¡Hola! Aquí os dejo el capítulo 54. Sí, lo sé, fui muy malvada dejando el final que dejé en el anterior pero... si quiero ser una escritora de verdad, debo ser malvada y cruel. Al menos eso es lo que grandes escritores como Suzanne, Cassie, Veronica y demás me han enseñado. Bueno, lo de siempre, leed, disfrutad, ¡Comentad! y espero que os guste.
-No te creo. – Susurré. Pero por el contrario, sospechosas
teorías se formaban en mi mente. Cada una más terrorífica que la anterior.
-Alex, es normal que no… quieras creerlo. – Mónica se
arrodilló a mi lado. – El motivo de que Ella quiere la tierra es muy simple: te
quiere a ti. La Tierra es tu hogar y sabe tan bien como nosotros que harías lo
que fuera para salvarla, no solo por ser tu casa, sino por los recuerdos que se
quedan anclados en ella y las personas amadas por ti que la habitan. Su
propósito es un trueque: tus poderes, a cambio de la salvación de tu mundo.
Pero darle los poderes a Ella no solo te mataría al instante, porque tus
poderes son tu alma, si te los quitan, falleces. Sino porque también utilizaría
esos poderes para castigar eternamente a Even y cuando éste quedara reducido a
escombro, la Tierra.
La información iba traspasando los muros de mi cabeza y se
iban adaptando, moldeando, hasta que tomaron forma en una sola idea: yo era el
objetivo.
-Hay que detenerla. – Fue lo único lógico que pude decir, lo
demás en lo que podía pensar eran hervideros de ideas de cómo podíamos
torturarla hasta matarla.
-Eso es lo que vamos a hacer cielo. – Dijo mi padre. – No
vamos a parar hasta destruirla por completo, pero para ello debemos ceñirnos al
plan y sobretodo ser cuidadosos. No podemos hacer ningún movimiento en falso.
Asentí. Me levanté. Y me fui.
Necesitaba soledad para poder llorar. Llorar de impotencia
porque… yo no tenía culpa de lo que me había tocado. Pero tenía que cargar con
ello.
Me acurruqué bajo un roble bien lejano y me deshice en
lágrimas.
-¿Alex? – A lo lejos escuché una voz llamándome.
Hacía ya una hora por lo menos que me había escapado de todas
mis obligaciones. Y hacía tan solo diez minutos que había parado de llorar.
Sospechaba que había sido porque ya no me quedaban más lágrimas en el cuerpo,
sino, hubiera seguido desahogándome.
Se escuchó las hojas crujir bajo su peso, arrastrando los
pasos y el chocar de las manos entre los troncos de los árboles: Dario. Solo él
podía hacer tanto ruido, y solo él se hubiera molestado en venir a buscarme. Él
o Liam, pero como he dicho, el ruido solo lo podía hacer Dario.
-Te encontré. – Exclamó sin demasiada alegría en el cuerpo
cuando me vio.
Me hice a un lado en el suelo para dejarle un hueco al lado
del tronco, sin mirarle a los ojos, la vista clavada en las hojas secas del
suelo.
-¿Estás bien? – Preguntó indeciso, como si se plantease si
era una pregunta estúpida o no.
Me pasó un brazo sobre los hombros.
-Estoy rara. –Contesté- Y seca, me he vaciado en lágrimas.
-Lo sé. – Dijo, tirando del borde de mi camiseta entre sus
manos, la cual estaba completamente empapada.
-Te juro que no sé qué pensar. – Dije más para el mundo en sí
que para él o para mí.
-¿Sobre ser una diosa? Supongo que es igual que enterarte de
que eres hija de dioses de otra dimensión. Cuestión de acostumbrarse a la
noticia, supongo. Me encantaría ayudarte, Alex, pero a pesar de que tengo
algunos poderes, sigo siendo humano, no sé cómo es estar en tu situación.
Siento no ayudar.
Apoyé la cabeza en su hombro.
-Estás aquí, estás apoyándome y me quieres, eso me basta.
-¿Y por qué piensas que te quiero? – Dijo separándose un poco
para mirarme con una mirada inquisitiva y una sonrisa tirante en sus labios.
-Lo sé porque… ejem… - Señalé hacia abajo, hacia su pantalón.
Él desvió ligeramente la mirada y la volvió a subir a mis
ojos. Completamente colorado.
-La bestia quiere salir a pasear. – Dijo en bajito.
-¿La bestia? – Me empecé a reír.
-¿Ves? Ya te he hecho reír, mi trabajo aquí ya ha terminado
señores. Otro gran día para Dario Barbanti, arregla corazones.
Se puso en pie, dejando un casto beso en mis labios.
