Y cuando los demás no miran, cuando el foco deja de alumbrarte y el telón se ha cerrado, comienza la verdadera función. Ya puedes ser tú mismo: dejar de forzar la sonrisa, despeinarte los cabellos, andar sin la postura correcta, cambiarte de ropa... Y ahora, cuando ya no finges ser un personaje que no existe, ahora es cuando te critican.
Sus palabras van y vienen, intentando condenarte, atravesándote como fantasmas. Pero tú sigues con tu pelo despeinado, y si sigues, es porque las palabras no te afectan Pero un día te vuelvo a ver por la calle, y tu pelo, sigue despeinado, pero tus ojos están húmedo. Entonces, mientras te observo, se acerca una palabra intentando atravesarte, y esta vez tú te apartas de ella asustado. Al día siguiente caminas con el pelo despeinado, pero con los brazos teñidos del color rojo sangre.
Decidiste ser fiel a ti mismo y hacer oídos sordos de aquello que te criticaban. Pero nadie puede aguantar el látigo de las palabras eternamente, ni tener que renunciar a su ser para esquivarlo.
Ellos te mataron y ahora duermes en tu lecho, con el pelo perfectamente peinado.
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