¿Sabéis? Mis personajes no han parado ni un solo momento para ir al baño en toda la historia ¡Un aplauso a su vejiga! Bueno jaja después de mis profundas reflexiones os dejo el capítulo ¡COMENTAD! Que sinceramente me deprime que haya tantas visitas por capítulo y solo haya una persona que comente, me hace pensar que mis lectores son más vagos que yo y eso ya es decir. Y, claro está, espero que os guste.
¿La tensión se puede oler? Si no se puede me plantearé
seriamente que era aquel olor que había en el ambiente. El hecho estaba en que
mi padre y Dario se habían estado mirando el uno al otro en silencio durante un
rato que se me hizo eterno. Dario parecía temblar cual chiguagua. No le veía la
cara a mi padre.
Entonces éste se río. Y luego se acerco a Dario. Y le dio una
palmada en la espalda. Y le abrazó. Y yo fruncí el ceño. Y todos me imitaron. Y
entonces Elliot preguntó:
-¿eh?
Mi padre se giró para que le viéramos el rostro, pero en
cambio, seguía mirando a Dario.
-Ya era hora de que se lo dijeses amigo. Has tardado lo tuyo
en declararte.
Dario parecía un cangrejo en la playa al sol un caluroso día
de Agosto. Pero sonreía, y parecía que había recuperado el don del habla. Se
rió con mi padre y luego vino hasta mí para darme un beso en la mejilla.
-¿Sabes, chico? Yo también tardé lo mío en decirle a la chica
que me gusta de mis sentimientos. Enamorado toda una vida y sin saber cómo
expresarme. En realidad, fue vuestra madre quien se lanzó y me pidió salir. –
Su rostro se iluminó al hablar de ella, mientras que el de los demás se
ensombrecía. Notaba el amargo sabor de las lágrimas. - ¿Cómo está ella? ¿Cómo
se encuentra?
No lo pude evitar, era demasiado… yo… me deshice en lágrimas.
Por todo lo que no me había dado tiempo a llorarla en su momento. Por todo lo
que me había estado aguantando.
Las rodillas me temblaban. Las piernas me fallaron y caí al
suelo, sin hacer lo más mínimo por impedirlo. Me abracé el cuerpo con los
brazos y lloré en silencio.
Sentí la presencia de Elliot, de rodillas a mi lado. Sentí
cómo él también lloraba.
-No… no puede ser. – Susurró mi padre.
-Lo siento. – Susurré yo. – No llegamos a tiempo.
-No, no, no, no. No puede ser. Ella no puede estar….
Ni si quiera se atrevía
a decir la palabra mu… a quien quiero engañar, yo tampoco quería
atreverme a pensarlo si quiera.
Se retiró a un rincón de la gran sala. Se lo concedimos.
Estaba en su derecho de poder desahogarse en lágrimas. A pesar de que quería
ponerme frente a él y gritarle muchas cosas, como que nos había abandonado la
mitad de nuestras vidas, que la había abandonado a ella, a mi madre, cuando
ésta más la necesitaba… a pesar de que quería culparle la muerte de mamá a él,
no podía. El hombre estaba destrozado y por muy mal que en mi opinión hubiera
hecho las cosas… le quería. Sus lágrimas confirmaban el amor que sentía por esa
mujer, el amor que nunca dejará de sentir aunque ella no esté más. Ese
sentimiento que le ha durado años a pesar de la distancia, el cómo se le
iluminaron los ojos cuando le hablé de ella
y el cómo se desvaneció la alegría del rostro cuando se temió lo peor.
Ese amor, era amor verdadero y nadie podía negárselo.
Cerré los ojos y deseé volverme sorda por un momento, para no
tener que escuchar los desolados sollozos de mi padre a otro lado de la sala.
-¿Habéis pensado ya en un plan?
Cuando mi padre se hubo calmado, y después de darnos un
abrazo verdaderamente largo a Elliot y a mí, lo cual me agradó, nos llevó a un pequeño
estudio apartado. No era un cuarto exageradamente grande, lo justo para ser
acogedor y verse amplio, con las paredes pintadas en un rojo vino muy elegante
y los sillones dispuestos alrededor de una mesita de café de caoba tapizados en
brillante cuero negro, rematado con cojines beige. Sobre la mesita había tazas
de té que todos acogimos a gusto entre nuestras manos.
