Buenas tardes cordiales damas y caballeros. Punto uno antes de colgaros el capítulo: ¿por qué cada vez hay más visitas y menos comentarios? Ya sabéis que a mí con que me visitéis ya me hacéis la personita más feliz del mundo, pero bueno, si comentéis me matáis de amor, tranquilos que tengo buen seguro médico, no os cortéis en matarme (eso ha sonad raro) Siguiente punto: las matemáticas cuando aparecen letras en lugar de números, se empieza a complicar la cosa. A esto me refiero a que me están costando un poco más las clases que de costumbre, por eso no estoy tan pendiente del blog y aún no he subido muchas entradas que prometí hace tiempo. Pero paciencia pequeños saltamontes, dentro de poco vienen las vacaciones (sí, cuento los días) y tendré tiempo para programar muchas. Tercer punto: 11 días para Sinsajo, me tiemblan los bigotes de la emoción. Y por último: nuevo capítulos mis pequeñines. Lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
Todos en el tren nos miraban con los ojos abiertos de par
en par. Sobre todo a Aria, quien tenía la ropa halada, moretones comenzando a
florecer en su pálida piel y sangre manchando sus manos y su rostro. Le
temblaban las piernas y miraba al suelo fijamente, intentando mantener el
equilibrio.
Le pasé un brazo pos los hombros y tiré de ella para
pegarla a mí. Nos hice caminar por el pasillo, hasta llegar al último vagón,
completamente vacío, lejos de las miradas de curiosos indeseados.
Se separó de mí y se dejó caer en un asiento amplio
recubierto por una suave piel en tonos burdeos.
-Me duele la cabeza. – Masculló; al tragar, hizo una
mueca de dolor.
-No me extrañaría, tienes la cara ensangrentada, parece
que has venido de la guerra.
-Si no me doliera todo te daría un puñetazo para cerrarte
la boca. – Se cogió la cabeza. Al notar la sangre, las deslizo suavemente hasta
dejarlas frente a sus ojos. Los abrió sorprendida, como si fuese la primera vez
que veía sangre, o por lo menos, la suya propia.
Me paseé por el vagón buscando algo que pudiera hacer,
hasta que encontré un botiquín. Me senté a su lado y lo abrí.
-¿Sabes lo que tienes que hacer? – Me preguntó escéptica.
-Hay que limpiar la sangre primero.- Sonó más a pregunta
que a afirmación.
A pesar de tener la cara como si acabase de hacer de
extra en una peli de zombis, puso los ojos en blanco y asintió.
-Yo…- Me quedé a mitad de camino de su rostro con una
toalla limpia en la mano.
-¿Te da miedo la sangre o qué?
-No sé donde está la herida, hay mucha sangre por toda tu
cara. No… no quiero hacerte daño. –Balbuceé.
Me miró durante unos segundos con los ojos entrecerrados.
A mí a penas me habían tocado: un placaje y alguna cachetada para intentar
mantenerme quieto. Pero Aria se había llevado una paliza. No sabía si le dolía
de verdad o solo era malestar ¿Los demonios sentían ese tipo de dolor? Por la
mueca que había puesto permanentemente creía que sí.
Levantó la mano, al principio creía que me iba a quitar la
toalla de las manos y que se iba a curar ella misma, alegando que yo era un
completo inútil. Pero entonces me agarró la muñeca, guiándome por su rostro,
obligándome a hacer presión sobre algunos sitios y sobre otros pasar de largo
sin rozarla.
Su mano sobre la mía me quemaba, lo cual era irónico
porque su piel estaba helada. Pero era su roce lo que me producía calor, no
externo, sino interno, como fuego corriendo por mis venas.
-¿Agua oxigenada? – Pregunté cuando hube quitado toda la
sangre. Con el rostro limpio, podía apreciar un corte en el nacimiento del pelo
que se alargaba hasta la ceja, en el labio superior y un gran moretón que se
empezaba a formar en la barbilla.
