Capítulo 22

31/5/13

¡Hola! Siento no haber podido publicar durante toda la semana, he estado muy liada. Me temo que ahora empiezan los exámenes, y apenas podré sacar tiempo para coger el ordenador. Intentare este fin de semana dejar algunas entradas preparadas para ir subiendo en algún hueco que encuentre, y os prometo capítulo nuevo para el próximo fin de semana. Y como lo prometido es deuda, aquí os dejo un capítulo, no muuuy interesante, pero sí con algunas cosillas que dan de que hablar jeje. Disfrutadlo, COMENTAD, y gracias por leerlo. Un beso.




PD: ¡El blog ya tiene 10.000 visitas! Muchas gracias a todos los lectores que me sigan, gracias de todo corazón. 







Una voz dulce resuena en la sala. La voz de una niña, pura e inocente.

-Hace 15 años, un amor conoció la concepción – comenzó esa inexistente voz. – Agua y Fuego se unieron para dar a dos Celestiales, niño y niña. Pero la Celestial concebida por Tierra y Aire sintió envidia ante su poder, pues dejaba de ser la única Celestial con vida en la tierra de Even. Los cinco guardianes se reunieron. Tomaron la decisión que conservó con vida de los dos hermanos a salvo. Los enviaron a la Tierra. El fruto de Tierra y Aire juró muerte por aquellos con los que compartía sangre. Hizo pactos con brujos de la tercera dimensión desconocida, entregando como pacto almas jóvenes de vivos, quedándose con su envoltorio inanimado como guerrero de su fiel ejército. Años son los que ha aguardado el regreso de su sangre, cobrar su juramento y derrocar a sus progenitores con la ayuda del poder absorbido de sus hermanos. Celestiales de Agua y Fuego son los únicos seres capaces de conservar el orden y vida de Even…

La voz se va. Disuelta entre melodiosos cantos, al igual que vino.

En una sola palabra. Estupefacta. Pocas más pueden definir como me siento. ¿Ella…? ¿Ella es la otra Celestial? ¿Yo y Elliot… yo y Elliot… tenemos que…? Imposible.

-No puede ser…- un susurro casi audible sale inconscientemente de mi boca.

-¿Qué demonios…? – masculla Elliot

-¿Juramento de muerte? – suelta un muy, pero que muy pálido Dario. Las venas se le marcan en la garganta y sienes de un intenso azul violáceo.

-Tranquilos. Aclararé dudas. Sé que tenéis muchas no, muchísimas dudas que hacer. – Interviene Emelina – Dario, el destino de tus amigos, habla de muerte. Y, Elliot, cosas oscuras se enredan a la historia, pero tranquilo, todavía no se ha aliado ningún demonio con Ella. O eso espero…

Hago amago de hacer una pregunta. Todavía no he abierto la boca y la directora ya me está cortando.

-Pero por ahora, no más preguntas. Debéis descansar, debéis comer y dormir. Venid, os mostraré vuestras habitaciones y el comedor. – nos encaminamos hacia la puerta – Como sois nuevos, y empezaréis las clases dentro de pocos días, Elliot y Dario compartirán habitación. Alex, cielo, me temo que estarás sola…

-No importa. Por mi mejor sola que no lidiar con malas compañeras – respondo quitando importancia. Aunque la verdad, no sé si tal vez una compañera de cuarto con la que amigar, y la que me pudiera echar una ayuda en las clases… puede que me hubiese gustado más. Quién sabe.

Mientras Emelina nos acompaña a nuestras correspondientes habitaciones, cruzamos el campus del Instituto. Quien dice Instituto de magia, suele pensar que se trata de un inmenso castillo, con dragones por guardianes y hadas en vez de bombillas. Sin embargo, el Instituto, es normal. Un gran edificio principal, donde se realizan las clases, con sus respectivas aulas. Y dos edificios residenciales. Uno de chicos y otro para las chicas. Por lo que desgraciadamente, tengo bastante lejos a mi hermano y Dario. En vez de un campo de fútbol, como toda escuela normal, en vez de una cancha de baloncesto, tienen una enorme, y creedme cuando digo enorme, pista de obstáculos. Tipo como la que hay en las escuelas militares. Con sus redes para trepar, rocódromos por los que escalar, cuerdas y cachivaches para colgarse, cosas para levantar y otras para esquivar… En definitiva, que yo si entro ahí, me la pego seguro.

Llegamos a lo que es mi habitación. Piso 4, puerta 1110. Espero no olvidarme… La habitación es normal, ni muy grande ni muy pequeña. Hecha para dos personas. Con sus dos camas, sus dos armarios, un gran escritorio. Una gran ventana en el otro lado de la habitación, con cortinas de dosel moradas cayendo hacia los lados, en rolladas por un fino cordel plateado.

-Alexandra…

-Alex – corto a la directora – prefiero que me llamen Alex, si no le importa

-Como prefieras – dice con una gran sonrisa – Alex, sugiero que vayas a cambiarte, por lo menos creo que esas ropas te quedan estrechas. Enseñaré su habitación a los demás, y el comedor, luego ellos vendrán a buscarte ¿te parece bien?

Asiento.

¿Me quedan estrechas? Y yo que pensaba que estaba incluso mona. En fin… tendré que cambiarme.

