¡Lo prometí y aquí está! ¿Recordáis que había dicho que todavía no estaba terminada de escribir la histora? Pues... sigue sin estarlo. De hecho solo tengo apenas principio del 57. ¡Pero aquí está el 56! Y, además, ya están escritos los dos primeros capítulos de la nueva historia que habrá después de que se acabe mi muy amado Mundo de Even. Juro con la mano sobre le corazón que haré todo lo posible por escribir el 57 y los que quedan para no dejaros sin capítulo ninguna semana. Mientras tanto, disfrutad de este, y pido perdón por adelanto pro el final que he dejado. Ya sabéis, leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
-¡Ponte el casco! – Gritaba una voz por detrás de mí.
-Átate las correas o se te caerá toda la armadura- Dijo otro
vociferando.
-¿Me dais agua? – Preguntaba alguien con voz perdida.
-¡Agilicen! ¡Vamos, vamos! – La voz de Mónica se escuchaba
por encima de todas, incluida por encima de mis propios pensamientos.
-¿De dónde han sacado tanto metal? –Pregunté yo al aire
mientras me colocaba la armadura: cubría pecho y espalda, justo hasta la
cintura, protegiendo los órganos más importantes.
Tenía un cierto aire a armadura griega. O romana. No se me da
bien la historia.
-Pues mientras tú y el caballero de brillante armadura.
–Empezó a decir mi hermano señalando a Dario quien se estaba colocando su
armadura- - estabais no quiero saber haciendo qué, algunos voluntarios viajaron
a Even y recogieron todo este material: armaduras, espadas, arcos… Yo no sé que
tienen en contra de las armas de fuego pero en fin, mientras funcione contra
esas cosas como si son flores y unicornios.
-Un unicornio no estaría mal. –Apunté yo.
-La verdad es que no.
Le pedí ayuda para que me apretase las correas de la armadura
y lo mismo hice yo con las suyas, asegurándome de que no se fuesen a soltar.
Ambos cogimos un cinturón para las armas e envainamos una espada cada uno y un
par de cuchillos.
Me sentí terriblemente pesada.
-¡qué va! –exclamé. - ¿A quién engaño? No voy a coger una
espada ¡quiero mi arco!
-Aquí tienes. – Liam apareció, armado hasta las cejas,
tendiéndome un arco y un carcaj lleno de flechas.
-Esto se me da… - me fijé en que llevaba un arco al hombro-
se nos da, mejor. ¿Vas a pelear?
-¿Pensabas que te iba a dejar sola? ¿Y que tú te llevaras
toda la diversión? ¡Ni pensarlo fantasmita!
¡Odiaba que me llamaran fantasmita! Siempre lo había
odiado, me hacía sentir insultada por
algo que yo no podía remediar, como era mi físico. Pero en ese momento,
saliendo de los labios de Liam, me pareció lo más bonito que me podía decir,
porque me recordaba al ayer, a cuando todo era normal y no corríamos peligro.
Abrió ligeramente sus brazos, y yo corrí a que me abrazara. No
quería, pero no podía dejar de pensar que tal vez esta sería la última vez que
lo abrazara. Me demoré unos segundos en soltarle.
-Será divertido, seguro. – Loray también se había cubierto de
arriba abajo de metal y protecciones. Su rubio cabello estaba trenzado en dos
largas trenzas de raíz. Así no le molestaría durante el combate.
-Me gustaría poder calcular las posibilidades que tenemos de
morir y de vivir. No sé cómo luchar. Lo mío es el cerebro- Dijo Gus incómodo
entre su armadura, sosteniendo una espada como si fuese el objeto más raro del
mundo.
-Exacto. – Dijo Dario uniéndose de nuevo a nosotros. – Tu
cerebro nos será de gran ayuda en la batalla. Más vale maña que fuerza.
-Espero que sea cierto. – Le contestó el otro con un suspiro.
-chicos –mi padre salió de entre los árboles- es la hora.
Despedíos, por ahora, nos veremos más tarde.
Con la misma se fue, rumbo a la orilla del lago, donde al
parecer los dioses habían colocado esa puerta que abriría paso al ejército.
Elliot y yo deberíamos irnos caminando ya, para llegar al claro, solos, a pie,
sin levantar sospechas.
-Hasta ahora. – El primero fue Gus, quien me dio un abrazo a
mí y un apretón de manos Elliot.
-Suerte, no la caguéis hasta que lleguemos. – Loray, tan
simpática. Aún así me dio un abrazo bien fuerte, como si de verdad estuviera
asustada de que algo pudiera pasarme.
-No hagas tonterías. Limítate al plan. No hagas nada por tu
cuenta. Limítate al plan. Te lo pido con el corazón en un puño, por favor.
-Liam, tu confianza me sorprende.
-Entiéndeme, te conozco. Suerte, Alex- Me dio un abrazo, y un
beso en la frente y de vuelta un abrazo y no quería soltarle, pero tuve que
hacerlo. Y entonces llegó el turno de Dario.
Se plantó en frente de mí. Esta vez dimos unos pasos atrás
para apartarnos un poco de todos los demás. Me miró a los ojos.
-Te amo. –Dijo.
-No más que yo. –Le respondí.
-No voy a decirte adiós, no me hace falta. –Dijo entonces.
-Lo sé, esto no es una despedida. – Le recordé.
-Nos vamos a volver a ver.
-Vamos a estar una
eternidad juntos.
-Solo te pido que tengas cuidado, por favor. No hagas
locuras. No hagas tonterías. Por favor te lo pido.
-¿Qué os pasa a todos con que haga tonterías? – Pregunté yo.
-Pues que las haces. – Me respondió.
-Pero yo… - No terminé la frase. ¡Demonios! No sabía que iba
a decir. Los labios de Dario sellaron los míos con ternura y firmeza a la vez.
