Capitulo 13

23/12/12


Hola personillas... Mm .. Bueno... ¡¡ AQUÍ OS TRAIGO EL CAPITULO !! Si a quien quiero engañar, estoy yo más emocionada que vosotros de colgarlo jajaja. solo me gustaría decir que escribiendo estas cosas soy mala, me va más la parte de degollar a alguien que, que se besen dos personajes, es la realidad. Así que aunque sea solo en este capi comentadme que tal, si esta muy mal o como podría mejorar es para no hacerlo tan horrible la próxima vez... si es que hay próxima vez jum.... JAJAJJAJA Bueno os dejo ya con el capitulo completo. ¡Ah Bueno! ¡ Esperad! Casi se me olvida... jaja solo dedicarle este capitulo a mi queridisima amiga Mel, que sin ella no lo habría escrito 1º porque ella me recordó que tenía una historia sin terminar jaja y 2º porque fue ella quien me recomendó una canción que ahora cada vez que la escucho me entra la inspiración, si es cierto hay canciones que hacen magia potagia jajjaja Bessazzos


Esta es la canción jaja XD






Estoy nerviosa. Nunca he besado a nadie,  ¿y si le muerdo…? Dios mío, me moriría si le mordiese. Retraso el beso todo lo que puedo, soltando risitas y repitiéndole que es mi primer beso. Él lo comprende. Aunque al final se da cuenta de que estoy haciendo lo imposible para retrasarlo, tarde o temprano me guste o no (¡que por supuesto me gusta!), acabará pasando.

- ¿Qué pasa? – me pregunta separándose un poco.

- Es que… es mi primer beso ¿y si te muerdo? – él se echa a reír.

- Entiendo que estés nerviosa, pero no te preocupes, aunque me acabaras escupiendo en la cara me acabaría gustando por el simple hecho de que es un beso tuyo.

Me siento en las nubes cuando acaricia mi cara con su suave mano. Y creo haber muerto para volver a renacer cuando  une sus labios a los míos ¡Dios mío, mi primer beso con un chico al que conozco hará unas… dos semanas! Aunque debo admitir que este chico me vuelve loca, incluso puede que me esté enamorando. Pero solo tengo catorce años ¿qué sabré yo del amor? Hasta hace unos minutos era Liam el que hacía que mi corazón latiera como loco.

Cuando sus labios se despegan de los míos, los busco instintivamente, como si me faltara el aire cuando él se despega de mí. Al abrir los ojos me encuentro con la mirada vidriosa de Dario. Incluso están cubiertos por lo que parecen pequeñas lágrimas (me supongo que de felicidad, o eso espero) su intenso azul mar no deja de brillar como una piedra preciosa expuesta al sol.

- Creía que nunca te iba a poder besar

- ¿Por qué? – pregunto acariciando su espeso pelo oscuro.

- Pues porque nunca pensé que yo te podría gustar.

- ¿Y por qué? – vuelvo a preguntar.

- Tú, hermana de mi mejor amigo, pequeña…

- Solo un año – me defiendo

- Tú, pequeña… solo un año – se corrige – y hasta hace nada creía que estabas enamorada de ese chico, Liam. Pero me equivocaba, eres solo mía. – dice mientras me eleva en el aire y comienza a darme vueltas.

- Soy solo tuya- digo cuando vuelvo a poner los pies sobre la tierra. Aunque sí que me gusta de verdad Dario, el que me haya recordado a Liam hace que sienta un dolor profundo. Como si me clavaran afiladas dagas en el corazón y luego echaran sal en la herida. – Y tú eres solo mío – añado en un susurro.

- Siempre, seré solo tuyo. – me vuelve a besar.

El calor que sentí cuando me rozó los labios en la cueva se intensifica cuando su lengua busca la mía. Siento en mi interior como explotan mil burbujas de calor, el revolotear de mariposas en la tripa. El que mis labios estén en contacto con los suyos hacen temblar a mi cuerpo de placer, haciendo que cada fibra sensible de mi cuerpo cobre vida.

