Capítulo 21

19/5/13

¡Hola! Aquí traigo el capítulo 21, en recompensa, ya que la semana que viene no podré colgar ningún capítulo, ni si quiera el fin de semana. Estoy muy liada preparando las fiestas de aquí en el colegio (Me he metido a hacer un baile, ¿Quién me mandó a mí?) y además mi hermana hace la comunión el próximo domingo. En definitiva, estas semanas voy a estar más liada que cualquier otra fecha en un mes. Así que leed, disfrutad, comentad ¡COMENTAD! y no me odiéis ¿Ok? jajaj Un beso lectores, y una vez más, GRACIAS por leerme. 





Abro la ducha, y dejo correr el agua mientras me desvisto. En una estantería hay ropa limpia. Un conjunto para cada uno. No sé si nos habrán medido, habrán utilizado un algo psíquico o simplemente lo han deducido, pero son de nuestras tallas exactas. Mi ropa consiste en un conjunto de ropa interior, unos pantalones vaqueros y una camiseta nadadora de color negro con el dibujo de un smile difuminado. Parece que también han dado con el tipo de ropa que uso. Es más no sé si jurar que tengo una camiseta igualita en casa. Esto es raro, pero en el buen sentido. Me meto bajo el agua caliente, y en mi se instala una increíble sensación cálida, acogedora y de tranquilidad. ¡Cuánta verdad tienen las personas que dicen que un baño lo arregla todo! Me estrego fuerte con jabón. Intentando quitar la mugre que se ha quedado impregnada en mi. Lavo el pelo unas cuatro veces, para asegurarme de que ninguna baba, escama, cuerno, pluma y de más partes de animales se quede en mi cuero cabelludo. Al terminar me enrollo el pelo en una toalla, y otra al cuerpo. Antes de comenzar a vestirme inhalo el aire, lleno de vapor y un aroma limpio y dulce. Me resulta familiar, como el champú de casa. ¡Ala! ¡Pero si estos tipos tiene Pantene! Me entra la risa floja al pensarlo. Bueno, mejor vestirme ya. Por experiencia sé que a Elliot no le gusta esperar para entrar al baño. Sí, aunque haya estado semanas sin ducharse, es saber que es el siguiente y tener una necesidad imperiosa de entrar. Aunque yo no soy la más indicada para quejarse.

Me termino de vestir y le doy paso a  mi hermano. Se pega el doble de tiempo que yo, o esa es mi impresión. Mientras, Dario y yo conversamos un poco sobre como creemos que serán las clases. Él opina que será tipo Harry Potter y Howarts, yo pienso que será más como un instituto normal, solo que en vez de lenguaje tendremos, literatura de Even y en vez de matemáticas… La verdad es que no sé qué asignatura puede remplazar a matemáticas. En cualquiera de los dos casos, me pongo nerviosa.

-Eh…Tranquila, no te pongas nerviosa – me tranquiliza Dario. Intenta acariciarme la mejilla, pero no llega más allá del comienzo del cuello puestos que no puede levantarse gracias al yeso.

Elliot sale del baño con el pelo mojado y revuelto. Dejando la puerta entre abierta, de modo que el cálido vapor llena el resto de la fría habitación.

-Bueno hora de bañar a este muchachito – dice con muy buen humor

-Me parece patético que… tengan que ayudarme para ducharme – se lamenta Dario

-No tiene que parecértelo – le aclaro – A cualquiera de nosotros le podría haber pasado. Solo tuviste mala suerte. – suelta el aire en una especia de risotada. – Anda, deja que Elliot haga una buena acción ayudándote

Me lanza una sonrisa pícara. Le centellean los ojos de diversión.

-Mmm… Si… Pero me gustaría más si la buena acción la hicieses tú

Me pongo roja hasta la raíz del cabello y la punta de las orejas.

-Eh… yo…

-¡Oh! ¡De eso nada chavalote! – Grita Elliot. Le ayuda a levantarse – Anda, anda antes de que digas algo que te deje la otra pierna igual de accidentada – se alejan, mientras Elliot lanza maldiciones contra Dario y se meten en el baño.

Lo que es la espera, se me hace eterna. Doy vueltas alrededor de las camillas. Busco una segunda puerta por la que salir de la habitación. Pero no encuentro nada. Decido pegar la oreja a la puerta del baño. No es que me guste espiar. Pero llevo un rato escuchando un rumor prominente de allí. Y a ver, mi hermano sobreprotector y mi novio, cuyos acaban de tener una especie de bronca por mí, están encerrados en una habitación ¿No debería sentir una mera curiosidad?

-¿Y… Que… que… Que tal con mi herma… con mi hermana? – tartamudea la familiar voz de Elliot

-¿De verdad quieres que te responda? – pregunta a su vez Dario con una sorpresa poco disimulada

-Si- responde mi hermano – pero ahórrate esa clase de detalles –añade rápidamente

-¡No ha pasado nada de eso tío! – Hace una pausa - ¿Cómo creías que podía pasar en este sitio mientras luchábamos por tú, y nuestra vida?

