Capitulo 49

25/12/13

¡Hello! This is a chapter more emotive. ¡Por el ángel! ¡Qué dominio del inglés el mío! Jajaja Bueno después de hacer la payasa como siempre, aquí vengo y os dejo el capítulo 49 que puede que sea un poquitín más emotivo que los demás. como siempre, leed, disfrutad ¡COMENTAD POR FAVOR LO PIDO! Y espero que os guste. 


PD: ¡Feliz Navidad a todos! Espero que papá noel o Santa Claus (como lo llaméis) Os haya dejado libros



¡Mirad la imagen! Yo quería la foto de un abrazo entre amigos y mira lo que encontré, es irresistible ponerla.




Más que el miedo a ahogarme yo misma, era un intenso miedo a que Dario se ahogase. A ver, no era que no tuviera fe en él o que le considerara un blandengue pero… seamos realistas, soy la hija de la diosa del agua, alguna ventaja tengo que tener, no sé, digo yo.
Aunque con total sinceridad, cuando comencé a bracear para subir a la superficie, cuando noté la humedad adherida a mi piel y el frío del océano envolverme, dudé seriamente sobre si tenía esas ventajas.

Respirar bajo el agua no podía. No era que lo hubiese intentado, pero me negaba a ser medio pez. Magia sí, pero lo justo, sin pasarse.

Dario y yo íbamos los últimos, a una distancia considerable de los demás: no podíamos bracear demasiado y cansarnos, nosotros no tendríamos oportunidad de desperdiciar una bocanada de aire.

La sensación de respirar bajo el agua es realmente extraña. Al principio tienes miedo, tu cuerpo está enseñado a que no se puede respirar bajo el agua, a que si inhalas el agua te llenará los pulmones y te asfixiará. Por eso incluso me costó inspirar por primera vez. Las demás seguían siendo algo raras, era como respirar ese aire demasiado puro de las bombonas de oxígeno, pero se estaba bien.

Esta vez no nos encontramos ningún monstruo sanguinario de tres filas de dientes con deseos de devorarnos por el camino. Supongo que el verdadero reto sería llegar hasta arriba. No necesitábamos ningún peligro añadido, ya nos la estábamos jugando.

¿Cómo vas? Escuché la voz de Dario en mi mente cuando llevamos unos buenos veinte minutos nadando.

De momento vivo ¿estás bien?

Me siento un pez Fue lo que contestó.

Yo hice mis esfuerzos por no reírme. No sabía si la flor esa servía también para cuando me entraban ataques de risas a extremas profundidades.

Aunque lo curioso que se me ocurrió en ese momento fue que la presión no nos había matado a ninguno.

¡A ver! Monstruos, brujas malvadas, lluvia que no toca suelo… sí, una menor presión no es lo más raro que podría haberme encontrado, la verdad.

Seguí nadando. Dario iba a mi lado. Los demás ya nos llevaban mucha distancia. Sentía los músculos cada vez más rígidos, cada vez más pesados, cada vez más inútiles. Me cansaba. Me estaba cansando más y más deprisa cada vez y todavía me quedaba demasiado por recorrer.

Hice acoplo de esfuerzos y seguí intentándolo.

Después de los brazos vinieron las piernas, me dolía moverlas. Y luego los ojos, los ojos se me cerraban, como el sueño adueñándose de mí. Pero era algo peor, era algo más mortífero que el sueño.

Me estaba quedando sin aire. Me asfixiaba.

El capullo mágico estaba llegando a sus fines y no lo iba a conseguir.

Dario estaba empezando a adelantarme. Él no parecía estar quedándose sin aire, seguía moviendo sus piernas, sus brazos. Se impulsaba a la superficie con dientes y empeño. Y pensar que él sabía nadar lo poco que yo le había enseñado.

Entonces, noté que mis pulmones no daban más, que el agua acababa de entrar en mí y no pararía hasta que me abarcase por completo… solté un último sonido, una especie de intento por gritar el nombre de Dario.

Luego, todo fue negro.



Cuando volví a abrir los ojos, lo primero que vi fue una mancha azul, una mancha del color más claro y brillante que mis ojos hubieran contemplado alguna vez. ¿El paraíso? Pensé. Pero entonces la imagen se volvió más nítida  y recortadas en el cielo aparecieron las figuras de mi padre, mi hermano y Dario. Todos con cara de preocupación. Todos con los ojos llorosos.

-¡Hija de puta! – Exclamó Elliot en un gallo y me envolvió con los brazos dándome un abrazo tan fuerte y aplastante que por un momento me cortó la respiración.
-¡Eh! ¡Eh! – Mi padre calmó a Elliot, quien había entrado en un llanto desesperado, y lo apartó de mí.

Comencé a toser y buscar aire limpio con el que llenar mis pulmones. Me di la vuelta, acostándome sobre el estómago y comencé a vomitar.

