Capitulo 57

26/2/14

¡Lo siento muchísimo! Sé que el capítulo lo estoy subiendo dos días después de lo que le toca ¡pero tengo excusa! Normalmente programo todas las entradas el fin de semana, pero vinieron unas amigas a casa a hacernos el disfraz para estos carnavales y... fin de semana que no toqué el ordenador. El lunes tuve un cúmulo de tarea y no saqué tiempo (milagro fue que la entrada de la banda de Theo estuviera programada, que en realidad fue un fallo de programación) Y ayer... no había internet, no funcionaba, caput, se fue. Así que espero que me perdonéis. Aquí os dejo el capítulo, y como lo estoy subiendo un miércoles no habrá debate esta semana, pero el viernes tendréis como siempre una reflexión, pensamiento, relato, como queráis llamarlo. Lo de siempre, leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.




-¡Tú! – Exclamé furiosa.

-¡Yo! – Se burló Ella con su angelical voz.

-Te creía muerta. –Dije.

-Yo podría decir lo mismo de ti. – Me contestó. – Esperaba que ya hubieses muerto. Te envenené con una daga, te envié a uno de mis hombres, desperté al monstruo del laberinto para que acabase con vosotros, llamé a las sombras en el Instituto para que os exterminaran y para colmo, escapasteis de los sabuesos en la Tierra Salvaje. Cualquiera diría que eres humana.

Se retiró la capucha hacia atrás, desvelando un castaño cabello perfectamente colocado en un moño bajo, con los tirabuzones más perfectos enmarcándole el sabio rostro. Los ojos color musgo le brillaban con diversión y excitación. Aquel encuentro de verdad le divertía.

-No me lo puedo creer. – Dijo Elliot.

-Encantada de volver a verte, Elliot. No esperaba que me reconocieses ¿De la avispada Alex? Por supuesto. Pero pensé que yo no había calado lo suficiente en ti como para que me recordases.

-¿Sabe? Esto solo me sirve para confirmar mi teoría de que todo aquel que se dedique a la enseñanza, es malo por naturaleza. – Respondió él.

Emelina dio un paso hacia nosotros, e instintivamente nosotros dimos dos hacia atrás.

-¿Tenéis miedo? Pensé que erais valientes. Lo habéis sido, hasta ahora. Solo hay que veros aquí. ¿Con qué se supone que vais a luchar?

-Te sorprendería. – Masculló Elliot.

La sonrisa de Emelina se ensanchó, mostrando unos horribles dientes puntiagudos, colmillos, como los que yo había soñado. Parecía disfrutar con todo aquello. Parecía que se alimentaba de nuestro miedo interno.

Sentí ganas de vomitar al recordar que yo había llorado por ella cuando la dimos por muerta ante el ataque del Instituto. Que yo casi vuelvo hacia atrás y arriesgar mi vida por salvarla a ella cuando fue todo obra suya.

-Me das verdadero asco. – Le dije.

-Tampoco puedo decir que tú me agrades especialmente. – Replicó ella con una sonrisa pérfida.

-¿cómo puedes hacer esto? ¿Por qué? No tiene ni pies ni cabeza lo que estás haciendo. Todo le mal que has causado en Even y todo el mal que quieres causar en la Tierra. No tienes perdón.

-Cielo, sino quieres que siga causando daño, es todo muy fácil: dame tu poder y yo os dejaré en paz. – Extendió la mano, como si de verdad creyese que me iba a sacar el poder del bolsillo y se lo fuese a entregar en la mano.

-¿Y de verdad crees que nos lo vamos a tragar? – Habló Elliot. – Tú eres de ese tipo de ratas que dicen que si les das lo que quiere se marcharán y no volverán a molestar. Pero en realidad lo que quieres es hacer más daño. Destruir más pueblos. Sacrificar más vidas. Escucha bien bruja: no nos la vas a jugar.

A la bruja se le borró la sonrisa de golpe. Como si hubiera sido abofeteada.

Elliot y yo nos hinchamos de valor. Esta vez, cuando dimos un paso hacia adelante ella dio uno hacia atrás.

Pero parecía que no se iba a dejar vencer tan fácil. Se cuadró de hombros e inspiró con fuerza.

-¿Vosotroz y cuantos máz?

