Capitulo 60

31/3/14

Buenas, fieles lectores. Aquí me tenéis, entregándoos el último capítulo de la historia El Mundo de Even ¿Tristes? Pues yo sí. Llevo ya más año y medio subiendo esta historia aquí, en un blog que nació a raíz de tener esa historia. Y ahora llega a su fin. Esta vez voy a pedir que en los comentarios me dejéis vuestra opinión, como siempre, pero además, me digáis desde cuando seguís la historia. Si la seguís desde hace una semana, un día o acabáis de encontrarla, decídmelo me también. ¡Ah! El Epílogo lo colgaré el miércoles, así que esta semana tendréis doble y última ración del Mundo de Even. Como siempre, leedlo, disfrutadlo, comentad y espero que os guste. ¡Por Even! ;)



Últimamente había asistido a demasiadas despedidas, pero ninguna como a esta. ¿Cómo se supone que te puedes despedir de tu hermana? ¿Cómo se supone que lo haces cuando sabes que no la vas a volver a ver porque ésta va a morir?

Estreché a Mónica en mis brazos una última vez. Mi padre, Elliot, Mónica y yo nos dimos un abrazo los cuatro por última vez. Mónica me dio un beso en la frente por última vez. Me puse a su lado para luchar una última vez.

Dario nos había avisado, se había colado en la mente de uno de nuestros guerreros al azar y había visto que estaban en verdaderos apuros: la mayoría de nuestro ejército se había decantado por atacar directamente a Ella y claro, ésta era inmortal. No le habían hecho el mínimo rasguño, en cambio ellos habían salido muy mal parados.

La mayoría muertos.

-Es la hora. – Anunció mi padre.

Estábamos a tan solo unos pasos de volver a cruzar la puerta para batallar hasta el final.
Nos colocamos en posición de salida, como si fuésemos a participar en una carrera.

-Pase lo que pase, ceñíos al plan. – Recordó Mónica. – Papá y Dario despejan el camino, para que Elliot y Alex la entretengan a Ella y así yo acercarme sin que se de cuanta y que haga boom ¿entendido?

Quise reírme al oírla decir “boom”. Pero… ¿De dónde se supone que sacaba la risa? Solo tenía ganas de terminar con todo esto ya para poder ir a un rincón y llorar hasta que no me quedara agua en el cuerpo, cosa difícil ya que soy la hija de la diosa del agua. ¡Ya que soy una jodida diosa!

-Nos vemos al otro lado. –Anunció Elliot, y como si hubieran dado el pistoletazo de salida, todos corrimos a través de la puerta preparados para la batalla.

El claro seguía como lo habíamos dejado, o puede que peor: espadas chocaban entre sí, cuerpos derribados en el suelo se amontonaban por todos lados, el fuego azul luchaba contra el fuego rojo, y al parecer los números de demonios se habían multiplicado. Por cada uno de los nuestros había dos de los otros.

Ella caminaba como si desfilase, levantaba las manos, giraba sobre sus talones. Parecía una danza. De hecho, creo que danzaba mientras cortaba cabeza sin llegar a tocarlas, mientras hundía las manos en el pecho de los desafortunados y les arrancaba el corazón como si no fueran más que muñecos.

En seguida me di cuenta que cuando le arrancaba un corazón a alguien, éste no moría. Estaba convirtiendo a los nuestros en caballeros sin corazón, aliados suyos.

Miré a Dario. Asentí una vez con firmeza, dándole permiso para actuar.

Él y mi padre aumentaron el ritmo y corrieron matando, descuartizando, hiriendo, lo que hiciera falta, despejándonos el camino a Elliot y a mí, quiénes le seguíamos con mucho sigilo y agilidad.

Sabía que Mónica estaba en algún punto por detrás nuestro, más a la derecha, escondida entre los árboles que nos rodeaban. Llevaba una granada en el bolsillo trasero del pantalón. Eso me tranquilizaba, claro.

Mi hermano y yo corrimos, codo con codo, hasta llegar a Ella.

Seguía sin poder llamarla Emelina, seguía refiriéndome a ella como Ella, seguía sin querer admitir que una  persona, con nombre y cara, era capaz de hacer todas aquellas atrocidades.

Estaba de espaldas a nosotros, arrancándole el corazón a otro pobre hombre. Solo teníamos que acercarnos sin que se diera cuenta, empujarla, desequilibrarla. Desorientarla para darle el suficiente tiempo a Mónica para que atacase ella.

