Hola personillas... Mm .. Bueno... ¡¡ AQUÍ OS TRAIGO EL CAPITULO !! Si a quien quiero engañar, estoy yo más emocionada que vosotros de colgarlo jajaja. solo me gustaría decir que escribiendo estas cosas soy mala, me va más la parte de degollar a alguien que, que se besen dos personajes, es la realidad. Así que aunque sea solo en este capi comentadme que tal, si esta muy mal o como podría mejorar es para no hacerlo tan horrible la próxima vez... si es que hay próxima vez jum.... JAJAJJAJA Bueno os dejo ya con el capitulo completo. ¡Ah Bueno! ¡ Esperad! Casi se me olvida... jaja solo dedicarle este capitulo a mi queridisima amiga Mel, que sin ella no lo habría escrito 1º porque ella me recordó que tenía una historia sin terminar jaja y 2º porque fue ella quien me recomendó una canción que ahora cada vez que la escucho me entra la inspiración, si es cierto hay canciones que hacen magia potagia jajjaja Bessazzos
Esta es la canción jaja XD
Estoy nerviosa. Nunca he besado a nadie, ¿y si le muerdo…? Dios mío, me moriría si le mordiese. Retraso el beso todo lo que puedo, soltando risitas y repitiéndole que es mi primer beso. Él lo comprende. Aunque al final se da cuenta de que estoy haciendo lo imposible para retrasarlo, tarde o temprano me guste o no (¡que por supuesto me gusta!), acabará pasando.
- ¿Qué
pasa? – me pregunta separándose un poco.
- Es que…
es mi primer beso ¿y si te muerdo? – él se echa a reír.
- Entiendo
que estés nerviosa, pero no te preocupes, aunque me acabaras escupiendo en la
cara me acabaría gustando por el simple hecho de que es un beso tuyo.
Me siento
en las nubes cuando acaricia mi cara con su suave mano. Y creo haber muerto
para volver a renacer cuando une sus
labios a los míos ¡Dios mío, mi primer beso con un chico al que conozco hará
unas… dos semanas! Aunque debo admitir que este chico me vuelve loca, incluso
puede que me esté enamorando. Pero solo tengo catorce años ¿qué sabré yo del
amor? Hasta hace unos minutos era Liam el que hacía que mi corazón latiera como
loco.
Cuando sus
labios se despegan de los míos, los busco instintivamente, como si me faltara
el aire cuando él se despega de mí. Al abrir los ojos me encuentro con la
mirada vidriosa de Dario. Incluso están cubiertos por lo que parecen pequeñas
lágrimas (me supongo que de felicidad, o eso espero) su intenso azul mar no
deja de brillar como una piedra preciosa expuesta al sol.
- Creía que
nunca te iba a poder besar
- ¿Por qué?
– pregunto acariciando su espeso pelo oscuro.
- Pues
porque nunca pensé que yo te podría gustar.
- ¿Y por
qué? – vuelvo a preguntar.
- Tú,
hermana de mi mejor amigo, pequeña…
- Solo un
año – me defiendo
- Tú,
pequeña… solo un año – se corrige – y hasta hace nada creía que estabas enamorada
de ese chico, Liam. Pero me equivocaba, eres solo mía. – dice mientras me eleva
en el aire y comienza a darme vueltas.
- Soy solo
tuya- digo cuando vuelvo a poner los pies sobre la tierra. Aunque sí que me
gusta de verdad Dario, el que me haya recordado a Liam hace que sienta un dolor
profundo. Como si me clavaran afiladas dagas en el corazón y luego echaran sal
en la herida. – Y tú eres solo mío – añado en un susurro.
- Siempre,
seré solo tuyo. – me vuelve a besar.
El calor
que sentí cuando me rozó los labios en la cueva se intensifica cuando su lengua
busca la mía. Siento en mi interior como explotan mil burbujas de calor, el
revolotear de mariposas en la tripa. El que mis labios estén en contacto con
los suyos hacen temblar a mi cuerpo de placer, haciendo que cada fibra sensible
de mi cuerpo cobre vida.
- Dios,
pero como me gustas – dice cuando nos separamos…¡porque necesitamos respirar!
Porque si no fuera por el hecho de necesitar oxígeno para vivir, no me
separaría de sus labios, y por la sonrisa que me dirige creo que él tampoco se
separaría de mí.