Habíamos estado relatando todo nuestro viaje por Even,
empezando, claro está, por aquel ataque en la biblioteca de lo que parecía una eternidad.
-¿Plan? – Preguntó Gus dudoso.
-Sí, plan. Necesitamos un plan para derrotar a Ella ¿o os
creéis que lo vais a conseguir bailando?
-En las películas funciona. – Dijo Elliot.
-Las películas no son ciertas. – Le recriminó mi padre.
-Cuando era pequeño tú me decías que los monstruos no
existían y ahora no es que lo ponga en duda sino que además puedo confirmar que
no es cierto, tengo cicatrices que lo confirman.
Le echó una mirada llena de reproches.
-Volviendo a lo del plan… - Dijo Dario cortando el silencio.
– Primer habría que saber quién es esa Ella ¿no? Digo, no puedes idear una
matanza contra alguien que no sabes ni quien es ni cuándo ni cómo te la vas a
encontrar.
-Bien mirado chico. – Mi padre se rascó la frente. – Pero me
temo que nadie cual es la verdadera forma de Ella. Solo se sabe que es la hija
del elemento Aire y el elemento Tierra, que es una Celestial muy poderosa que
se ha aliado con las almas de la tercera dimensión. Pero no sabemos ni si
quiera su nombre.
-¿No lo saben? – Repitió Liam.
-Claro que no, ¿Por qué creías que la llamábamos “Ella”?
-No sé… Por algo así como En Harry Potter, de que todos
temían al nombre… - Se encogió de hombros.
-No estamos en un libros chicos, ni en una película
¡Espabila! – Se levantó, alisando la túnica, y comenzó a caminar de un lado a
otro de la habitación. – Está claro que su objetivo es la Tierra, los mismos
dioses te lo han dicho, ahora pues, allí es donde debemos ir.
-¿Debemos? – El corazón se me aceleró ante la posibilidad de
que nos acompañara de nuevo a la Tierra, de que no nos separásemos otra vez, de
que volviésemos a formar una familia.
Por un momento mi padre me miró, como si no supiese qué
contestar.
-Primero debo hablar con el Gran Guardián. Pero sí, debemos.
Haré lo posible para volver con vosotros.
Nuestras miradas se cruzaron un momento, y por un instante,
solo un instante, me pareció ver lágrimas en sus ojos. No es como si nunca
hubiera visto llorar a mi padre. A ver, lo acababa de ver desahogándose a
lágrima viva, pero nunca le había visto aquella lágrima. Una lágrima nacida de
la felicidad que le proporcionaba esa esperanza.
Nos dejó a solas durante un tiempo que no sabría si definirlo
como largo o como corto. Tras aquellas puertas, custodiada por aquellas cuatro
paredes, sentía que el tiempo no existía. No es que fuese más lento,
simplemente, no existía.
Todos nos derrumbamos en el suelo, con las piernas estiradas
y los brazos sobre la cabeza. No es que estuviéramos cansados por nuestra
excursión marina, que sí, lo estábamos. Pero nuestro cansancio se debía más
bien al encuentro de emociones que habíamos sufrido.
-Has encontrado a tu padre. – Dijo Liam, desparramándose a mi
lado.
Daria tenía apoyada la cabeza en mi estómago, yo a mi vez
estaba apoyada en las rodillas de Elliot, que a su vez estaba sobre Loray, y
esta sobre su primo, Gus. Una montaña humana.
-Lo sé, sigo sin creérmelo. Me he pellizcado muchas veces ya,
y parece real, pero sigo sin poder creérmelo. – Dije en tono soñador. – Parece
un sueño.
Liam me sonrió.
-¿Te acuerdas cuando acampábamos en el bosque y nos poníamos
a imaginar la cantidad de cosas y de sitios a los que podría haber ido tu
padre? Todos decían que estaba muerto, pero tú no lo creías. No habían
encontrado su cuerpo, y tú te habías emperrado en que si no encontraban un
cadáver, era porque no existía.