-Mejor haz como que no he dicho nada… - concluye Elliot

Se escucha el ruido del agua corriendo. Pasa un rato, no muy largo, hasta que vuelvo a escuchar sus voces.

-Eh… tío yo… me preguntaba… quiero decir… - tartamudea Elliot, otra vez

-Cuando quieras puedes soltarlo – burla Dario

No lo llego a escuchar. Tampoco soy superman con su superoído, pero me da la impresión de que mi hermano  acaba de soltar un largo suspiro.

-Mi hermana ¿Solo te gusta o verdaderamente la amas?

-¿Por qué me lo preguntas? – contesta

-Necesito saberlo – suplica- por favor…

-Yo…

¡Agua de las narices! ¡No jodas! Se vuelve a escuchar el agua mientras la voz de Dario queda ahogada por el ruido. Lo más claro que pude escuchar fue: Yogg gu hegmaga glu glu glu… ¡Eso no se entiende ni leyéndolo al revés! En definitiva… No puedo tener peor suerte.

En fin. Espero a que terminen. Un tiempo, que se me hace incalculablemente largo. Es curioso. Cuando te lo estás pasando genial, bien, como debería ser, el tiempo se te escapa entre los dedos sin poder detenerlo. Pero cuando estás aburrido, triste, enfadado, o como yo frustrado, no hay ningún botón que te haga adelantar el tiempo, parece que cada vez los minutos son más largos.

Por fin, cuando creo estar casi dormida, salen del baño. Dario, como antes Elliot, sale con el pelo húmedo, y a mi hermano, ya no se le ve de tan buen humor...

-¿Fue tan malo? – le pregunto a Dario

-No… - responde- pero sigo pensando que hubiera sido mejor si me hubieses echado un cable tú.

Y me lanza su sonrisa pícara. Haciendo malabarismo con sus muletas se acerca para lo que creo, besarme. Justo cuando quiero inclinarme hacia él, se escucha un ruido, como una puerta abriéndose. Es entonces cuando me doy cuenta de que en el otro lado de la habitación hay una puerta. Únicamente es que está pintada del mismo tono que la pared, y el pomo es de una plata claro que no se había hecho vislumbrar.

Me separo de Dario.

Una elegante mujer entra por la puerta. Es de mediana edad, no aparenta muchos más que mi madre, unos cuarenta diría yo. Su pelo, clareado por algunas canas, es de color azabache y sus ojos de un verde musgo. A pesar de su edad, era una de las personas más bella que había visto. Imponía respeto. Pero su rostro era dulce, con delicados rasgos. Llevaba una especie de túnica, que se ajustaba al pecho y ondeaba suelta a su alrededor, en tonos morados y dorados. La boca, una fina línea color rojo sangre, se torció en una cálida sonrisa.

-Bienvenidos – comienza a hablar con voz melodiosa, como un cántico enternecedor -, me presento. Soy Emelina, la directora y fundadora del Instituto.

¿Fundadora? ¿He escuchado bien?

Nuestras caras de incredulidad deben de haber preguntado por si solas, porque enseguida responde a mis dudas.

-El Instituto se fundó, hace solo 10 años. No soy inmortal ni nada de lo que estáis pensando – dirige una mirada divertida a Elliot, quien enseguida se sonroja. – quería daros la bienvenida en persona, como es correcto, Celestiales – se inclina respetuosamente. Como si estuviera haciendo una reverencia, solo que no tan pronunciada.

Es una sensación rara. La que se instala en ti cuando alguien te hace una reverencia. Siempre había pensado, que esta clase de saludos, estaban destinados para las clases altas. Un rey, una reina, un príncipe o una princesa. No para alguien normal como yo.
Se vuelve a levantar. Con los ojos brillantes.

-Tendréis cientos de preguntas a las que todavía no habéis enlazado con sus respuestas ¿Me equivoco?

-No… - digo en un hilillo de voz casi inaudible.

-Bien. Estaré, encantada, de responderlas. – Se gira, en dirección a la puerta – seguidme, este no es un buen lugar donde resolver dudas.

Nos encaminamos por un pasillo largo y estrecho. Con una luminosidad tenue. A lo largo de ambas paredes cuelgan cuadros, retratos de lo que parecen gente importante de la nobleza antigua. Cada uno enmarcado en un marco diferente. Todos en color oro, pero cada uno con un grabado alrededor diferente. Al detenernos, nos quedamos frente a la puerta de un despacho. Una típica puerta de despacho de director, ya sabéis una puerta con la parte superior de cristal. Saca una llave en color bronce, diminuta, y la introduce en la cerradura. Segundos después, estamos acomodados alrededor del escritorio.

-Bueno, pueden comenzar – dice Emelina.

Intercambiamos una mirada los tres. Y con ello, mi hermano y yo decimos “Adelante Dario”.