-No os veo. Pero os oigo.

-¡Hija de puta! – Exclamó Elliot.

Emelina se dio la vuelta lentamente, saboreando el momento. Se rió, con una risa alta y aguda, como el sonido de un pájaro agonizante.

-¿Venís a intentarlo de nuevo? – Preguntó sonriente; sus dientes eran afiladas dagas.

-Intentar es el hecho de probar. – Empezó a decir mi hermano. – Nosotros venimos a acabar el trabajo que comenzamos. – Su voz sonó más seria. – Venimos a matarte.

Ella volvió a reír.

-Joven ingenuo… ¿De verdad quieres intentarlo?

Nos sorprendió a ambas cuando Elliot se sacó una de las dagas enfundadas en el cinturón y la lanzó describiendo un arco perfecto en el aire hasta clavarse en el mismo centro del pecho de Emelina.

-Uau- exclamé.

-No lo voy a repetir. –Se asombró Elliot.

Justo en el momento en el que Emelina volvió a reír, mirando hacia su pecho y sacándose la daga, vi una sombra moviéndose en los árboles: Mónica salió con la bomba en la mano.

Intenté gritarle pero no me salió la voz. O me salió pero no lo suficiente alta. O simplemente llegué tarde.

Un hombre, el mismo al que Emelina tenía antes entre sus garras convirtiéndolo en un caballero sin corazón, apareció detrás de Mónica, empuñando una larga espada plateada que brillaba, atrapando los dorados rayos del sol de la tarde. Levantó la espada… y atravesó a Mónica con ella.

Ella cayó al suelo con los ojos abiertos, tal vez por la sorpresa, tal vez por el dolor… la bomba cayó a los pies de… mi padre, quien se encontraba cubriéndonos las espaldas junto con Dario.

Éste último la vio primero, y ya sabía que iba a hacer antes de que lo hiciese (y era él que leía las mentes)

Miré una vez más a Elliot, quien también se había dado cuenta de lo que iba a suceder;  mi hermano arremetió contra Emelina y yo corrí hacia Dario.

-¡Suelta eso!- Le dije empujándole, casi tirándolo al suelo.

-¡Tú no vas a ir! – Me gritó levantándose.

Apareció un demonio. Lo ahuyenté haciendo surgir una esfera de agua de mis manos.

-No vas a ir. –Volvió a repetirme tras haber clavado una flecha en la cabeza de un caballero sin corazón.

-Y entonces ¿qué? ¿Sacamos otra moneda?- Le repliqué.

-No. Voy yo y no se discute más.

Mi padre me cogió la bomba de las manos y salió corriendo en dirección a Ella.

No me había dado tiempo a reaccionar. Mis piernas respondieron después de unos segundos, segundos en los que mi padre me había sacado una buena ventaja.

No iba a llegar.

Me iba a quedar huérfana.

-¡Esto es por mi familia!- Le gritó mi padre a Emelina mientras le quitaba la anilla a la granada.

Elliot se sorprendió al ver aparecer a nuestro padre, pues mi hermano no se había enterado de lo que había sucedido, había estado muy ocupado molestando a Ella.

Dario apartó a Elliot de en medio con un empujón derribándolo al suelo. Yo me tiré con ellos.

No vi lo que sucedió, solo escuché el boom de la bomba.

A mí alrededor todo se llenó de humo. De un humo de un color esmeralda, o naranja, o granate, o burdeos… El humo, espeso como la miel, cambiaba de color cada vez que parpadeaba. No estaba segura de si era el humo el que cambiaba de color o mi vista había sido dañada, pues no me había tirado al suelo lo suficientemente lejos como para que no me temblara el cuerpo por el estallido de la bomba.

Estiré una mano y palpé el pelo de Dario, sabía que era el de él, ningún pelo es tan suave sin haber usado champú desde hacía meses. Elliot me puso una mano en los  hombros, para hacerme saber que estaba al lado mío.

Tosió. Y yo también.

Empezamos todos a toser, con dificultad para respirar.

-¿Es… esta… bie…? – La voz de Dario se escuchaba entrecortada entre las toses secas.

Levanté una mano y la moví con suavidad, como si estuviera acariciando con delicadeza al cielo.

Tardó un poco (yo no estaba en mis plenas facultades mágicas respirando aquel humo), pero al cabo de un minuto el humo comenzó a disiparse lentamente.

