Siento mucho, mucho, mucho el haber tardado tanto en subir el capítulo 18, como recompensa espero poder subir el próximo este fin de semana, o a lo máximo antes del martes que viene. Bueno, lo de siempre, espero que os guste, comentad, que vuestra opinión lo es todo, y nada más pequeños lectores, espero que os guste.
Creo que
nos hemos perdido. Sí, sin duda no tenemos ni idea de a dónde vamos. No estoy
segura pero creo que estamos caminando en círculos.
- Es
imposible salir de aquí – se frustra Dario
Me suelta
la mano, y le da una patada a un espejo, haciendo que miles de pedacitos vuelen
hasta el suelo. ¡Genial! Tras el espejo se encontraba un hueco, una especie de
túnel. En su interior está iluminado por antorchas, hay una cada tantos metros.
- Eres un
genio – digo mientras el doy un corto beso.
- Eso ya lo
sabía
Caminamos,
sin las manos, aunque conociendo a Dario seguimos teniendo peligro de caer. El
túnel no es muy largo, normal. A la salida, los primeros rayos del amanecer me
rozan la piel. No puedo evitar poner una tonta sonrisa de alivio. Dura poco… el
aire… inspiro profundamente un par de veces para asegurarme y sí… el olor
metálico de la sangre inunda mis fosas nasales, hasta tal punto de hacerme
temblar. Dario, torpe pero listo, también se percata. Damos un par de pasos
vacilantes, hasta que no puedo más. La curiosidad y el miedo se apoderan de mí,
y mis piernas como si no me perteneciesen comienzan a correr.
Intento
ahogar un grito de horror cuando le veo. Su hermosa cara destrozada, con la piel
y la carne desperdigadas a su alrededor. Le falta media oreja, al igual que
carece del ojo izquierdo y varios dedos tanto de las manos como de los pies.
Sus tripas también yacen fuera de su cuerpo, al igual que, si no toda, casi
toda su sangre, puesto que el inerte cuerpo está recostado en un césped teñido
de su líquido vital. ¿Cómo ha podido ser? ¿Quién lo ha hecho? Grito de horror y
miedo, mientras me seco las silenciosas lágrimas que han estado corriendo por
mis mejillas. Corro por donde he venido, igual de inconsciente. El encontrarme
con Dario no hace mucho, pero algo me reconforta. Le abrazo y esta vez mis
lágrimas acompañan a un incontenible llanto.
Kai…
¿Por qué
él? ¿Quién querría matar a ese inocente?
- ¿Qué ha
pasado? ¿Qué has visto? – se separa un poco y me acribilla a preguntas
- Yo, lo vi
y entonces… - no aguanto mucho y lloro con más insistencia. Dario me aprieta
más contra si, intentando calmarme.
Una
impotencia nace de mí sumiéndome en un dolor indescriptible. La muerte de un
ser querido es algo que jamás he llevado bien. Por poco que lo conociese me
sentía conectada a él por un vínculo de amistad casi tan fuerte como el que
tengo con Liam. Cuando mi padre murió caí, mi vida se hundió y me costó
bastante más que mucho para salir adelante. Kai era un buena persona, dio la
vida por mí, puso una ciega confianza en mí. Seguramente acaba de morir por mí.
Sentimientos,
y más sentimientos de culpabilidad, añoranza, tristeza y sobre todo miedo
recorren mi mente. Mientras Dario curioso por averiguar el origen de mi mal
avanza hasta llegar al descuartizado cadáver. Me escondo. Apoyo mi cara en su
pecho ocultándome de la verdad que bien conozco. Un grito desesperado atraviesa
la neblina de mi mente haciéndome llegar un dolor, un dolor tan profundo que ni
si quiera cuando murió mi padre yo llegué a sentir.
- ¿Por qué?
– solloza desesperada Atara, mientras, escucho una voz que maldice pero que al
final se quiebra tratando de aguantar un posible llanto.
Elliot. Sé
que también le ha afectado lo de Kai, es como yo. Sabe lo que es perder a un
ser querido y a pesar de que no lo conocía mucho, cuando se une con alguien se
forma un vínculo irrompible.
Me doy la
vuelta lentamente, con los dedos entreabiertos en la cara, como si estuviese
viendo alguna estúpida película de terror. Aunque a decir verdad, es de terror,
lo malo es que esto no es solo una película, sino la cruda e injusta realidad.
Poco a poco ante mis ojos y a través de mis dedos vuelvo a ver la sustancia
vital del chico derramada a su alrededor. Empiezo a sentir ese dolor de
barriga, como cuando te mareas en un barco al ver sus tripas y… Y lo vuelvo a
sentir, extrañas vibraciones. Como una vocecita que sale de mis entrañas
advirtiéndome de que hay peligro.
- ¿Tú
también lo sientes? – me pregunta Elliot, que está presionando el hombro de
Atara en un intento de calmarla.
- ¿Sentir?
Como si una voz que no escuchas te estuviese advirtiendo para que corrieras ¿es
eso? – le pregunto a mi vez.
Asiente
levemente.
