Capitulo 35: Dael

10/11/14

Buenas tardes cordiales damas y caballeros. Punto uno antes de colgaros el capítulo: ¿por qué cada vez hay más visitas y menos comentarios? Ya sabéis que a mí con que me visitéis ya me hacéis la personita más feliz del mundo, pero bueno, si comentéis me matáis de amor, tranquilos que tengo buen seguro médico, no os cortéis en matarme (eso ha sonad raro) Siguiente punto: las matemáticas cuando aparecen letras en lugar de números, se empieza a complicar la cosa. A esto me refiero a que me están costando un poco más las clases que de costumbre, por eso no estoy tan pendiente del blog y aún no he subido muchas entradas que prometí hace tiempo. Pero paciencia pequeños saltamontes, dentro de poco vienen las vacaciones (sí, cuento los días) y tendré tiempo para programar muchas. Tercer punto: 11 días para Sinsajo, me tiemblan los bigotes de la emoción. Y por último: nuevo capítulos mis pequeñines. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste. 




Dael

Todos en el tren nos miraban con los ojos abiertos de par en par. Sobre todo a Aria, quien tenía la ropa halada, moretones comenzando a florecer en su pálida piel y sangre manchando sus manos y su rostro. Le temblaban las piernas y miraba al suelo fijamente, intentando mantener el equilibrio.

Le pasé un brazo pos los hombros y tiré de ella para pegarla a mí. Nos hice caminar por el pasillo, hasta llegar al último vagón, completamente vacío, lejos de las miradas de curiosos indeseados.

Se separó de mí y se dejó caer en un asiento amplio recubierto por una suave piel en tonos burdeos.

-Me duele la cabeza. – Masculló; al tragar, hizo una mueca de dolor.

-No me extrañaría, tienes la cara ensangrentada, parece que has venido de la guerra.

-Si no me doliera todo te daría un puñetazo para cerrarte la boca. – Se cogió la cabeza. Al notar la sangre, las deslizo suavemente hasta dejarlas frente a sus ojos. Los abrió sorprendida, como si fuese la primera vez que veía sangre, o por lo menos, la suya propia.

Me paseé por el vagón buscando algo que pudiera hacer, hasta que encontré un botiquín. Me senté a su lado y lo abrí.

-¿Sabes lo que tienes que hacer? – Me preguntó escéptica.

-Hay que limpiar la sangre primero.- Sonó más a pregunta que a afirmación.

A pesar de tener la cara como si acabase de hacer de extra en una peli de zombis, puso los ojos en blanco y asintió.

-Yo…- Me quedé a mitad de camino de su rostro con una toalla limpia en la mano.
-¿Te da miedo la sangre o qué?

-No sé donde está la herida, hay mucha sangre por toda tu cara. No… no quiero hacerte daño. –Balbuceé.

Me miró durante unos segundos con los ojos entrecerrados. A mí a penas me habían tocado: un placaje y alguna cachetada para intentar mantenerme quieto. Pero Aria se había llevado una paliza. No sabía si le dolía de verdad o solo era malestar ¿Los demonios sentían ese tipo de dolor? Por la mueca que había puesto permanentemente creía que sí.

Levantó la mano, al principio creía que me iba a quitar la toalla de las manos y que se iba a curar ella misma, alegando que yo era un completo inútil. Pero entonces me agarró la muñeca, guiándome por su rostro, obligándome a hacer presión sobre algunos sitios y sobre otros pasar de largo sin rozarla.

Su mano sobre la mía me quemaba, lo cual era irónico porque su piel estaba helada. Pero era su roce lo que me producía calor, no externo, sino interno, como fuego corriendo por mis venas.

-¿Agua oxigenada? – Pregunté cuando hube quitado toda la sangre. Con el rostro limpio, podía apreciar un corte en el nacimiento del pelo que se alargaba hasta la ceja, en el labio superior y un gran moretón que se empezaba a formar en la barbilla.

Aria asintió y empecé a curarla, esta vez sin su ayuda. Le puse agua oxigenada en las heridas para luego ponerle un poco de yodo. Apenas soltó un ruido, tan solo ponía muecas o apretaba los dientes. Pero ni un solo sonido de dolor.

-¿Quieres que te traiga hielo para la barbilla? – Le pregunté cerrando el botiquín.
-No, déjalo estar. – Se acomodó en el asiento.

-Si no te pones hielo mañana lo tendrás negro. – Le aseguré.

-Mañana no tendré ninguna herida. – Respondió con una pequeña sonrisa en la cara. Yo me quedé muy quieto. – Los demonios sanamos mucho antes. Mañana los cortes y los moratones habrán desaparecido.

-¿Entonces por qué me hiciste curarte? – Me giré hacia ella.

-Quería ver como lo hacías. – Respondió encogiéndose de hombros y cerrando los ojos.

-¿Por qué? – Pregunté confundido.

Aria suspiró y se puso recta en el asiento.

-Porque sí, porque me apetecía. Quería ver que tan cuidadoso eras, si eras delicado o un bruto. Simplemente me apetecía que alguien me cuidase un rato. Siento haberte engañado. – Dijo. – Bueno, en verdad no lo siento, pero si pensar que sí te hace sentir mejor…

Miró hacia otro lado contrayendo el rostro, de dolor o incomodidad, no lo sabía.

-No tienes que engañarme para que te cuide. – Me animé a decir.

-¿Qué quieres decir?

-Me salvaste la vida. Hoy. En la estación. – Comencé a decir. –Podrías haber huido, eres rápida, más que ellos. Esos tipos me perseguían a mí, en ningún momento intentaron capturarte, nada tenía que ver contigo. Pero te quedaste, por mí. Porque a pesar de ser ese niño pijo al que odias… te quedaste y peleaste, y te llevaste una paliza por mi culpa. Lo justo sería que yo cuidara de ti ahora, o por lo menos lo intentase. Pero no sé qué hacer.

