Capitulo 54

3/2/14

¡Hola! Aquí os dejo el capítulo 54. Sí, lo sé, fui muy malvada dejando el final que dejé en el anterior pero... si quiero ser una escritora de verdad, debo ser malvada y cruel. Al menos eso es lo que grandes escritores como Suzanne, Cassie, Veronica y demás me han enseñado. Bueno, lo de siempre, leed, disfrutad, ¡Comentad! y espero que os guste. 






-No te creo. – Susurré. Pero por el contrario, sospechosas teorías se formaban en mi mente. Cada una más terrorífica que la anterior.

-Alex, es normal que no… quieras creerlo. – Mónica se arrodilló a mi lado. – El motivo de que Ella quiere la tierra es muy simple: te quiere a ti. La Tierra es tu hogar y sabe tan bien como nosotros que harías lo que fuera para salvarla, no solo por ser tu casa, sino por los recuerdos que se quedan anclados en ella y las personas amadas por ti que la habitan. Su propósito es un trueque: tus poderes, a cambio de la salvación de tu mundo. Pero darle los poderes a Ella no solo te mataría al instante, porque tus poderes son tu alma, si te los quitan, falleces. Sino porque también utilizaría esos poderes para castigar eternamente a Even y cuando éste quedara reducido a escombro, la Tierra.

La información iba traspasando los muros de mi cabeza y se iban adaptando, moldeando, hasta que tomaron forma en una sola idea: yo era el objetivo.

-Hay que detenerla. – Fue lo único lógico que pude decir, lo demás en lo que podía pensar eran hervideros de ideas de cómo podíamos torturarla hasta matarla.

-Eso es lo que vamos a hacer cielo. – Dijo mi padre. – No vamos a parar hasta destruirla por completo, pero para ello debemos ceñirnos al plan y sobretodo ser cuidadosos. No podemos hacer ningún movimiento en falso.

Asentí. Me levanté. Y me fui.

Necesitaba soledad para poder llorar. Llorar de impotencia porque… yo no tenía culpa de lo que me había tocado. Pero tenía que cargar con ello.

Me acurruqué bajo un roble bien lejano y me deshice en lágrimas.


-¿Alex? – A lo lejos escuché una voz llamándome.

Hacía ya una hora por lo menos que me había escapado de todas mis obligaciones. Y hacía tan solo diez minutos que había parado de llorar. Sospechaba que había sido porque ya no me quedaban más lágrimas en el cuerpo, sino, hubiera seguido desahogándome.

Se escuchó las hojas crujir bajo su peso, arrastrando los pasos y el chocar de las manos entre los troncos de los árboles: Dario. Solo él podía hacer tanto ruido, y solo él se hubiera molestado en venir a buscarme. Él o Liam, pero como he dicho, el ruido solo lo podía hacer Dario.

-Te encontré. – Exclamó sin demasiada alegría en el cuerpo cuando me vio.

Me hice a un lado en el suelo para dejarle un hueco al lado del tronco, sin mirarle a los ojos, la vista clavada en las hojas secas del suelo.

-¿Estás bien? – Preguntó indeciso, como si se plantease si era una pregunta estúpida o no.

Me pasó un brazo sobre los hombros.

-Estoy rara. –Contesté- Y seca, me he vaciado en lágrimas.

-Lo sé. – Dijo, tirando del borde de mi camiseta entre sus manos, la cual estaba completamente empapada.

-Te juro que no sé qué pensar. – Dije más para el mundo en sí que para él o para mí.

-¿Sobre ser una diosa? Supongo que es igual que enterarte de que eres hija de dioses de otra dimensión. Cuestión de acostumbrarse a la noticia, supongo. Me encantaría ayudarte, Alex, pero a pesar de que tengo algunos poderes, sigo siendo humano, no sé cómo es estar en tu situación. Siento no ayudar.

Apoyé la cabeza en su hombro.

-Estás aquí, estás apoyándome y me quieres, eso me basta.

-¿Y por qué piensas que te quiero? – Dijo separándose un poco para mirarme con una mirada inquisitiva y una sonrisa tirante en sus labios.

-Lo sé porque… ejem… - Señalé hacia abajo, hacia su pantalón.

Él desvió ligeramente la mirada y la volvió a subir a mis ojos. Completamente colorado.

-La bestia quiere salir a pasear. – Dijo en bajito.

-¿La bestia? – Me empecé a reír.

-¿Ves? Ya te he hecho reír, mi trabajo aquí ya ha terminado señores. Otro gran día para Dario Barbanti, arregla corazones.

Se puso en pie, dejando un casto beso en mis labios.

