Capitulo 42: Dael

19/1/15

New chapter, my dear readers. Oh my god! ¡Qué dominio del inglés! Comencemos otra vez con la relación inestable de Aria y Dael. Por lo que veo os gustó bastante el capítulo anterior, aunque Aria fuese un poco cruel dejando plantado a Dael. Pero creo que así es el amor: cruel. 






Cambiando un poco de tema ¿Os gusta el nuevo diseño del blog? Sé que lleva así desde el miércoles pasado, pero las entradas que se subieron ya estaban programadas entonces y no os lo había preguntado. ¿Qué opináis? A mí me enamora, de verdad, es tan hermoso y profesional. Por supuesto darle mil millones de gracias a Gin R. Buitrago porque me ayudó con su magia de html. Me gustaría que fueséis a su blog heysoulhipster.blogspot.com y le déis muchísimo amor.

Por cierto, la entrada del viernes "Adolescencia", los que dijeron que era una imagen muy buena... sí, era una foto, pero lo escribí yo. Lo que pasa es que tuve que escribirlo en paint porque blogger no me dejaba poner las frases de esa manera. Nada más aclarar eso.

Ya ya dejo de daros la vara. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.




Dael

Estuve todo el día de mala leche.

Me levanté enfadado con el mundo, sentía que éste me había arrancado aquello que más quería, que me había arruinado mi momento feliz. Y supongo que en cierto sentido tenía toda la razón.

Por un momento comprendí por qué Aria siempre era tan borde, por qué siempre llevaba el ceño fruncido en su rostro, por qué estaba enfadada con el universo.

Ese momento se pasó rápido.

No solo estaba enfadado con el mundo, también le culpaba a él por el dolor que sentía. No culpaba a Aria; ella misma me lo había explicado, no quería enamorarse en tiempo de guerra, tenía miedo, y la entendía, no la culpaba por ello. Aún así su beso… y como se marchó después… dolió. Fue lo más doloroso que he sentido, comparaba el dolor con la pérdida de mis padres.

Culpaba al cielo por ser tan… no encontraba insultos que comprendiesen mi odio.

Y por eso estaba de muy mal humor. Con el mundo. Porque ellos habían hecho el mundo tal y como era.

Y por eso cuando me encontré con los primos en las taquillas ni los saludé. Mientras íbamos a biología, Verónica me hablaba, y yo apenas respondí algún que otro monosílabo (o gruñidos, con el cabreo me había dado por gruñir cual perro). Me preguntaron si me pasaba algo y yo les respondí algo así como que el mundo era una injusticia que albergaba vida (con el cabreo también me daba por decir cosas profundas y poéticas)

No respondí a nada en clase, a pesar de que el profesor siempre me miraba esperanzado de que resolviera sus preguntas, las cuales la mayoría de la clase no parecía ni si quiera entender.

La única clase en la que no me sentí como si odio líquido corriese por mis venas (ni como si me hubiese tomado veinte tazas de café, el cabreo me hacía sentir hiperactivo), fue la clase de música. A pesar de mi miedo, Aria apareció, tarde como siempre, pero apareció.

Ninguno dijo nada relacionado con la noche anterior. Tan solo ensayamos la canción. Sin embargo, cada vez que movía sus labios, no podía olvidar como me sentí en contacto con ellos. Fue un beso corto, un roce. Pero en ese momento me había sentido como si el mundo no fuese un lugar tan horrible, me había olvidado de las guerras y de que mi cabeza tenía premio para antiguas razas de ángeles y demonios. Me había olvidado de que había sido traicionado incluso por mis propios padres, de que era un marginado social en el instituto…. De todo. Solo había sido consciente de aquellos lugares en los que nuestros cuerpos estaban en contacto: sus manos en mis hombros, las mías en su cintura, su pecho contra el mío, mis labios con los suyos…

Quise decir algo antes de que acabara la hora y ella marchase a su clase y yo a la mía. Siempre podía esperarla a la salida, pero temía que se fuese corriendo, huyendo, como anoche. Pero cuando quise darme cuenta ya se había acabado y ella se había ido.

Luego la vi en clase de matemáticas. Y puedo decir que era Aria en estado puro: borde y malhumorada hasta niveles insospechables. Me supuse que era por el mismo motivo que yo: el mundo era una mierda. Aunque claro, el rechazado era yo, no ella.

Puede que no la culpase. Pero supongo que sí que estaba enfadado con ella. Al fin y al cabo, ella estaba en el mundo, y yo odiaba a éste. Incluido a mí.


-¡Dael! – Gritó Verónica desde el otro lado del pasillo; escuché sus pasos mientras correteaba para alcanzarme. - ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué estás tan molesto?

-No me ocurre nada. – Respondí sin volverme a mirarla, sin parar de caminar.

-Es por Aria ¿verdad? Ayer saliste con ella y hoy estás de mala leche. Te lo dije, ella es mala, no es para…

Me di la vuelta rápidamente. Vero frenó a tan solo un paso de mí, con la sorpresa reflejándose en su rostro, las palabras desvaneciéndose en sus labios. No me había percatado de lo bajita que era hasta ahora.

-Deja a Aria. No es como piensas.

Los ojos de Verónica, que antes brillaban de miedo y suficiencia, una extraña mezcla, se estaban ablandando.

-Dale, soy tu amiga, puedes contarme qué es lo que te pasa. – Su voz sonó incluso dolida, como si le doliera el hecho de que le estaba ocultando aquello que tanto mal me hacía por dentro.

