Bueeeeeeenooo!xD Aquí está si por fin!:D Tarde pero por fin llegó, *Redoble de tambores por favor* ¡EL CAPITULO 14! Jajaja. Bueno no me enrollo mas lo de siempre, gracias por leer, comentad disfrutad, y sed buenas personas en la vida :D
Enseguida
escucho los ronquidos como los de un gatito, que claramente sé que son de
Dario. Los escucho cerca de mi oído por lo que sé que se ha arrimado a mí para
dormir (y no es que me importe, que digamos). También se escuchan los jadeos de
la perra y el roce de su cola contra el suelo. Entre tanto ruidito, por
insignificante no podría dormir. Pero esta noche es diferente. Esta noche caigo
en un sueño profundo, incluso más profundo que cuando Atara me drogaba para
acabar con el dolor de mi herida envenenada.
Una chica
muy hermosa aparece en mis sueños. Tiene la tez muy blanca, incluso más que la
mía. Y su pelo de un rubio tan puro, que casi parece blanco, cae lacio por su
espalda descubierta. Lleva un bonito vestido de un azul grisáceo, como la nieve
manchada de carbón. Es palabra de honor, y lleva la espalda descubierta hasta
la altura de la cintura de donde sale un cinturón ancho de seda, de todos los
tonos de blanco trenzados. A partir de ahí cae en cascada hasta el suelo. Y sus
ojos… son dos perlas negras, son increíblemente de un negro tan profundo, que
parece no tener iris. No puedo evitar compararla con la reina blanca, la reina
del hielo como la que sale en los libros de
Narnya (lo sé no puedo evitarlo, los libros son parte de mí). A pesar de
que es realmente bella y cualquiera se hubiera hipnotizado de su belleza,
aunque a mí me da mala espina. Percibo en ella cierta maldad. Como si un aura
de oscuridad, negra como sus ojos, la cubriera. Una maldad insuperable, siento
que es una persona con ansias de dominación, siento que ella… ¡ELLA! Es esa
bruja malvada de la que nos hablaron los hermanos cuando nos conocimos en la
pradera. Esa bruja que desea matarnos ante cualquier otro deseo. Veo que Ella
está cambiando. Su sonrisa malévola pero amable, se curva para formar una
expresión de desprecio. Abre la boca para enseñar dos afilados colmillos como
los de un vampiro. Dos colmillos tintados de rosa. Sus ojos se tornan para
inyectarse en sangre. Junto con su pelo que comienza a arde hasta quedar del
color del alquitrán. Acaba de pasar a ser la reina de nieve a ser la malvada
bruja que podría pasar por guardiana del infierno. Se abalanza hacia mí. Trato
de luchar pero, como había hecho mi padre (el de verdad) se envuelve en llamas
y avanza a una velocidad vertiginosa.
Alguien
comienza a sacudirme (en la realidad, claro), hasta que por fin abro los ojos.
Aprecio que es el amanecer, pero incluso esa mínima luz me hace daño a los
ojos. Me incorporo frotándome el cuello. (Lo dije iba a acabar con tortícolis).
Veo las caras preocupadas de mis amigos. ¿Qué habrá pasado?
- ¿Qué ha
pasado?- pregunto mientras me levanto. Me percato de que tengo una quemadura en
el brazo. Como si una lengua de fuego me hubiera abrazado mientras dormía. Una
lengua de fuego como las que la envolvían a Ella.
- Pues
dínoslo tú. Empezaste a gritar, pero no te despertabas – me explica Kai.
- Te
tiramos un cubo de agua. Has pasado tanto tiempo así, que le ha dado tiempo a
secarse – me dice Atara
- ¿Con que
estabas soñando para que te pasara esto?- me pregunta Dario. Coge mi brazo
examinando la quemadura. Le miro a los ojos y se ve claramente preocupado.
Tiene los ojos algo vidriosos. Supongo que ver a una pobre gritar mientras
dormía durante un largo periodo de tiempo, descubrir que despierta con una
quemadura y encima querer a esa pobre es duro de llevar.
- Os lo
contaré todo, pero no os asustéis, bastante asustada estoy yo por todos. – le
comienzo a relatar a Ella, la bruja mala del cuento de Blancanieves, como me
había dicho Kai. Les explico con detalle el cómo se convirtió, de una hermosa
doncella, a una bestia salida del infierno. Saltándome adrede la parte en la
que me moría de miedo mientras lo observaba. Pongo especial cuidado al relatar
lo de las lenguas de fuego. Y también les explico que yo no sentí ningún calor
ni nada parecido, a pesar de que tenga una quemadura. Cosa que a todos,
incluyéndome, nos resulta de lo más extraño.
- ¿y no te
dijo nada? ¿No mencionó su nombre, no te amenazó o algo? – me pregunta Kai
cuando acabo.
- No, solo
estábamos ella y yo. Ni si quiera había un paisaje. Era una nada blanca, Ella y
yo. Pude percibir el mal, Su deseo de verme muerta. Lo sentí mucho antes de
saber quién era.
- Pues no
solo eres la única que ha visto el aspecto de los dioses sino también el de
Ella.- me dice Atara- jamás se ha mostrado. Solo sus lacayos saben su aspecto.
Y sus lacayos no son personas. Dicen que ella elige a los muchachos más
valientes y apuestos para arrancarles el corazón, el cerebro y así poder
manejar su alma sin vida.
