Capitulo 36

12/8/13

¡Hola artistillas! ¿Sabéis? He estado pensando y os estoy malcriando. Esto de subir los capítulos tan seguido y tal, os estaba acostumbrando demasiado y después, cuando me pasa esto de que no subo os enfadáis conmigo. No digo que no tengáis motivo, no lo he dicho, pero creo que voy a tener que reducir el número de capítulos por semana. En vez de dos, subiré solo uno. Por un motivo bastante principal: porque queda muy poco para que se acabe la segunda entrega y yo todavía estoy empezando con la tercera y quiero tener por lo menos la mitad escrita para cuando esta se acabe, para no estar mucho tiempo sin subir capítulo debido a que la esté acabando. ¡Ah! Y aprovecho para decir que no he subido muchas cosas, como reseñas y eso porque la saga que me estoy leyendo, Oscuros, subiré la reseña de los cinco libros en conjunto. Bueno pues eso. Ahora leed, disfrutad ¡COMENTAD! y espero que os guste.







-¿Necesitáis algo? – Nos preguntó Mónica.

-Fe – Respondió mi hermano – Necesitamos que tengáis fe en nosotros.

-Cuando os de la señal, os agarráis todos de las manos. Todos. Si alguien no se sujeta lo suficientemente fuerte, podría quedarse solo aquí.

Con cada palabra que decía, la sentía en mi corazón como un bloque pesado de verdad, se anclaba en mí. Si fallo, fallamos. Si muero, morimos. Era un riesgo que debía correr, así como una responsabilidad que debía soportar.

Elliot y yo nos cogimos de las manos. No habíamos formado un círculo con velas, ni buscado algunas palabras que decir, tampoco necesitábamos hierbas o agua. En realidad, no necesitábamos nada. Ninguno sabía cómo actuar, solo albergaba una certeza de que lo único que podía salvarnos era creer que nuestros padres nos rescatarían.

Inhalé hondo.

-¿Están todos aquí ya? – Pregunté. Si alguien no conseguía oírme dar la señal, no se cogería a la mano de nadie, nadie se acordaría de él, nadie estaría aquí para acompañarle en la soledad. Moriría con nadie.

-Faltan los niños más pequeños – Me informó Mónica haciendo recuento – Estarán en los baños al fondo, iré a buscarlos, no tardaré. Esperad.

Suspiré.

Cuanto más tiempo pasaba peor me sentía. Cuanto antes lo hiciéramos, menos tiempo tendría para pensar, menos tiempo para sentir la carga sobre mis hombros. Menos tiempo para sentir miedo.

Elliot me dio un suave apretón, dándome ánimos. Le miré y contra mi fuerza de voluntad conseguí esbozar una sonrisa. No hacía falta que ninguno lo dijera: nos moríamos de miedo. Barrí la estancia con la mirada. No veía más que los rostros de extraños inocentes que depositaban su confianza en mí. ¿De verdad confiaban? Eso era la peor. No saber si realmente depositaban su confianza, que pensaran de ante mano que les íbamos a fallar. Sentí ganas de vomitar

-¡Eh! – Dario me cogió de la otra mano – Todo va a salir bien. Lo haréis bien. Yo confío en vosotros.

-Yo también confío en vosotros – Gus apareció detrás de Dario, y le tomó la mano a él.

Dario se tensó, pero debajo de esa tensión se leía gratitud en sus ojos.

-Yo también confío en vosotros – Loray apareció de la nada, ondeando su enorme cabello rubio. Tomando la mano de Elliot.

-Y yo

-Yo también confío

-¡Confiamos en vosotros!

-Sabemos que lo haréis bien.

-¡Gracias, Celestiales!

La sala se llenó de gritos de ánimo: confiaban. Creían en nosotros.

Poco a poco todos nos habíamos cogido de las manos, habíamos formado un enormísimo círculo. Las ganas de vomitar fueron sustituidas por ganas de llorar. Jamás me había sentido tan amada y agradecida por tantas personas. Jamás nadie me había dicho que confiaba en mí con tanta devoción. Jamás pensé poder estar tan agradecida a extraños que no conocía. Éramos cientos de alumnos, desde niños de cinco años hasta casi adultos de diecinueve, pasando por chicos como nosotros de quince años. Todos unidos por una causa mayor: salvar Even, salvar la Tierra. Salvar la vida de Ella.
Una mano pequeñita y caliente fue sustituida por la fuerte de Dario. Miré hacia abajo: Claudia, ricitos de oro, la niña a la que había vendado la pierna estaba allí, mirándome con sus enormes ojos verdes, sonriéndome como si volviera a ver el sol después de años atrapada en la oscuridad.