Se me había olvidado por completo que Ella, la bruja que había visto en sueños, siseaba cual serpiente de cascabel.

Estaba tan asqueada por saber que Emelina era realmente el rostro de la voz que nos había estado atormentando, que… en fin, había olvidado cómo era esa voz y todo lo que sabíamos de ella (que no era mucho) Solo cosas de pesadillas.

-¿Quieres conocerlos? – Preguntó Elliot.

Por el rabillo del ojo vi como mi hermano metía la mano en el bolsillo: allí estaba una especie de dispositivo, en cuanto lo presionara, la puerta se abriría, y el ejército que aguardaba paciente en el lago entraría en el prado, y entonces estallarían las llamas y el caos.

Le puse la mano en la muñeca, para detenerle por un momento.

-Te voy a dar una oportunidad  para que te expliques.- Le concedí. -¿Por qué buscas esta guerra?

Ella rió en alto, echando la cabeza elegantemente hacia atrás. Incluso con los colmillos  puntiagudos y los ojos inyectados en sangre, seguía poseyendo una belleza madura que no parecía real.

Lo que yo había envidiado una vez cuando la vi, ahora me daba verdadero asco.

-Porque soy malvada, querida. Nada puede cambiarlo. – Dijo simplemente, contestando como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Miré a Elliot y asentí: Era el momento.

Solté la mano de mi hermano. Mi hermano presionó el dispositivo y yo cargué una flecha en el arco.

Justo en el momento en el que la puerta se abrió y el primer guerrero (mi padre) puso un pie en tierra, yo disparé la flecha. Tan rápida que ni se vio, pero de alguna manera ella, Emelina, consiguió esquivarla con un simple movimiento de cabeza.

-Juguemos pues. – Anunció.

Levantó los brazos por encima de su espesa cabellera y chasqueó una vez los dedos de ambas manos: de todos los rincones del bosque que nos rodeaba empezaron a salir todo tipo de seres. Estaban los pequeños seres arrugados y rosados que nos atacaron por primera vez en  la biblioteca, había demonios de masa gris y sin rostro como los que nos habían atacado en el Instituto, también estaban los hombres sin corazón, como el padre de Atara y Kai que nos había atacado en el laberinto…

De repente me di cuenta de una ventaja: nosotros habíamos sido atacados por todos sus monstruos, sabíamos cómo combatirles, pero ellos jamás nos habían visto pelear a nosotros, no sabían cómo derrotarnos.

Noté una mano en mi hombro. Me giré: era Dario. Y detrás de él estaba Gus. Y al lado de éste Loray. Y Mónica. Y Liam. Y Sandra. Y los policías. Y todos aquellos que se unieron a nuestra causa. Incluso los mortales del pueblo. Estábamos todos. Éramos un buen número, aunque nos superaban, pero no importaba porque nosotros sabíamos como pelear.

Íbamos a ganar.

-¡Fuego para los monstruos! ¡Agua para los demonios! ¡Cortadles la cabeza a los hombres, no tienen corazón! – Gritaba Elliot, dando instrucciones a nuestros guerreros, sin quitar la vista de Ella y su ejército.

Durante un latido de corazón, todos, ambos bandos, permanecimos en perfecto silencio, sin movernos, como si el mundo se hubiera congelado.

Luego estalló.

Nosotros corrimos hacia ellos. Y ellos hacia nosotros.

Ellos gritaron algo así como: “¡Por Ella!”

Y nosotros algo así como: “¡Por Even!” Lo que me recordó irremediablemente a Narnya.

Luego me vi disparando flechas a cualquier cosa que se moviese delante de mí.

3 comentarios:

  1. Hola buenas,llevo unos dias pasandomepor tu blog y me gustamuchito.

    Pd me pordria rekomendar un libro chulo, entretenido y de menos de 200 paginas? Grasias

    - juans

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  2. Ostrassssss me ha encantado el capitulo
    Por Even!!!! jajajaja si es como Narnia
    No me imaginaba que Ella fuera ella
    Besos, Andrea

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  3. OHHHHHHHHHHHH ESTO ESTA MORTAL!!!!! no lo puedo creer..Emelina??? o.o estoy asombranda no me lo esperaba de ella :/ resulto ser la malvada del cuento :/ ay noooo esto si...wow ami también me recordó a narnia...

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