¡Buenas! ¿Vistéis que Parabatai tan maravillosa, amorosa y fantástica tengo? Sé que me lo puso el jueves, pero yo no he escrito en el blog desde el domingo pasado, todas las entradas han sido programadas, así que, aunque ya te lo dije como un millón de veces: ¡Te requeteamo Parabatai mía! Otra cosa, ya he visto Bajo la misma estrella, el miércoles tendréis su comparación con el libro. Y siento que la semana pasada no subí las entradas de siempre, sí que se subieron las del reto, pero el miércoles no hubo ni reseña, ni Tag ni nada, y el viernes no hubo relato. Por falta de tiempo más que nada, estuve con cosas del cumpleaños desde el miércoles hasta ayer (sí, mis cumpleaños duran una semana ¿algún problema?) Pero a partir de ahora espero cumplir con mi palabra y subir todas las entradas correspondientes. ¡Ah! Y si no entendéis nada de la historia: 1) Tranquilos, que la historia irá cogiendo forma, los misterios son necesario al principio y 2) Si queréis hacerme una pregunta, dejadla en los comentarios o mandadme un correo o por Twitter, y si se puede responder porque no te voy a desvelar nada importante de la historia, responderé. Nada más, que siempre me enrollo cual persianas, lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
-No.
Imposible. – Empezó a decir y a cada palabra yo agachaba más la cabeza. - Me
niego completamente a tener que hacer un trabajo para nota con el nuevo.
-¿Algún
problema, Aria? – Apareció la Sra. Moretz con las manos en jarras.
Yo
di un paso hacia atrás, como si así me pudiese ocultar.
- Es
injusto. Yo llevo mucho tiempo en esta clase y él no, posiblemente no sepa nada
y no estoy dispuesta a carga con su pésima nota. – Dijo en voz alta. Pero yo
leí entre líneas: no quería pasar tiempo conmigo y fin de la cuestión.
-Eso
no te afectará porque os evaluaré por separado. El trabajo lo haréis juntos
pero recibiréis vuestra correspondiente nota según lo que cada uno me muestre.
Además, tenéis una semana entera para ensayar, con fin de semana de por medio.
– Respondió la profesora.
Yo
hubiera preferido que se hubiese callado, que hubiese hecho lo que Aria pedía y
nos cambiasen. Al principio deseaba que me tocase con Aria, incluso más que el
que me tocase con Vero, pero si hubiera sabido que se iba a poner así… no me
gustaba que me rechazase de esa manera.
-Igualmente
no quiero hacer el trabajo con él. ¿Por qué no podemos elegir a nuestras
parejas? –En su voz había un deje de súplica. Me sentó como si me hubiera dado
una patada en la boca.
-¿Qué
pasa? ¿Quieres ponerte con Axel? – Insinuó Moretz.
Esa
fue la gota que colmó el vaso. Una cosa era que no quisiese hacer el trabajo
conmigo. De acuerdo, yo era un desconocido y se llevaba mal con la gente como
yo, a pesar de que yo no era como ella pensaba, no me conocía. Pero otra cosa
era que quisiese estar con aquel tío. Sí, eran celos. Por supuesto que eran
celos. Yo ya lo tenía muy claro, me gustaba esa chica. Aria Gómez era un
extraño ser que se había abierto paso hasta mí en tan solo un día. Y no me
importaba, no pensaba que estuviese mal, ni que fuese raro, ni que fuese una
carga. Me gustaba Aria y quería hacerle ver que yo también podía gustarle. Que
yo no era como ella pensaba, que no se confundiese conmigo, que el dinero no se
me había subido a la cabeza. Quería que supiese que me gusta tocar la guitarra,
que veo la saga completa de la guerra de las galaxias por lo menos una vez al
mes y que normalmente amanecía acostado con los pies en la almohada.
Quería
que me diese una oportunidad. Y lo iba a conseguir. No me pensaba rendir.
- Nada.
Haré el dueto con Dael- Contestó al final. Luego salió hecho una furia con paso
firme de la clase.
Me
giré hacia Verónica.
-Con
que Axel ¿no? – Le dije.
-No
me puedo creer lo impertinente que es esa chica. Es una niñata. Cuando no
consigue lo que quiere se enfada y monta una escena. – La criticó.
-A
mi me parece una persona que lucha para cambiar las cosas, que lucha para
conseguir lo que quiere. – Comenté.
-Es
una niñata y además una zorra.