Tal vez fuese así, tal vez estas personas llevan atrapadas bajo la oscuridad con la que Ella ha cubierto Even. En ese momento caí en el hecho de que en ese círculo de confianza no solo había personas de la Tierra perdidas en Even, también había evenianos aquí. Nacidos en esta tierra, y que sin embargo se habían unido a nosotros con el objetivo de salvar su mundo.

El objetivo común que nos unía era mayor del que pensaba.

-Yo confío en ti – Susurró Claudia, con su dulce voz.

Sonreí y dejé que las lágrimas de agradecimiento recorrieran mi rostro, sin que me importara que nadie me viera, sin importarme que pensaran nada de mí.

Le iba a salvar.

Apreté la mano de Elliot.

Les íbamos a salvar.

-Estamos todos – anunció Mónica, cogiéndose de la mano de dos niños, no mayores de nueve años.

Miré a Elliot, él me miró a su vez. Asentimos una vez, listos para hacer lo que fuese que tuviéramos que hacer.

Cerramos los ojos; él apretó mi mano  y yo a mi vez apreté la de la niña.

Apreté los ojos tan fuerte que vi miles de puntitos de colores tras mis párpados, como fuegos artificiales difuminados por la niebla. Intenté concentrarme tanto como pudiese. Sabíamos que serían nuestros padres quienes nos ayudaran, ellos eran nuestro elemento interior. No grité sus nombres, no pensé en llamarlos con la mente. Únicamente pensé en el momento en el que los vi, tan majestuosos e increíblemente bellos ante mí, la dulce y melodiosa voz de mi madre, como las olas rompiendo en la orilla, limpias y tranquilas; la furia de mi padre, convertida en bondad y agradecimiento, en amor y cariño. También pensé en la diosa de la tierra, tan bella como el capullo de una rosa al florecer cada mañana, el delicado rostros que escondía la guerrera de la madre tierra dentro. Mónica dijo que teníamos que llamar a nuestro elemento interior, ella dijo que yo tenía dos. Fuese bueno, fuese malo. Fuese lo que fuese, debía usarlo.
¿Recordáis cuando escribí mi pregunta en el libro de las preguntas sin respuestas? ¿Aquella melodiosa voz de ángeles cantando? ¿La dulce voz de la niña hablándonos? Ahora es cuando sé que la voz no salía del libro, que estaba en mi cabeza, en nuestras mentes.

Esa misma música angelical comenzó a sonar; estuviera resonando por la sala o tocando solo en mi mente, yo podía escucharla. Y por descontado, sabía que Elliot también.

Apareció el rostro de la diosa de la tierra, tras ella el del viento y por último, tomados de la mano, aparecieron los dioses del fuego y agua, nuestros padres.
-Ayudadnos – Susurramos Elliot y yo.

Los cuatro sonrieron al unísono. Los cuatro levantaron ligeramente las manos, extendiéndolas hacia nosotros.

El suelo tembló bajo nuestros pies, como si un violento terremoto sacudiera el edificio entero. Por un momento temí que los horribles demonios que nos habían atacado hubieran dado con una forma de entrar al sótano. Mantuve los ojos cerrados, concentrada en los dioses, movida por el impulso de recordar que la muerte de Emelina no fuese en vano. Apreté más la mano de Elliot cuando sentí que bajo mis pies no había más que aire.

Caímos a la nada. Todos. Agarrados de las manos. Caímos al vacío.


3 comentarios:

  1. Ahhhhhhhhh!!!!!!! QUE?!?!?!? Como que todos caen al vacío???? Pero los dioses les ayudarán no??? Ahiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii yo también confio en ellos jajaja
    Que bonito todo el mundo de la mano, me a encantado el capítulo, es uno de mis favoritos, entre ellos esta también el capítulo de la primera temporada en el que estan Alex y Dario en la casita en la que Alex hace que explote una mesita, me encantaaaaaaaaaa tu historia!!!!!!!
    Besos, Andrea

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    1. Jajajaja jjummmm ya veremos que pasa en el siguiente.
      Pues coincidimos porque ese capitulo tambien es uno de mis favoritos. Gracias, de verdad, me encanta que te guste tanto.
      Un beso

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  2. Ahhhhhh que emoción!!!!! Están volviendo..ahhhhhhh sigo leyendooo!!

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