Nos
sentamos en el montículo de rocas en el que antes estaba Dario. Él se sienta en
una enorme roca y apoya la espalda en las demás. Me hace señas de que me siente
a su lado. Me gira la cara para que la apoye en su pecho. Mientras observamos
cómo se pone el sol, pregunto en un susurro:
- ¿Puedo
hacerte una pregunta?
- Ya la has
hecho
- No tonto,
una pregunta de verdad
- Adelante,
dispara
- ¿Por qué
demonios te gusto?
- ¿Y por
qué no? – pregunta como si nada. Con una sonrisa de niño malo.
- Eso es lo
que quiero saber.
- Pues
aparte de lo evidente – dice haciendo un gesto con la mano señalándome de
cabeza a pies – porque eres rara y diferente, en el buen sentido – se apresura
a decir – me encanta que te defiendas, que hables sobre el futuro y como te
planteas que será. Aquella vez en la reunión del alumnado en la que tú
preguntaste porqué ahorrar para el futuro cuando no sabíamos si iba a haber un
mañana, me encantó. En verdad todo de ti me vuelve loco.
- Bueno
pues… - un ruido no me dejó acabar la
frase. Me incorporo y agarro la mano de Dario. Ese ruido vuelve a aparecer. Es
como ese ruido que emiten los dinosaurios en los documentales. Mezclado con el
graznido de un ganso. Un sonido no muy agradable para la sensibilidad de mi
oído.
Solo me
hace falta mirar a Dario para que comprenda que algo no va bien. Salimos
corriendo (sin soltarnos la mano), derrapamos por la montaña, con una rapidez
desesperada por saber si nuestros amigos siguen con vida. ¿A saber que era ese
ruido? A lo mejor aquí es el canto de un pájaro, pero para mí, que es la
advertencia de un demonio.
Al llegar a
la entrada de la cueva veo un pequeño charco de aquel líquido azul. Lo que
equivale a la sangre en las criaturas que nos atacaron en el bosque y en la
biblioteca. Busco a Atara y a Kai barriendo la cueva con la mirada. Los diviso
al final. Hechos un ovillo contra la pared. Se les puede leer el miedo en sus
ojos. Una bestia, a la que desgraciadamente conozco bien está delante de ellos,
gruñéndoles y enseñando sus sanguinarios colmillos. Se da la vuelta y mi
presentimiento no se equivocaba (al parecer no se equivoca jamás). Es el perro
de ojos inyectados en sangre que nos atacó, bueno, que atacó a Dario en la
cueva la noche que llegamos.
- Perrito
bueno… - comienza a decir Kai entre jadeos.
- ¡Quieto!
– Grita Dario – Alex sabe cómo pararlo ¿verdad?
- Estos no
son perros normales… - me interrumpo – pero ¡Oh! está herido, pobrecito. Se ha
debido de clavar estas espinas.
Se las
retiro con mucho cuidado de la pata trasera. Suelta algún aullido, pero cuando
acabo me lo agradece tirándose encima de mí y lamiéndome la cara hasta cubrirla
de babas.
- ¡No
esperes que te bese ahora, llena de babas! Jajaja… – dice Dario. Y se acerca a
acariciar el lomo de la perra. Si, es hembra, a pesar de que intimida más que
un macho. Por eso será que me cae tan bien esta abominable bestia.
Aparto a la
perra de encima de mí. Me levanto y voy hacia Dario, quien sigue acariciando a
la perra con una gran sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Y por
qué no? Si yo quiero me das un beso ahora –le digo
- Pues mira
en otro momento si, pero justo ahora como que no.
- Pues que
sepas que si no me lo das ahora, piensa que nunca más me lo darás – le amenazo.
- Desgraciadamente
no puedo arriesgarme a ello. Porque ahora que los he probado no sé si podré
desengancharme.
Me rodea
con sus manos la cintura. Arruga la nariz al acercarse a mi cara, en muestra de claro asco por las
babas que cubren mi piel (mis labios). Parece no importarle cuando instalo mis
manos en su cuello y lo traigo hacia a mí y profundiza el beso.
- Ejem…
-Kai, tío deja de interrumpir de una vez
¿quieres? – dice Dario sin ni siquiera girarse para verle.
