Hola! Aqui el capitulo 3 jeje. Bueno se que este es un poco mas corto y eso, pero igualmente espero que os guste. Besos :D
Sueño. Estoy
soñando, y a pesar de que estoy tirada en el suelo inconsciente me entero de lo
que está pasando. Sueño que estamos en un lago, un lago de agua cristalina,
nadando. Estamos yo y mi hermana, y de la nada emerge Elliot y un poco más allá
Dario. Nadamos, reímos hasta que la tormentosa imagen de mi padre hundiéndose
con el coche y yo no poder ayudarle me atormenta. Noto como yo también me estoy
ahogando, el agua entra por mí, y me llena hasta salir por mi boca y nariz. En
mi sueño estoy muerta y sé que aún no lo estoy en la realidad. Vuelvo a notar
agua, aunque esta vez es de verdad. Dario me ha estado salpicando la cara con
un líquido frío para despertarme.
-¿Cuánto
tiempo he estado inconsciente? – me levanto sobresaltada
-no lo sé,
creo que más o menos un día. Igual que yo. Me acabo de despertar hace unos
minutos.
-deberíamos
ponernos en camino pero que… ¿Qué ha pasado con el bosque? – ya no hay bosque.
Nos encontramos dentro de la misma cueva, pero el paisaje ha cambiado. Ya no
estamos rodeados de terroríficos árboles negros sino de palmeras y árboles
tropicales cargados de frutas de aspecto jugoso. Del techo de la cueva sigue
cayendo una fina cortina de agua cristalina, es porque ahora ante nosotros hay
una enorme laguna, y estamos en el interior de su cascada. Miro al cielo y veo
todo tipo de aves volando en libertad. Estas si son aves que conozco de los
libros o de verlas en el bosque no como la bestia de anoche. También puedo ver
algunos chimpancés colgados de las ramas y saltando en lianas. Esto sí es un
paraíso y se lo digo a Dario. – Esto es con lo que cualquiera ha soñado, un
verdadero paraíso tropical. Podría quedarme aquí mirando este paisaje y no
cansarme nunca
-Yo también,
aunque… siento decepcionarte pero no podemos, tenemos que ir a buscar a Elliot.
– Dice mientras recoge mi arco y el carcaj. Al darse la vuelta me supongo que
se habrá asustado porque ya no estoy. Oigo como chilla mi nombre. Lo chilla
unas cinco veces más antes de encontrarme.
Me he tirado
al agua, estoy nadando en la laguna, y salpicándole agua para arriba
invitándole a entrar.
-Ven el agua
está estupenda – digo mientras doy algunas brazadas hacia atrás
-No puedo,
es que… no sé nadar – oh, yo no contaba con eso, bueno de todas maneras tiene
que tirarse es la única forma de salir de la cueva.
-Tranquilo,
en el agua todo flota, venga te daré una clase rápida. – me tira el carcaj y el
arco y los recojo moviéndome tranquilamente por el limpia agua. Poco después,
tras pensar si se tiraba o no, Dario salta y voy para darle su pequeña clase.
Le enseño como tiene que mover los brazos, una brazada típica y bastante fácil.
Le digo que no se preocupe que tendrá que nadar muy poco porque más o menos en
la mitad se hace pie. Y si yo hago, él que es más alto también.
Nadamos unos
cincuenta metros despacio, Dario muy concentrado en no ahogarse y yo vigilando
que no se ahogue. Mi padre me enseñó a nadar en la playa cuando tenía seis o
siete años, en unas vacaciones en una ciudad costera. Además en el colegio
estuve apuntada en el equipo de natación año y medio, ya entonces no era buena
y ahora no soy mucho mejor, aunque sé moverme en el agua sin ahogarme, algo es
algo.
-Tranquilo,
mira, diez metros más y haces pie. – esos diez últimos metros le parecen
interminables por lo que me da a entender. Se esfuerza e intenta nadar más
rápido pero me dice que pensaba que cada vez estaba más lejos.
-Gracias
otra vez, me has salvado la vida y me has enseñado a nadar, te debo otra. – me
dice poniéndome una mano en el hombro
-No pasa
nada ya te las cobraré – le digo poniendo yo una mano sobre su hombro y
sonriendo, una sonrisa que me llega de oreja a oreja.
-Mejor
movámonos, no estoy muy seguro en el agua
-Sí, no me
gusta el agua desde… - No acabo la frase, decirlo en voz alta solo me causa más
dolor, y Dario se da cuenta porque no habla y sigue andando.
