Capitulo 43: Aria

26/1/15

¡Hola mis pequeños! Tengo una mala noticia. Sí, empiezo fuerte la semana. La cosa es, que tal vez haya un parón de capítulos ¿Cuándo? No sé. Puede que no sea necesario, pero es que últimamente estoy algo más centrada en las clases y salgo muchísimo más con mis amigas, tenemos bastantes planes diferentes (y aunque no lo creáis algunos son con respecto al blog, sesiones de fotos y demás) Y ya sabéis que me gusta tener bastantes capítulos de repuesto para ir publicando y que nunca falten, pero es que se me están agotando. Yo intento escribir lo más que pueda para no dejaros sin capítulos, pero bien, porque tampoco quiero escribir rápido y mal, prefiero dedicarle mi tiempo y que el capítulo quede a mi gusto. Bueno, después de esta triste noticia, os dejo con algo... no, el capítulo no es alegre. Me encanta ser malvada. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.


Aria

Kaydeen podía venir diciendo que estaba de parte de mi padre, de nuestra parte. Estaba claro que era un demonio. Pero esas dos cosas no le daban ningún voto a su favor para que confiase en él.

Cómo las historias humanas nos habían descrito, los demonios no siempre éramos buenos.

Y yo no confiaba en mi padre, un hombre que me dio la vida y nunca se ha dignado en conocerme.

Sin embargo, si fuese él quien viniese en persona a hablar conmigo…

-No diré nada a nadie, a no ser que sea…

-…tu padre. – Concluyó Kaydeen antes de darme tiempo a acabar.

Era listo, bien por él.

-Ya sabes que tu padre no puede venir a verte. – Lo decía en un tono triste, casi de lástima. Odiaba cuando las personas sentían lástima por mí. Bastante pena me daba yo ya.

-Ni yo soy tonta, ni él tampoco. Estoy segura de que podría encontrar la manera de que nos viésemos. – Contesté muy segura de mí misma, aunque en realidad no estaba segura de nada en absoluto, ni si quiera del día que era hoy. – Si quisiese. – Añadí. No me gustaba dar lástima, pero a veces era un recurso necesario para poder conseguir lo que una se proponía.

Supe de la mirada que me lanzó Dael. No hizo falta que le explicara qué era lo que trataba de hacer, por desgracia él me conocía lo suficiente para saber cuando actuaba.

“Eres tan buena mintiendo que sé cuando lo haces” me había dicho. Anoche. Después del beso.

En silencio di gracias a Kaydeen de que llegase en el momento oportuno; estaba a punto a decirle a Dael que no, que me gustaba mucho más de lo que él pensaba. Por supuesto también tenía preparado el discurso de que no era posible, de que era peligroso, de que no quería que acabáramos muertos… pero sospechaba que él no me dejaría ni si quiera empezarlo.

-Pero sería mucho más rápido que yo hiciese de intermediario. – Insistió Kaydeen. – Dime lo que habéis averiguado. Decidme vuestras preguntas, y yo se lo diré a tu padre. Os prometo volver con respuestas.

Seguía sin confiar en ese tío.

Estábamos en plena guerra. Podría ser perfectamente un espía ¿Quién me aseguraba que no era un infiltrado de los ángeles al que éstos le habían perdonado la vida a cambio de información? No. No podía arriesgarme a cometer un fallo de ese calibre.

Norma número uno si quieres sobrevivir en mi mundo: no te fíes ni de tu sombra.

-El trato es este: - dije encarándole- si quieres que hable, lo haré únicamente delante de mi padre. De nadie más.

Le desafíe con la mirada. No me había parado a pensarlo, pero tenía unos ojos color verde mar muy bonitos, parecían hipnóticos. Pero en un gusto personal, me gustaban más los azules, como los de Dael, profundos y oscuros, a veces dando a pensar que eran negros, otras se tornaban del color del cielo despejado y otras como el mar y sus misterios… ¡Aria! ¡Céntrate! Podría tener delante a un espía y yo divagaba sobre los ojos bonitos de Dael. Estupendo. Definitivamente había perdido la cabeza.