-Verá… -comienza – unos… amigos… - se le corta la voz

-Estoy al corriente – comenta Emelina – Vi el inerte cuerpo de Atara, era alumna mía, una de las mejores. Junto a su hermano –sus ojos reflejan dolor y compasión – mi más sincero pésame.

Hacemos un minuto de silencio. En el cual yo, prefiero no pensar en los fallecidos. Lo evito. No creo poder soportar el dolor que conlleva recordarles.

Mis pensamientos divagan entre mis mil y una dudas. Al hablar, las palabras salen solas.

-¿quién soy…? – digo apenas sin voz

Como una reveladora pintura, el rostro de Emelina me confirma que no sabe, si es bueno lo que voy a escuchar. ¿Miedo? Bueno, sí. Pero necesito saber la verdad de quien soy, a dónde pertenezco, el porqué de que nadie me lo dijo antes.

-¿Segura? –pregunta con voz melodiosa

-Segura – respondo, algo más decidida de lo que realmente me siento.

Se hizo una pausa silenciosa, interrumpida, únicamente por el soplo del viento en las ventanas; como un gracioso fantasmita llamando a la puerta.

-Seguidme – dijo la directora del Instituto mientras se levantaba, ondeando su túnica como una auténtica diosa – Quiero mostraros una cosa.

Nos condujo a través de una red de pasillos interminables. Cada uno decorado como los anteriores; con paredes recubiertas de antiguos retratos. Se vino a parar ante una enorme puerta. Por lo menos de cinco metros si no más. De madera oscura, con intrincados nudos grabados sobre ésta a mano, supongo. No tiene cerradura, por lo que imagino que estará abierta al público. Emelina, con gran elegancia, empuja la enorme puerta que deberá pesar una tonelada. Y si ya pensaba que el exterior poseía un encanto sin igual, el interior dejaría maravillado a cualquiera, terrestre o eveniano. Techos altos, acabados en una hermosa cúpula por la que se ven las nubes, con curiosas formas de blancos esponjosos. Paredes cubiertas, no por retratos como los pasillos, sino por láminas brillantes. Como diamantes lisos pulidos en la piedra. En lo alto, sustituyendo lo que habrían sido hermosas vidrieras, hay pequeñas piedras preciosas de exquisitos colores formando dibujos increíbles. Algunos son hadas, otros parecen vampiros y hombres lobos, y como no, otros, son los cuatro dioses. Está claro que no son como ellos se me presentaron, sino como los creadores se los imaginaron. En el centro de la sala, alzándose sobre un atril de cristal opaco, se encuentra un libro. Grueso, dos mil páginas o más del color del pergamino.

-¡Ala…! – suspiran Dario y Elliot de admiración

Yo me he quedado tan fascinada, que ni sonidos soy capaz de emitir.

-Esta es la sala Celestial. Me imagino que entendéis el por qué ¿no es así? – dice Emelina con disimulada diversión.

Avanzamos, con las bocas abiertas, por la amplia sala hasta el libro encuadernado en cuero celeste.

-El libro… ¿Qué es? – pregunto, sorprendiéndome de que haya vuelto mi voz.

-El libro de las preguntas sin respuestas. – Explica Emelina – Tenéis dudas que ni si quiera yo sé responderos. He pensado que el libro sí.

Se adelanta, lo abre. Y me tiende una pluma que antes no había visto.

-Ten – me dice – escribe tu pregunta sobre esta página en blanco y vosotros – señala a Elliot y Dario -, mirad.

Con esmerada caligrafía escribo mi pregunta “¿Quién soy?”. La tinta negra se impregna a la hoja como sangre reseca a la piel un día de verano. Instantes transcurren. Las letras comienzan a brillar. Una tenue luz irradia del libro. Y palabras escritas en tinta roja comienzan a aparecer de la nada sobre la hoja. Mientras voces celestiales irrumpen en mi cabeza…



6 comentarios:

  1. lo repetire: ese dario es tan sdfghahsg.
    quien sera alex?!!
    capitulo perfecto, como siempre
    un beso

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    1. kadbnhiab ¿Quiere suno, eh? Te he pillado! Jajajjaj
      Gracias, muchas gracias.
      Besos

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  2. Que?! Esto es una venganza por no haber subido el capitulo antes?! ya entiendo porque me querías matar! Como lo dejas asi?!! Después de todo lo genial y perfecto que pasa, lo dejas en "Mientras voces celestiales irrumpen mi cabeza..." Te mato! Te amo!! Amo tu historia pero juro que te mato!!!!!

    Besos!

    P.D: Como notaste hoy estoy medio bipolar :s

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    1. Si eres bipolar ¡Fijate nos parecemos! JAjajajja que quede claro qeu yo tambien sufro dejando las cosas así, (y eso que la historia la escribo yo jeje) Me encanta que te guste jaja
      Besos

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  3. Aún no he llegado a este capítulo, pero me falta poco, y quiero decirte que debes continuar la historia:)

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    1. Muchas gracias, de verdad, significa mucho viniendo de una escritora como la que eres tú, yo recién empiezo. Gracias
      Besos

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