Capitulo 16: Aria

28/7/14

¡Buenas! ¡Nuevo Capítulo! Este es un poquito más largo que el anterior. A partir del ... ¿20? He estado intentándolos hacer un poquito más largos. Os cuelgo la misma canción que en el capítulo anterior, porque es te es el punto de vista de Aria. Ya os comenté de que al principio los capítulos iban a ser un poco repetitivos, digamos, porque era el punto de vista de cada uno. A partir de que se vean obligados a pasar más tiempo juntos, solo habrá un punto de vista de la situación, y en el siguiente capítulo seguirá la historia, aunque esté narrada por el otro protagonista¿Se entiende lo que explico? Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero Que os guste. 





Aria

Axel me iba prácticamente arrastrando a la clase de música. Era irónico porque normalmente era al revés. De hecho, él se había apuntado para estar conmigo, y aunque se le diese bien, seguía sin gustarle mucho. Pero esta vez, por muy pocas ganas que tuviese Axel de encontrarse con su encantadora compañera la hippie, yo tenía aún menos de encontrarme con Dael.

Ayer me había disculpado con él, y aún seguía flipando. Aunque puede que flipase más por el hecho de que ese tal Kaydeen hubiese venido a anunciarme el inicio de una guerra que porque yo me haya disculpado con un principito.

-¡Vamos! – Dijo Axel tirando de mi brazo.

-¡No quiero! – Le respondí cual niña pequeña a la que obligan a ir al dentista.

En la puerta junto a la clase estaba Verónica, que justo en ese momento se movió para entrar en ella. Hubiera colado si no fuera porque miró a Axel directamente a los ojos cuando nos acercamos: le había estado esperando.

¿Me puse celosa? Pues la verdad es que no. Esa era otra ventaja de nuestro acuerdo, no solo era divertido besarnos sino que además jamás me ponía celosa. Y no estaba mintiendo, no me ponía celosa. Axel no era mi novio y estábamos de maravilla así.

Nada más cruzar la puerta, Verónica se enganchó al brazo de Axel y éste me soltó a mí la mano.

-¡Hola! – Le saludó enérgica. Si lo que quería era ligarse al chico, lo que estaba consiguiendo era espantarlo. - ¡Vamos a sentarnos allí!

Y se lo llevó. Sin más. Cogió y lo arrastró al lado más cerca de la ventana. Vi como Axel articulaba un silencioso “Ayúdame” con los labios. Yo me encogí de hombros y me dirigí a regañadientes a donde estaba sentado Dael

Jo-der. ¿No podía volver a ponerse los pantalones con la raya planchada? Era más fácil odiarle si no estaba tan bueno.

-Hola. – Me saludó. Él no era tan enérgico y acosador como su amiga, pero su sonrisa de medio lado no faltaba.

-Príncipe azul.- Le saludé e hice una especie de reverencia.

-¡Chicos! Y damiselas. – Empezó a decir la profesora Moretz. – Empecemos a ensayar vuestros duetos. Quiero que cada pareja se siente una enfrente de la otra. ¡Vamos! ¡Sentaos en frente de vuestra pareja! ¡No tenemos todo el día! –Dael se sentó de inmediato en la silla que había dejado de separación entre nosotros, la giró para poder mirarme. Yo me giré con lentitud– Ahora quiero que mantengáis una discusión sobre qué canción queréis cantar. Os recuerdo que la finalidad de esta actuación no es cuán bien cantéis, sino lo que nos logréis transmitir al representar esa canción. Os recomiendo una canción con sentimiento. ¿Y qué canción más emotiva que una de amor? – Sus ganas de que yo cantase algo de amor con éste. -  Es mi consejo. Otro consejo sería que quedarais después de clase para ensayar. Es fácil representar una canción uno mismo, pues sabes lo que tienes que hacer. Lo difícil es complementarte con tu compañero. Ahora, poneos a discutir, ya mañana será día de corregir matices a la hora de cantar.

-Bien. ¿Y qué canción elegimos? –Preguntó en cuanto la profesora calló.

-Una de amor no. – Le advertí.

-¿Y por qué no? – Replicó.

¿En serio creía que me iba a convencer? Se notaba que llevaba poco tiempo en esta clase. Las otras veces que me había tocado hacer trabajos con algún compañero (que no fuese Axel) yo dirigía y ellos acataban. Así era más sencillo y rápido para todo el mundo.

-Porque cantar una canción de amor implicaría actuar como enamorados. Y por muy buena actriz que sea, no creo conseguir parecer enamorada de ti. – En realidad no pensaba eso. Pero me las arreglé para que sonase lo más real posible.

-Pero tú dices que te gustan los retos. – Me sorprendió un poco que lo dijese.

-¿Y tú qué? ¿No prefieres ir  a lo fácil?

-Para mí no sería difícil fingir estar enamorado de ti.

Abrí la boca. La volví a cerrar. Me había quedado sin habla. Me había cogido por sorpresa.

-¿Lo dices en serio? – Mi voz sonó tan inocente…

-¿Es que nunca te han dicho lo hermosa que eres? – Me sonrió de medio lado. Inspiré: su dulce olor me llenó las fosas nasales, cubriendo mi cuerpo de una sensación cálida y maravillosa.

