¡Buenas mis queridos lectores! Que ganas tenía ya de colgar otro capítulo. Cada vez se acerca más una de las partes que más me gusta, y que es una de las más importantes de la historia. Pero no digo nada, quiero que vosotros vayáis especulando que puede suceder. Avisaros, de que puede que en agosto se publiquen dos capítulos semanales, ya que tengo hasta el 40 escritos, y tengo la confianza de escribir más de aquí a que comience el mes. Decidme en los comentarios que dos días de las semana os gustaría que se subiesen, aunque todavía no es muy seguro ¿Lunes y jueves? ¿Martes y viernes? Aquí os dejo mientras tanto el nuevo capítulo y la canción que aparece en él. Esta canción se repetirá varias veces en unos cuantos capítulos, ya veréis por qué. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
Entré
solo en la clase de música; Verónica había ido al baño.
No
había muchas personas cuando llegué, solo dos chicas a las que no conocía, las
cuales me miraron de arriba abajo y luego sonrieron. Yo me fui a sentar en un
silla en una esquina del salón, a la espera de que llegara o bien la profesora,
o bien Verónica, o bien Aria.
Me
acomodé en el asiento y me puse a jugar con un hilillo de la camiseta. Ayer
había pasado por el centro comercial y había comprado unos cuantos vaqueros y
varias camisetas, en su mayoría de grupos que escuchaba o básicas en gris y
blanco (y sí, sé que era el tipo de ropa que sabía que le gustaría a Aria).
Nada de cosas extrañas que se llevaban a la “moda”, como los escotes para tío,
los pitillos o los pañuelos para el cuello. Se me hacían demasiado raros y se
me asemejaban demasiado con lo que llevaban las chicas. Solo les faltaba poner
de moda la falda para hombres.
No
había esperado mucho cuando por la puerta entró tanto la profesora como Aria, Axel
y Vero. Ésta última en vez de venir a sentarse a mi lado, cogió el brazo de
Axel y se fue hacia el otro extremo de la clase.
Aria
vino hacia mí con paso perezoso.
Me
quedé mirándola, pues nunca me cansaba de admirar su oscura belleza. Me
enamoraba su larguísimo y negro pelo, y me perdía en sus ojos oscuros como una
noche sin luna. Hoy llevaba vaqueros normales, no oscuros, pero llevaba una
camiseta de manga baja en color negro y unas botas militares, negras también. Y,
recuerdo, sin maquillaje. Me seguía pareciendo imposible que su belleza fuese
parte de este mundo.
-Hola.
– La saludé antes de que se sentara.
Dejó
una silla de separación entre ambos.
-Príncipe
azul. – Saludó inclinando la cabeza, como si de verdad yo fuese de la realeza.
-¡Chicos!
Y damiselas. – Dijo Moretz. – Empecemos a ensayar vuestros duetos. Quiero que
cada pareja se siente una enfrente de la otra. ¡Vamos! ¡Sentaos en frente de
vuestra pareja! ¡No tenemos todo el día! – Con lentitud todos nos movimos. Me
senté en la silla que Aria había dejado de separación y la giré para verle la
cara; ella también se giró. – Ahora quiero que mantengáis una discusión sobre
qué canción queréis cantar. Os recuerdo que la finalidad de esta actuación no
es cuán bien cantéis, sino lo que nos logréis transmitir al representar esa
canción. Os recomiendo una canción con sentimiento. ¿Y qué canción más emotiva
que una de amor? Es mi consejo. Otro consejo sería que quedarais después de
clase para ensayar. Es fácil representar una canción uno mismo, pues sabes lo
que tienes que hacer. Lo difícil es complementarte con tu compañero. Ahora,
poneos a discutir, ya mañana será día de corregir matices a la hora de cantar.
-Bien.
¿Y qué canción elegimos? – Le pregunté.
-Una
de amor no. – Declaró.
-¿Y
por qué no? – Sabía que sería una estupidez preguntarlo, que aunque le diese
buenos motivos para escoger una canción de amor, ella se negaría. Y ambos
sabíamos que ella no necesitaba darme argumentos para convencerme, solo le
hacía falta sonreírme.
-Porque
cantar una canción de amor implicaría actuar como enamorados. Y por muy buena
actriz que sea, no creo conseguir parecer enamorada de ti. – La última palabra
la dijo no con desprecio, pero si con un algo de repulsión.
-Pero
tú dices que te gustan los retos.
-¿Y
tú qué? ¿No prefieres ir a lo fácil? – Enarcó una ceja.
-Para
mí no será difícil fingir estar enamorado de ti. – Le respondí.
Abrió
los ojos y la boca momentáneamente: se había quedado sin habla.
-¿Lo
dices en serio?
No
sabía qué responderle. Ni si quiera sabía que mi comentario iba a sorprenderla
tanto.