Juro por los dioses que no hay algo que soporte menos que vomitar. Dicen que el cuerpo tiene memoria: de pequeña me comí un trozo de queso en mal estado, contraje algo así como una gastronteritis, me pasé noche y noche vomitando, sin ser capaz de retener nada en el estómago y hecha una completa mierda. Por eso ahora odio vomitar, porque me recuerda aquella vez que lo pasé tan mal. Y por eso ahora no soporto el queso.

Dario se acercó a mí y me apartó el pelo de la cara, para que no se manchara de bilis. Era un bonito detalle lo que menos me importaba era si me manchaba el pelo o no. Aunque tampoco quería que me apestase después a vómito.

-Shh… Tranquila, respira por la nariz. Tranquila.

Intenté respirar por la nariz, y parecía que poco a poco se me iba calmando la náusea y respiraba mejor.

-¿Me… ahogué? – Pregunté en un suspiro, cansada. Me sentía muy cansada, me faltaba el aire, como si hubiera corrido decenas de kilómetros sin descansar ni una sola vez.

-Sí. – Respondió mi padre. – Pero no deberías haberte ahogado, si entre Dario y tú tenía que morir uno, siento decir que habría sido Dario. El capullo se adhiere mejor al organismo de un hijo nacido en Even. Dario puede tener unos dones pero no es nacido aquí. En mi opinión has sufrido una reacción alérgica a la flor y por eso no ha cumplido con todas sus propiedades, dejándote sin aire.

¿Tenía sentido lo que decía? No lo sabía con seguridad, así que asentí y me incorporé, demasiado cansada como para ponerme a discutir.

-¿Dónde está Liam? – Pregunté. - ¿Y Loray y Gus?

-Liam debe de estar por la orilla dando un paseo, - me contestó  Dario- dijo que no quería presenciar esto otra vez, no quería ver como las olas te llevaban de nuevo.
Se me cayó el alma a los pies. Claro, Liam no le tenía miedo al mar sino a que este me volviera a separar de él.

Me intenté levantar, pero estaba tan débil que con la misma me volví a sentar.

-¿Qué haces? No debes hacer esfuerzos.

-Debo encontrar a Liam para que sepa que estoy bien.

Mis ojos se cruzaron con los de Dario. Él sabía que necesitaba a mi amigo. Con una mueca, y sabiendo que no le hacía ni pizca de gracia, se levantó de la arena húmeda y fue a buscar a Liam. No le gustaba pero aún así lo hacía porque sabía que era lo que yo necesitaba. Cada día le amaba más.

-¡Dios míos ya estás despierta! – Exclamó Gus apareciendo por la espalda. – Nos diste un susto de muerte cuando Dario te sacó en brazos, no te movías, parecías totalmente muerta.

“Dario te sacó en brazos…” Me había ahogado, estaba claro que alguien me había sacado del agua a tiempo. Pero yo había dado por supuesto que había sido… en realidad no había dado nada por hecho. Dario, el que se había comido la mitad de un capullo, el que tenía todas las de morir ahogado, él. Él  había dado la vuelta cuando se había dado cuenta de que ya no le seguía, había nadado hasta mí y me había subido hasta la superficie, necesitando más oxígeno, desperdiciando bocanadas por el hecho de llevarme en peso.

Literalmente, había dado la vida por mí, y había salido bien ¿Pero y si no hubiera sido así? Yo habría muerto, estaba claro, pero él también ¿Quería que muriese por mí? No ¡NO! A mí no me importaba si moría o no, mi vida estaba en constante peligro desde aquella noche en la biblioteca pero la de Dario todavía podía salvarse. No iba a permitir que la volviera a arriesgar de esa manera por mí. Desde luego que si uno de los dos debía abandonar al otro cruzando la frontera de este mundo, ese no sería él. Era una promesa que me hacía a mí misma.

A los pocos minutos llegó mi novio con Liam detrás, cabizbajo. No le veía los ojos pero sospechaba que estarían rojos, como siempre se le ponían cuando lloraba.
-¿Estás bien? – Le pregunté cuando se dejó caer en la arena a mi lado.
Nos habían dejado solos, incluso Elliot y Dario.

-No. – Respondió secamente.

-Si te sirve de consuelo, veo dos tús ahora mismo. – Dije encogiéndome de hombros.
-Pensé que te había vuelto a perder, y que esta vez era de verdad. Cuando Dario te sacó del agua, no respirabas. No te encontrábamos pulso. Todos te dieron por muerta, incluso yo.

Bajó aún más la cabeza, escondiéndola entre los hombros.

-¿Qué pasó entonces? – Pregunté en un susurro; por un momento pensé que no me había odio.

