Lo sé, tenéis derecho a odiarme por no haber publicado absolutamente nada durante esta semana pasada, estáis en vuestro derecho de hacer una especie de horda de campesinos enfadados y venir con tridentes. Bueno, tampoco tenéis tanto derecho. ¡Lo siento! Pero se me están echando todos los exámenes encimas, y yo a pesar de que me duela, debo dejaros si quiero aprobar. No es por mí, ni por vosotros, es por los exámenes y el instituto. En fin, que me voy por las ramas: esta semana y la siguiente estaré petada no, lo siguiente de exámenes trabajos, bla, bla, bla... Por lo que el blog va a estar algo muertecillo. Los capítulos van a estar los lunes como siempre, eso no va a faltar y el fin de semana (espera no, que yo este fin de semana no tengo horas libres ni para comer) cuando pueda escribiré algunas entradas como reseñas o debates que tengo pendientes y los subiré en algún microsegundo libre que consiga sacar, pero no prometo nada. Otra cosa que quería yo decir, que sabéis que me gusta mucho a mí decir cosas ¡SOLO CUATRO DIAS PARA CATCHING FIRE! Respira Artista, sobretodo acuérdate de respirar. Después de tanto tiempo esperando, estamos a solo cuatro días de que se estrene una de las películas más prometedoras del año. Yo no sé vosotros, pero yo ya tengo todo organizado para ir a verla (amiga tributo incluida ¡toma! Yo tengo amiga tributo y vosotros no JA) Jajajaja Cuando la haya visto haré una comparación con libro como ya os comenté que haría en esa sección de "Del papel a la pantalla" (lo sé, soy super orginal para los títulos) Bueno, no me enrollo más que creo que bastante he molestado, que sé que de los pocos que léeis los capítulos la mitad se ha saltado todo este parrafazo. No digo más, lo de siempre, ¡COMENTAD! (anda comenta, que no te morirás por hacerlo, que es gratis y a mí me haces feliz) y espero que os guste.
-Recordad, las
botellas tienen oxígeno para una hora. Para procurar que dure lo más posible
respirad muy lentamente. Si en media hora no hemos visto indicios de la ciudad,
volvemos a subir ¿De acuerdo?
Gus, quien aparentaba ser un chaval corriente, extrovertido y
muy alegre, había tomado el mando de esta situación y daba órdenes como un
verdadero sargento.
Todos asentimos.
-A la de una – dijo Elliot.
-A la de dos… - Loray dio un paso adelante.
-A la de… - Iba a decir el tres cuando vi como Liam daba un
paso hacia atrás, aparentemente aterrado.
Me puse a su lado.
-¿Pasa algo? – Pregunté con suavidad, dándole un leve apretón
en el hombro.
Él había crecido tanto desde la última vez que nos habíamos
visto hacía dos años, que tocarle se me hacía diferente. Yo había ganado
curvas, mientras él había ganado músculos y altura.
-Es… las olas… - Contestó jadeando malamente. – Desde que
desapareciste en el bosque con aquellas olas salidas de la nada… no puedo
verlas. Me recuerda a cómo te perdí. Me da…me dan miedo.
Me quedé un poco bastante sorprendida. Si había alguien más
orgulloso que yo, ese era Liam. Que reconociese en voz alta que tenía miedo no
hizo sino acrecentar el mío.
Lo peor es que le comprendía. Desde que había visto arder a
mi madre en las llamas en aquella casa, no podía acercarme al fuego. Me traía
muy malos recuerdos, imágenes que ojalá pudiera borrar de mi mente. Que ni el
tiempo ni el olvido lograrían llevarse consigo.
-¡Eh! – Le cogí la mano. – Juntos ¿De acuerdo? Lo haremos
juntos, tú no te sueltes de mi mano. No pasa nada. Nada me va a mover de tu
lado ¿está bien?
Él asintió levemente y me apretó más la mano cuando las olas
le lamieron los pies a la orilla.
-Id adelantándoos vosotros. – Les ordené a los demás. –
Nosotros vamos a ir más lento. Si encontráis algo, que uno retroceda para dar
con nosotros.
