Capitulo 10: Dael

16/6/14

¡Soy libre! ¡Soy un elfo libre! Un elfo libre de exámenes, me refiero. Así es, ¡Por fin terminé el los exámenes! Y tan solo me queda esta semana de clases. ¿Lo malo de todo esto? Se acerca el verano y yo odio y el calor. Pero bueno, para no desviarme del tema, ahora que voy a tener tiempo libre me voy a dedicar el 120% al blog. Tengo preparado una especie de reto, que consiste subir una entrada al día, pero ya os lo explicaré con más detalle en otra entrada, con la especie de horario que seguiré en verano para subir las entradas. Pero por hoy, os dejo por aquí el capítulo número diez. También os dejo la canción que aparece en el capítulo, y he de decir, que es una de mis dos canciones favoritas, espero que os guste también. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.




 Dael

-Esto es lo que he podido conseguirte.

Verónica me dio la bolsa con la ropa.

-¿Es una camiseta de Guns and Roses? – Pregunté sorprendido.

-¿Sabes quiénes son? Es la más grande que tenía. – Respondió Zennon.

Estábamos en la calle contigua a la del instituto. Anoche había llamado a Verónica para ver si podía encontrar a alguien que pudiese dejarme ropa. Había recurrido a Zennon, cosa que no me extrañaba. Él era un par de centímetros más bajo que yo, y no era por presumir, pero yo tenía más músculos. De todas maneras, su ropa (la camiseta negra con el logo del grupo Guns and roses y unos vaqueros normales) me quedaba bien. Muchísimo mejor que unos pantalones planchados con la raya y una camisa de botones del estilo del abuelo de Heidi.

-Ten. – Zennon me tendió unos tenis. – Están ya viejos, pero es lo que he podido conseguirte que te sirva. Amigo mío, tienes el pie de un payaso.

Me fije en la ropa que llevaban los primos: vaqueros desgastados, camisetas cuatro tallas más grandes que la suya y unas babuchas estilo la de los indios. No sabía si el pelo de Zennon era así de despeinado o se lo había hecho adrede. Me extrañaba que tuviese una camiseta con el logo de un grupo de heavy metal.

-Te dejamos para que te cambies en… privacidad. Nos vemos en clase, no llegues tarde. – Verónica se despidió de mí dándome un cariñoso beso en la mejilla. Zennon también me dio un beso en la mejilla, pero él lo hizo en un intento de burlarse de su prima. O eso esperaba.

Cuando se fueron, me metí en la parte trasera del coche para cambiarme. Justo cuando terminé de atarme los tenis, escuché las ruedas sobre la acera.

Salí corriendo echándome la maleta al hombro, cerré el coche mientras corría para conseguir llegar y entrar justo a la vez que Aria.

-Buenos días. – La saludé.

-Buenos días prínci… - Se me quedó mirando. No a mí, sino a mi camiseta.

-¿Te gustan? – Le pregunté, refiriéndome al grupo.

Todavía no había sonando el timbre, por lo que todos estaban en el pasillo yéndose ya en dirección a su clase.

-¿Los conoces? ¿O es postureo? – Preguntó enarcando una ceja.

Me fijé en que ella no llevaba la camiseta de ningún grupo, solo una básica de color negra. Si no recordaba mal, ayer llevaba la misma camiseta que yo (seis tallas menos)

-Claro. – Respondí sonriéndole.

-Nómbrame tres canciones suyas. – Exigió cruzándose de brazos.

-Welcome to the jungle, - fui enumerando con los dedos- Patience y Sweet Chil O’Mine

No respondió, se quedó mirándome con cara de estar disconforme.

-¿Sorprendida? – Le pregunté.

-Sigues sin caerme bien. – Y sin mediar más palabra, como era costumbre, se fue a su clase.

Yo me quedé más que contento. La había impresionado, o por lo menos sorprendido, y me daba la impresión que Aria era de esa clase de gente a la cual no es fácil impresionar.

Me fui a clase de biología con una sonrisa en la cara. Entré en el mismo momento que sonó el timbre.

-Te dije que no llegaras tarde. – Me susurró Verónica.

Me había sentado en el mismo sitio que ayer, en la última fila, detrás de Verónica y Zennon. Pero a diferencia de ayer, nadie me miraba. Pasaba desapercibido. Llevaba quince minutos en clase y no había sido la víctima de burla. Todo un logro.

-Estaba hablando con Aria. – Contesté.

Seguí copiando lo que el profesor escribía en la pizarra.

-¿Con Aria? ¿Aria Gómez? – Se escandalizó.

-¡Señorita! – El profesor reprendió a Verónica. – Silencio, por favor. Ya tendrá a tiempo de conversar fuera de clase.

El silencio duró mientras el profe se quedó en clase. En cuanto hubo marcado los ejercicios, salió de la clase un momento, y en vez de hacer como yo y ponerse a adelantar la tarea, Vero se dio la vuelta.