-¿Una
zorra por estar con Axel? – Le pregunté. Hasta a mí me hacía daño decirlo en
voz alta. Esperaba que esos rumores que había oído de que ellos dos estaban
juntos fuesen solo rumores.
-Sí.
Quiero decir ¡no! Me da igual que esté con Axel. – Se volvió a ruborizar.
Parecía una muñequita de porcelana con el rubor sobre sus delicadas mejillas.
-Ya,
claro – Le lancé una mirada inquisitiva.
Ella
me la devolvió y en su mente hizo un clic:
se dio cuenta de que la había pillado.
-No
se lo digas a nadie. – Me suplicó.
-¿En
serio? ¿A quién crees que se lo podría decir? No sé, tengo una lista tan larga
de amigos que no sé ni por cuál empezar.
Ella
se rió.
-Espera.
– Le dije cuando fue a salir por la puerta. – Quiero un café.
-¿A
estas horas? – Frunció el ceño.
-Es
que estoy dormidísimo y no quiero conducir adormilado.
-Seguridad
al volante. – Se burló.
-No
quiero tener ningún accidente con el coche de mi padre. Y menos si no sabe que
se lo he cogido. – Dije metiendo una moneda en la máquina.
-Así
saldrías en la tele. – Me dijo con una sonrisilla.
Me
robó el café de las manos y le pegó un sorbito.
-¡Esto
está frío! – Exclamó.
-Está
bueno. – Dije probándolo.
Caminamos
hacia la salida. Vero y Zennon se fueron en dirección contraria a casa de la
madre de él. Yo mientras, estaba cruzando el portón para ir a buscar el coche,
que seguía aparcado en la trasera del instituto. Le pegué un largo trago al
café: estaba realmente cansado.
-¡Eh!
¡Príncipe azul! – Gritaron a mi espalda.
Supe
quien era no por la voz, sino por el apodo.
-¿Qué
pasa? – Contesté dándome la vuelta.
-Yo…
- Aria se quedó parada frente a mí, con la boca abierta, sin saber realmente
que iba a decir. – Siento haber dicho lo que dije, no me di cuenta. Fui demasiado brusca.
Casi
me atraganto con el café.
-¿Te
estás disculpando conmigo?- De repente me desperté, y no por el café, sino por
la sorpresa.
-Sigues
sin caerme bien. –Puntualizó antes que nada.- Pero no soy un monstruo. Sé que
me pasé, no tendría que haberme puesto así. Así que sí, me estoy disculpando.
Estaba
anonadado. Hacía cinco minutos me había propuesto intentar gustarle a Aria,
enseñarle quien era yo de verdad. Se estaba disculpando conmigo, algo era algo.
-Bueno,
será mejor irme ya a casa. – Miré el reloj. Volví a intentarlo: - ¿Quieres que
te lleve? – Le pregunté sonriendo.
-No
te pases, sigues sin caerme bien.-
Repitió. Pero esta vez, vi una sonrisa oculta asomando en sus ojos.
Se
dio la vuelta y yo di un paso hacia adelante. Sin querer casi le tiro el café
encima.
-¡AH!
– Gritó de repente.
-¿Qué
pasa? – Me sobresalté.
-¡Me
has quemado! – Sus facciones estaban contraídas en una mueca. Apretaba los
dientes para no gritar.
-¿Qué?
Pero si está bueno. Yo acabo de beber. – De hecho tal vez Verónica tuviera
razón y estuviera un poco frío ¿Cómo se había quemado?
-Adiós.
– Masculló y salió corriendo, apretando el brazo donde supuestamente se había
quemado contra el pecho.
No…
no era normal. Era muy extraño.
Le
saqué la tapa al vaso y mojé el dedo en el café: nada. Estaba normal, de hecho
un poco frío. ¿Cómo se había quemado? No… no tenía sentido.
Lo
dejé estar. No sé, tal vez se hubiese arañado en vez de quemado o… qué más
daba, me había pedido perdón. Me iría a casa pensando solo en eso.
Cuantos capítulos tiene o tendrá esta novela?
ResponderEliminar☆
Bueno desde el punto de vista de Dael...pobresito el Aria a veces,parece ella la reina del drama ¬¬ menos mal se disculpo ^^ wiiii gracias por el cap...sigo sin entender.como.que se quemo si estaba frio o.O mmm? Sigueee prontooo besos :)
ResponderEliminar¿Pero como se ha quemado? Osea, Vero dice que esta frío y Dael puede beber perfectamente pero ella se quema
ResponderEliminarJopelines, no lo pillo :(
Tendre que esperar a la semana que viene
Besos Artista, Andrea