Me negaba a aceptar que este sería nuestro último beso. Simplemente me negaba.
-Te amo. – Le dije cuando nos separamos.
-No más que yo. – Me respondió y luego, comencé a caminar
junto a Elliot.
Era un camino relativamente largo, unos… cincuenta minutos
caminando a pie. Apretamos el paso, lo suficiente para ganar terreno pero no
tanto como para cansarnos.
-¿Tienes miedo? – Preguntó Elliot al cabo de un rato.
El haber estado en silencio me había producido una cierta paz
para poder pensar sobre lo que estaba a punto de suceder. Pero tenía que
admitir que hablarlo, sacarlo fuera era mucho mejor.
-Me tiembla todo el cuerpo. –Contesté.
-A mi me castañean los dientes.
-¿Piensas que lo conseguiremos? - Le miré.
-Anoche recé por ello. Y yo no rezo desde la comunión.-Me
miró. - ¿Pudiste dormir?
-Por raro que parezca, sí. Pude dormir. Poco, pero pude.
-¿En brazos de tu amado? – Elliot enarcó una ceja.
-¿Qué dirías si así fuese?
-Que quiero vivir para ser tío. – Respondió con sinceridad,
con un velo de preocupación en los ojos.
-Y yo vivir para que lo seas. – El tema de los hijos era algo
que nunca me había gustado demasiado ¿Pero ahora? ¡Oh por favor! Quería vivir
para formar una familia. Con vivir para ver salir el sol mañana me bastaba,
sinceramente.
-Saldremos de esta. – Me dio la mano, un fuerte apretón, para
transmitirme la ciega confianza que tenía.
¿Confiaba en mí? ¿En el plan? ¿En los dioses? ¿En sus rezos?
No lo sabía. Pero yo también decidí confiar en que todo iría bien.
Seguimos avanzando por el bosque, con paso seguro, esta vez
sin que nos temblaran los cuerpos.
Las hojas resecas crujían bajo nuestros pies, e incluso yo,
que por norma era como un guepardo silencioso, hacía un barullo que delataba
claramente nuestra posición.
Tampoco sabía si Ella iba a estar exactamente allí. No es
como si le pudiéramos mandar una carta, o un mensaje, o señales de humo. Solo
debíamos confiar en que nos estuviera vigilando a mí y a Elliot, y de que se
diera cuenta de que este era el momento: de que todo debía terminar ya, con un
vencedor y un perdedor. A definir quién era cada uno.
Llegamos al descampado cuando el sol estaba en lo más alto
del cielo azul. Estaba desierto. No había verde en el suelo, solo un frío
marrón, indicándonos que el invierno nos estaba rodeando. Los árboles de
alrededor estaban en perfecta calma. No se escuchaban a los animales. Ni a las
aves.
Estaba todo en el más absoluto e inquietante silencio.
Por eso supe que Ella estaba allí.
Como la primera vez que tuvimos contacto con este mundo de
locos. En la biblioteca, todo había comenzado así, con un escalofriante e
innatural silencio y luego con la aparición de aquellas monstruosidades.
Elliot también lo sabía y estaba listo para la batalla. Por
eso, dio un paso hacia delante, levantó los brazos hacia el cielo y gritó
mirando alrededor:
-¡Da la cara, vieja bruja! ¡No te tenemos miedo! ¡Déjate ver!
Haciendo oídos a sus súplicas, los árboles a la izquierda
nuestra se movieron, delatando una ubicación. Sin embargo, la sombra salió de
entre los árboles justo en frente de nosotros.
Al principio no podía distinguir nada, solo que era mujer,
por la elegante forma de andar. La capucha de una larga capa color morado le
cubría las fracciones.
Pero justo cuando pensé que se quitaría la capucha y
descubriría una horrenda cara deformada, como la de un demonio, escuché su
risa.
Esa risa que yo había estado escuchando en sueños, en
pesadillas.
Y por fin, la reconocí.
PD: ¡Hemos llegado a las 50.000 visitas! Cierto es que son pocas comparándose con otros grande blogs, pero hemos hecho un crecimiento muy rápido estos últimos meses y solo quería daros las gracias a cada uno de vosotros. Y que espero que sigamos creciendo mucho más y que no pare. Un beso enorme a todos.
PD: ¡Hemos llegado a las 50.000 visitas! Cierto es que son pocas comparándose con otros grande blogs, pero hemos hecho un crecimiento muy rápido estos últimos meses y solo quería daros las gracias a cada uno de vosotros. Y que espero que sigamos creciendo mucho más y que no pare. Un beso enorme a todos.
Si... nos tienes que pedir perdon, me has dejado con la intriga quien narices es??? No sera la amiga??, Sandra creo que se llamaba
ResponderEliminarY por cierto yo tambien quiero que Elliot sea tio y que vea a su sobrino, te lo dejo asi disimuladamente.
Me han gustado todas las despedidas y si te soy sincera al final le voy a coger cariño a Loray. Y no se si lo dije en este blog que todavia no me habia leido la saga de Percy, queria decir que me la he terminado y que tengo las pelis, por Dios amo a Logan, en serio lo amo. Y te preguntaras por que te cuento yo esto, pues por que me ha recordado al ultimo libro de Percy
Y que bien hay nueva historia, quiero leer el adelanto.
Besos, Andrea
PD:No te llamaras Yadira??
ayyyyyyy quien es????? QUIENNNNN??? que emoción ya estoy llegando al final!! y quiero comentarte todo.....primero y principal amo a Dariooooo jkdsdsak ellos dos me E-N-C-A-N-T-A-N adoro a Elliot ...ya aparecio esa bruja malvada -.- ...ya sigo leyendo
ResponderEliminar