Andamos por
el agua, vamos lento porque sé que a Dario le cuesta mover su pierna herida por
el agua. Realmente no tiene nada grave pero con el espanto de vendaje que le
puse puede que le duela más de lo que debería. Estamos a unos sesenta metros de
la orilla y Dario se para.
-¿Qué te
pasa? ¿Es la venda? ¿Te duele el pie? – le acoso a preguntas
-No,
tranquila no he notado nada desde anoche, es que tengo un hambre mortal – se
queja poniéndose las dos manos en el estómago. Si es verdad, con el ruido al
caminar no me he dado cuenta pero le suenan un montón las tripas, y a mí
también.
-Si supongo
que deberíamos comer algo
-¿Por qué no
pescamos?
-¿tú has
pescado alguna vez?
-No, pero
suponiendo que tú sabes cazar, pescar no puede ser mucho más difícil.
Pues no, no
lo es, para él no para mí. Cojo una flecha y me acerco lentamente a un grupo de
peces casi pegados a la superficie. Intento ensartarlas en la flecha pero son
muy rápidos y no puedo. He cazado millones de veces a perros en movimiento, lo
que es de puntería siempre, todo se me ha dado bien. Pero lo de pescar, me está
costando bastante. Dario también ha cogido una flecha e intenta hacer lo mismo
que yo, acaban escapándose, aunque se tira sobre ellos y consigue uno. Bueno,
uno no es mucho pero al menos matará el gusanillo hasta que consiga cazar algo.
Ya que
tenemos algo para comer seguimos caminando hasta llegar a la orilla. Nos
tiramos a la amarilla y suave tierra como si no la hubiésemos visto en décadas.
Nos restregamos sobre ella, así que nos embarramos y tenemos que volver a
entrar al agua para lavarnos. Dario entra primero y se quita la camiseta para
restregarla y lavarla bien. Yo todavía no me he metido y le doy el consejo de
que también lave bien los pantalones para que no se le infecte la herida. Me
hace caso, y también se lo quita
quedándose en ropa interior. Ahora me siento incómoda al verle tan ligero de
ropa así que aparto la vista, pero me grita:
-Es cierto
que el agua está estupenda ¿Por qué no vienes y haces tu colada? – me pongo
roja como un tomate, porque he vuelto a mirarle. Soy una adolescente de catorce
años, no es mi culpa son las hormonas, y que Dario entrene tampoco me ayuda. Al
final dejo la tontería de las hormonas para otro día porque voy a acabar
exprimiéndome el coco. Voy al agua y buceo durante unos quince minutos. Nado
hasta unas rocas que están en la orilla de la laguna. Si me sentí incómoda
viendo a Dario en ropa interior, no quiero pensar como me sentiría si me viera él.
Tengo vergüenza cuando se trata de chicos, menos con Liam, soy incapaz de
apenas hablar con ellos, mucho menos desnudarme. Restriego mi camiseta en una
roca que utilizo como tabla de lavar. Está muy sucia, hay barro y sangre seca
con la que debí mancharme cuando curaba a Dario (suerte que es negra y no se
nota mucho). Me permito descansar flotando en el agua, mientras dejo que se
seque un poco la ropa. Al principio temo que Dario venga o un animal me ataque
pero en cualquier caso las probabilidades son mínimas. Ahora que estoy aquí
flotando, relajada consigo aclarar algún pensamiento, y hacerme algunas
preguntas que se que no les voy a encontrar una respuesta: ¿Cómo llegamos aquí?
¿Por qué cambio el paisaje mientras dormíamos? ¿Qué era aquella niebla? ¿Por
qué me preocupo tanto por ese chico tan misterioso? ¿Por qué tengo pesadillas
con perder a Liam? Y la pregunta que siempre me ha rondado la cabeza pero he
estado muy enfadada para poder planteármela ¿Por qué mi madre me echó la culpa
del accidente de papá? Otras como ¿Habrá comida que no sea venenosa? ¿Seré
capaz de cazar algo en buen estado o todos los animales son peligrosos tanto
por fuera como por dentro? ¿Esta agua es potable y podríamos beber algo de
ella? Esas son las preguntas más importantes, preguntas cuyas respuestas nos
mantendrán con vida.
holaa!! me encanta como escribes y tu historia es super original!! me gustaria que alguien como tu me dijera que tal voy con mi blog jaja tambien estoy escrbiendo una historia :P un beso
ResponderEliminarJajajaja Pues por ahi me veras de vez en cuando criticando un poquito jajaj. Muchisimas gracias de verdad, comentarios como este son lso que me animan a seguir.
EliminarUn beso