Cuál es tu libro favorito? ¿Me recomendarías algo?” Las dejé en calladas en mi mente. Simplemente no me había atrevido a abordarla, no quería que pensara que era algún tipo de desesperado.

Salimos de la clase. La chica de primero se fue dando pasitos cortos en dirección contraria mientras se iba tirando de la mini falda rosa chicle para cubrirse más piel; creo poder jurar haberle visto la ropa interior.

Yo caminé dos pasos exactos por detrás de Aria.

Llegando al aparcamiento saqué las llaves del bolsillo de la mochila.

-¿Quieres que te lleve? – Le pregunté en un arrebato a Aria.

Me dieron ganas de darme contra la pared por haberlo hecho.

-¿Perdona? - ¡Mierda! El tono de voz que empleó hizo que me hiciera una idea clara de lo que se le pasaba por la mente: o bien pensaba que quería aprovecharme de ella, o bien creía que era imbécil por preguntarle algo así. O posiblemente fuesen las dos cosas.

-Te vi esta mañana, casi te atropello. Vives cerca de mi edificio, supongo, o por lo menos en esa dirección. Te puedo acercar si quieres.

Me dio una mirada airada cuando le confesé que había sido yo la que casi le atropella esta mañana en la avenida. Una vez más, estaba cagando a base de bien las cosas.

Me encogí de hombros y agaché la cabeza, como si de esa manera pudiera desaparecer. Pudiera hacerme más pequeño hasta el punto de que no me viese, sino me veía, no me gritaba.

Durante un momento no dijo nada, así que levanté la vista, con miedo y a la vez esperanzas de que se hubiera ido sin haberme dicho nada. Sin embargo estaba allí parada, observándome con curiosidad, como si yo fuese una especie de experimento científico.

-No gracias. – Me respondió entrecerrando los ojos y sonriendo como la mala de un musical. – Antes prefiero ir andando con las manos.

Se subió a su skate y se largó sin volver a decirme una palabra.

Yo sonreí. Había dudado durante un momento. Ella no lo reconocería y puede que yo me lo hubiera imaginado, pero la ilusión es lo último que se pierde.

Me subí al hermoso y caro deportivo de mi padre, encendí la radio, y de camino a la librería canté a todo volumen “Highway to hell” de ACDC.

Puede que el día hubiese empezado como una auténtica mierda, pero al final yo había tenido razón: el instituto no era tan malo.

3 comentarios:

  1. Tan perfecto como siempre. Aww, que se va a leer los libros de Harry Potter!! *grita cual loca psicópata* me enamoro cada vez más de Dael *-*

    ☆

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  2. Awwwww nose me encanta Dael!! *--* es muuuy lindoooo awww si que lea los libros. Gracias por el cap :D besitos

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  3. 彼は非常に、この章でDaeleで識別感じた私は、それはあなたが私の駿念頭に置いているようです。彼は、この章を追加しました。アディオス。

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