¡Buenas! Nuevo capítulo, a manos de Dael en esta ocasión. Espero que os guste el final, aunque es algo que seguramente todos os esperabais. Y una cosita antes del capítulo: ya he visto la película de Vampire Academy (en inglés, obviamente) ¿Queréis que haga ya la comparación con el libro, sin dar spoilers, claro, o preferís esperar a que salga en español? Todo esto a los que hayan leído la saga de Vampire Academy, aunque si no la has leído y quieres opinar, aquí no discrimino ningún comentario. Nada más, lo de siempre: leed, disfrutad, ¡COMENTAD! y espero que os guste.
Dael
La
campana sonó, pero yo me mantuve inmóvil. Vi pasar sombras delante de mí,
alumnos dejando el aula. La primera de esas sombras: una chica envuelta en su
cabello negro huyendo.
Me
preguntaba si tenía prisa por ir a algún lado o simplemente quería salir de
allí cuanto antes.
El
chico que estaba con ella le siguió de inmediato.
-¿Qué
te pareció la clase? – Me preguntó Verónica mientras salíamos del aula.
La
había estado esperando mientras ella iba a mirar que canción le había tocado.
<<Aria,
a ti te toca Safe and Sound>> <<Quiero verte llorar>> ¿De qué
iba esa canción y por qué quería ver a Aria vulnerable?
-Ha
estado bien. Es la primera vez desde que he pisado el instituto que no me he
sentido un bicho raro. – Le contesté al cabo de un rato.
-Pues
espera a que veas tu siguiente clase. – Miró mi horario. – Tienes matemáticas
con el Sr. Celsius, te deseo suerte. Yo le tuve en química el año pasado y es
un ogro. La vas a llevar cruda: no le gustan los listillos.
-¿Prefiere
a los ignorantes?- Pregunté con ironía.
-No
lo sé. Solo sé que cuantas más preguntes contestes en un examen suyo más manía
te cogerá. Se regodea de ser el profesor con la asignatura más difícil.
-No
tiene sentido. – Dije riendo.
-Ni
para ti, ni para nadie. - Me respondió. – Bueno ¿sabrás llegar solo a la clase?
Miré
el mapa del instituto.
-Creo
que sí. – Contesté dudoso.
-Cualquier
cosa… - sacó un bolígrafo de su bolsillo del pantalón y anotó una serie de
números en mi mano – este es mi número. Llámame si me necesitas.
Se
fue dando saltitos más que pasos a su próxima clase y yo me di la vuelta
orientándome hacia la mía.
Caminé
cabizbajo y encorvado, intentando pasar lo más desapercibido posible, y odiando
mi altura en aquellos momentos. Normalmente me gustaba el hecho de mirar el
mundo desde mis ciento ochenta y cinco centímetros de altura, pero en aquel
momento sentía que era una desventaja.
Por
suerte nadie se paró a mirarme raro (nadie que yo me diese cuenta), ni me
pusieron la zancadilla, ni me avasallaron con su repertorio de insultos: pasé
como si no existiera.
Pero
para cuando la campana sonó yo todavía estaba, según el mapa, a mitad del
camino. Mi clase se encontraba al otro lado del instituto y si el Sr. Celsius
era tan malo como Verónica rezaba suponía que no iba a darle una buena
impresión llegando tarde a su primera clase; pasé de mirar el mapa y corrí en
dirección recta.
Crucé
el pasillo completo, salí del edificio, entré en otro y subí hasta la segunda
planta.
Para
cuando llegué no había ni un alma en los pasillos, todos estaban en clase. A
excepción de un chica de lacio y largo cabello negro, que miraba en mi
dirección a escasos pasos de mi clase.
Quise
decirle hola pero entonces corrió al interior de la clase: ella llegaba tarde,
al igual que yo. La imité. Acabamos entrando los dos a la vez.
-Llegan
tarde. – La voz del profesor me acongojó por un momento, pero en realidad yo
solo podía concentrarme en que estaba muy cerca de Aria. – Ya saben lo que eso
significa.
De
pronto presté atención a lo que decía el profesor y no, yo no sabía lo que eso
significa.
-Disculpe,
Sr. Celsius. – Adelanté a Aria para poder entregarle al profesor los papeles
responsables de hacerle saber que estaba apuntado en su clase. - ¿Qué
significa? – Pregunté con toda la inocencia del mundo; la clase estalló en
risas.
