Capitulo 36: Aria

17/11/14

¡Hola, queridos lectores! ¿Sabéis? Últimamente se han estado dando demasiadas noticias por las redes, pero no he sacado tiempo alguno para poder subir las entradas. Espero que cuando todos los exámenes pasen podamos debatir un par de cosas, cómo mantener una discusión civilizada sobre city of Heavenly fire, y deciros mis teorías sobre Insurgente. Pero a pesar del poco tiempo aquí tenéis vuestro capítulo y el viernes esperad una nueva entrega de "Diario de una Artista" Es como la segunda historia del blog, pero más como un diario mío y sin un día fijo de subida. Recordad, tan solo 4 días para Sinsajo. Lo de siempre:  leed, disfrutad,  ¡COMENTAD! y espero que os guste.




Aria

Aquella mañana me desperté más temprano de lo normal. Y por temprano me refiero a la hora que sonó el despertador y no veinte minutos después.

Con tranquilidad hice mi rutina de las mañanas. Era tan extraño no tener prisa. Aún sabiendo que me sobraba tiempo, corría, pues ya se había convertido en una costumbre.

Cuando llegué al instituto lo sentía diferente: casi vacío, con solo los empollones esperando fuera de las clases. Me dirigía hacia la taquilla de Dael para esperarle hasta que llegase, mi cabeza no dejaba de darle vueltas a lo sucedido en aquellos dos días, y cuando lo hacía, una sonrisa aparecía en mi rostro. “¿Amigos?” No dejaba de decirme a mí misma que todo aquello era un error. No había nada de malo en hacerme amiga de él, pues ya había demostrado que merecía toda mi confianza, pero estábamos a punto de entrar en guerra, si no lo estábamos ya. Y mis sentimientos por Dael no estaban… claros. Es peligroso enamorarse en temporada de guerra.  Y mucho menos si de quién te enamoras es al que todos quieren capturar o matar.

Por el camino me encontré con Axel.

-Buenos días. – Le dije cantarina.

-¿Dónde estuviste ayer?

-¡Vaya!, yo también me alegro de verte. – La sonrisa se me había desdibujado del rostro.

-Ayer faltasteis tú y el niño de mamá, ¿estuviste con él? – Alguien podría pensar que Axel se estaba comportando como un amigo preocupado, interesado en si me había pasado algo malo y me encontraba bien. Pero yo le conocía mejor que nadie y sabía que no estaba preocupado, sino celoso.

-Sí, estuve con él ¿Y? – Podría haberle dicho el motivo, pero no me apetecía ser buena hoy.

-¿Y? – Repitió enfadado. – Pues que te escapaste con él. Con un niño estúpido. Y encima con todo lo que está pasando, con la guerra. ¡Y que no me dijiste nada!

-De hecho, el problema fue ese: la guerra. – Vi como en sus ojos se abría paso la confusión. Decidí que era mejor contárselo todo. No porque se mereciera mi sinceridad, sino porque también él era parte de aquella historia, de mi mundo. – El domingo por la mañana Dael y yo fuimos a Londres, a la Biblioteca Británica, para buscar información, algo que nos sirviese para descifrar lo que todo el mundo intenta saber, cosas sobre la guerra. – Esperé a que hiciera algún comentario. No dijo nada, pero vi como se mordía la lengua, desesperado por decir lo que pensaba. – Nos atacaron tres ángeles. Nos pincharon las ruedas del coche y tuvimos que pasar la noche en Londres. Por si no fuera poco, ayer mientras esperábamos nuestro tren de regreso, esos mismos tipos me partieron el labio y alguna que otra costilla quizás. Pero tranquilo, Dael está bien. De hecho, él hizo todo lo que estuvo en su mano para ayudarme.

Durante un minuto no hizo más que mirarme. Los ojos inyectados en sangre, una vena en el cuello latiendo, los puños cerrados fuertemente y la respiración agitada. Estaba enfadado, celoso, un cúmulo de emociones que le harían estallar de un momento a otro.

-Deberías habérmelo dicho. – Dijo por fin, con una voz que intentaba mantener calmada, pero que dejaba entrever su enfado.

-Te lo estoy diciendo ahora. – Me crucé de brazos.

-Pero debería haber sabido dónde estabas. – Eso sí me enfadó.

-¿Para qué? ¿Para controlarme? Soy mayorcita, sé cuidarme sola como bien he demostrado.

-No. No sabes. Debería haber sabido dónde estabas, yo soy...

-¿Mi amigo? – Le corté antes de que acabara. – Sí, lo eres. Y como amigo puedes reclamarme algo si no te lo hubiese contado, pero te lo estoy diciendo ahora. Como amigo puedes aconsejarme, puedes darme tu opinión sobre Dael y sobre si es bueno para mí o no. Una opinión. No puedes decidir sobre mí.

-Soy más que tu amigo. – Me corrigió, con una arrogancia que no era propia de él.

-No. – Le dije, y sentía que esto era algo que debía haber hecho hace mucho tiempo. – Ya no.

Empecé a darme la vuelta, pero Axel cerró su mano en torno a mi muñeca, impidiendo moverme.

-¿Qué quieres decir? – Seguía enfadado, pero ahora, también se le veía desesperado.

-Nuestro pacto decía que si encontrábamos a otra persona y nos enamorábamos, el pacto se rompería y no podríamos enfadarnos el uno con el otro. – Recordé el momento exacto en que lo pactamos, en la parte de atrás del coche de su padre, una sonrisa en el rostro de cada uno. Mancha de pintalabios en la mejilla de Axel.

-¿Te has enamorado de él? – Su voz se quebró.

Sabía que le estaba haciendo daño, pero si no lo hacía, me estaría haciendo daño a mí misma.