Comenzó a caminar, pero yo ya estaba de humor y quería que me
durase, así que me levanté de un salto y lo cogí por la parte de atrás de la
camiseta para atraerlo hacia mí.
-¿Dónde se cree que va, señor Barbanti?
-Esto es poco glamuroso ¿no cree señorita Girardon? – Replicó
alzando las cejas y señalando mis puños cerrados sobre su prenda.
-La pregunta correcta es ¿Te importa lo glamuroso que sea?
Una sonrisa apareció en su boca, pero en vez de abrirla para
responder la juntó con la mía. Abriéndola ligeramente, jugando con mi lengua.
Estuvimos un rato allí, tranquilamente. De pie, apoyados
contra un árbol, besándonos.
Estuvimos un muy buen rato. Hasta que sentí que no era
suficiente con besarlo. Que ahora tenía motivos verdaderos para asustarme por
el mañana y que tenía que aprovechar al máximo mí hoy con él.
Algunas personas dicen que cuando abres la brecha, esta no
vuelve a cerrarse nunca. Y que una vez que practicas sexo, pierdes la cuenta de
todas las demás que vienen.
Bien, Dario y yo posiblemente
no tendríamos todo el tiempo del mundo para perder la cuenta. Así que
nuestras veces, si las contaríamos, y serían especiales, y quedarían grabadas
cada una en nuestras mentes.
Por eso metí mis manos bajos su camiseta y comencé a
acariciarle los músculos bajo la camiseta. Él colocó las suyas en mi cintura,
metió los dos pulgares por dentro de mi pantalón y comenzó a acariciar
dulcemente los huesos de la cadera.
Tiré de su camiseta para sacársela.
Justo en ese momento se apartó abruptamente. Dejándome fría y
desconsolada.
-Aquí no Alex. – Dijo pasándose una mano por el pelo, el cual
yo me había esmerado en revolver.
-¿Por qué? – Pregunté triste, creo que hice incluso un
puchero.
-Tengo un sitio, mejor, más… romántico. Déjame que sea una
sorpresa.
-¿No se suele prepara algo especial para la primera vez? –
Pregunté entre risas.
-Pero como nosotros vamos en contra de las normas, lo
especial es la segunda vez. – Comenzamos a caminar de vuelta al campamento,
cogidos de la mano. - ¿Y cómo que no fue especial la primera vez? ¿Sabes
cuantas chicas darían lo que fuese por hacerlo con su novio en la playa a la
luz del atardecer?
-Yo no dije que no fuera especial.
Riendo y haciendo bromas llegamos hasta el campamento.
No había nadie en nuestra tienda. No había visto a Loray, Gus
o Liam desde anoche. Confiaba en que no se los hubiera comido nadie. Ni nada.
-Ponte esto. – Dario extendió la mano: en ella sostenía un
trozo de tela oscura y totalmente opaca.
-¿Me vas a raptar? – Inquirí con una voz que no parecía mía.
Seductora podría haberse descrito.
-Puede. A lo mejor un ratito. – Se puso detrás de mí,
colocando la tela sobre mis ojos, impidiéndome la visión.
Instintivamente me aferré a su brazo.
No me gustaba andar indefensa ante la oscuridad. No después
de mi expediente con las pesadillas.
-Tranquila. No te voy a soltar. – Entrelazó sus dedos con los
míos y me condujo por una red de caminos.
Dimos muchas vueltas, más de las necesarias para llegar a
cualquier parte.
Mi teoría era que quería despistarme.
Pero el caso era que yo me había criad aquí, en el bosque,
podía decirte si estábamos al norte o al sur solo por el olor de la tierra.
Ahora, te podía decir que ya no estábamos en el bosque, sino
en el pueblo.
Podía decirlo, no porque el aire oliese a azufre. El aire no
olía a nada. Nada. Podía decirlo porque sentía el aura de un fantasma en mi
espalda. No como si fuese el fantasma de mi madre, más bien, como el fantasma
de un pueblo, una gran familia, que desapareció y nunca volvió.
Andamos durante un rato por el pueblo. Procuré no transmitir
a Dario lo muy atacada que estaba. No quería volver a ver nada, ninguna casa
derrumbada, ningún escombro sobre la tierra, ninguna llama escondida ardiendo.
-Hemos llegado. – Dijo desatando la venda.
Parpadeé para acostumbrar mis ojos a la claridad.
Era el palacio de una princesa.
No te comento la de la nominacion, pero que sepas que me la he leido, yo tampoco he visto ni leido Juego de Tronos.
ResponderEliminarY el capitulo esta genial, quiero leer el siguiente cuanto antes, quiero leer el palacio de Alex...
Besos, Andrea