Capitulo 41: Aria

12/1/15

¿Os hago sufrir? Puede, pero que bien me lo paso. En el último capítulo se besaban ¿no? Algo de eso creo recordar. Bueno, este es uno de mis capítulos preferidos, pero creo que no va a ser el vuestro (inserte risa malvada) Como siempre, voy mendigar comentarios ¿qué os pasa? ¿Por qué ya ni comentáis? Si no lo hacéis por mí, hacedlo por TeamAriel. Siento haber estado tan desaparecida últimamente, ya sabéis, el final de las fiestas, la vuelta a clase, las rebajas (nunca había ido de rebajas, pero oye, que ahora tengo dos camisetas de Harry Potter) A partir de esta semana empiezo a subir las entradas prometidas, por ejemplo, el miércoles tenéis Mis mejores lecturas de 2014, esa entrada con la que he tardado tanto. Bueno, lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.


Aria

El mayor error de todos no fue la debilidad que sentí.

No fue haber caído en la tentación y haberle besado.

No fue el haber roto todas las promesas que me había hecho a mí misma, jurando no intentar estar con él mientras la guerra se librase.

El mayor error de todos fue que cuando le besé, creí que me iba a desmayar de felicidad. Fue el hecho de que me gustó. Fue el hecho de que al besarle, había confirmado todo aquello que yo había negado durante tanto tiempo con tanta insistencia: me había enamorado del príncipe azul.

Corté el beso en seguida, apenas duró. Me costó mucho hacerlo. Pero desde pequeña había aprendido que tenía que hacer las cosas que debía, no las que quería.

-Yo… - Susurró Dael, dejando escapar un suspiro.

Estaba tan guapo: la luz plateada de las estrellas reflejándose en su oscuro cabello, creando su propia noche en él. Sus intensos ojos azules me miraban, como si fuese la cosa más especial del mundo, como si fuese la persona que más quería en el universo. Y eso me hacía sentir mal.

-Lo siento. – Me aparté de él tanto como la barandilla pegada a mi espalda me dejaba, pero supongo que conocía a Dael lo suficiente como para saber que diría lo siguiente:

-¿Por qué? Ha sido… - Volvió a suspirar, como si no encontrara las palabras adecuadas que explicaran lo que sentía.

En parte le entendía: yo tampoco las encontraba. Desde luego había sido maravilloso. “¿Sigues buscando a ese chico que te haga sentir cosas de novela romántica?” No, ya no seguía buscando: lo había encontrado. Había sentido el corazón aleteando en el pecho, como si de un momento a otro fuese a decidir salirse del pecho; había sentido una extraña, pero a la vez cálida y agradable sensación en el estómago, como si me indicara que ahora todo iba a ir bien. Pero no iba a ser así, no podía permitir que las cosas fuesen así.

-Ha sido un error. – Dije.

Con el paso del tiempo había aprendido a crear una armadura, una forma para no dejar translucir mis sentimientos bajo ningún concepto. Siempre me había sido sencillo levantarla. Ahora sentía que esa armadura se iba rompiendo capa a capa, desprendiéndose como pequeñas láminas que caían poco a poco al suelo, hasta que no quedase nada. Temía no sonar convincente.

-¿Qué? – Su rostro cambió de expresión, parecía que le hubiesen dado una bofetada. – No, no digas eso. Sabes que no es verdad.

-Perdóname, yo… me confundí. Estaba sensible, te acababa de contar mi historia… no fui consciente de lo que hacía. Discúlpame.

-¡No! – Volvió a negar. – Aria, eres tan buena mintiendo qué sé cuando lo haces. Ese beso no fue un error: te gustó.

-Siento haberte confundido. Perdóname.

No pude aguantar su mirada por más tiempo: los ojos vidriosos, aclarando el azul de su mirada, reflejando todo el daño que le estaba haciendo.

Pero a mí también me estaba haciendo daño. Por eso me fui. No pretendía huir, salir corriendo y desaparecer como un soplo de aire ante sus narices. Pero lo hice, porque tenía miedo de perder el control de mi armadura rota y arrepentirme de rechazarle. Arrepentirme de privarme de ser feliz con él.