Comenzó a caminar, pero yo ya estaba de humor y quería que me durase, así que me levanté de un salto y lo cogí por la parte de atrás de la camiseta para atraerlo hacia mí.
-¿Dónde se cree que va, señor Barbanti?

-Esto es poco glamuroso ¿no cree señorita Girardon? – Replicó alzando las cejas y señalando mis puños cerrados sobre su prenda.

-La pregunta correcta es ¿Te importa lo glamuroso que sea?

Una sonrisa apareció en su boca, pero en vez de abrirla para responder la juntó con la mía. Abriéndola ligeramente, jugando con mi lengua.

Estuvimos un rato allí, tranquilamente. De pie, apoyados contra un árbol, besándonos.
Estuvimos un muy buen rato. Hasta que sentí que no era suficiente con besarlo. Que ahora tenía motivos verdaderos para asustarme por el mañana y que tenía que aprovechar al máximo mí hoy con él.

Algunas personas dicen que cuando abres la brecha, esta no vuelve a cerrarse nunca. Y que una vez que practicas sexo, pierdes la cuenta de todas las demás que vienen.

Bien, Dario y yo posiblemente  no tendríamos todo el tiempo del mundo para perder la cuenta. Así que nuestras veces, si las contaríamos, y serían especiales, y quedarían grabadas cada una en nuestras mentes.

Por eso metí mis manos bajos su camiseta y comencé a acariciarle los músculos bajo la camiseta. Él colocó las suyas en mi cintura, metió los dos pulgares por dentro de mi pantalón y comenzó a acariciar dulcemente los huesos de la cadera.

Tiré de su camiseta para sacársela.

Justo en ese momento se apartó abruptamente. Dejándome fría y desconsolada.

-Aquí no Alex. – Dijo pasándose una mano por el pelo, el cual yo me había esmerado en revolver.

-¿Por qué? – Pregunté triste, creo que hice incluso un puchero.

-Tengo un sitio, mejor, más… romántico. Déjame que sea una sorpresa.

-¿No se suele prepara algo especial para la primera vez? – Pregunté entre risas.

-Pero como nosotros vamos en contra de las normas, lo especial es la segunda vez. – Comenzamos a caminar de vuelta al campamento, cogidos de la mano. - ¿Y cómo que no fue especial la primera vez? ¿Sabes cuantas chicas darían lo que fuese por hacerlo con su novio en la playa a la luz del atardecer?

-Yo no dije que no fuera especial.

Riendo y haciendo bromas llegamos hasta el campamento.

No había nadie en nuestra tienda. No había visto a Loray, Gus o Liam desde anoche. Confiaba en que no se los hubiera comido nadie. Ni nada.

-Ponte esto. – Dario extendió la mano: en ella sostenía un trozo de tela oscura y totalmente opaca.

-¿Me vas a raptar? – Inquirí con una voz que no parecía mía. Seductora podría haberse descrito.

-Puede. A lo mejor un ratito. – Se puso detrás de mí, colocando la tela sobre mis ojos, impidiéndome la visión.

Instintivamente me aferré a su brazo.

No me gustaba andar indefensa ante la oscuridad. No después de mi expediente con las pesadillas.

-Tranquila. No te voy a soltar. – Entrelazó sus dedos con los míos y me condujo por una red de caminos.

Dimos muchas vueltas, más de las necesarias para llegar a cualquier parte.

Mi teoría era que quería despistarme.

Pero el caso era que yo me había criad aquí, en el bosque, podía decirte si estábamos al norte o al sur solo por el olor de la tierra.

Ahora, te podía decir que ya no estábamos en el bosque, sino en el pueblo.

Podía decirlo, no porque el aire oliese a azufre. El aire no olía a nada. Nada. Podía decirlo porque sentía el aura de un fantasma en mi espalda. No como si fuese el fantasma de mi madre, más bien, como el fantasma de un pueblo, una gran familia, que desapareció y nunca volvió.

Andamos durante un rato por el pueblo. Procuré no transmitir a Dario lo muy atacada que estaba. No quería volver a ver nada, ninguna casa derrumbada, ningún escombro sobre la tierra, ninguna llama escondida ardiendo.

-Hemos llegado. – Dijo desatando la venda.

Parpadeé para acostumbrar mis ojos a la claridad.

Era el palacio de una princesa.


1 comentario:

  1. No te comento la de la nominacion, pero que sepas que me la he leido, yo tampoco he visto ni leido Juego de Tronos.
    Y el capitulo esta genial, quiero leer el siguiente cuanto antes, quiero leer el palacio de Alex...
    Besos, Andrea

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