Loray asintió, se persignó unas cuatro veces y se metió en el
mar, desapareciendo con su rubio cabello como un halo de luz alrededor de su
cabeza. Gus nos echó una mirada de ánimo y se hundió junto con su prima. Elliot
gritó un adiós con voz aguda y nerviosa y les siguió a ambos. Dario en cambio,
se acercó a mí, me dio un tierno beso en los labios y me susurró:
-Iré a ver, volveré a por ti – Se dio la vuelta para irse,
pero en el último momento se volvió a girar. – Piensa en casa, no dejes que el
miedo te venza. Si crees que pues, lo logras. – Dijo, dirigiéndose esta vez a
Liam
Justo en ese momento me acordé que Dario sabía nadar lo poco
que yo le había enseñado cuando aparecimos en el lago, en la jungla.
Se hundió desapareciendo bajo la capa de mar que era del
color de sus ojos.
-Vamos, los dos juntos.
– Liam asintió. – No voy a irme. Nadie me quitará de tu lado.
-¿Y él? – Preguntó de repente. - ¿Él tampoco te quitará de mi
lado?
Se refería a Dario… Casi se me encoge el corazón al
escucharlo preguntar, con esa voz tan aterrada. Entonces comprendí que su miedo
era a perderme, no al mar. Que el mar solo era un símbolo, una manera más de
que me apartasen de su lado. No me había parado a pensar lo mal que lo había
podido haber pasado él mientras yo luchaba por nuestras vidas en Even. Puede
que él también hubiese estado luchando por su vida. Puede que por las nuestras.
Él era mi mejor amigo, aquella gran roca sobre la que yo me
sostenía cuando no me bastaba conmigo misma. Él no desaparecería de mi vida. No
lo permitiría.
-Él no te va a apartar de mí. Dario jamás haría eso. – Le
aseguré.
-No le gusta cuando estoy contigo, lo sé.
-Pero aún así es él quien muchas veces insiste para que pase
el rato contigo. Anoche mismo lo hizo. Cuando me besaste, ni si quiera se
enfadó como habría hecho otro. Y no porque no me quiera. Sino porque sabe que
tú me haces tan feliz como me hace él, sabe que no te puede apartar de mí ¡Y
tampoco quiere hacerlo! No le gusta mucho que estemos juntos, pero es porque
todavía se está haciendo a la idea. No le gusta pero lo acepta encantado.
Porque sabe que es lo que yo quiero.
-Ahora entiendo porque le amas a él.
Nos quedamos unos minutos en angustioso silencio. Hasta que
Liam me tomó la mano con fuerza y dio el primer paso en dirección al mar.
-Juntos. – Aseguró, y yo asentí.
Nos zambullimos bajo las blancas olas.
Bajo el agua todo era mucho más oscuro, la luz apenas se
filtraba, escasos rayos perdidos de sol alumbraban la penumbra. Tragué saliva:
no se veía el fondo. Metros y metros hasta convertirse en extensos kilómetros,
se extendían bajo nosotros. Sentí el frío helándome la piel a través del
neopreno. Como cortantes cuchillos. Apreté la mano de Liam, más por mi propio
nerviosismo que para tranquilizarle a él.
Aspiré llenándome los pulmones del aire contenido en la
bombona de oxígeno.
Solté la mano de Liam, pero sin separarme de él, braceamos
para avanzar.
Algunos tímidos peces pasaban a nuestro lado. Pero claro,
como todo lo que había visto en Even, no eran peces normales y corrientes.
Estos peces brillaban en la oscuridad, con tenues colores pasteles pero a la
vez fosforescente. Tenían el aspecto y forma de una simple dorada pero desde
luego eran mucho más grandes.
A medida que avanzábamos y nos hundíamos la oscuridad se
hacía mucho más densa. A penas veía. Como si me leyera la mente (cosa que
empecé a sospechar, igual que con Dario) Liam sacó una linterna que tenía
escondida por algún lugar e iluminó ante nosotros. No se veía mucho más, de
todos modos.
Liam hizo parpadear la linterna al frente, una especie de
código Morse. Un parpadeo le respondió: tres luces cortas, tres largas y otra
vez tres cortas.
Yo nunca había aprendido el código Morse. Nunca creí que lo
necesitaría. Pero había visto suficientes películas policiacas para saber lo
que significaba aquella señal: S.O.S. Socorro. Ayuda.