-Claro. – Respondí de inmediato. – Me habían dicho que estaba buena pero… Nunca que era… hermosa… En fin, si tanto quieres hacer una canción de amor, hagámosla, pero depende de la canción

Al final había acabado aceptando cantar una de amor con él.

Me había dicho que era hermosa. Nadie me había dicho que era hermosa antes. Claro que me habían dicho que estaba bien buena, y yo era consciente de ello. Sabía que despertaba el deseo entre el género masculino. Pero… una cosa era que me dijesen que estaba buena y otra era hermosa. La primera indicaba que querían meterse en mi cama. La segunda… era algo muy dulce. Ni si quiera Axel me había dicho eso nunca.

-¿Qué canción quieres? – Me preguntó; aún sonreía.

Me fijé en la camiseta que llevaba puesta.

-Ese grupo tiene baladas muy buenas. – Comenté.

Mi voz sonaba… mucho más calmada. En realidad, ya no estaba cabreada porque me hubiese tocado de compañero Dael. Y eso si era raro: yo solía estar enfadada con el mundo el ochenta por ciento del tiempo.

-¿Bring me the horizon? – Se extrañó. Había que decir que era normal, el grupo no era un romántico empedernido.

-¿No has escuchado Deathbeds?

Negó con la cabeza.

Saqué el móvil del bolsillo y le tendí un auricular.

¡Que alguien me matase! ¡Estaba siendo amable!

Dejé que la canción sonara. Deathbeds, su traducción significaba lecho de muerte. Era una canción preciosa que nos había enseñado Dan a Axel y a mí. A Axel no le había gustado, decía que no tenía sentido. Pero a mí me enamoraba cada vez que la oía.

Como tantas otras canciones contaba una historia. La historia de dos almas solitarias las cuales se amaban pero no podían estar juntas, pero que se esperarían por la eternidad hasta encontrar la ocasión.

-¿Y bien? – Inquirí cuando la canción hubo acabado.

Me devolvió el auricular y yo guardé de nuevo el móvil.

-Es muy buena. – Se le notaba como… atontado. Más de lo que usualmente aparentaba.

-¿Te ves capaz de cantarla? – No era una canción demasiado difícil, pero sí había que tener tacto para entonarla. Yo a él no le veía capaz de nada.

-Ajá. – Asintió.

-¿Y capaz de interpretarla? – Intenté no pensar en que había dicho que le era fácil aparentar estar enamorado de mí.

-Ajá. – Volvió a asentir.

Sonreí. Puede que al principio me hubiese tomado por sorpresa, pero ahora acababa de recuperar el control: él era el aturdido.

Me eché hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas.

-Ahora que lo pienso… yo no sé como cantas tú. Del uno al diez ¿Cuán malo eres?

Esperaba que dijese menos veinte.

-¿Uno es muy malo y diez es muy bueno? – Me encogí de hombros y asentí – Un once.

-¡Vaya! – Me reí. - ¿De verdad crees eso?

-Ven a mi casa esta tarde a ensayar y te lo demuestro. – Dijo de repente.

Analicé sus palabras. ¿Ir a su casa? ¿Ir a la guarida de un niño de mamá? ¿Por qué me parecía atractiva la idea? En cualquier otra circunstancia habría dicho que  no antes de que terminara su petición. Ahora me estaba planteando aceptar. Y yo solo esperaba que fuese la mezcla entre sueño y su olor lo que me tenía tan… rara.

Por otro lado… no era tan mala idea. Quiero decir, era un trabajo para clase. Y con mis faltas y mi comportamiento, si no me habían echado, era por mis notas. Necesitaba mantener esas buenas notas.

-Sí, de acuerdo. – Acepté. - ¿Dónde vives?

-¿Lo dices en serio? – Su cara era un poema que reflejaba la estupefacción junto con la alegría.

-¿Tanto te sorprende, príncipe azul? – Aunque intenté evitarlo, se me escapó una risa; su cara era demasiado para mí. - No quiero perder la oportunidad de ver cómo te pones en ridículo cantando. –Me arremangué las mangas de la camiseta, lo que me hizo pensar que me daba un aire a macarra de los noventa – Dame la dirección.

Abrió la boca, pero al momento la cerró. Vi donde reparaba su mirada: mis quemaduras.

Recé a todas las almas que no me preguntara por ellas: no había preparado ninguna excusa.

-Mejor te paso a buscar. O si quieres… podemos ir después de clases y te llevo en coche. – Me parecía increíble, gracioso y puede que incluso un poco tierno. Había estado intentando llevarme en coche desde el primer día. Y o bien era un acosador, o bien un asesino que quería matarme, o un caballero.

Me dio mucha rabia saber que seguramente sería la última opción.

Me lo pensé por un momento. Sinceramente habría dicho que sí, pero por como miraba mi marca… necesitaba pedirle consejo a Axel primero.

-Espérame a la salida. Primero tengo que hablar con Axel, se suponía que esta tarde iba a quedar con él.