-¿Con Aria? ¿Estuviste hablando con Aria?

-Sí, eso te dije.

-¿Y ella te respondió? – Zennon también parecía sorprendido.

-Sí, también respondió. – Contesté algo molesto.

Me empezaba a molestar un poco el hecho de que no se creyesen que un tipo como yo fuese capaz de mantener una conversación con una chica como ella.

-Lo siento tío, no te mosquees. – Se disculpó él. – Pero es que es raro. Aria no es que sea una antisocial, pero siempre anda pegada a Axel y Dan. Es raro que se separen, y cuando esos tres están juntos son como un mundo aparte.

-Sí, esa tía no se separa nunca de Axel. – Repitió Verónica.

Lo dijo en otro tono, y me dio a entender que había una historia tras esas palabras. Espera enterarme de ella algún día.

-¿Qué le dijiste? – Preguntó Zennon interesado.

-No gran cosa, le pregunté si le gustaban Guns and Roses. – Me encogí de hombros, restándole importancia. De hecho, no era nada del otro mundo, pero para mí había sido todo un logro personal.

Zennon sacudió la cabeza riéndose. Verónica no dijo nada, miraba hacia el vacío con el ceño fruncido.

El profesor entró y ninguno tuvimos ocasión de poder decir alguna otra cosa.

Yo solo pensaba en que la siguiente hora era música. Y que la iba a ver. Y que le tocaba cantar. Y… ¡mierda! Me pondrían una canción para mí.


La clase de música se había convertido en mi favorita. No creo que tuviese nada que ver mi pasión por tocar la guitarra y de la música en general, creo que el factor clave era que la daba la señora Moretz. Esa mujer era pura energía, hacía salir alumno tras alumno al escenario a que interpretasen la canción que les había sido asignada. Ella decía que la finalidad de la actuación de hoy no era cuán bien cantabas, sino cuanto nos conseguías transmitir, cuanto sentimiento podías darle.

Aria salió casi de las últimas. Iban por orden de lista y ella era Gómez, se debería haber encontrado a la mitad, pero sorprendentemente en aquella clase la mayoría llevaban apellidos que comenzaban por la letra A o B. Yo me incluía en ellos.

-Y aquí está la que yo quería ver. – Exclamó la señora Moretz con una gran sonrisa en su boca; se había pintado los labios de un rojo tan intenso que dolía a la vista. – Demuéstrame que eres tan buena como tú dices Aria, hazme llorar. ¡Mejor aún! Llora tú.

Aria se levantó de su asiento con vagancia y caminó al escenario con total confianza. Cada paso que daba desprendía confianza y autoridad, como si todo lo que le rodease fuese suyo y pudiese dominarlo.

Para mi sorpresa, cogió una guitarra acústica y se sentó sobre un taburete.

Empezó a tocar, Safe and sound, de Taylor Swift. Todavía no la había escuchado, así que sería una sorpresa en todos los sentidos.

-I remember tears when streaming down your face when I said I’ll never let you go. When all shadows almost killed your light…

Su voz era suave y delicada, y tocaba la guitarra como si acariciara a un pequeño cachorro.

Se me erizó la piel. La canción contaba una historia. La historia de una chica al que el destino le quitó esa persona a la que ella más amaba, y a la que su recuerdo atormentaría por la eternidad. Era una historia triste. Y se reflejaba en los ojos de Aria. Ella no lloraba, ni si quiera se le habían rayado los ojos. Pero en ellos se podía leer esa misma historia que la canción contaba.

Me acordé de todo el odio y rencor que había visto el primer día en su mirada. Y ahora con toda aquella vulnerabilidad… A primera vista podría no cuadrar, pero yo pensaba que esos sentimientos estaban todos ligados a una única historia. A un recuerdo que aún le perseguía.

Terminó de cantar. La señora Moretz rompió en aplausos, y con ella el resto de la clase. A la mitad se le habían rayado los ojos. A mí estaban a punto de hacerlo.

-He de admitirlo. – Dijo la profesora. – Has conseguido emocionarme. Y no has llorado. Has estado fantástica. Supongo que ya sabes tu nota, aunque de todas maneras estarán colgadas en el tablón para el final de la clase. – Anunció con nuevas energías en el cuerpo. - ¡Por cierto! La próxima canción que marcaré va a ser un dueto, y será un trabajo que contará para muy buena nota. Dael, tú también participarás esta vez. ¡Y no quiero protestas! Las parejas estarán hechas al azar, por sorteo. Venid a última hora para ver quién os ha tocado de compañero. Vosotros mismo elegiréis la canción y deberéis representarla la semana que viene. Tendremos toda la semana para ir ensayando en clase. Repito: sin protestas.

-¿No podemos elegir nosotros mismos nuestra pareja? – Preguntó Aria, aún sobre el escenario.