Todo mi cuerpo se puso en tensión al instante.
Solo nos dio tiempo de dar un par de brazadas más antes de
que tres siluetas humanas, Dario, Loray y Gus aparecieran ante nosotros. Elliot
venía por detrás de ellos y lanzaba fuego a algo que yo no lograba ver desde mi
posición.
Sin pensármelo una vez más nadé con más insistencia, haciendo
caso omiso de las señas de Dario para que me alejara ni de la mano de Liam
alrededor de mi tobillo para retenerme. ¡Era mi hermano! Discúlpenme por
preocuparme.
Nadé más rápido hasta llegar a su altura. Le puse una mano en
el hombro para saber que estaba allí.
Creo que los ojos se me salieron de sus órbitas cuando vi que
era lo que nos estaba atacando ¿Por qué en Even todo tenía que ser como en la
tierra solo que mucho más terrorífico y letal?
La bestia que se hallaba ante nosotros era del tamaño de un
barco pequeño. No, de un submarino grande. Podría haber parecido un tiburón
normal y corriente, de no ser por las seis hileras de dientes, tres arriba y
tres abajo, la lengua bífida, las cuatro aletas laterales y que sus ojos eran
de mi mismo tamaño y de un amarillo canario un tanto indescriptible.
Distráele para que
Elliot le queme, era
la voz de Dario en mi cabeza indicándome que hacer.
Bien pensado. El agua, bajo el agua, a una criatura de agua,
no creo que le hubiese hecho mucho.
Me preparé mentalmente ¡Allá vamos!
Nadé directamente hacia la boca de la mutación de tiburón;
juro que ensanchó la boca como si estuviera sonriendo.
Esquivando sus aletas logré colarme hasta poder tocar su
escamosa piel, arrugada como una anciana. No tenía plan, así que improvisé
sobre la marcha: di unos cuantos puñetazos y patadas, algo que para la bestia
se sentirían como caricias. <<Piensa, piensa>>
El tiburón seguía con la vista puesta en Elliot y este nadaba
en zigzag esperando a que yo lo distrajese para él poder atacar.
<<Piensa, piensa>>
En vez de combatir el fuego con fuego… Ahuequé las manos
apuntando hacia el hocico del animal y turbé el agua. Sí, no sé como lo hice.
Puse las manos formando un cono y unas burbujitas salieron de ellas, burbujitas
a montones, densas y grandes, impidiendo al tiburón ver nada más allá de ellas.
Aprovechando ese momento y sospechando que no habría otra
oportunidad, Elliot hizo algo, no pude verle muy bien pues las burbujas también
nublaban mi visión. Solo vi un destello dorado de luz y en cuestión de segundos
el mutante tiburón había huido nadando en zigzag gimiendo igual que lo haría un
gatito asustado.
Y todo eso sin abusar de respirar de la bombona de oxígeno.
Despejado, pensé para Dario, ¿Falta mucho para llegar?
Las cuatro siluetas aparecieron delante de nosotros. Dos de
ellas sujetaban a una tercera mientras la cuarta avanzaba rápido para
encontrarse con Elliot y hacerle señas. Yo me quedé embobada mirando como Gus y
Dario arrastraban a Liam, el cual parecía haberse desmayado.
No falta nada, respondió Dario, mirándome a través
de las gafas de buceo con sus ojos del color del océano, date la vuelta.
Hice lo que me pedía. Me di la vuelta y ahí estaba: una
ciudad submarina, con todo un campo de verdes, puntos blancos por casas y todo
bajo la protección de una cúpula de brillante cristal. Sonreí maravillada. Mi
padre estaba ahí. ¡MI PADRE ESTABA AHÍ!
Madre mia su padre estaba alli!!!! Que orgulloso se debe sentir :3
ResponderEliminarY que le ha pasado a Liam, se pensaba que Alex iba a morir o que?? Jajajaja pobrecillo cuando siga con ella en Even se dara cuenta de que su amiga tiene 1000 vidas como poco
Un capitulo genial
Besos, Andrea
Es como los gatos, tiene 7 vidas jajajjaj
EliminarMuchas gracias
Un besoo