Querida Izzy:
¿Sabes que hoy es el día del libro? Digo, por si no
habías mirado el calendario (o el móvil ¿quién mira el calendario hoy en día?)
Tal día como hoy se celebra la muerte de Shakespeare y Cervantes, y, los
descuentos en las librerías. Al fin y al cabo, es otro día comercial como
tantos otros, pero este nos beneficia a los lectores. Jamás olvidaré el día del
libro del año 2012 ¿Qué te lo cuente? Faltaría más…
Yo me aburría y mis padres querían ir a comprar al Carrefour,
que resulta estar al lado de mi casa, así que les acompañé. Estaban los típicos
carteles amarillos con letras rojas (muy español todo) anunciando descuento por
ser el día del libro (tan solo del veinte por ciento, pero algo es algo)
colgados por el centro. Yo llevaba muchísimos tiempo sin leer. De pequeña y
hasta los diez años yo leí mucho, era bien fan de Geronimo Stilton y su
interminable colección. Luego, con once años, leí Oksa Pollock, el cual me
había regalado mi padre por mi cumpleaños, dejando así los libros con dibujitos
y adentrándome en la literatura juvenil. Pero ya hacía un tiempo (casi un año)
que no tocaba más que los libros de clase. Y me sentía mal: algo que había
llegado a amar tanto como era la lectura y me había olvidado de ello. Era como
darle la espalda a un amigo de la infancia.
Admito que me daba verdadera pereza ponerme a mirar sinopsis de libros,
pero el incentivo de mi padre de que los pagaría él, hizo que me pasase toda la
tarde en los pasillos de la sección de libros, observando sus portadas y
leyendo sus letras. Incluso se me había olvidado cómo me sentía estando rodeada
de libros, perdiendo la noción del tiempo, imaginando que clase de historia se
escondía detrás de cada portada, preguntándome si me gustaría la historia. Al
final me decidí por los ahora mundialmente conocidos Juegos del Hambre. Sin
embargo, por aquel entonces aún no eran demasiados conocidos, de hecho ese
mismo día, 23 de Abril de 2012 se estrenaba su primera película en cines. Yo no
había visto el tráiler, pero decidían que pintaba muy bien ¿Por qué no leer el
libro y luego ir al cine a ver la película? Y aprovechando el descuento, compré
la saga completa.
Como buena madre que es la mía, se quedó un rato mirando
ropa (mujeres…) y yo aproveché para comenzar a leer un poco, probar el libro,
ver de qué material estaba hecho y demás expresiones sinónimas. “Cuando me despierto, el otro lado de la
cama está frío. Estiro los dedos buscando el calor de Prim,…“ Y desde ahí,
desde el comienzo, no pude parar. Experimenté lo que comúnmente conocemos como
“Un solo capítulo más” ¡Mentira! Estuve sentada en un banco a la salida del
supermercado del Carrefour diciéndole a mi padre “una página y ya me levanto”
durante una media hora. De camino a mi casa (que repito, está a quinientos
metros), en el ascensor, por el pasillo hasta mi cuarto, y hasta que tuve que
dejarlo para cenar, estuve leyendo. ¡Tres días tardé en leerme el primer libro!
Y aproximadamente una semana en leerme los otros dos.
Y después de habérmelos leído todos, me los volví a leer.
Y después releí Oksa Pollock. Y después
me regalaron La Casa de la noche por mi
cumpleaños, y seguí leyendo, y seguí releyendo y más y más y más.
Ahora, gracias a ese casual día del libro en el
Carrefour, mis mejores amigos son los libros. Leo más que hablo. Y desarrollé
tanta imaginación que tuve que comenzar a escribir.
Fue un momento revelador en mi vida. Puede que no el más
crucial, pero sí importante. Porque, sí, son libros, cosas materiales. Pero son
historias. Te hacen viajar. Te hacen olvidarte de todo lo malo del mundo y
creer que puedes combatir cualquier cosa que se oponga en tu camino. Te hacen
vivir esas aventuras que en la realidad son imposibles, bien porque
desgraciadamente no existen vampiros o bien porque todos nos mirarían mal si
cogiésemos un coche y decidiésemos partir rumbo a encontrar nuestro Gran
Quizás.
Voy a dejar de ponerme moñas con los libros, porque sé
que es un poco raro estar enamorada de la literatura, pero no porque sea raro
dejaré de estarlo o dejaré de ocultarlo.
Ah, feliz día de Sant Jordi. Regálame una rosa, no soy
hombre, no sé leer.
Con cariño, LaArtista.
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