Aria asintió y empecé a curarla, esta vez sin su ayuda.
Le puse agua oxigenada en las heridas para luego ponerle un poco de yodo.
Apenas soltó un ruido, tan solo ponía muecas o apretaba los dientes. Pero ni un
solo sonido de dolor.
-¿Quieres que te traiga hielo para la barbilla? – Le
pregunté cerrando el botiquín.
-No, déjalo estar. – Se acomodó en el asiento.
-Si no te pones hielo mañana lo tendrás negro. – Le
aseguré.
-Mañana no tendré ninguna herida. – Respondió con una
pequeña sonrisa en la cara. Yo me quedé muy quieto. – Los demonios sanamos
mucho antes. Mañana los cortes y los moratones habrán desaparecido.
-¿Entonces por qué me hiciste curarte? – Me giré hacia
ella.
-Quería ver como lo hacías. – Respondió encogiéndose de
hombros y cerrando los ojos.
-¿Por qué? – Pregunté confundido.
Aria suspiró y se puso recta en el asiento.
-Porque sí, porque me apetecía. Quería ver que tan
cuidadoso eras, si eras delicado o un bruto. Simplemente me apetecía que
alguien me cuidase un rato. Siento haberte engañado. – Dijo. – Bueno, en verdad
no lo siento, pero si pensar que sí te hace sentir mejor…
Miró hacia otro lado contrayendo el rostro, de dolor o
incomodidad, no lo sabía.
-No tienes que engañarme para que te cuide. – Me animé a
decir.
-¿Qué quieres decir?
-Me salvaste la vida. Hoy. En la estación. – Comencé a
decir. –Podrías haber huido, eres rápida, más que ellos. Esos tipos me
perseguían a mí, en ningún momento intentaron capturarte, nada tenía que ver
contigo. Pero te quedaste, por mí. Porque a pesar de ser ese niño pijo al que
odias… te quedaste y peleaste, y te llevaste una paliza por mi culpa. Lo justo
sería que yo cuidara de ti ahora, o por lo menos lo intentase. Pero no sé qué
hacer.
Los ojos de Aria se posaron lentamente en mí, como si
estuviera retrasando el momento de mirarme. Una vez lo hizo, se quedó así un
rato. Ella mirando en mis ojos azules. Yo mirando en los pozos oscuros que eran
los suyos.
-No te odio. – Dijo de repente, cortando el silencio. Su
labio inferior temblaba levemente, pero en cambio su voz era firme y sin dudas.
– Al principio quería odiarte, pero, tómate esto como un cumplido, nunca lo
conseguí. ¿Por qué tienes que ser tan jodidamente amable, bueno y divertido?
Creía que te odiaba por no poder odiarte, si es que eso tiene sentido. Pero
ayer, anoche, hoy… me has demostrado que eres mucho más de lo que creía que podías
ser. Perdóname por ser una idiota. – Se miró las manos descansando en su
regazo. Suspiró. - ¿Por qué quieres
cuidar de mí?
La pregunta me pilló desprevenido. ¿No sería mejor
preguntar por qué no? Ella era increíble. Era dura, fuerte y valiente, nadie podía
negárselo. Pero yo, que me había colado por pequeños ratos bajo su coraza,
podía contemplar que en realidad, en el interior, que es donde realmente
cuenta, seguía siendo valiente, pero era frágil. Y yo quería protegerla de
cualquiera que pudiese hacer que esa fragilidad de su interior se rompiese.
-Porque me gustas. –Respondí simplemente.
-Yo no te gusto. – Negó con la cabeza. – No puedo
gustarte, no de verdad.