Pero no se trataba de lo que yo quería, sino de lo que debía hacer. “Un solo corazón podrá reconocer a ese extraño humano” Por eso solo yo podía olerle de manera diferente, por eso sentía que era el más bueno de todos. Porque solo yo, un demonio, se había enamorado de él. Y eso era malo.

Ya era suficientemente difícil para un demonio corriente y un humano corriente estar juntos. Al cielo no le gusta. No lo castigan con la muerte, como en el caso de los ángeles y los demonios, pero les hacen la vida imposible. No sabía por qué era, supongo que envidia o algo similar. El caso es que para mí, hija de mi padre, y Dael, el humano que estaba en busca y captura tanto para Cielo como para Infierno… era imposible. En nuestro caso, seguro que nos matarían, a ambos.

O peor, me encerrarían a mí, en el infierno, donde el tiempo no pasa, y le matarían a él. Nos estarían condenando a ambos a la muerte, porque vivir encerrada con el corazón roto por la eternidad… no creo que a eso se le pueda considerar vida.

Y por supuesto que  matarían a Dael: él era el humano tan extraño, ese cuyo destino estaba implicado en la guerra, que llevaría al bando en el que se encontrase a la victoria. Si los  ángeles le capturasen, lo matarían, para asegurarse que su bando seguía siendo el más fuerte.

No podía permitir que sucediese algo así. No podía permitir que le hicieran daño a Dael porque yo hubiese sido débil, porque hubiese sido egoísta: anteponer mi felicidad a su seguridad.

Está claro que a él le dolería, pero lo superaría. Era un chico increíble, y encontraría a otra chica. Sería feliz con otra persona. Tal vez cuando la guerra acabase, podríamos intentarlo… si es que todavía me ama para entonces. Y aunque no fuese así, me daba igual. Prefería ser infeliz a verle muerto.

Y si tan claro lo tenía, si estaba tan segura del sacrificio que iba a hacer, si lo decía con tanta calma ¿por qué sentía cómo si todo se estuviese derrumbando? ¿Por qué no se me aliviaba la presión en el pecho? ¿Por qué sentía como si un puñal se me estuviese clavando cada vez más hondo en el corazón?

En vez de volver a mi casa, fui a la de Dael.

Le esperé escondida en la acera de enfrente. Cuando llegó no aparcó el coche en el garaje, sino que lo dejó fuera. Se bajó de él y miró al cielo; incluso desde la distancia parecía abatido. No escuché nada, pero movió los labios, como si estuviese pidi… no, no pedía al cielo: estaba maldiciendo. Luego dio un puñetazo al edificio antes de entrar.

Fue apenas un segundo, pero pude captarlo: antes de entrar giró la cabeza hacia el exterior un momento, y en su rostro pude ver las lágrimas corriendo por él.

Me seguía doliendo el pecho.

Me dejé resbalar por la pared del callejón en el que estaba metida; las sombras me envolvían, pero no tenía miedo, no se le puede tener miedo a algo que es como tú: oscuro.

No era mi intención. Jamás lo había hecho. No desde que era una niña inocente. No desde que aprendí como es este mundo.

Lloré. Pero aún así, la presión en el pecho no disminuyó.

Un recuerdo me vino a la mente, las palabras que me dijo Dan el primer día que Dael llegó, antes de conocerle: todos sabemos que acabarás haciéndole llorar. Nunca me imaginé que la razón por la que haría llorar al príncipe azul, sería por haberle roto el corazón.

3 comentarios:

  1. Pues... Bueno... ¿Como decirlo? Llamame masoca si quieres, perp este capitulo me ha gustado, bastante la verdad.
    Seguro que habra muchisimos mejores y que acaben mejor... o puede que cuando la guerra llegue, si llega, mates a Aria l a Dael. No lo se, pero esperp que la historia acabe de forma "chachi piruli" y todos sean "very happys" .
    Besos Artista, Andrea.

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  2. Hace mucho tiempo que no me pasaba y por eso he leído los capítulos que me he perdido! Un beso cielo! La historia igual de perfecta que siempre! Y coincido completamente con el primer comentario

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  3. pero esto quE ES QUE HACES NO NO HAGAS ESO NOOO. VUELVE Y NO LE ROMPAS EL CORAZON. LLORO FUERTE. #TEAMARIEL ,_, Eres mala persona

    ☆

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