- No tengo
por costumbre ver escenas de amor tan empalagosas y tan poco discretas. – le
contesta.
- ¿Esto te
parece empalagoso? Tío, en cuanto salvemos el mundo de que no acaben los unos con
los otros estallando las dimensiones, recuperar a Elliot que anda perdido por
ahí y comerme una hamburguesa de verdad porque las estoy echando en falta con
tanta baya, te buscaré una novia. Oye, tal vez Alex pueda organizarte una cita
con su amiga… mm… ¿Sandra? – dice dirigiéndose hacia mí.
- ¿Cómo
sabes que ella y yo somos amigas? – pregunto interviniendo en la “interesante”
conversación muy de tíos.
- ¿Te
acuerdas que miraba por las esquinas a esa increíble chica? Pues ya que sabes
que eras tú, que sepas que sé más cosas de ti de lo que pudieras creer. No
tantas como me gustaría, pero si bastantes. Como por ejemplo sé que tu color
favorito es el azul porque es el color del mar y las olas del mar saben cómo
calmarte con su sonido. – No me creo que lo sepa. Que yo recuerde solo se lo he
contado a Liam y a Sandra y a… a Elliot. Él se lo habrá dicho a Dario cuando
éste descubrió que era la hermana de su mejor amigo. Y puesto que dice que
estaba enamorado de mi mucho antes de eso, seguro que se interesó más cuando
descubrió que Elliot y yo compartíamos árbol genealógico.
- ¿Es que
salís?- Pregunta Atara. Está acariciando
a la perra, que suspira de placer cuando le frotas la barriga y se vuelve loca
cuando le rascas bajo las orejas. Me encanta cuando mueve el rabo como una
loca.
A lo mejor
no todo el mundo se daría cuenta pero yo sí. La pregunta de Atara se debería
interpretar como un “jamás serás mío ¿verdad?” ¡Pues claro que no será tuyo! No
me malinterpretéis, de verdad que adoro a Atara para mí es como una hermana (ha
estado dispuesta a dar la vida por mi y todo. De hecho la ha dado aunque no se
acuerde). Aun así estoy loca por Dario y no pienso separarme de él. Así que
como se acerque a él más de lo que yo considere el límite, le asesto un
puñetazo. Aunque no puedo evitar sentir lástima por ella. Cuidando de su
hermano, sustentando a los dos cazando a bandidos (según me ha dicho Kai) No ha
tenido tiempo de buscarse pareja. De encontrar a alguien o bien cuyas personalidades sean
semejantes, que tengan cosas en común. O bien tan opuestas que se atraigan
irresistiblemente como los polos opuestos de un imán.
- Si-
contesta Dario que se adelanta a mí (como la mayoría de veces). Lo dijo en un
tono amable dedicándole una sonrisa muy amistosa (y recalco sobre lo de
amistosa, solo amistad). Como si no quisiera hacerle daño con las palabras (a
veces Dario puede ser muy bocazas, en serio lo he comprobado). Y como siempre,
parece que me lee el pensamiento. Y eso empieza a darme algo de miedo. Me
pregunto si será uno de esos poderes, uno de los que vamos desarrollando poco a
poco.
- Me
alegro. Sabes que Dario no ha sido nada discreto con esas miraditas risueñas,
que te echaba cuando no mirabas ¿verdad?- su voz está carente de todo
sentimiento que indique tristeza o decepción. Parece estar alegre por la
noticia. Como si fuese una niña pequeña a la que le acaban de contar que va a
tener una hermanita (eso debe ser bueno ¿verdad?). Eso es una de las muchas
cosas positivas que se pueden destacar de Atara. Y por ello la puedo considerar
una de mis mejores amigas (aunque la verdad no es que haya muchas para el
puesto).
- ¿Sabes?
Conozco a un chico increíble, te aseguro que es más increíble incluso que Dario
– digo alzando la vista hacia él y sacándole la lengua en señal de burla. Él no
se enfada simplemente se ríe- se llama Liam, es mi mejor amigo y estoy segura
de que se enamoraría de ti con solo mirarte – o eso espero – de verdad es un
gran chico – me aparto del lado de Dario, que me ha estado abrazando y me
acerco a Atara que me mira risueña con los ojos vidriosos de la emoción - ¿Cómo
no se iba a enamorar de una chica con
esos ojazos? -le doy una abrazo. Veo que
vacila durante un momento pero no duda y me devuelve el abrazo.