-De acuerdo. – Hizo un mohín. Obviamente, no le gustaba tener que aceptar las órdenes de un chica menor que él, pero sabía que solo había una forma de que esto funcionase y era acatando lo que yo decía.

-Ya sabes dónde encontrarme cuando traigas a mi padre.

Nos lanzó una mirada, no sabría muy definir si de rencor o admiración, puede que ambas juntas; si es que eso se podía expresar todo junto en una mirada. Se despidió de Dael con un apretón de manos, y de mí con una inclinación de cabeza, como si fuese una princesa. Era gracioso, porque normalmente Dael era el importante y yo la desconocida que vestía raro.

-¿Crees que volverá con tu padre? – Preguntó Dael después de un minuto de silencio.

Parecía que el enfado se le había pasado.

Me había sorprendido mucho “No te lo voy a poner fácil” había dicho. Así era como me comportaba yo. Y me dio miedo. Miedo porque yo me había convertido en la persona odiosa que era por culpa del dolor, y no quería que a Dael le sucediese lo mismo. Mucho menos por un dolor que hubiese provocado yo.

Pero ahora, parecía haberse calmado. Parecía el Dael de siempre al que yo… en fin. Todavía no me gustaba decir esa palabra en voz alta.

-No les queda otra opción. No me fio de nadie más. – Le expliqué.

-¿Te fías de tu padre? – No parecía muy a gusto haciendo esa pregunta.

-No. – Confesé. – No te puedes fiar de alguien que no conoces. Ahora mismo, no me fío de nadie.

-¿De nadie? – Pensé que vería dolor en sus ojos, pero en su lugar encontré una pregunta, una diferente a la que hacía.

-Solo de ti. – Confesé. – Lo que es gracioso, - comenté, intentando destensar la situación- porque no me fío ni de m… ¿Quién está ahí?

Fue como si mi alarma interna de sentidos demoniacos (que mal me sonaba hablar de esa forma, había pasado demasiado tiempo entre humanos) se activaran: fue a penas un micro segundo, pero capté la sombra de una chica, lo sé por la melena, proyectándose en el suelo.

Vi como los ojos se Dael se abrían, no de incredulidad, sino como si lo hubieran pillado haciendo algo que sabe que está incorrecto.

Antes de que pudiese abrir la boca para decir nada, yo ya había doblado la esquina. Los primos, esos dos tipos raros que siempre iban con Dael a todas partes, estaban agazapados contra la pared; les había pillado mientras nos espiaban.

-Lo sabías. – Me giré para mirar a Dael. No era una pregunta, era una afirmación. Estaba claro que él los había llevado allí y no me había dicho nada.

-¿Qué? ¡No! – Negó de inmediato.  Lo dijo tan rápido, igual que si hubiese ensayado su expresión de sorpresa, que se delató él mismo.

-Por supuesto que sí. – Le reproché. Los primos contemplaban la escena con cara de sorpresa, lo que no sabía si era sorpresa porque no les había pegado aún o por cómo nos hablamos Dael y yo,  con confianza y como si los dos supiéramos lo que pasa por la cabeza del otro. – Pensé que podía fiarme de ti. ¡Me prometiste que no se lo ibas a decir a nadie!

-¡No se lo he dicho a nadie!

-¿Y ellos qué?

Estaba empezando a sentir una opresión en el pecho. Era la misma sensación que había sentido cuando había oído la historia de mis padres, la misma sensación cuando me había prohibido estar con Dael… Era dolor. Dolor de que me hubiese traicionado.

-Aria, -bajó el tono de voz, casi a un susurro, pues habíamos estado chillando- por favor, créeme. Sabes que soy de fiar, me conoces. – las palabras “me conoces” dejaban como una especie de mensaje subliminal entre ellas. “Me he esforzado en hacer que me conozcas” decía. – Te fías de mí, sabes que puedes fiarte mí. No sé por qué estaban Verónica y Zennon aquí, yo no he abierto la boca.

Quería creerle. Le estaba creyendo. Pero era tan difícil. No sabía si me estaba dejando guiar por el corazón, creerle porque era más fácil que sentir dolor. Aunque la cabeza también me decía que Dael no era de ellos. ¡Su olor me decía que era incapaz de traicionarme!