- Pues…
Atara no quiero ser grosero, sé que estás triste, créeme cuando te digo que yo
también, pero debemos irnos, no tiene sentido que muramos todos.- apura Dario
Atara, con
los ojos hinchados y la nariz roja del llanto, se incorpora lentamente pero con
fuerza. Se seca las lágrimas que deforman su bello rostro y saca su machete, el
mismo con el que intento matarme, perdón con el que aparentaba intentar
matarme.
- ¡Vamos! –
exclama con convicción.
Otra cosa
que admiro de Atara es que, a pesar de que está destrozada, sabe mostrarse
fuerte. Algo así como lo que he intentado hacer yo toda mi vida y que al final
creo que lo he conseguido. Por lo menos intimidar, intimido.
No me doy
cuenta de que estamos corriendo hasta que no pierdo el equilibrio y tropiezo.
Por suerte Elliot me coge el brazo antes de darme un gran batacazo. Corremos
como alma que lleva el diablo. Seguimos en línea recta, y si torcemos, siempre
lo hacemos a la izquierda. A pesar de nuestras sonoras pisadas puedo distinguir
el leve sonido que produce el siseo de las rosas. Pronto (irónicamente hablando) alcanzamos un claro
como en el que encontramos a Elliot, pero en vez de haber un sauce y un
estanque, aparece ante mis ojos un robusto roble, en cuyas hojas hay trenzadas
cintas de llamativos colores, y de un extremo de éstas, cuelgan candados. Un
arroyo cruza bajo el roble y se pierde en caminos más allá por el laberinto.
¡Un arroyo! ¡Oh Dios! Es un arroyo, agua natural, eso significa que…
- ¡Un
arroyo! – exclama Atara
- ¿Y qué? –
pregunta un ignorante Elliot.
- ¿Eres
tonto? – escucho decir a Atara, con una expresión entre el enfado y el
cansancio – piensa, un arroyo crece en las montañas del agua de la lluvia por
lo tanto este debe llevar a algún sitio. Si en el más extraño de los casos nos
condujera a una montaña en el interior del laberinto tendríamos mejor visión de
los caminos
- Sí, todo
eso esta muy bien pero… Las rosas cambian el camino a su antojo, con lo cual no
sacamos nada en claro – comenta Dario
- Algo es
mejor que nada pienso yo – dice Atara aún más irritada.
- Cierto –
dice Elliot – además ¿Qué podemos perder? A lo mejor encontramos la salida por
pura suerte.
Y sonríe
satisfecho. Entorno los ojos y me alejo de los demás, que siguen discutiendo
sobre si deberíamos seguir el arroyo que nos llevará a una montaña o la
dirección contraria, porque es muy probable que sea un burdo truco para
despistarnos. Yo sigo pensando que todo lo que está ocurriendo no es parte de
la realidad. Tengo la extraña sensación de que si mirase en el hueco del roble
encontraría un botón y haría desaparecer todo esto, como en un videojuego. Por
pura curiosidad miro en el hueco del árbol, algo muy tonto por mi parte, pues
no hay nada que sirva. Aún así era una bonita ilusión. Aquellos individuos
gritones siguen, pues eso, gritando. Me centro en escuchar el agua. Un
relajante sonido que, por algún motivo, me insita a que camine hacia la pared
de enfrente, por donde se pierde el arroyo. Es como estar en trance. Cautivada
por la maravillosa música que producen las ondas en el agua y el viento
acariciar su superficie. No me doy cuenta hasta que roza mi brazo, pero Elliot
está a mi lado, parece escuchar el mismo cántico que yo, al que al parecer, se
le ha unido una voz angelical. Una voz fina y suave, de esas que te recuerdan a
las canciones de cuna que te cantaba tu madre.
Como si mi
madre me estuviera susurrando al oído, de manera cariñosa, escucho una voz. Me
dice que cruce a través de las rosas, dice que está bien, que no nos pasará
nada, “Es solo una ilusión…” dice.
¿Eh? Bueno da lo mismo. Acerco mi mano, temerosa, Elliot, como mi reflejo hace
lo mismo. Cuando la yema de mis dedos tocan la superficie, que debería ser
vegetal, me encuentro con que es, como bien me susurró la voz, una ilusión. Es
como en la película de star trek, una capa como si fuese agua, pero de la que
no te mojas. Algo nunca visto (sin contar las pelis, claro), con cuidado,
siguiendo la voz, introduzco tres de mis dedos. No pasa nada extraño, solo noto
el cosquilleo del agua acariciando mi piel. Meto la mano por completo; nada
extraño, por lo que me armo de valor para cruzarlo por completo. Como si me
fuera a zambullir en una piscina tomo una gran bocanada de aire y corro contra
la pared acuática. Por un momento pensé que al otro lado, al abrir los ojos, me
encontraría en el fondo del océano, y escucharía a los peces cantar. Suena
ridículo e inverosímil pero aún así, me dio esa sensación. Lo cierto es que hay
más caminos del laberinto, exactamente iguales a los que hemos pasado, o ya
hemos pasado por este, o tal vez no… lo cierto es que aquí todo se parece por
ello es tan confuso. Aunque definitivamente no, no hemos pasado, pues por aquí
sigue fluyendo el arroyo. Elliot no tarda en pasar, y no más de lo que dura un
latido, pasan Dario y Atara que me miran anonadados.

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