-Cuando te beso, pienso en él. – Mi confesión apenas fue un susurro. Una confesión que ni yo misma quería hacerme.

-¡No puede ser cierto! – Exclamó. - ¡No te puedes enamorar de él!

-No puedes decirme lo que sentir.

-Abrirás los ojos. – Se acercó a mi rostro, con la mandíbula apretada. De nuevo ardía en cólera. – Y vendrás llorando a mí.

Me soltó la mano bruscamente, se dio la vuelta y se fue hecho una furia. Al pasar al lado de un pobre chico de primero, le dio un empujón a éste, el cual cayó al suelo. Salió del edificio soltando maldiciones.

Suspiré, aliviada. Me había quitado un peso de encima. ¿Axel me perdonaría? Algún día, seguramente en un futuro lejano. ¿Me afectaba su enfado? Sí, me ponía de malhumor también. Pero Axel había sido mi mejor amigo desde antes de saber caminar, y verle así, me producía un extraño peso en el pecho. Tampoco es como si yo fuese a ir ahora detrás de él a pedirle perdón por no haber hecho nada. Por haber sido sincera.

¿Estaba enamorada de Dael? Tampoco había que precipitarse. Pero no podía negar el hecho de que cuando Axel me había besado la última vez, había pensado en el príncipe azul. Por el momento éramos amigos, y así se quedaría la relación por mucho tiempo.

-Eh. – Me saludó con un gesto de la cabeza mientras se acercaba por el pasillo hasta mí.

-Príncipe azul. – Incliné la cabeza, imitando una reverencia.

-Si buscas a Axel acaba de salir… - Empezó a decir Dael señalando la puerta principal por encima de su hombro.

-En realidad te estaba esperando a ti. – Le corté.

-¿A mí? – Comenzamos a caminar hacia su taquilla.

-¿Somos amigos, verdad?

-Sí, ¿por qué lo preguntas? – Vi como sus ojos brillaban al pensar en nosotros como amigos. Interiormente sonreí con ternura.

Al llegar, apoyé la espalda contra la taquilla de al lado mientras Dael abría la suya.
-He cortado con Axel. – Fui directa al grano.

-¡Me habías dicho que no salíais juntos! – Me reclamó. Podía ver como por un lado estaba decepcionado porque pensaba que le había mentido, y por otro como saltaba de alegría por haber terminado con él.

-Y no salía con él, es más complicado que todo eso. – Le conté por encima nuestro pacto. Cómo funcionaba y cómo lo rompí. Su cara se iluminaba cada vez más mientras me escuchaba atentamente.

-¿Y por qué se enfadó tanto? – Preguntó cerrando su taquilla de un golpe.

-Por tu culpa. – Respondí.

Abrió los ojos. Movió los labios, pero no salió ningún sonido.

-¿Qué hice? – Dijo al fin, resignado.

-Nada. – Me encogí de hombros. – Me hizo elegir entre quedarme con él y no volverte hablar, o ser tu amiga y que él se enfadase. Se enfadó porque te elegí a ti.

-Yo… - Esta vez sí se quedó sin habla. No esperaba que fuese a decir eso. Aunque era algo normal: Axel me hizo elegir entre hacer lo que yo quería y doblegarme ante él. Casualidad fue que Dael se encontraba en el lado de hacer lo que yo quería. Quería ser su amiga y pasar tiempo con él, y eso haría.

-¡Hey, Dael! – Una voz cantarina y aguda se acercó por el pasillo, despertando a Dael de su estupefacción.

-Vero. – La saludó con la mano y una sonrisa.

El primo de la hippie iba con ella.

-¿Qué te pasó ayer? Zennon tiene la teoría de que fuiste a… - Dejó de hablar y su sonrisa se desvaneció al verme. - ¡oh! – Exclamó sorprendida.

Sonreí para mis adentros.

-Creo que voy a hacer pellas toda la mañana. – Le dije a Dael. – Te diría que vinieses conmigo, pero sé que un estudiante modelo como tú me rechazaría, así que… nos vemos luego.

-No faltes a música. – Me recordó.

-Estaré, aunque no prometo que sea puntual. – Le lancé una sonrisa la cual él me devolvió. – Y tú, - dije señalando a Verónica – Axel anda por ahí enfadado con el mundo, ve a consolarle y así ganarte su corazón.

Mientras me alejaba oí la exclamación de la chica y la risa de Dael. Me encantaba la risa de Dael.


Pasé la mañana en los jardines del instituto. Cualquiera diría que podrían haberme pillado, pues estaban enfrente del edificio principal, con asomarse a la ventana me habrían visto. Pero nada ocurrió.

Me recosté en el césped y pasé la primera hora mirando el cielo cubierto de nubes. Deseé que lloviera, y que el agua me empapase, y recordar la noche en Londres. Nos habían perseguido y había tenido miedo, pero también había estado con Dael, habíamos mantenido una conversación íntima y él… Era hermoso. Jamás me había parecido nadie hermoso. Podía haber dicho que eran guapos o que estaban buenos. Cientos de veces le había dicho a Axel que era guapísimo. Pero lo de Dael me superaba: él era hermoso. Su físico me atraía como un imán. Y su interior, era la cosa más bella que había contemplado.

Llegué tarde a música, como era de esperar.



2 comentarios:

  1. Me ha encantado, cada vez me gustan mas
    Te lo digo de verdad
    Besos Artista, Andrea

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  2. ¡Por fin! Estaba esperando algún capitulo así!! Venga Atten, si te pasas por mi blog veras que te he nominado a algo, no se si llamarlo iniciativa, premio o tag, pero tu misma, pásate!!

    Y sobre el cap:

    Sabes que yo soy muy #TeamDael
    Besis<3

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