En verdad
Atara tiene una belleza exótica. Con el pelo de un rubio cobrizo, largo,
haciendo ondas perfectas a la altura de los hombros a pesar de llevar coleta.
Con unos ojos color ámbar. Un color tan perfecto que a la luz del sol y un poco
de imaginación parecen destellos de oro. Y con esos hoyuelos que le hacen
aparentar ser una niña mala pero simpática. Incluso la hacen más joven. Estoy
segura de que a Liam le encantaría. Bueno ahora que cuando vuelva a verlo (si
es que lo vuelvo a ver) voy a presentarme como la novia de Dario. Lo menos que
puedo hacer es buscarle una chica que se lo merezca. Y esa es Atara.
Ya sé que
nunca ha habido nada romántico entre Liam y yo. Bueno jamás nos hemos dicho que
nos queríamos más allá de la amistad. Siempre nos hemos arrimado mucho al otro.
Nos lo hemos contado todo. Desde el momento en el que nuestras miradas se
cruzaron no ha habido ningún secreto entre nosotros. Y jamás nos ha importado
el hecho de darnos la mano o el darnos un abrazo. De hecho si se trata de tocar,
Liam me ha llevado a la pela más de una vez simplemente por divertirnos. Y solo
pasó una vez, fue íntimo, algo que no habíamos hecho nunca. Y no es de ser mal
pensado, lo que pasó fue que bailamos. Fue poco antes de que nos atacaran las
criaturas de sangre azul en la
biblioteca. De hecho esa noche habíamos quedado para acampar y hablar de lo que
ocurrió (es que salí corriendo una vez que terminamos de bailar). Fue un
momento así, como mágico. Bailamos una especie de tango moderno. Mientras
movíamos nuestros cuerpos al ritmo de la música procedente de nuestras mentes,
nos mirábamos con una intensidad diferente. Me dio la impresión que intentaba
con la mirada, decirme más de lo que se atrevía con las palabras. Sentimientos
guardados bajo una coraza de acero.
Dario y el
roce de su mano por todo mi brazo me devuelve a la realidad. Trayéndome al
mundo donde elegí el misterio de sus ojos en vez de los años de unión con Liam.
- ¿Estás
bien? – me pregunta
- Sí, solo
estaba… pensando – digo mientras suelto un suspiro y coloco una sonrisa
dedicada solo para él.
-Bueno antes de que volváis al rollo besuqueo
romántico, Atara y yo hemos conseguidos setas, raíces y bayas salvajes que
crecen en zonas secas como esta. Además están buenísimas una vez asadas. – dice
Kai relamiéndose.
Encendemos
un fuego que arde enseguida, llenando el ambiente de calor y olor a hogar.
Asamos las setas, las raíces y las bayas que recolectaron Kai y Atara pinchado
todo en unas ramitas muy finas (¡Como brochetas!). No estoy nada de acuerdo con
Kai con eso de que están riquísimas una vez asadas. Tienen un horrible sabor a
tierra y lechuga pocha. Me parece estar masticando cartón. Y me deja con una
sed insaciable. No hay mucha agua así que debo conformarme con dos simplones
buches, que me siguen dejando con sed (estoy acostumbrada a mandarme una
botella de un litro cuando estoy así de sedienta, así que…) Bostezo. Me estoy
cayendo del sueño. Me ofrecería para hacer la guardia, ya qué sé que Atara se
va a oponer, para quedar bien, pero tengo tanto sueño que ni si quiera lo
intento.
- Chicos,
tengo verdadero sueño. Avisadme solo si nos estamos muriendo ¿vale?
Me
recuesto. Me hago una almohada enrollando mi chaqueta (acabaré con una
tortícolis terrible). Creo que no he tocado la almohada todavía y ya he caído
rendida. Pero si que noto que alguien (tengo los ojos cerrados así que no sé
quién) me echa una chaqueta o una manta o algo calentito encima. Algo calentito
que me hace recordar a cuando me tapaba hasta las orejas las noches de frío.
Cuando las pasábamos asando nubes en el bosque o íbamos de visita a ver a la
abuela.
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