-¿Es
que nunca te han dicho que eres hermosa? – Sonreí de medio lado. Era imposible
mirarla, piropearla y no sonreír.
-Claro.
– Respondió. – Me habían dicho que estaba buena pero… - se la notaba nerviosa.
– Nunca que era… hermosa… En fin, si tanto quieres hacer una canción de amor,
hagámosla, pero depende de la canción.
¿La
había convencido? ¿La había llamado hermosa y se había puesto nerviosa?
-¿Qué
canción quieres? – Me miró la camiseta.
-Ese
grupo tiene baladas muy buenas. – Dijo.
-¿Bring me the horizon?
-¿No has escuchado Deathbeds?
-No.
– Dije negando con la cabeza.
Se
metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y sacó el móvil.
-Toma.
– Me tendió un auricular.
Ella
se llevó el otro al oído y a mí me entraron unas inexplicables ganas de
apartarle el pelo de la cara. Le dio al play y una suave música me llenó la
mente. Y luego llegó la característica voz de Oliver Sykes, el cantante del
grupo.
La
canción me pareció buena. Me pareció buenísima. No se trataba de una canción
romanticona. Al igual que la canción que había cantado Aria, contaba una
historia. Contaba la historia de dos almas separadas deseosas de volverse a
ver, con la esperanza de que en algún momento se encontrarían.
Se
me erizó el vello de los brazos.
-¿Y
bien? – Me preguntó tras devolverle el auricular arqueando las cejas.
Tragué
en seco.
-Es
muy buena.
-¿Te
ves capaz de cantarla?- Preguntó escéptica.
-Ajá.
–Asentí.
-¿Y
capaz de interpretarla?
-Ajá.
Sonrió
satisfecha, aunque yo no tenía ni idea de por qué. Pero me había aturdido.
-Ahora
que lo pienso… yo no sé como cantas tú. Del uno al diez ¿Cuán malo eres? –
Preguntó apoyando los codos en las rodillas.
Intenté
no pensar en el hecho de que estaba más cerca.
-¿Uno
es muy malo y diez es muy bueno? – Asintió. – Un once.
-¡Vaya!
¿De verdad crees eso?
-Ven
a mi casa esta tarde a ensayar y te lo demuestro. – Le aseguré.
En
realidad no tenía pensado pedirle quedar esa tarde hasta el mismo momento en el
que las palabras salieron de mi boca. Y no me arrepentía de pedírselo. Sabía
que me iba a rechazar, pero por intentarlo no se perdía nada. Además, ya la
había llamado hermosa, suponía que ya sabría que me volvía loco. Bueno, ella
volvía loco a todo ser masculino.
Tardó
en responderme, por lo que me sorprendí aún más cuando dijo:
-Sí,
de acuerdo. ¿Dónde vives?
Abrí
los ojos y por un momento no supe cómo reaccionar.
-¿Lo
dices en serio? – Balbuceé por fin cuando recuperé el habla.
-¿Tanto
te sorprende, príncipe azul? – Se rió, le resultaba divertida la situación. –
No quiero perder la oportunidad de ver cómo te pones en ridículo cantando. – Se
remangó las mangas de la camiseta hasta los codos. – Dame la dirección.
Estaba
a punto de decirle la calle cuando mi vista reparó en su antebrazo: una
quemadura. Justo donde supuestamente se había quemado con mi café.
No
dije nada al respecto. Tal vez la mancha desigual marrón no fuese una quemadura
(aunque lo parecía) y tan solo se tratase de una marca de nacimiento en la que
no había reparado antes (cosa que me extrañaba porque me había pasado dos días
mirándola sin cansarme ni un solo momento)
-Mejor
te paso a buscar. – Le respondí. – O si quieres… podemos ir después de clases y
te llevo en coche. – Sabía que eso era tentar mucho a la suerte, pero por
probar…
Me
miró con los ojos entrecerrados un momento.
-Espérame
a la salida. Primero tengo que hablar con Axel, se suponía que esta tarde iba a
quedar con él.
Dos
cosas: la primera, en mi cabeza eso había sonado como que iba a dejar plantado
a Axel por mí, cosa que seguramente no era así, que se trataba de un trabajo
escolar, pero que a mí me gustaba pensar. Y la segunda ¿Iban a quedar? ¿Sería
una cita?
Tampoco
dije nada. Acababa de conseguir hacer muchos avances con ella, no quería
tirarlo todo por la borda en un momento. Ya se lo preguntaría. En el coche, si
es que venía, en movimiento no podría salir corriendo ¿no?
Uyyy uyuy! Se pone emocionante <3
ResponderEliminarLunes y jueves!
☆
¡Ole, ole y ole! Ole por las narices de Dael, que suerte, que eche la lotería.
ResponderEliminarMe ha encantado el capítulo.
Besos Artista, Andrea.
Ay aceptooo wow jaja mal que suerte! Uhh le vio la quemadura *.* sigo con el otro cap ;)
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