-Sí, sí me gustas, de verdad. Me gusta el lado tuyo que
está enfadada con el mundo por lo que éste le hizo y me gusta el lado tuyo que
ríe en alto porque es feliz. Me gusta verte sonreír a cada tontería que digo,
que siempre quieras ir un paso por delante porque te hace sentir la líder y que
a pesar de que te guste mandar, escuchas las opiniones de los demás porque
sabes trabajar en equipo. Me gusta que me digas príncipe azul, me hace sentir
más cerca de ti. Por eso quiero cuidarte, porque quiero que sepas que puedes
contar conmigo, porque no quiero verte sufrir. Tú no lo has dicho, pero cuando
te miro a los ojos puedo leer una historia terrible y mientras esté a tu lado,
no quiero verte triste.
No me podía creer lo que acababa de hacer. Pero no me
arrepentía ni un poco. Le había dicho la verdad ¿Uno se puede arrepentir de
decir la verdad? Si lo haces eres tonto. Si no dices la verdad, si yo me
callase mis sentimientos, no estaría avanzando. Jamás podría estar con Aria y
eso sería mi culpa, por guardármelo todo para mí.
Pensé, estaba seguro, de que Aria se levantaría y me
dejaría solo en aquel vagón. Creía que me dejaría de hablar, que la habría
asustado y de que todos los avances que había hecho con ella se habrían ido por
la borda.
En cambio, y sorprendiéndome totalmente, me abrazó. Rodeó
mi cuello con sus delgados pero fuertes brazos y hundió la cabeza en mi hombro.
Me cogió tan desprevenido que tardé un tiempo en devolverle el abrazo y
estrecharla más contra mí, olvidándome que le acababan de patear todo el
cuerpo, buscando únicamente su helado calor.
Nos quedamos un rato así, minutos o tal vez horas, el
tren se puso en marcha y nosotros no nos habíamos enterado. Éramos conscientes
de cada respiración, de cada exhalación, de cada latido del otro. Podría
haberme quedado así toda la vida y haber muerto feliz.
Cuando nos separamos, Aria me miró con los ojos muy
abiertos y los labios ligeramente entreabiertos, como si no supiese si
arrepentirse de aquel abrazo espontáneo y desesperado.
-Yo… - Abrió la boca, pero apenas salieron sonidos inentendibles.
-¿Amigos? – Le ofrecí una mano. Recordé el primer día que
la había visto y me había presentado, como ella la había rechazado. Como en ese
momento me había cautivado.
-No te confundas, sigues sin caerme bien. – Respondió con
una sonrisa en la cara. Tomó mi mano y la apretó.
Poco más duramos hablando, Aria no paraba de quejarse de
que empezaba a ver borroso. Decía que puede que mañana no tuviese más heridas,
pero que el mareo, el cansancio y el dolor general no se lo iba a quitar nadie
hoy.
Se recostó sobre el asiento y se dejó dormir.
En un momento dado, su cabeza cayó sobre mi hombro y una
de sus manos se aferró a mi brazo.
Como un buen caballero que soy, no hice nada por
apartarla de mí.
Ohhhhhhhhh, me ha encantadoooooo.
ResponderEliminarQue monoooooos, se ha dado un abrazoooooooo.
Y como es un caballero no la quita de su lado :3
Saludos Artista, Andrea
AH, tus bigotes XD me ha encantado esa frase... ¿De quien sera? jajaja, y bueno, ya que te debo mucho amor, hoy es un día genial para que nuestra genial Attenya sufra un coma-amorosil:
ResponderEliminar¡OSEA YA ESTABAS TARDANDO EN DARME MI DOSIS SEMANAL DE ARIEL! ME HA ENCANTADO, QUE MONOS QUE SON LECHES!! Eso es amor y no las pamplinas de crepúsculo<3 aish, y que quería que le cuide, por favor, Aria, vas de dura pero luego quieres mucho a Dael, jejeje. Tia, necesito un Dael en mi vida ya... bueno, un besote guapa^^
Ay diiooooooss pero que monos que son. Son tan cute juntos *llora*. Me encanta todo :_)
ResponderEliminarSinsajo lsjaludajslajekqkakskqjdjke
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