Los ojos de Aria se posaron lentamente en mí, como si estuviera retrasando el momento de mirarme. Una vez lo hizo, se quedó así un rato. Ella mirando en mis ojos azules. Yo mirando en los pozos oscuros que eran los suyos.

-No te odio. – Dijo de repente, cortando el silencio. Su labio inferior temblaba levemente, pero en cambio su voz era firme y sin dudas. – Al principio quería odiarte, pero, tómate esto como un cumplido, nunca lo conseguí. ¿Por qué tienes que ser tan jodidamente amable, bueno y divertido? Creía que te odiaba por no poder odiarte, si es que eso tiene sentido. Pero ayer, anoche, hoy… me has demostrado que eres mucho más de lo que creía que podías ser. Perdóname por ser una idiota. – Se miró las manos descansando en su regazo. Suspiró. -  ¿Por qué quieres cuidar de mí?

La pregunta me pilló desprevenido. ¿No sería mejor preguntar por qué no? Ella era increíble. Era dura, fuerte y valiente, nadie podía negárselo. Pero yo, que me había colado por pequeños ratos bajo su coraza, podía contemplar que en realidad, en el interior, que es donde realmente cuenta, seguía siendo valiente, pero era frágil. Y yo quería protegerla de cualquiera que pudiese hacer que esa fragilidad de su interior se rompiese.

-Porque me gustas. –Respondí simplemente.

-Yo no te gusto. – Negó con la cabeza. – No puedo gustarte, no de verdad.

-Sí, sí me gustas, de verdad. Me gusta el lado tuyo que está enfadada con el mundo por lo que éste le hizo y me gusta el lado tuyo que ríe en alto porque es feliz. Me gusta verte sonreír a cada tontería que digo, que siempre quieras ir un paso por delante porque te hace sentir la líder y que a pesar de que te guste mandar, escuchas las opiniones de los demás porque sabes trabajar en equipo. Me gusta que me digas príncipe azul, me hace sentir más cerca de ti. Por eso quiero cuidarte, porque quiero que sepas que puedes contar conmigo, porque no quiero verte sufrir. Tú no lo has dicho, pero cuando te miro a los ojos puedo leer una historia terrible y mientras esté a tu lado, no quiero verte triste.

No me podía creer lo que acababa de hacer. Pero no me arrepentía ni un poco. Le había dicho la verdad ¿Uno se puede arrepentir de decir la verdad? Si lo haces eres tonto. Si no dices la verdad, si yo me callase mis sentimientos, no estaría avanzando. Jamás podría estar con Aria y eso sería mi culpa, por guardármelo todo para mí.

Pensé, estaba seguro, de que Aria se levantaría y me dejaría solo en aquel vagón. Creía que me dejaría de hablar, que la habría asustado y de que todos los avances que había hecho con ella se habrían ido por la borda.

En cambio, y sorprendiéndome totalmente, me abrazó. Rodeó mi cuello con sus delgados pero fuertes brazos y hundió la cabeza en mi hombro. Me cogió tan desprevenido que tardé un tiempo en devolverle el abrazo y estrecharla más contra mí, olvidándome que le acababan de patear todo el cuerpo, buscando únicamente su helado calor.

Nos quedamos un rato así, minutos o tal vez horas, el tren se puso en marcha y nosotros no nos habíamos enterado. Éramos conscientes de cada respiración, de cada exhalación, de cada latido del otro. Podría haberme quedado así toda la vida y haber muerto feliz.

Cuando nos separamos, Aria me miró con los ojos muy abiertos y los labios ligeramente entreabiertos, como si no supiese si arrepentirse de aquel abrazo espontáneo y desesperado.

-Yo… - Abrió la boca, pero apenas salieron sonidos inentendibles.

-¿Amigos? – Le ofrecí una mano. Recordé el primer día que la había visto y me había presentado, como ella la había rechazado. Como en ese momento me había cautivado.

-No te confundas, sigues sin caerme bien. – Respondió con una sonrisa en la cara. Tomó mi mano y la apretó.

Poco más duramos hablando, Aria no paraba de quejarse de que empezaba a ver borroso. Decía que puede que mañana no tuviese más heridas, pero que el mareo, el cansancio y el dolor general no se lo iba a quitar nadie hoy.

Se recostó sobre el asiento y se dejó dormir.

En un momento dado, su cabeza cayó sobre mi hombro y una de sus manos se aferró a mi brazo.

Como un buen caballero que soy, no hice nada por apartarla de mí. 

3 comentarios:

  1. Ohhhhhhhhh, me ha encantadoooooo.
    Que monoooooos, se ha dado un abrazoooooooo.
    Y como es un caballero no la quita de su lado :3
    Saludos Artista, Andrea

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  2. AH, tus bigotes XD me ha encantado esa frase... ¿De quien sera? jajaja, y bueno, ya que te debo mucho amor, hoy es un día genial para que nuestra genial Attenya sufra un coma-amorosil:

    ¡OSEA YA ESTABAS TARDANDO EN DARME MI DOSIS SEMANAL DE ARIEL! ME HA ENCANTADO, QUE MONOS QUE SON LECHES!! Eso es amor y no las pamplinas de crepúsculo<3 aish, y que quería que le cuide, por favor, Aria, vas de dura pero luego quieres mucho a Dael, jejeje. Tia, necesito un Dael en mi vida ya... bueno, un besote guapa^^

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  3. Ay diiooooooss pero que monos que son. Son tan cute juntos *llora*. Me encanta todo :_)

    Sinsajo lsjaludajslajekqkakskqjdjke

    ☆

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