Justo antes de que su silueta tomara forma, aprecié el sonido de su risa.

La silueta no era más que el cuerpo de mi padre tirado en el suelo. Estaba quemado, una amasijo de carne negra sin forma. Todo él era… algo sin forma, carne quemada. Excepto los ojos. Los ojos seguían abiertos y perfectos. Con el color azul turquesa característico de nuestra familia. Pero esta vez, cuando le mirabas a los ojos le faltaba algo: el brillo que tienen cuando estás vivo.

Su risa vino por detrás de nosotros.

-¿De verdad creíais que lo ibais a conseguir? Hay que ser muy ingenuos y muy estúpido para pensar eso.

Emelina estaba sonriente y con los brazos cruzados sobre el pecho.

La batalla se había detenido. Ya nadie luchaba. Ambos bandos se habían separado, pero todos nos miraban a nosotros, miraban la escena: el humo, la bomba, el cuerpo…  Nadie movía un músculo.

Supongo que todos sabíamos lo que iba a pasar: solo había una manera de acabar con aquella guerra, con un asalto final. Emelina contra mí. Yo contra Emelina. Solo una queda, solo una gana.

-Lo vas a pagar. – Le advertí.

Me levanté lentamente. De repente no me dolía nada; mi vista estaba perfecta.

-¿Y cómo pienzazz hazerlo? – Me tentó Emelina; se pasó la lengua por los labios, degustando el momento.

No creía que supiese lo que hacía. Pero igualmente lo hice. Era como las otras veces en las que una voz que no se escucha me aconsejaba que hacer. Ahora sabía que eran mis padres, los dioses quienes me aconsejaban y me guiaban.

Cerré los ojos, hubiera sido un movimiento muy tonto el prescindir de la vista, pero sabía perfectamente que no ocurriría nada. Me concentré, me concentré mucho, más de lo que hubiera hecho en mi vida. Esta vez no pensé solo en el agua como había hecho otras tantas veces; esta vez pensé en todo lo que me rodeaba. Me esforcé en sentir la húmeda tierra bajo mis pies, fría y húmeda con las lluvias de primavera. El viento cálido que soplaba desde algún lugar lejano trayendo el dulce olor de las flores abriendo sus capullos. En la fresca agua que se escondía en nuestro hermoso lago no lejos de aquí. En los árboles que se levantaban a nuestro alrededor haciendo de una muralla infranqueable, bendiciéndonos con su protección. En el fuego que se escondía en cada uno de los corazones latentes allí presentes, en la fuerza fiera que se ocultaba en ellos.

-¡NO! – Oí chillar a Emelina, pero aunque hubiera querido parar, ya no podía. Era demasiado tarde.

Abrí los brazos y lo liberé.

Liberé todas las emociones que tenía reprimidas en mi interior, todas las sensaciones nuevas que había conocido, todas aquellas lágrimas derramadas en aquella aventura que se había convertido en mi nueva realidad. Solté esas fuerzas que el poder de los elementos me había otorgado. Era como desprenderme de una parte de mí que ni si quiera sabía que albergaba.

Sabía exactamente lo que estaba sucediendo, y sabía que por más que me doliese desprenderme de aquella parte, era la única manera que tenía de acabar con una amenaza que no solo había asolado al pueblo de Even, sino también a mi tierra y matado a quienes  yo más amaba.

Me dolería perder mis poderes para siempre, pero valdría la pena hacerlo por acabar con Ella.

-¡NOO! – Volvió a gritar.

Y a pesar de tener los ojos cerrados, sabía perfectamente lo que sucedía: todo mi poder salió liberado en pequeñas ondas eléctricas brillantes, que salían directamente de mi corazón. Esas ondas no chocaban con su cuerpo, sino que poco a poco penetraban en el corazón de Ella.

Mi poder, puro y bondadoso, penetraba en un corazón negro y muerto. Y positivo y negativo se destruyen entre ellos.

Había más positivos que negativos. Había más bondad que oscuridad. Porque digan lo que digan, siempre, siempre, siempre, hay bondad. Siempre hay algo bueno en todos nosotros. Por eso el bien siempre gana, porque siempre existe.

La piel de Emelina comenzó a colorearse. Brillaba como una bola de discoteca, pasaba del azul al naranja, del verde al granate y al dorado. Sus dientes se tornaron en sus feos colmillos. Los ojos de color musgo se volvieron completamente rojos. El cabello se le encrespó y se le tornó del color de las hojas podridas. Cuando gritó, salió un horrendo siseo.

