Capitulo 17

10/2/13

Buenos días, tardes o noches queridos lectores míos. Antes de entregaros el preciado capítulo 17, recordaros que estamos en Carnaval jaja que hay que pasárselo bien, salir  a la calle y perder la cabeza (con responsabilidad eso sí xD) En pocas palabras ¡¡FIESTA!!



Ahora sí, aquí os dejo con el capítulo 17, espero que os guste, ya sabéis comentad que para mí lo es todo vuestra opinión Besos. 




Cuando despierto, ya no estamos en un cilindro hecho de una vegetación demoníaca. Un camino se abre ante mí, una recta, que se va curvando ligeramente hacia la derecha. Una fuente hecha de mármol blanco, decorada por grabados de intrincados nudos a su alrededor, yace en el centro del camino, ofreciéndonos una agua cristalina, que brota de las flechas de dos pequeños cupidos colocados en lo alto. Al pie de ésta crecen delicadas violetas que trepan hasta la mitad de la hermosa fuente.

Como una especie de sacudida eléctrica recorre al adormilado Dario que se encuentra junto a mí. Empieza a desperezarse. Me percato de que a parte de los cortes en sus sangrantes muñecas y tobillos al igual que yo, también tiene un gran arañazo bajo el ojo izquierdo.

- Buenos días bello durmiente – le digo al oído suavemente, mientras le aparto el pelo de los ojos.

Se sobresalta un poco al ver el camino. Se incorpora, apoyándose sobre el codo. Me mira y lleva su machacada mano hasta mi mejilla para acariciarla.

- ¿Cómo estás? – me pregunta con voz dulce y tranquila.

- Yo estoy bien ¿y tú? Pareces más machacado

- Yo estoy bien, la que me preocupa eres tú – dice mientras acerca mi cara hasta besar mis fríos labios suavemente – no quiero que te pase nada.

- Y no me va a pasar nada, no sé si te has olvidado pero soy yo la que tiene poderes de dioses.

- Sí, supongo que debo ser yo el que tenga más cuidado. Mira como un puñado de hierbas me han dejado mi bonita cara – dice poniendo una mueca

- Bueno nada irremediable – entonces decido quitarle tensión al momento y que mejor manera que bromear – aunque tienes razón, ya no es tan bonita.

- Buen… Tampoco te pases además yo puedo vivir con una cicatriz soy un tío, ¿Tú podrás vivir con las manos de llena de ellas? – pregunta divertido

- Para tu información yo ya tengo más de una cicatriz, de los perros, tengo la forma de sus bonitas dentaduras en mi espalda

- ¿A si? ¿En serio? – pregunta asombrado

- Mira

Me bajo la camiseta puesto que me queda bastante larga y dejo al descubierto la mitad de la espalda. Ahí tengo una gran mordedura y otra más pequeña. Me ocurrió cuando era una novata y todavía no había conocido a Liam. Estaba corriendo, huyendo, les había asustado y cuando asustas a un perro salvaje ocurre esto, yo todavía no sabía disparar en movimiento así que me tiraron al suelo, me mordieron, y una vez que los tuve encima pude clavarles las flechas. La enfermera que me curo en el hospital del pueblo me dijo que no era nada serio, solo una herida superficial, pero sí que se me iban a  quedar unas bonitas marcas.

- Alucinante… - suspira Dario

- Yo no creo que sea tan alucinante, por eso no puedo lucir cuerpo en la playa.

- Tampoco hay mucha costa en el pueblo donde se pueda lucir cuerpo

- Cierto – digo - ¿Nos ponemos en marcha?

- ¿Buscamos a los otros?

- No, será mejor que intentemos salir, ellos harán lo mismo y si no los encontramos por el camino  a la salida pediremos ayuda

Dario asiente, se levanta ágilmente y me tiende la mano como un auténtico caballero. Me levanto y comenzamos a andar por el camino, rodeando la fuente y perdiéndonos tras el siguiente sendero que se encuentra en total oscuridad.

El negro de alrededor dificulta, algo más que un poco, el seguir caminando. Es como cuando entras en una casa de terror y está todo oscuro y lo primero que piensas es que uno de esos maniquíes bien feos saldrá para hacer que tu corazón de un vuelco. Esto es más o menos lo mismo, lo primero que piensas es que alguien bien feo saldrá no para que tu corazón de un vuelco si no para arrancártelo del pecho con sus propias manos.

El negro empieza a aclararse con unos primeros rayos de sol. Perdón, con unos primeros rayos de una luna creciente. El tenue hilo color plata se refleja en los espejos. Volviendo a la sensación de feria, parece una casa de espejos, paredes repletas de nuestros asombrados reflejos. Cientos de yos, mirándome asombrados. Cientos de Darios escrutando el lugar al acecho. Doy algunos pasos con pies temblorosos. Cuando me doy cuenta me estampo contra un cristal. ¡Auh! Unas gotitas espesas de sangre caen por mi frente. Me las seco con la manga de la chaqueta.

- ¿Y la salida? – pregunta Dario

- ¿Dónde estás? – camino a tientas hacia uno de sus reflejos, pero a eso un reflejo. Por lo que vuelvo a chocar con el espejo (esta vez sin hacerme daño)

- ¡Aquí!

- ¿Dario?

- Estoy aquí – dice cogiéndome el antebrazo.

- No te separes – digo agarrando su brazo. Tengo miedo a perderme. No sería la primera vez que me despisto en un sitio de estos.