Por más ganas que tuviese de confesárselo, de pedirle ayuda, consejo. De decirle por lo que estaba pasando y de que no quería pasar por ello yo solo… no podía. Decir algo sería tener que revelar toda la historia, y no podía hacerle eso a Aria.

Por muy enfadado que estuviese con ella en ese momento no pensaba traicionarla. Sobre todo porque aunque ahora mismo quisiera matarla, por encima de todo la amaba. Puede que incluso más que ayer. A pesar de que me rechazase. Aún veía un futuro en el que los dos íbamos de la mano mientras nos cargábamos ángeles con la otra. En esa fantasía también había una pistola futurista muy chula y Aria iba sin camiseta, pero esos eran detalles del sueño que no venían a cuento.

Quería estar con ella y no me iba rendir todavía.

-Lo siento, Vero. No puedo decírtelo.

Antes de que pudiese replicar o se le rayasen los ojos y me recordase a una indefensa niña pequeña a la que te es imposible negarle nada, me di la vuelta y me marché.

Iba a esperar a Aria. Iba a hablar con ella. Iba… no sé que iba a decirle, pero tal vez no hiciesen falta muchas palabras. Tal vez fuese ella la que hablase.

Esta vez no salió la última de todo el instituto (sí que tardó), pero por lo menos no se estaba escondiendo. Cuando me vio chasqueó la lengua con fastidio, pero no salió corriendo.

-¿Y bien? – Estaba recostado contra la pared con los brazos cruzados sobre el pecho.

Ella sabía que quería hablar. Y sabía que no iba a parar hasta que, por lo menos, se disculpase conmigo. También sabía que esta vez no se lo iba a poner fácil. Esta vez, por muy colado que estuviese por ella, mi enfado era mayor, y si Aria era borde, yo podía serlo más.

-Supongo que llevas esperando todo el día para que te de una bonita explicación acompañada de una sincera disculpa. – Se colocó en frente mío, cerca, pero a una distancia prudencial. Cruzó los brazos sobre el pecho.

-No esperaría menos.

-Pues sigue esperando. – Contestó; su rostro: una máscara de indiferencia. – Puedo disculparme por haber desaparecido, y lo siento de verdad porque sé que huir de esa forma te hizo daño. Pero no puedo darte más explicaciones a parte de las que ya sabes.

Di un paso hacia ella, de manera que apenas nos separaban unos centímetros (la acera era pequeña y si Aria daba un paso atrás se estaría tirando a la carretera por la que pasaban coches a toda prisa sin mirar a los peatones que se lanzaban a ella)

-Dime que no te gusto lo suficiente como para afrontar tu miedo y aceptaré tus disculpas, todo volverá a ser como antes del beso. – Fui consciente de que mi voz era apenas un susurro. A nuestras espaldas los alumnos del instituto se despedían en la puerta entre ellos para poner rumbo a su casa. Vi por el rabillo a Verónica y Zennon, quienes nos miraban como si Aria y yo fuésemos un reality show de lo más interesante. Nadie más nos prestaba atención.

-Yo…

-Aria. – Una voz cortó la respuesta de Aria.

¡Mierda! Estaba seguro que me iba a confesar su amor eterno ¿Quién era ese tío vestido con una gabardina y por qué la llamaba como si fuese una reina y temiese faltarle el respeto?

-Kaydeen. – Aria en su lugar, pronunció su nombre como si se tratase de un molesto primo lejano al que apenas conoces y del que no tienes buenos recuerdos.

-¿Este es el tío del que me hablaste? ¿El que te dijo todo lo de la guerra y el humano especial? – Recordaba que me había contado que un tipo de veintipocos la había esperado en la puerta de su casa para advertirla. No sabía cómo se llamaba. Pero dudaba que Aria conociese a muchas personas.

-Sí, es él. – Se giró hacia Kaydeen con cara de pocos amigos (la versión de Aria, y dado que se pasaba el día con esa cara, su versión daba más mala espina). - ¿Qué quieres? ¿Qué haces aquí?

-Te dije que vendría si tenía noticias. – El tipo llevaba unas gafas en cuyo cristal azulado podía reflejarme. No me gustaba la sensación que tenía cuando una persona podía verme los ojos pero yo a ella no.

Aria miró a todos lados. Prácticamente se había ido todo el mundo. Solo quedaban algunos aletargados y los primos, que no dejaban de mirarnos, al parecer para ellos, el show se estaba poniendo interesante.

-Aquí no. – Declaró Aria. – Síguenos.

Fuimos hasta la trasera del colegio. Mi coche estaba aparcado allí, pero ni loco le iba a decir a ese tipo que entrase en él.

Hice como que no me di cuenta cuando vi a Verónica asomar su cabecita rubia por la esquina.

-¿Habéis averiguado algo? – Preguntó Kaydeen quitándose las gafas para dejar ver unos luminosos ojos verdes.




2 comentarios:

  1. ¡Atten! Ya te dije que no era nada... Mil gracias por decirlo xD muchos besotes, y me alegro mucho de que te guste el diseño<3

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  2. Por que?!?! Por que siempre tienes que dejarlo en el momento mas interesante?? Un poco de intriga vale, pero esto es pasarse, me estoy muriendo. Como el siguiente capitulo no este a tiempo, ya puedes andarte cn cuidado ¬¬. El capitulo genial como siempre.
    Besos, Llara.

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