-No estoy segura. – Respondí. No sé por qué dije eso, a pesar de que realmente no lo sentía. Supongo que ya era un modo automático, comportarme de forma despreciable, sin atender a la razón, cuando estaba cabreada.

Y ahora lo estaba. Con Kaydeen, Dael o el mundo en general, no estaba segura.

-¡Dael es inocente! – Gritó Verónica a mis espaldas. Casi se me había olvidado que los primos hippies estaban allí.

-¿Quién te ha pedido tu opinión? – Me giré para encararla. Ella era mucho más baja que yo, daba gracia que se hubiera atrevido a defender a Dael, sabiendo que tendría que enfrentarse a mí.

-Dael no ha hecho nada malo, él sí es de fiar. – Contestó. – No como tú.

No me podía creer que se hubiera atrevido a desafiarme así. Me hacía reír, incluso. La cara de asombro de su primo era un poema.

-Puede que tú no, eres una chica lista. – Le sonreí, de esa manera en que hacen los depredadores: enseñando los dientes para infundir miedo en su presa. – Pero poco cuenta tu palabra aquí.

Sabía que estaba siendo cruel. Yo nunca había llegado al extremo de ser cruel. Me arrepentí inmediatamente en cuanto lo dije. Pero algo en mi instinto me hacía odiar a aquella chica, no entendía por qué, era como si fuésemos enemigas ancestrales. Me pregunté si en otra vida le hice algo, o ella  a mí.

-Dael se fía más de mí. – ¿Qué quería? ¿Ponerme celosa? Buen intento.

-Axel me quiere a mí. – Respondí indiferente.

Sabía que Dael le había dicho lo sucedido entre Axel y yo, nuestra pelea y que habíamos “roto”, aunque realmente nunca llegamos a estar juntos. Pero las palabras son poderosas, y duelen como agujas clavándose en la piel, pequeños pinchazos, al principio solo algo incómodo, pero a medida que se clavan más y más, el dolor se hace insoportable.
Fui consciente de que Verónica soltó un gritito, como el que haría un gato cuando le pisan la cola. Y luego vi sus manos agarradas a mi cuello. No al pelo como pelearía una tonta de instituto, sino al cuello, como una asesina entrenada.

Pero yo sí que era un arma letal: levanté la rodilla y le di en el estómago. Eso hizo que me soltase, pero en cuanto se recuperó, volvió a atacarme. Esta vez no me cogió desprevenida. 

3 comentarios:

  1. QUE FUERTE. PELEA PELEA PELEA. Me pena Verónica, siempre ganan los que tienen poderes.
    Por cierto, no pasa nada porque algun dia no subas un capítulo, ¿entrare en depresión? Si, pero se me pasará cuando lo subas.
    Besos Artista, Andrea

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  2. DIOS MÍO ME ENCANTAAAAAAAAAAAAA!!!! Holaaaaaa! Soy Fátima y hoy encontré tu historia de casualidad ^^ Cuando entré al blog me dije "uy mira, esta chica está escribiendo una novela, voy a leerme el primer capítulo para ver si me gusta y luego me pongo a estudiar", peeeeeeeeero... no resultó, nope, para nada resultó. La historia me atrapó desde la primera frase y no he podido dejar de leer hasta que me he puesto al día... si suspendo mi examen del jueves ya sabremos de quién es la culpa :P En verdad sería mía por no tener la suficiente fuerza de voluntad para dejar de leer y ponerme a estudiar pero en mi defensa... estudiar es taaaaaaaaaan aburrido :( En fin, te dejo de dar el coñazo y me despido pero no sin antes suplicarte, implorarte y rogarte que subas un capitulo nuevo pronto!!
    PD: el padre de Aria es Lucifer verdad?? Por eso el demonio este Kaydeen (se escribe asi??) la trata como si fuera de la nobleza cierto? Y por eso el propio Gabriel fue quien mató a la madre de Aria, me equivoco??
    Besos Fátima

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  3. Hola guapa! OMG DECIRTE QUE AMO COMO ESCRIBES ES POCO ¿NO? PUES AMO TU PLUMA Y A TI.
    Un beso <3

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