- Camina con una mano ante ti para no volver a darte – me dice con voz de padre protector, y dejando en la voz un hilo haciéndome saber que no puede aguantar la risa.
Unas repentinas ráfagas de viento heladas hasta el punto de doler, pasan haciéndonos temblar. Rápidas sombras danzan a nuestro alrededor, cambiando repentinamente de aspecto. De ser una anciana a una niña adorable y dulce. Una niña de aspecto familiar. Un aspecto que hace que a Dario se le hiele la sangre y se le tense el cuerpo. Tienen cierta similitud. La hermosa y tierna niña aparenta tener los diez o puede que poco más, su castaño pelo color café cae en cascada por su espalda, y sus ojos de un azul tan perfecto como los de Dario brillan bajo los escasos rayos de luna. Lleva un vestido blanco, con el cuello redondo, que se ajusta hasta la cintura y luego cae suelto hasta la mitad de las pantorrillas, resaltando las sandalias rosa pálido de sus pequeños y delicados pies. Sí que son similares. Tengo algunas sospechas y la reacción de Dario de caminar a tientas y cogerle la mano a la sombra me lo confirma. Es su hermana.

- Moni… - jadea Dario

- ¡Dario! ¡Me alegra verte! – exclama la niña lanzándose a los brazos de su hermano.
El corazón me da un vuelco cuando la aparentemente inocente niña me lanza una mirada anegada por el odio.

- ¿Qué haces en este sitio? Tu no deberías estar aquí – habla Dario

- Vengo a sacarte de este sitio, a salvarte del peligro – susurra ella

- ¿De qué peligro? – pregunta Dario incorporándose.

- De ella… - susurra todavía más bajo Moni

- ¿Ella? ¿La bruja?

- No, ella. – Dice señalándome – es peligrosa no puedes estar con ella tienes que volver conmigo.

- Pero Alex, no es mala, es mi novia. La mala es Ella, la bruja de hielo – responde Dario del todo confundido

- ¡NO! – Chilla la pequeña - ¡TIENES QUE DEJARLA! ¡ES DEMASIADO PODEROSA!

- ¿De qué hablas Moni? – me introduzco en la inquietante conversación.

Los preciosos ojos de la dulce niña, esos ojos del azul más perfecto que se haya visto, se empiezan a tornar en rojo. Haciendo que brillen del color escarlata. Mientras sus ojos se siguen inyectando en sangre, sus ropas arden envueltas en lenguas de fuego. Cuando me quiero dar cuenta ha crecido varios centímetros hasta ser poco más alta que yo. Su pelo ya de por si oscuro, se sigue ensombreciendo hasta adoptar el color del carbón.
Ella…

Por mi instinto atraigo a Dario hacia a mí. Poniendo mi cuerpo entre él y Ella. ¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que debo hacer? Los pocos poderes que  conozco no son nada efectivos con los de Ella (aunque se supone que soy más poderosa, no tengo ni idea de cómo se sacan, se manifiestan ni nada…) A no ser que contemos con lo de estallar cosas con la mente, en ese caso podría hacerle explotar la cabeza. Aunque lo más probable es que no funcione.

- Vosotross…. Raza débil…. Seréiss DESTRUIDOS – dice poniendo mayor énfasis en la palabra destruidos.

¡Enserio! Como desearía eso de hacer cosas con la mente y hacer que se retorciera de dolor. Que probase un poco de su propia medicina. Le ha hecho daño a Dario haciéndose pasar por su hermana, me ha hecho a daño a mí infinidad de veces, le ha hecho daño a todo el mundo de esta dimensión, es justo que lo pague.

Una sacudida eléctrica recorre mi columna. Haciendo que un nuevo poder nazca en mí. Lo de hacerle estallar la cabeza sería un acto de bondad comparado con lo que me siento capaz de hacerle ahora. Me elevo pocos centímetros del suelo hasta ser algo más alta que Ella. Noto como de mis manos cobran vida cientos de kilovatios, pequeñas chispas estallan en mis dedos. Parezco una gran bomba eléctrica a punto de estallar.

Entre el rojo y negro de sus ojos se percibe el claro miedo. La envidia. La desesperación. Dirijo mis manos hacia su cabeza. De un solo pensamiento esas miles de descargas eléctricas saltan.

- Lo siento… - murmuro con el propósito de que oyese lo suficiente.

Se lo merece, pero no me siento bien matándola.

No pasa nada, una vez expulso la descarga, ella se desvanece en el aire. Se convierte en una sombra y huye atravesando los espejos.

Confusa.

¿Qué ha pasado?

Vuelvo al suelo. Las rodillas me tiemblan y pierdo el equilibrio. Dario me sujeta por los codos para que no me derrumbe, es tarde, mi cuerpo yace en el suelo. Miedo. Descargas eléctricas. Su mirada. Todo lo que acaba de ocurrir me hunde en un desconcierto atroz.

- ¿Estás bien? – se nota la preocupación en su voz

- No lo sé – suspiro de frustración.

- Te vendría bien descansar

- Pero no aquí, este sitio hace que me ponga más nerviosa. – le miento. No quiero estar aquí porque noto unas vibraciones de lo más extrañas en lo más profundo de mis entrañas, algo que no estaba tranquila quedándonos aquí. Pero no podía decirle eso al pobre chaval. Vamos a ver, me ha visto como una bombilla humana a punto de estallar, si le digo que algo en mi estómago siente que algo muy malo está rondando por aquí, estoy segura que se caería de espaldas. Parece comprenderlo, pero veo que no se lo cree del todo (¿algún día aprenderé a mentir sin que me pillen?)

Caminamos unidos por una mano y llevando extendida la otra ante nosotros (Para no tropezar estúpidamente como hice yo).



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