- Dios, pero como me gustas – dice cuando nos separamos…¡porque necesitamos respirar! Porque si no fuera por el hecho de necesitar oxígeno para vivir, no me separaría de sus labios, y por la sonrisa que me dirige creo que él tampoco se separaría de mí.

Nos sentamos en el montículo de rocas en el que antes estaba Dario. Él se sienta en una enorme roca y apoya la espalda en las demás. Me hace señas de que me siente a su lado. Me gira la cara para que la apoye en su pecho. Mientras observamos cómo se pone el sol, pregunto en un susurro:

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

- Ya la has hecho

- No tonto, una pregunta de verdad

- Adelante, dispara

- ¿Por qué demonios te gusto?

- ¿Y por qué no? – pregunta como si nada. Con una sonrisa de niño malo.

- Eso es lo que quiero saber.

- Pues aparte de lo evidente – dice haciendo un gesto con la mano señalándome de cabeza a pies – porque eres rara y diferente, en el buen sentido – se apresura a decir – me encanta que te defiendas, que hables sobre el futuro y como te planteas que será. Aquella vez en la reunión del alumnado en la que tú preguntaste porqué ahorrar para el futuro cuando no sabíamos si iba a haber un mañana, me encantó. En verdad todo de ti me vuelve loco.

- Bueno pues… - un ruido no me  dejó acabar la frase. Me incorporo y agarro la mano de Dario. Ese ruido vuelve a aparecer. Es como ese ruido que emiten los dinosaurios en los documentales. Mezclado con el graznido de un ganso. Un sonido no muy agradable para la sensibilidad de mi oído.

Solo me hace falta mirar a Dario para que comprenda que algo no va bien. Salimos corriendo (sin soltarnos la mano), derrapamos por la montaña, con una rapidez desesperada por saber si nuestros amigos siguen con vida. ¿A saber que era ese ruido? A lo mejor aquí es el canto de un pájaro, pero para mí, que es la advertencia de un demonio.

Al llegar a la entrada de la cueva veo un pequeño charco de aquel líquido azul. Lo que equivale a la sangre en las criaturas que nos atacaron en el bosque y en la biblioteca. Busco a Atara y a Kai barriendo la cueva con la mirada. Los diviso al final. Hechos un ovillo contra la pared. Se les puede leer el miedo en sus ojos. Una bestia, a la que desgraciadamente conozco bien está delante de ellos, gruñéndoles y enseñando sus sanguinarios colmillos. Se da la vuelta y mi presentimiento no se equivocaba (al parecer no se equivoca jamás). Es el perro de ojos inyectados en sangre que nos atacó, bueno, que atacó a Dario en la cueva la noche que llegamos.

- Perrito bueno… - comienza a decir Kai entre jadeos.

- ¡Quieto! – Grita Dario – Alex sabe cómo pararlo ¿verdad?

- Estos no son perros normales… - me interrumpo – pero ¡Oh! está herido, pobrecito. Se ha debido de clavar estas espinas.

Se las retiro con mucho cuidado de la pata trasera. Suelta algún aullido, pero cuando acabo me lo agradece tirándose encima de mí y lamiéndome la cara hasta cubrirla de babas.

- ¡No esperes que te bese ahora, llena de babas! Jajaja… – dice Dario. Y se acerca a acariciar el lomo de la perra. Si, es hembra, a pesar de que intimida más que un macho. Por eso será que me cae tan bien esta abominable bestia.

Aparto a la perra de encima de mí. Me levanto y voy hacia Dario, quien sigue acariciando a la perra con una gran sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Y por qué no? Si yo quiero me das un beso ahora –le digo

- Pues mira en otro momento si, pero justo ahora como que no.

- Pues que sepas que si no me lo das ahora, piensa que nunca más me lo darás – le amenazo.

- Desgraciadamente no puedo arriesgarme a ello. Porque ahora que los he probado no sé si podré desengancharme.

Me rodea con sus manos la cintura. Arruga la nariz al acercarse a  mi cara, en muestra de claro asco por las babas que cubren mi piel (mis labios). Parece no importarle cuando instalo mis manos en su cuello y lo traigo hacia a mí y profundiza el beso.

- Ejem…

 -Kai, tío deja de interrumpir de una vez ¿quieres? – dice Dario sin ni siquiera girarse para verle.

