Capitulo 55

10/2/14

¡Buenas! ¡Traigo nuevo capítulo! A ver que os parece. Yo... se me está echando el tiempo encima, porque solo quedan cinco capítulos para acabar la historia  ¡Y todavía no están escritos! Normalmente tengo dos o tres capítulos escritos para ir colgándolos, pero no he conseguido sacar tiempo y no están escritos. Espero de verdad ponerme las pilas esta semana, escribir todo lo que pueda y no tener que dejaros ninguna semana sin capítulo. Juro intentarlo. Quitando ese detalle ¡Cinco capítulos (más el epílogo) para acabar la historia! ¿Qué pena no? Bueno, ya os dejo el capítulo, leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste. 






-¿Te gusta?

El ayuntamiento se erguía ante nosotros, con su blanca piedra de mármol impoluta. Las estatuas de aspecto renacentista nos miraban desde lo alto del tejado, como gárgolas agarradas a éste para no caerse. Las enredaderas de un verde intenso trepaban por un lateral, dándole un aspecto encantado y misterioso.

-¿Cómo? – Pregunté.

-No sé cómo. El otro día salí a hacer una guardia con Liam y me encontré con que el ayuntamiento no había sido afectado por las llamas. El interior tampoco. – Respondió Dario dándome una sonrisa.

-Es imposible. – Susurré. Pero me daba igual: me alegraba que algo se mantuviese firme aún, era como una metáfora de lo que nosotros pretendíamos, mantenernos firmes ante la amenaza.

Empujé las pesadas puertas dobles y entré: todo estaba tan impoluto, tan perfecto, tan elegante y… normal.

-Al principio pensé que podíamos trasladar la base del campamento aquí. – Contaba Dario mientras caminábamos por el extenso pasillo, hasta llegar a las escaleras enmoquetadas en rojo granate que daban al piso superior. – Pensé que sería un sitio seguro del que protegernos por si nos atacaban y no estábamos listos. – las lámparas de araña del techo seguían brillando con la tenue luz reflejada del sol, proyectando arco iris pequeños flotando en el aire. – Pero luego me di cuenta de que no hubiéramos entrado todos. Solo habríamos podido trasladarnos los más… importantes, los más guerreros. Las cabecillas de la operación por así decirlo. – Entré en la primera sala del piso superior. Esperaba encontrarme con algún despacho, alguna sala de conferencias… pero no esto: una cama doble con dosel ocupaba la mayor parte de la habitación, sábanas de color azul oscuro como la noche y una colcha en beige, las ventanas de cuerpo entero  abiertas, dejando el viento entrar y hacer danzar a las cortinas. El suelo estaba enmoquetado en  un aspecto de lo más antiguo y elegante. – Así que decidí que tenía que aprovechar este lugar para algo mucho mejor. Algo especial. Para ti y para mí.

-Dario es… - me giré para mirarle a los ojos- perfecta.

-Más valía que lo fuese. Me ha costado hacer la cama ¿Cómo podía hacer esto todo los días mi madre? Si lo colocaba de un lado se iba de otro. Y ya no te contaré conseguir las sábanas…

-¡Calla! – Le di un puñetazo amistoso en el pecho entre risas. – Me encanta, es perfecto. Tú eres perfecto. Te quiero tanto.

Me rodeó con sus brazos en un abrazo de lo más tierno.

-Y yo te amo. Siempre lo he hecho y siempre lo haré. Te amaba cuando eras aquella chica desconocida que observaba desde las esquinas, lo hago ahora que te miro a los ojos. Te amaba  cuando eras tímida y no intercambiábamos palabras, lo hago ahora que podemos decirnos todo lo que pensamos. Te amaba cuando tú eras la chica dulce a la que proteger y cuando eras el caballero que me rescataba de la muerte. Te amaba cuando éramos niños y te amo ahora que somos mayores. Te amaba cuando eras Alex la chica, cuando eras Alex la celestial y ahora que eres Alex la diosa. No dejaré de amarte nunca. Jamás.

-Dario yo… - Parpadeé, haciendo que las lágrimas formadas en mis ojos cayesen lentamente por mis mejillas. Con su pulgar, dándome una tierna caricia, paró la trayectoria de una de ellas. – Yo… no sé qué decir. Nunca sé qué decir. Cuando hablas así parece tan fácil… yo no consigo hacer que salga las palabras. Me parece tan injusto que tú siempre me digas que me amas y yo  no ser capaz de decirte lo mucho que siento por ti.

-Inténtalo. – Susurró en mi oído.

Le miré directamente a los ojos.