<<Vuelta
a ser el bicho raro>> pensé
-¡Oh!
Cierto es que es nuevo aquí. – Me respondió el profesor. – No se preocupe, aquí
su compañera la señorita Gómez –me di la vuelta para mirar a Aria- es veterana
en lo que se refiere a los castigos, ella le puede guiar.
No
sabía si llorar o reírme ante el hecho de estar castigado el primer día de
clase. Por una parte sabía que era malo, pero por otro me alegraba ver que lo
que en mi antiguo instituto era algo paranormal el castigar a alguien (a mí me
solían castigar a menudo) aquí se repartían por tonterías tan grandes como el
llegar tarde. Y me daba la sensación de que este no sería el último castigo.
-A
lo mejor quieren que les invite a tomar asiento. – Dijo rezumbando sarcasmo el
Sr. Celsius.
Aria
pasó por delante de mí ondulando su melena y se sentó en la primera fila pegada
a la ventana. El único asiento que quedaba libre era el de al lado suyo.
Me
senté a su lado con precaución, como si en cualquier momento pudiera esfumarse.
O atacarme.
Saqué
las cosas de clase, pero no pude concentrarme en ella. En su lugar puse toda mi
atención en mirarla a ella, a ella y su belleza de ángel vengadora: la piel
blanca contrastando con el oscuro cabello, los ojos negros como dos noches sin
lunas, sus dedos finos sujetando el bolígrafo, sus pestañas tan largas que casi
rozan las cejas. Lo que más me sorprendía no era que existiera alguien con el
poder de cautivarme tanto, sino que consiguiera eso sin truco alguno. Me
refiero, a que su belleza era natural, y no un producto del maquillaje.
-Soy
Dael. – Le ofrecí la mano para presentarme.
Ella
la miró, pero no me la estrechó.
-Lo
sé. – Respondió sin mirarme.
-Está
limpia. – Dije. – La mano quiero decir.
Suspiró.
-Mira,
he tenido la mala suerte de llegar tarde y de que me tocase sentarme al lado
tuyo. Tendré que aguantarte todo el trimestre, pero no por ello debe significar
que seamos amigos. No lo vamos a ser, yo no me hago amiga de gente como tú. Y
será mejor para ti que aprendas esto rápido o te vas a llevar grandes
decepciones. – Su voz era fría, cortante. Pero percibí un trasfondo en ella,
como si realmente no creyese en las palabras que estaba diciendo.
-¿Pretendes
hacerme llorar? – Pregunté en respuesta.
Ella
se acercó un poco más a mí, queriéndome intimidar.
-Pretendo
hacerte huir.
Me
miró directamente a los ojos, sin ninguna vacilación en ellos. Y fue ahí cuando
lo tuve claro: me gustaba.
¿Me
gustaba porque parecía un reto? ¿Me gustaba porque era un imposible? ¿Me atraía
el hecho de que me odiase? ¿Me iba a terminar enamorando o era un simple
cuelgue?
No
sabía la respuesta a ninguna de ellas, pero tenía claro que me gustaba.
-No
me voy a rendir tan fácil. – Le dije, acercándome yo también. Sabía que no se
iba a intimidar, pero así marcaría mi posición.
Jajajaja, así marcaría mi posición, este chico me encanta (aunque sigo prefiriendo a Darío, de momento). Me gustan las dos perspectivas, estoy mas acostumbrada a la perspectiva femenina, aunque ya me he leído la saga de Percy, pero sigo sin acostumbrarme jajaja
ResponderEliminarBesos Artista, Andrea
Ayyyyyyy me encanta Dael *--* yaaa que empieze la diversión xd así que Aria no es a la única que castigan con frecuencia sino que ahora Dael le va a hacer compañía :) Ggracias por el cap!!! Y yo no leí y ni vi la película de la saga así que no digo nada porque primero me gustaría leerlo besos cuídate
ResponderEliminarAyayay esto se pone emocionante. Me como a Dael xDD y que malota Aria... Me recuerda un poco a Hush Hush e.e
ResponderEliminarBien redactado, como siempre.
<3 ☆
OMG! *-*
ResponderEliminarLa última parte me recuerda taaantísimo al anime Aku no hana... Y Aria se parece muchísimo a Nakamura --'
Dejando mi lado otaku a parte, genial capítulo y narración...
¡Que empiece la fiesta! ^_^