En cuanto acabó la clase, le dije a Dael que le daría una contestación en clase de matemáticas, y salí corriendo para alcanzar a Axel.

-¡Eh! – Le grité. - ¡Para hombre! – Iba a paso acelerado y no era porque llegase tarde a su siguiente clase.

-¿Qué pasa? – No estaba enfadado, si lo hubiese estado no me habría contestado. Pero si andaba algo mosqueado.

-Bien, iré al grano. Así nos saltaremos la parte en la que te acuso de estar celoso de Dael. – Dije poniéndome a su altura. Fue a reclamarme, pero entonces dije:- Ayer Dael me quemó con un café, no oculté mi dolor y hoy ha visto las quemaduras.

-¡¿Qué?! – Se paró en seco.

-Ya lo has oído. – Me crucé de brazos.

-¡Es fallo de principiante, Aria! – Me gritó.

-Lo sé, lo sé. Me cogió por sorpresa –su olor me había cogido por sorpresa- y no lo controlé. Estoy segura de que no sospecha nada.

-¿Entonces para qué me lo cuentas? – Volvió a caminar dando grandes zancadas.

Suspiré. Ahora no se iba a enfadar, se iba a poner celoso, lo cual era incluso peor.

-Me ha dicho que fuese a su casa después de clases, para ensayar el dueto.

-¡¿QUÉ?! – Exclamó.

Se volvió a parar en seco y casi tropiezo contra su pecho. Tenía los ojos abiertos como platos y se había puesto colorado. Me hubieran dado ganas de reírme de su cara si no fuera porque en el fondo, daba un poco de miedo.

-A ver si lo he entendido. – Dijo más calmado pero con el color rojo aún sobre su rostro. - ¿Me estás pidiendo permiso para ir a la casa de un chico pijo al que tú odias?

-No. – Respondí de inmediato. – Yo no tengo que pedir permiso a nadie.

-De acuerdo. – Dijo asintiendo. – Haz lo que te dé la gana, no me vengas a llorar después.

Se dio media vuelta y se largó.

¡Genial! Había cabreado a Axel. ¡Joder! ¿Por qué tenía que ser tan celoso? ¡Yo no lo era!
Pero su enfado había provocado una reacción en mí: iba a ir casa del niño pijo.


-¿Y bien? – Me preguntó Dael cuando me senté a su lado en clase de matemáticas.

-¿Y bien qué? – Dije yo; Axel me había puesto borde. Mi estado normal, digamos.

-¿Vendrás a mi casa después de clases? – Parecía un niño ilusionado, como si fuese navidad.

Aquella ilusión en sus ojos azules hizo que parte de mi malhumor se esfumara. Solo una parte, y pequeña.

-Sí. – Le contesté. – Pero iré yo después de comer. Quiero pasar primero por mi casa.

No podía contenerse de alegría en el asiento, parecía que tenía ganas de saltar y gritar.

-¡Clase! – La profesora Crazycats entró en la clase. Dael tenía razón, parecía un maldito dementor. – El profesor Celsius ha tenido un contratiempo, por lo que no podrá impartir la clase. Yo me quedaré en su ausencia, tenéis hora libre.

En los asientos de atrás se escucharon vítores de alegría. Yo me hubiera puesto a bailar si no fuera porque no estaba de humor. 

-Déjame tu dirección. – Le dije a Dael

Él, obediente, apuntó su calle y su edificio en un trozo de papel. Él tenía razón, vivía a solo una calle de la mía, pero eso era algo que no pensaba decir en voz alta, no quería darle la razón.

-¿Te apunto mi número también? – Me preguntó un poco cohibido.

-Apúntalo aquí, así lo tengo a mano. – Le dije tendiéndole el brazo.

Me miró con los ojos abiertos.

No había caído en lo que estaba haciendo y en cómo se lo tomaría él: estaba ligando. Aún así no aparté el brazo.

Dael me tocó el brazo con mucho cuidado para apuntar su número, pero tan rápido como me tocó apartó de repente la mano.

-¡Estás helada! – Exclamó con el ceño fruncido.

¡Mierda! No dejaba de cometer fallos.

-¡Dame! – Le cogí el bolígrafo. – Díctamelo.

Me dijo el número y yo lo apunté en el brazo. Luego le apunté el mío en un papel.

No quise decirle nada más, así que una vez más, me pasé la clase dibujando machangadas en la última página de la libreta.

Al final de la clase me despedí con un rápido y seco hasta luego.

¿Por qué no dejaba de cometer errores?







3 comentarios:

  1. Me encanta :3
    Osea, que esta cometiendo muchos fallos, ¿por que? ¿Es por su olor?
    Besos Artista, Andrea

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  2. Mm su olor la distrae e.e wiii ahhh pero todavia no se que es ella #.#
    (? Awwww Dael es tan lindo, ella es un angel? Gracias por los cap

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  3. hola, perdon por no comentar antes, pero no tenia tiempo. Aun asi si que he leido todos los capitulos y esta historia me gusta muchisiiiiiiimo, espero pronto el siguente capitulo:) un beso^^

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