-Te quiero. – Comencé- Te quiero por tantos motivos que no sabría por cual comenzar, ni si alguna vez terminaría de nombrarlos todos. – mi voz, que había sonado temblorosa, cobraba más confianza a medida que las palabras salían solas. – No sé cuando comenzó. Si empezó poco a poco o si de repente vino Cupido y me enamoró de ti a base de flechas. Solo sé que fuese el destino, Cupido, Even o la suerte, le doy gracias. Nadie me ha hecho sentir como tú lo hiciste desde un principio, cuando éramos dos simples conocidos, cuando fuimos amigos, cuando fuimos novios y lo que somos ahora, porque mis sentimientos van más allá de lo que podría haber pensado. Y… algunas chicas se asustarían de verse toda la vida con el mismo chico, toda una vida empezando desde los 16 años con la misma pareja… yo no veo el momento de que esa vida empiece. Te quiero conmigo por la eternidad.

Sus ojos estaban bañados en lágrimas. No estaba a acostumbrada a verle llorar, pero me sentó bien saber que la causante de esas lágrimas era yo. Porque eran lágrimas de felicidad. Se leían en su preciosa sonrisa.

-Y dices que no sabes decir lo que sientes. – comentó con una sonrisa sarcástica.

-Ni si quiera he sido capaz de expresar un 20% de lo que siento por ti. Te amo demasiado para decirlo con palabras.

Parpadeó varias veces para deshacerse de las lágrimas. Cómo él hizo conmigo, alcé una mano y se las sequé.

-Me gustaría poder decirte que lo intentaras. Que intentaras decirme todo lo que sientes, que no tenemos prisa, que tenemos todo el tiempo del mundo. Pero…

-No lo tenemos. – terminé la frase que él no había logrado finalizar.

-No, no lo tenemos.

Me miré los pies, volviendo a llorar de verdad.

-Lo siento. – susurré, atragantándome con las palabras.

-¿Lo sientes?

-Yo soy la que se va a luchar, soy la que tiene que librar esta guerra. Por mi culpa no tenemos todo ese tiempo. – Sollocé.

-¿De verdad crees eso? Alex, no es tu culpa tener el destino que tienes. Yo decidí atar mi destino al tuyo. No es tu culpa. Ni mía. No es nuestra. Simplemente nos tocó. Además, quién sabe. Quizás mañana podamos volver a repetir esto y en vez de lamentarnos por tener un futuro inseguro, estaremos planeando cual será el primer sitio al que viajemos. Porque vamos a viajar, mucho, a todas partes del mundo.

-¿A todas?

-Siempre y cuando sea contigo… a todas.

Entramos en la habitación, cogidos de la mano. Me senté en la cama, acariciando las sábanas oscuras y mirando el atardecer por la ventana.

-¿temes al mañana? – Le pregunté a Dario, que estaba apoyado de pie junto a la cama.
-Temo a cualquier cosa con la que pueda perderte.

No pude resistirlo más y le cogí por la cintura, obligándolo a caer encima de mí, besándome. Colocó los brazos a ambos lados de mi cabeza y se recostó más cómodo sobre mí, sin dejarme caer todo su peso.

Con un movimiento de pies ambos nos deshicimos de los zapatos a la vez.

Nos besamos un poco más, pasando las manos por el cuerpo del otro sobre la ropa, hasta que llegó el momento en que queríamos explorar lo que había debajo.

Dario comenzó a subir la mano por mi cuerpo, con el puño cerrado sobre la camiseta, arrastrándola hacia arriba. En el momento en que pasó por mi cabeza, una chispa hizo “click” en mí, y sin ninguna delicadeza le arranqué la camiseta.

Aquello le gustó, porque me dio una mirada divertida y pícara antes de volver a besarme, esta vez con muchas más fiereza. Cuando comenzó a atacar mi cuello, empecé a ver estrellas.

-¿La bestia tenía hambre? – Susurré, besando su hombro.

-Muerta de hambre.

Con un movimiento rápido me coloqué encima suya, para poder ser yo la que atacara su cuello esta vez. Me gustaba tanto, sabía tan bien…

Perdí toda la lógica cuando me despojó de los pantalones y yo lo imité quitándole los suyos.

Perdí la lógica cuando me abrazó con todo su ser.

Perdí la lógica cuando fuimos uno solo.

Perdí la cabeza, todo lo que había en ella, menos una sola cosa: lo mucho que lo amaba.


Los rayos de sol fueron el causante de mi despertar. Eso y las caricias de Dario por todo mi cuerpo.  

Me di la vuelta, para mirarle a los ojos. Me dio un beso en los labios.

-Buenos días, mi celestial.

-Se supone que ya no soy una celestial. – dije, embobada por cómo se veía su oscuro cabello brillando con la luz del amanecer.

-Seguirás siendo mi celestial.

-Podría despertar así cada mañana.- así, en brazos del chico al que amo, con nuestros cuerpos descubiertos, en la intimidad de un abrazo. Podría acostumbrarme de por vida.

-Cruza los dedos porque se haga realidad- dijo él.- Es el día ¿Estás preparada?

-¿Se puede preparar para esto? 

1 comentario:

  1. Exacto, se puede estar preparada para esto??
    Yo muero, me ha encantado, te lo juro
    Te loveo muchoooo, me ha encantado de principio a fin
    Espero que eñ lunes siguiente me des una alegria al poder leer que no han muerto, porque como mueran muero con ellos
    Besos, Andea

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