Diario de una Artista: Una argentina nos defendió en Florencia

21/11/14


Querida libreta:

Florencia tiene calles estrechas y mucha gente va en bici.

Ese sería mi resumen de Florencia, pero voy a profundizar un poco más en el viaje porque me siento generosa.

El viaje en tren fue agradable, amenizado por un estupendo libro en pdf en la tablet (Me voy de viaje a Itala pero sí, soy pobre para tener todos los libros que quiero en físico) El paisaje, sí, bonito, mucho prado y muchas vacas.

Llegamos a la estación ¿y qué sucede? Que nos toca volver a correr hacia el apartamento porque habíamos quedado para que nos dieran las llaves a una hora y nuevamente, íbamos justos de tiempo. Yo ya había estado en Florencia el año pasado en un crucero (Cada vez parece más que soy rica, pero mis ganas) y ya me conocía el lugar; de hecho estaba pasando por exactamente las mismas calles que había pasado la vez anterior, pero igualmente no dejaba de asombrarme.

Sinceramente, viviría en Florencia. Es preciosa, es como un gran pueblo con dimensiones de ciudad, pero no como Venecia que parece concentrarse en el turismo, Florencia era como más libre. Con un encanto diferente, como si otra época antigua y la era moderna se funcionasen.

Me cansé de ver casi tanto arte como en Venecia (¿A quién engaño? ¡Nunca me canso de ver arte!) Vi el auténtico David hecho por Miguel Ángel, y sí, impresionan tanto como dicen, no por la altura, sino por lo increíblemente bien perfeccionado que está. Cómo no, aquí también vi muchas iglesias, creo que estas eran más impresionantes que las de Venecia, más altas, con diseños más complicados (para la época que era, recordemos que estos flipados lo hicieron en el siglo XVI porque se aburrían, vamos) En el Duomo, la iglesia o catedral o no sé que nombre recibirá, más importante, tiene la cúpula y el campanario a los cuales puedes subir, a pie, obviamente. En total, y como dato, hice unos 2000 escalones en un día, pero nuevamente, valió la pena. Si vais, aunque estéis en mala forma y os quedéis sin aliento como me pasó a mí, merece la pena contemplar toda la ciudad desde lo alto.

Mi sitio favorito es la Plaza de la Señoría (Piazza de no se cuanto en italiano, pero no sé italiano ¿vale?) Es una plaza, donde hay unas cuantas estatuas, entre ellas una réplica del David, una de Perseo (Soy muy fan de Perseo y todas sus hazañas ¿ok?), de Neptuno (yo prefiero llamarle Poseidón, pero cada quién sus gustos) y muchas más, pero esas son mis tres favoritas. Voy a contarte, querida libreta, como casi me abandonan por segunda vez en el mismo lugar: con el crucero, fuimos a dicha plaza, y yo en mi momento fangirlismo me emocioné al ver a Perseo, mi madre, quién saca fotos a todo cual turista china, me dijo “Anda, ve y te saco una foto con Perseo”. En mi inocencia me acerqué, sonreí y me saqué una foto junto a a estatua de mi héroe favorito, y cuando volví al sitio donde había dejado a mi madre, había desaparecido. Raro es, que el único que me esperó (un poco escondido entre la multitud) fue mi padre, quién siempre bromea ( o espero que lo diga en broma) con abandonarme. Pues este año casi me hacen lo mismo, solo que en vez de abandonarme sola, me iban a abandonar junto con mi hermana. Que horrible hubiera sido tener que aguantarla (yo la quiero, pero eh, habla mucho) Y la moraleja de esta historia es: tus padres te quieren abandonar, no les dejes hacerlo.

Continuando con mi viaje por Florencia, diré que un día fuimos a Siena,  un pequeño pueblo cerca de Florencia muy bonito, donde 1) estando en una iglesia vi un monje que era una estatua pero que yo no sabía que era una estatua y me llevé el susto de mi vida y 2) ¿conoces el libro de Oksa Pollock? Claro, que no, eres una libreta. Pues en el libro de Oksa Pollock, su mejor amigo y mi personaje favorito, es Gus, y me encontré con un chico exactamente igual a él (puede que le lanzase una mirada un tanto… intensa, pero es que era exactamente igual a cómo me lo imaginaba)

Volviendo a Florencia, un dato que considero de suma importancia: hay una heladería con más de 80 sabores ¡80! No sabía cuál elegir, y eso que fui unas dos o tres veces.

¿Sabes que Florencia de noche me da la sensación de estar en un set de película y que en cualquier momento empezarán a saltar coches y escucharse disparos? Pues ahora ya lo sabes.

Mis últimos momentos en Florencia fueron graciosos. Verás, cogimos la guagua (o bus, es que soy canaria, lo siento, aquí decimos guagua) porque llovía y claro, íbamos a pagar el ticket al subirnos. Mi padre le iba a pagar al conductor, pero él dijo que no tenía ticket para darnos y no cogió el dinero de mi padre ¿Si no te coge el dinero qué haces? Te subes y te callas, porque fue lo que él dijo. Y con la mala suerte de que unas paradas más allá, se sube un inspector, nos pide los tickets, y no los tenemos, y dice que nos tenemos que bajar del bus, a pesar de que mi padre le estaba ofreciendo el dinero para pagarle, aunque no nos diesen tickets. El inspector seguía en sus tres, sin cogernos el dinero, y en esto, salta una señora que estaba sentada frente a mi hermana y comienza a discutirle al inspector, defendiéndonos, diciendo que no tenía derecho a decirnos nada, que la culpa era del conductor que no tenía ticket siendo primera hora de la mañana y que según la ley debía tenerlos (ella era abogada y yo no sé leyes italianas, así que la creí) Más tarde saltaron otros dos pasajeros y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos en la estación, así que nos bajamos, le dimos las gracias a la amable señora (que era argentina y por eso nos pudimos comunicar) y resumiendo, nos salió el bus gratis.

¿Te imaginas que hubiéramos acabado en comisaría porque al señor se le antojase? Hubiera sido una anécdota interesante para contarle a mis nietos.

Aún queda por contarte Milán. Pero eso en otro capítulo de mi aburrida pero no tan poco interesante vida.



Con cariño, LaArtista

1 comentario:

  1. Jaja tienes mala suerte, una amiga mía está viviendo en roma y dice que no ha pasado un inspector desde que llegó. La gente podría pasar gratis, pero en italia son raros y pagan.
    Me ha hecho gracia el viaje, yo también estuve y lo echo de menos, me encantó venecia. Yo viviría toda mi vida en venecia sin dudarlo, en serio, me enamoré.
    ¡Un besín!

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