Luego, desapareció.

Se convirtió en cenizas que el viento barrió, como ocurre en los libros mágicos.

Caí al suelo derrotada.

-¡Alex! – Mi hermano y Dario se arrodillaron a mi lado, preocupados. Al igual que la mayoría de los allí presentes.

Los demonios grises habían desaparecido, se habían convertido en tétricas manchas negras en la hierba, como alquitrán. Las bestias de la biblioteca no eran más que huesos tirados por ahí. Y los caballeros sin corazón ahora eran cadáveres.

-¿Estás bien? – Preguntó alguien. Gus creo.

Acababa de quedarme sin poderes, pero no me sentía diferente.

Me había sentido una persona distinta cuando los había descubierta. Sin embargo, ahora que los perdía, no notaba nada. Pero sabía que los había perdido, lo había sentido.

-¿Hemos ganado? – Se escucharon voces esperanzadas de fondo.

El cielo, hasta ahora cubierto de negras nubes, se habría mostrando el cielo más azul que alguna vez se pudiera haber visto.

-¿Lo hemos conseguido? – Se escuchó un grito de alegría a mis espaldas.

La gente comenzó a abrazarse entre ellos, reían y lloraban de felicidad.

El sol me calentó el cuerpo.

-¿Lo hemos conseguido, Alex? – Dario me preguntó en el oído, rodeándome con un brazo.

Parpadeé, y me brotaron lágrimas de los ojos. Me resbalaron por las mejillas limpiando la suciedad.

Lo habíamos conseguido.

Emelina había sido destruida.

Asentí con la cabeza y Elliot se arrodilló en frente mío.

-Me he quedado huérfana.

Y mientras los demás celebraban la caída de Ella, Elliot y yo lloramos en silencio.



3 comentarios:

  1. "Y mientras los demás celebraban la caída de Ella, Elliot y yo lloramos en silencio." Una de las frases que mas me han gustado en el último capítulo del Mundo de Even, duele admitirlo, de verdad, duele mucho. Ahora para que quiero que lleguen los lunes si no tengo capitulo nuevo de tu magnífica historia???
    Estoy deseando que llegue el miércoles.
    Yo comencé a leer la historia en el capítulo 20 o por ahi, tu ya tenías pues eso 20 capitulos publicados?? No me acuerdo. Se que al principio no comentaba, bueno a lo mejor algo, pero no con mi nombre.
    Al final se ha acabado la historia y yo sigo sin saber tu nombre, se que no es muy relevante pero es por curiosidad, te llamas Lara???
    ¡POR EVEN! ¡POR ALEX! ¡Y POR TI!
    Besos, Andrea

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  2. Todo el capítulo en sí, ha sido perfecto, y la última frase a sido demasiado (en el buen sentido). Me he puesto a llorar.
    Siempre me gustó e interesó mucho el tema de los elementos y lo dioses de los elementos, me encantaba y cuando encontré tu novela me fascino.
    Seguía todos tus capítulos y montaba una mini fiesta en mi habitación cantando la canción de Celebration.
    Yo fui una de tus muchas Anónimas, te comentaba en anónimo por que no tenía cuenta de Blogger.
    Y tu historia me embrujó desde el capítulo 21 de la primera temporada o el primer libro, recuerdo que me leí todos los capítulos anteriores en una hora y a partir de ahí todos los días ansiaba el anhelado capítulo.
    Gracias por crear una novela tan maravillosa y crear todos esos personajes tan ''perfectos''.
    Esperaré/mos, el epílogo con muchas ganas.
    Besos, Especialmente imperfectas

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  3. ay bueno decir, como las demás te digo que te quedo perfecto! y si el final me mato perdió a su padre y su hermana!! pero libero todo todo de ella para destruir la maldad de ella y no se como lo logras...pero nos adentraste a un mundo diferente en todos estos capítulos que ame....yo empece hace poquito a leerte :) creo unos tres dias..encontre el blog por casualidad y ya no pude parar :') me habia asustado cuando dario agarro la bomba y luego su padre se sacrifico por todos :') pero con eso de lloramos en silencio fue u.u nose como describirte todas las emociones que nos hiciste sentir con toda la historia! hay yaaaa me voy a leer el epi, te estoy comentando casi todo aqui y nooo... jijij besitos

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