Cerré los ojos, abrumada por los recuerdos.
-Lo recuerdo. – Me entristecí al recordar la otra parte de
aquella historia. – Y también recuerdo como de repente perdí la fe. Como de
repente deseé su muerte, porque me di cuenta de que si seguía con vida,
significaba que nos había abandonado, y eso era muchísimo peor que el que
hubiese muerto.
Abrí los ojos. Liam me observaba con cautela, como si
estuviese intentando averiguar qué sucedía en mi cabeza. Estiró una mano y
cogió la mía. Era mi mejor amigo, él sabía perfectamente que no me hacían falta
palabras en aquel momento, simplemente una señal de apoyo.
-Lo importante es lo que ocurra ahora. – Dijo.
-No podría estar más de acuerdo.
Seguíamos echados un rato más, con el único sonido de
nuestras rítmicas respiraciones. Acomodé mi respiración a la de Dario, los dos
juntos, como una sola persona. Acaricié su cabello negro con la mano que no
sujetaba la de Liam y esperé. Y esperé. Y esperé.
Hasta que se empezaron a escuchar unos muy extraños ruidos
arriba.
Nos incorporamos todos a la vez, alarmados.
-¿Qué crees que será? – Preguntó Gus, llevándose la mano al
cinturón del traje, cerrando el puño sobre su cuchillo.
-¿El jefe se ha enfadado y está destrozando el despacho? –
Sugirió Elliot. En su tono se notaba que no estaba muy convencido.
-Me pregunto si...
Ahora ya nunca sabremos lo que se preguntaba Loray, pues un
ruido, como de cristales rompiéndose llenó la sala con su estruendo. Me llevé
las manos a la cara como un acto reflejo, a pesar de que los cristales no
habían llegado hasta nosotros, ni si quiera se veían cristales por ninguna
parte.
Otro ruido más, como voces gritando. No. Voces no. Gruñidos.
Como gruñidos de perros enfurecidos y hambrientos que solo quieren carne fresca
para cenar. Preparé una flecha en el arco.
-A la de tres salimos corriendo de aquí. – Ordenó Loray.
-Ni hablar, no puedo dejar a mi padre. – Le impuse yo.
-Sí que puedes. – Exclamó ella irritada.
-Pero no pienso hacerlo. – Le respondió Elliot.
-Pero… - En ese momento aparecía un hombre, mi padre,
corriendo por las escaleras, con peligro de pisar su larga túnica morada.
Llevaba una larga espada de doble filo en la mano y una expresión aterrada en
el rostro.
-¡Corred! – Gritaba, mientras agitaba las manos, indicándonos
la salida. - ¡Corred! – Seguía gritando.
Los gruñidos se hicieron más intensos.
Me sonaban esos gruñidos. Ya los había oído antes.
En la cueva del bosque negro, cuando atacaron a Dario.
Todos los días que salía a cazar al bosque con Liam
Los extraños perros salvajes.
Corría detrás de mi
padre. Y eran muchos. Muchísimos. Soltaban espuma por la boca y tenían los ojos
de un color rojizo como la sangre. Me preguntaba si siempre los habían tenido
así y yo no me había dado cuenta. Eran muy rápidos.
Echamos a correr como si la vida nos fuese en ello, que en
ese caso, lo decía en sentido completamente literal.

La frase de arriba tiene autor?? Porque me gusta
ResponderEliminarY hablando de gustar, tu capitulo me ha encantado, y ahora que me estoy dando cuenta... No les puedes dar un capitulo de descanso?? Pobrecillos siempre les atacan, estan de un lado para otro, normal que hagan una montaña humana jajajajaja
Besos, Andrea
PD: lei la entrada de los premios pero como no sabia que comentar no he puesto nada. Y a proposito, no te imaginaba con aparato
Yes, yo soy su autor, bueno, autora. Jajajaja
EliminarMuchas gracias, me alegra que te guste, y si, la verdad es que debo darles un descancillo... Bueno, ya veremos jaja
Besos.
PD: Si, llevo aparato desde hace siete largos años :(