Son las tres de la mañana, debería estar durmiendo, en el quinto sueño; seguramente ese sueño, al igual que los cuatro anteriores, trataran sobre ti. Pero no puedo, lo he intentado. Al final mi cuerpo me ha traído hasta este parque, justo a este banco. Apuesto a que te acuerdas bien de él; justo allí me caí yo, y tú, justo aquí, te reíste de mí.
Son las cuatro de la mañana y sigo sentado en el banco, y no paro de pensar en ti. Mi cuerpo parece conocerme bien, pues antes de hacerme salir de casa, me ha hecho coger mi libreta, esa que tú me regalaste. "Escríbeme poemas" dijiste, y te volviste a reír de mí, o conmigo, a veces no lo distingo.
Son las cinco de la mañana y aún no he podido escribir ningún poema, no encuentro nada que rime con tu nombre. Tal vez tú no seas mi musa, tal vez solo seas una chica guapa que se rio de mí.
No, si no fueses más que una chica tan corriente como las otras no estaría a las seis de la mañana en el lugar donde nos conocimos, preguntándome qué piensas. Antes era fácil contentarse, una mirada intencionada me abría sus mentes ¿Por qué tú no? ¿No quieres ser mía? Muchas querrían. Pero yo ya no las quiero a ellas.
Son las siete de la mañana, sigo sin escribir poemas, sigo en el banco en el que estabas sentada, sigo pensando en ti, pero ¡oh, baya!, me he dormido. Y tenía razón: mis sueños tratan sobre ti.
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