-He dicho que no: será al azar. – Repitió la señora Moretz. Su tono pretendió ser autoritario, pero en aquel escaso metro y medio no cabía mucha rabia que desatar.

Nos hizo salir de la clase para dejarla a solas y que pudiese hacer el sorteo.

Salimos a trompicones por la puerta.


La clase de matemáticas podía ser verdaderamente aburrida. Para empezar el profesor no sabía explicar nada, hablaba mucho y decía poco. Además, todo lo que explicaba ya me lo sabía de ante mano. Nada nuevo. En la academia para niños superdotados de la señorita Fitzpatrick dábamos clases de universidad, a pesar de que nos encontrábamos en tan solo primer año de secundaria.

Y Aria no me hablaba.

Ella se había pasado la clase dibujando rostros con expresión triste en la última hoja de la libreta. Se le daba bien. Dibujaba con soltura, no era una experta pero se merecía unas felicitaciones.

Pero no me hablaba.

Miré hacia atrás, a las demás filas: todos hablaban en susurros con sus compañeros de mesa. Pero la mía no, Aria se negaba a dirigirme la palabra. Y yo me había quedado sin cosas estúpidas que decir, así que dejé que la clase pasara, haciéndose eterna, el reloj parecía no avanzar.

Recordé que debía pasar por el aula de música antes de irme, a ver quién me había tocado como compañero. Esperaba que fuese Verónica. O Aria.


-¿Quién crees que te puede haber tocado?

Verónica y yo nos habíamos apoyado en la pared, justo al lado del aula de música.
-No sé, solo espero que sea alguien conocido. – Esa respuesta valía para dos personas: Verónica o Aria. Ella se la tomó como si solo valiese para una.

Todos los estudiantes se dirigían a sus taquillas para recoger unas últimas cosas o directamente a la salida. Solo quedábamos los pocos que asistíamos a música.

Me fijé en que los que pasaban frente a mí se paraba a mirarme. En sus rostros se podía ver la sorpresa, y en algunas miradas femeninas se veía la aprobación. Realmente no me había dado mucha cuenta de que hoy no me habían insultado.  Había sido consciente, pero solo de vaga manera. Era una sensación realmente agradable sentirse aceptado entre los demás.

-Yo espero que me toque alguien competente. – Dijo Verónica. – El trimestre pasado hicimos una actividad igual y me tocó con un tipo que no tenía ritmo, ni sabía cantar y además olía a humanidad. Ya te puedes imaginar lo desagradable que era ensayar con él.

-Me imagino.

En el pasillo entraron tres figuras, a dos de ellas podía ponerles nombre: Aria y Axel. El tercero supuse que sería ese segundo chico del que Aria nunca se separaba, Dan creo que se llamaba, o eso había dicho Zennon. Los tres se apoyaron justo enfrente de nosotros.

Axel y Dan se reían, Aria me miraba con los ojos entrecerrados.

-¡Ya podéis pasar a ver quién os ha tocado! – Anunció la señora Moretz asomando la cabeza por la puerta.

Todos entraron corriendo y empujándose. Dejé que la marabunta entrara y luego pasé yo con calma. Vero y yo esperamos a que la mayoría se apartara del tablón para ir a mirar.
-¡Sí! – Gritó Verónica en voz alta; se ruborizó en seguida.

-¿Qué pasa? – Le pregunté riéndome de su rubor.

-Me ha tocado con Axel Delarobia. – Murmuró mirándose los pies.

Me reí para mis adentros. Ese era el chico que siempre iba con Aria ¿verdad? Y a Verónica le caí mal Aria sin motivo aparente. Ya sumaría dos más dos más tarde.

Busqué mi nombre en la lista, el mío estaba de los primeros. En la columna donde se encontraba mi nombre era la de los chicos, seguí con el dedo hasta ver quién se encontraba conmigo en la columna de las chicas y…

-¿Es una broma? – Se escandalizó Aria.

-No. – Le respondí. – Al parecer nos ha tocado juntos.







5 comentarios:

  1. ay jajaja me encanta:) estoy deseando que hagan el trabajo es imposible que no acaben juntos!! jajajaj nos leemos:) un beso!

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  2. Awwwww que monos que son ♡ Muy muy bien redactado. Estoy deseando saber que cancion interpretan :3

    ☆

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  3. Jajajajajaja :') aish ya sumaría dos mas dos más tarde XD
    Me encanta, quiero saber de que se reían el trío dorado (jajajaja, así son como Harry, Hermione y Ron)
    Besos Artista, Andrea

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  4. Aich señor, pobre Aria que tendrá que aguantar a Dael XD
    Besos Artista-chan

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  5. Siiiiiiiiiii yo festejos con Dael e.e gracias por el capii :D yo se que Aria se está derritiendo por Dael!!

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