- No tengo por costumbre ver escenas de amor tan empalagosas y tan poco discretas. – le contesta.

- ¿Esto te parece empalagoso? Tío, en cuanto salvemos el mundo de que no acaben los unos con los otros estallando las dimensiones, recuperar a Elliot que anda perdido por ahí y comerme una hamburguesa de verdad porque las estoy echando en falta con tanta baya, te buscaré una novia. Oye, tal vez Alex pueda organizarte una cita con su amiga… mm… ¿Sandra? – dice dirigiéndose hacia  mí.

- ¿Cómo sabes que ella y yo somos amigas? – pregunto interviniendo en la “interesante” conversación muy de tíos.

- ¿Te acuerdas que miraba por las esquinas a esa increíble chica? Pues ya que sabes que eras tú, que sepas que sé más cosas de ti de lo que pudieras creer. No tantas como me gustaría, pero si bastantes. Como por ejemplo sé que tu color favorito es el azul porque es el color del mar y las olas del mar saben cómo calmarte con su sonido. – No me creo que lo sepa. Que yo recuerde solo se lo he contado a Liam y a Sandra y a… a Elliot. Él se lo habrá dicho a Dario cuando éste descubrió que era la hermana de su mejor amigo. Y puesto que dice que estaba enamorado de mi mucho antes de eso, seguro que se interesó más cuando descubrió que Elliot y yo compartíamos árbol genealógico.

- ¿Es que salís?-  Pregunta Atara. Está acariciando a la perra, que suspira de placer cuando le frotas la barriga y se vuelve loca cuando le rascas bajo las orejas. Me encanta cuando mueve el rabo como una loca.

A lo mejor no todo el mundo se daría cuenta pero yo sí. La pregunta de Atara se debería interpretar como un “jamás serás mío ¿verdad?” ¡Pues claro que no será tuyo! No me malinterpretéis, de verdad que adoro a Atara para mí es como una hermana (ha estado dispuesta a dar la vida por mi y todo. De hecho la ha dado aunque no se acuerde). Aun así estoy loca por Dario y no pienso separarme de él. Así que como se acerque a él más de lo que yo considere el límite, le asesto un puñetazo. Aunque no puedo evitar sentir lástima por ella. Cuidando de su hermano, sustentando a los dos cazando a bandidos (según me ha dicho Kai) No ha tenido tiempo de buscarse pareja. De encontrar a  alguien o bien cuyas personalidades sean semejantes, que tengan cosas en común. O bien tan opuestas que se atraigan irresistiblemente como los polos opuestos de un imán.

- Si- contesta Dario que se adelanta a mí (como la mayoría de veces). Lo dijo en un tono amable dedicándole una sonrisa muy amistosa (y recalco sobre lo de amistosa, solo amistad). Como si no quisiera hacerle daño con las palabras (a veces Dario puede ser muy bocazas, en serio lo he comprobado). Y como siempre, parece que me lee el pensamiento. Y eso empieza a darme algo de miedo. Me pregunto si será uno de esos poderes, uno de los que vamos desarrollando poco a poco.

- Me alegro. Sabes que Dario no ha sido nada discreto con esas miraditas risueñas, que te echaba cuando no mirabas ¿verdad?- su voz está carente de todo sentimiento que indique tristeza o decepción. Parece estar alegre por la noticia. Como si fuese una niña pequeña a la que le acaban de contar que va a tener una hermanita (eso debe ser bueno ¿verdad?). Eso es una de las muchas cosas positivas que se pueden destacar de Atara. Y por ello la puedo considerar una de mis mejores amigas (aunque la verdad no es que haya muchas para el puesto).

- ¿Sabes? Conozco a un chico increíble, te aseguro que es más increíble incluso que Dario – digo alzando la vista hacia él y sacándole la lengua en señal de burla. Él no se enfada simplemente se ríe- se llama Liam, es mi mejor amigo y estoy segura de que se enamoraría de ti con solo mirarte – o eso espero – de verdad es un gran chico – me aparto del lado de Dario, que me ha estado abrazando y me acerco a Atara que me mira risueña con los ojos vidriosos de la emoción - ¿Cómo no se iba a enamorar de una chica  con esos ojazos?  -le doy una abrazo. Veo que vacila durante un momento pero no duda y me devuelve el abrazo.