-Bueno hasta luego hermanita – se despide Elliot

-Adiós mi Celestial – añade Dario

Se inclina, pero entonces… entonces cuando me voy a inclinar… la nariz… hay como pica… y…. y…

-¡¡Achíiiiis!!


Por los pelos, casi le estornudo en la cara, a dios gracias que me giré a tiempo.

-Adiós… - susurro, sin todavía girarme, cerrando la puerta en sus narices.

Abro el armario, encontrando con lo que es mi ropa, prácticamente idéntica a la que tengo en casa. Casa… Un último paso, solo uno más antes de poder volver a la realidad. Bueno… un paso más para llegar a casa, para ver a mi madre a Liam a Sandra a todos, pero nunca podré volver a la vida de antes. Hice una promesa, les hice una promesa, y la cumpliré. Dije que haría todo lo que estuviese en mi mano por ayudar a este mundo, por sacar la verdad u la luz sobre todo lo demás. Fracasaré, pero no sin antes haberlo intentado. Los hermanos, Atara y Kai, cuenten conmigo para la batalla. Aunque es un gran dolor llevarlos conmigo, siempre os recordaré.

Tres toques secos suenan en la puerta. Media hora que pasa y yo metida en mis pensamientos, oculta en mi mundo sin enterar. Abro. 


-¿Todavía sin cambiarte? –entra Elliot con una nueva sudadera tirándose en la cama

-Yo estaba…

Me trabo, igualmente el tampoco me deja seguir.

-Las chicas, ¿Por qué tardan tanto en vestirse?

-No te pases –espeto

-Eso no te pases – se burla Dario que entra a la pata coja, con las muletas por el aire

-¿Pero qué haces sin muletas? – pregunto alarmada

-Es que así es más divertido – se tira a la cama junto a Elliot - ¿No te cambias?

Podría enfadarme, de hecho no creo que falte mucho para que estalle, pero Dario pone su sonrisa pícara, Elliot guiña un ojo y de alguna manera me siento incapaz de estropear el ambiente relajado. Me limito a resoplar a coger el suéter de manga baja morado y meterme en el baño para cambiarme, me paso una mano por los revueltos cabellos. La verdad con los pequeños tirabuzones que se han quedado, cayendo de manera improvista sobre los pómulos no queda mal… No. Busco un cepillo y una goma para el pelo. Manía, costumbre, obsesión. Llámalo como quieras, pero me siento rara sin mi trenza. Hay muchas razones por las que me gusta llevarla, larga y cayendo sobre el lado izquierdo de mí pecho, aunque la principal es que se ha vuelto un rasgo mío. Sería otra sin ella. Como pinocho sin su nariz, la sirenita sin su cola o Harry Potter sin su varita.

Salgo del baño.

-¡Oh! Vaya Pocahontas se te echaba de menos –Ríe mi hermano

-¿Qué tiene que ver Pocahontas con Alex? – Pregunta Dario poniéndose en pie, equilibrando el peso en las muletas

-Ya sabes… La trenza. –Hace el gesto, como si se estuviese trenzando un largo cabello. O eso creo que pretendía, porque la verdad más que una trenza parece que está estrangulando un pollo

-Pocahontas no llevaba trenza –respondo

-No, ¿Pero no era la princesa esa con un genio? – pregunta Elliot

-No, esa es Yasmin la princesa de Aladin ¿no? –opina Dario

-¡Tío! – se asombra Elliot

-Mejor no pregunto cómo lo sabes – digo desconfiada

-¡Oh vamos! Tengo una hermana pequeña algunas de esas pelis he tenido que comérmelas

-Si claro… -Elliot sale con disimulo fingido por la puerta

-¡Es verdad! – Le grita Dario -¿Tu me crees, no? – me pregunta entrecerrando los ojos
-si… - alargo la palabra y me voy con el mismo disimulo fingido que mi hermano.

Me río por lo bajo al escucharlo resoplar.

Elliot es el que me conduce al comedor. Un típico comedor de instituto. Sus amplias dimensiones, recorridas por largas mesas y sillas disponibles para el alumnado. Una esquina está con unas vallas, bordeado por cintas rojas como las de la cola para entrar a una discoteca o así. Supongo que será la zona de los profesores. Hay máquinas expendedoras, unas cocineras sirviendo la comida… No parece que estemos en un mundo remotamente distinto al que yo conocía antes. 

5 comentarios:

  1. AHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!! Ahora eres TU la que no entiende. Sigue, sigue, SIGUE!!!!!!!!!!!! Quiero mas!!!!!1 akjsdnkajsndkajnfkajdfnkjdfkjdsgbhansxkjancksjdfvnekvjnsdkjv. Hum

    Espero el otro, ok? Rapidito

    El capitulo te quedo genial.

    Besos!!

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    1. Me temo que hasta el próximo fin de semana no habrá más ¡¡Culpa a mis marvaos profesores!! Jajajajaja

      GRACAS cielo

      Un beso ;)

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  2. POco a poco voy avanzando en la historia y me parece impresionante la verdad tienes que continuarla! http://macherieladyartiste.blogspot.com.es pásate

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    1. Muchisimas gracias, me alegro de que te guste, significa mucho
      Enseguida me paso ;)
      Un beso

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  3. Ahhhhh de a poco voy entendiendo mas :D jajajjaa que risa con dario y la princesa xd

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