-Todos te dimos por muerta menos Dario y Elliot. Te reanimaron, no me preguntes quien fue el que te hizo el boca a boca, no lo recuerdo. Supongo que tampoco importa, el hecho está en que te salvo la vida. Y una vez más, yo me quedé paralizad por el miedo. ¿Recuerdas cuando me preguntaste cuál era mi mayor miedo?

Asentí. Lo recordaba, estábamos sentados en el bosque y yo le había contado lo del paisaje del miedo del libro que me acababa de leer, Divergente. Yo le acababa de confesar que uno de mis mayores miedos era quedarme sola en el mundo.

-Me dijiste que no sabías a qué le tenías miedo y que preferías que siguiese así.

-Bien, pues ya lo sé. Mi mayor miedo es perderte. A ti. Yo… - Empezó a sollozar más fuerte.

-Eh. – Me acerqué, y rodeé su cuerpo con mis finos bracitos. – No me voy a ir, me pienso quedar siempre aquí, siempre a tu lado. No me voy a ir… al menos no por decisión propia.

Me devolvió el abrazo, enterrando su cara en mi cabello, el cual estaba empapado y seguramente olería a algas. Pero él no dijo nada.

-¿Puedo preguntarte algo? – Dijo, separándose un poco, pero sosteniendo mis manos con firmezas entre las suyas.

-Lo que quieras. – Le sonreí.

-¿Me quisiste? Quiero decir, como algo más ¿Me amaste?

Suspiré. Algunos pensarían que evitaría la pregunta, que me habría incluso molestado que preguntase dado que él sabía que estaba con Dario. Pero no lo hizo, ni me molestó ni la intenté esquivar. Era Liam, mi mejor amigo del que estábamos hablando. Sabía que no preguntaba por mal, él nunca lo haría conmigo, al igual que yo jamás lo haría con él.
-No lo sé. – Respondí con sinceridad. – Antes de que sucediera todo esto, antes de que pasase lo de la biblioteca… estaba segura de que estaba enamorada de ti. Pero cuando llegué a Even y pasé tiempo con Dario, comencé a dudar. Comencé a dudar incluso antes de descubrir que él me gustaba. Y ahora… Amo a Dario, no me preguntes por qué, porque no lo sé. Supongo que esa es una de las cosas más raras del amor, que no se puede explicar, que uno no elije de la persona que se enamora. Por alguna razón pasa y tienes que vivir con ello el resto de tu vida. Te quiero Liam, pero amo a Dario.

- Era la respuesta que me esperaba. – Dio una pequeña sonrisa, no era del todo triste, más bien una mezcla: triste por saber que yo era de otro pero feliz por verme a mí feliz. – Es justo que sepas que yo sí estoy enamorado de ti. Supongo que siempre lo había estado pero nunca me di cuenta hasta que te fuiste en el bosque. Juro que se me derritió el corazón cuando te besé. Pero intento que se me pase, al menos, intento no verte de esa manera. Porque eres mi mejor amiga y por ninguna circunstancia quiero sacarte de mi vida. Yo sí que te amo, pero me alegro un montón, de verdad, de que seas feliz con Dario. – Hizo una pausa. – Por lo menos conseguí que mi primer beso, fuera contigo.

Le volví a abrazar. Nada, absolutamente nada, ni cielo, ni tierra, ni brujas malvadas, ni mundos mágicos, ni ninguna guerra. NADA, nos separaría. Nos había unido el destino una tarde cualquiera, y ahora ni una cosa tan fuerte como el destino lo era nos separaría.

Después de pasar un rato en la playa haciendo bromas sobre mi pelo y la llorera de Elliot, Liam y yo volvimos a la cueva, donde estaban todos.

A lo mejor era el hecho de que todo yo estaba demasiado sensible por el hecho de casi morir, pero nos disculpé ante los demás y me llevé a Dario fuera de la cueva, de regreso a la playa, pero un poco más apartados, donde nadie nos viera si se asomaban. Era ya media tarde, y necesitaba hablar con él.

Pero por alguna razón, todo lo que necesitaba decirle y explicarle se vio en segundo lugar ante unas tremendas ganas que nacieron de la nada de besarle.

-¿Me quieres? – Le pregunté, sentándonos en la arena húmeda y poniendo mis manos en su cuello.

-Te amo. – Y ante esa respuesta, no tuve más remedio que tragarme temporalmente las palabras que quería decirle, y cubrir su boca con la mía.

1 comentario:

  1. Que preciosidad!!!! I <3 tu historia!!! Dios me alegro un montonazo de haber entrado en tu blog el primer dia que lo vi
    El capitulo es increible, me ha encantado. Ahora me he quedado con ganas de saber que le iba a decir Alex... Y por Dios se dio la vuelta para salvarle, es un amor de chico este Dario.
    Y Liam pobrecillo... Te quiero Liam, pero amo a Dario Yo tambien!!!!
    JajaJaja me encanta y siii me ha traido 5 libros y a ti??
    Besos, Andrea

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