En verdad Atara tiene una belleza exótica. Con el pelo de un rubio cobrizo, largo, haciendo ondas perfectas a la altura de los hombros a pesar de llevar coleta. Con unos ojos color ámbar. Un color tan perfecto que a la luz del sol y un poco de imaginación parecen destellos de oro. Y con esos hoyuelos que le hacen aparentar ser una niña mala pero simpática. Incluso la hacen más joven. Estoy segura de que a Liam le encantaría. Bueno ahora que cuando vuelva a verlo (si es que lo vuelvo a ver) voy a presentarme como la novia de Dario. Lo menos que puedo hacer es buscarle una chica que se lo merezca. Y esa es Atara.

Ya sé que nunca ha habido nada romántico entre Liam y yo. Bueno jamás nos hemos dicho que nos queríamos más allá de la amistad. Siempre nos hemos arrimado mucho al otro. Nos lo hemos contado todo. Desde el momento en el que nuestras miradas se cruzaron no ha habido ningún secreto entre nosotros. Y jamás nos ha importado el hecho de darnos la mano o el darnos un abrazo. De hecho si se trata de tocar, Liam me ha llevado a la pela más de una vez simplemente por divertirnos. Y solo pasó una vez, fue íntimo, algo que no habíamos hecho nunca. Y no es de ser mal pensado, lo que pasó fue que bailamos. Fue poco antes de que nos atacaran las criaturas de  sangre azul en la biblioteca. De hecho esa noche habíamos quedado para acampar y hablar de lo que ocurrió (es que salí corriendo una vez que terminamos de bailar). Fue un momento así, como mágico. Bailamos una especie de tango moderno. Mientras movíamos nuestros cuerpos al ritmo de la música procedente de nuestras mentes, nos mirábamos con una intensidad diferente. Me dio la impresión que intentaba con la mirada, decirme más de lo que se atrevía con las palabras. Sentimientos guardados bajo una coraza de acero.

Dario y el roce de su mano por todo mi brazo me devuelve a la realidad. Trayéndome al mundo donde elegí el misterio de sus ojos en vez de los años de unión con Liam.

- ¿Estás bien? – me pregunta

- Sí, solo estaba… pensando – digo mientras suelto un suspiro y coloco una sonrisa dedicada solo para él.

 -Bueno antes de que volváis al rollo besuqueo romántico, Atara y yo hemos conseguidos setas, raíces y bayas salvajes que crecen en zonas secas como esta. Además están buenísimas una vez asadas. – dice Kai relamiéndose.

Encendemos un fuego que arde enseguida, llenando el ambiente de calor y olor a hogar. Asamos las setas, las raíces y las bayas que recolectaron Kai y Atara pinchado todo en unas ramitas muy finas (¡Como brochetas!). No estoy nada de acuerdo con Kai con eso de que están riquísimas una vez asadas. Tienen un horrible sabor a tierra y lechuga pocha. Me parece estar masticando cartón. Y me deja con una sed insaciable. No hay mucha agua así que debo conformarme con dos simplones buches, que me siguen dejando con sed (estoy acostumbrada a mandarme una botella de un litro cuando estoy así de sedienta, así que…) Bostezo. Me estoy cayendo del sueño. Me ofrecería para hacer la guardia, ya qué sé que Atara se va a oponer, para quedar bien, pero tengo tanto sueño que ni si quiera lo intento.

- Chicos, tengo verdadero sueño. Avisadme solo si nos estamos muriendo ¿vale?

Me recuesto. Me hago una almohada enrollando mi chaqueta (acabaré con una tortícolis terrible). Creo que no he tocado la almohada todavía y ya he caído rendida. Pero si que noto que alguien (tengo los ojos cerrados así que no sé quién) me echa una chaqueta o una manta o algo calentito encima. Algo calentito que me hace recordar a cuando me tapaba hasta las orejas las noches de frío. Cuando las pasábamos asando nubes en el bosque o íbamos de visita a ver a la abuela.


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