- Eso es
horrible – dice Dario
- Lo es,
cierto. Mi… Nuestro padre, es uno de ellos – su rostro se ensombreció. Al
volver hablar Atara parecía haber crecido hasta tener unos cincuenta años. – a
menudo Ella ofrece salvación para las familias más pobres. Nosotros estábamos
en estado crítico. Kai tenía diez años y yo once cuando todo pasó. No teníamos
casa. A pesar de que mamá limpia las viviendas de los más afortunados de la
aldea y que papá cazaba y vendía todo en la carnicería, el dinero no nos
alcanzaba para nada. Pronto empezamos a morirnos de hambre. Mamá cayó. Se
desnutrió. Lo poco que conseguíamos lo dividíamos en raciones iguales y ella
siempre nos daba su ración. Acabó falleciendo… – habla como si todo lo que nos
está contando le hubiese ocurrido a un extraño. Como si fuese una historia que
había escuchado por ahí. Sin embargo sus ojos estaban anhelados de lágrimas. Al
igual que los de Kai. – Ella apareció unos días después formulando un trato con
mi padre. Él desesperado aceptó. Creía que era la única esperanza para
nosotros. Ella jamás nos ayudó. Intentó incluso matarnos en algunas ocasiones.
– se seca las lágrimas e intenta esbozar una sonrisa, claramente forzada. –
pero en fin, estamos bien. Hemos salido adelante.
- Espera,
…bueno antes de nada, lo siento. Sé lo que es perder a un padre y os comprendo. Y… ¿por qué nos
quisisteis matar para entregarnos a Ella? Por el relato debes de odiarla por lo
que os hizo.- pregunto
- Primero:
puede que lo pareciera, pero no lo intentábamos. Segundo: os dijimos que si lo
pretendíamos para aparentar. Y tercero: solo os hubiéramos dejado inconscientes
para arrastraros a un lugar seguro.
- ¿Por qué?
– pregunta Dario
- La
primera y seguramente más importante de las normas de supervivencia en Even:
nunca pienses que estas solo, porque la mayoría de las veces, eso es solo una
ilusión –responde Kai.
- Los
lacayos de Ella están por todas partes observando. Hemos hecho una actuación.
Sinceramente yo creo que sois la salvación, no solo de Even, sino el motivo por
el que Ella no conseguirá dominar la
Tierra.
-
Comprendo…-musita Dario
- Creo que
queda claro. Y lo haremos –digo yo
- ¿Haréis?-
preguntan los hermanos al unísono
-
¡Salvaremos Even! . Elliot, yo y Dario, …si es que puede hacer algo.
- Gracias
–me responde Dario con sarcasmo.
- Gracias,
y de verdad. – responden otra vez los hermanos al unísono.
Nos damos
un gran abrazo en grupo. No puedo evitar preocuparme, ¿Quién hubiera dicho que
aquella chica que se sentaba sola en el recreo, sería la hija de dos dioses con
poderes, no solo para salvar el mundo que todos conocían, sino además una
dimensión donde ha hecho unos nuevos amigos y vive una bruja que quiere verla
sin cabeza? No. La verdad es que nadie me avisó de que esto pasaría. Yo tengo
reacciones en las que flipo pero no lo digo en voz alta para no preocupar a los
demás ¿Pero cómo reaccionará Elliot? ¿Se volverá loco de repente? Más de lo que
ya está, por supuesto.
Comenzamos
a recoger nuestras pocas pertenencias. Invoco a la lluvia para llenar las
cantimploras. En verdad estoy tan contenta ahora mismo que me cuesta más de lo
pensado pensar en mis momentos más tristes. Recogemos el arco, y un par de
cuchillos que llevan consigo Atara y Kai. Dario parece ser el único que no
tiene arma, pero bueno con sus músculos sabrá defenderse, o eso espero. También
empaquetamos las bayas, raíces y setas sobrantes de anoche. Espero poder cazar
algo, no creo poder aguantar otra cena de cartón (¡Puaj!).
- Bueno,
pongámonos en macha. ¿Crees que puedes cazar algo Alex? – me pregunta Dario
- Cualquier
cosa es mejor que volver a comer raíces. – le digo mientras cargo el arco.
Cuando no
llevamos más de cinco minutos caminando, Kai me sugiere que camine por la parte
más alta, para ver si logro cazar algo. Le hago caso sin poner ninguna
objeción. Jamás me cansaré de la sensación que me produce cazar. Esa sensación
de paz y tranquilidad, la mente se vacía de cualquier estrés, de cualquier
pensamiento que te produzca miedo o tristeza para dejarte en armonía con la
naturaleza. Inspiro hondo. Juro que casi pude oler el fresco aroma de los
pinos, sentir la pinocha bajo mis pies y la frescura de la lluvia acariciándome
la cara. “Como si estuviera en casa” me digo a mi misma. Ahora que me he
relajado, pongo alerta mis sentidos. Barro el terreno con la mirada y pongo
especial atención al oído. No tardan en aparecer cientos de lagartijas, escorpiones
y demás insectos a los que no estoy dispuesta a pegarles un mordisco. Podrían
ser venenosos. Vamos a ver ¿Qué no es venenoso, malévolo o parlante en este
sitio? Para mi suerte tengo al alcance de mis flechas una bandada de gansos.
Consigo derribar tres. Está claro que no es lo mismo cazar perros que están a
nivel del suelo, que gansos que andan allá arriba por las nubes.
Me reúno
otra vez con el grupo. Me acerco a ellos agitando a los tres gansos que llevo
agarrados por el cuello con orgullo. Atara me abraza y me da dos sonoros besos
en cada mejilla. Ella también está de acuerdo conmigo en que las setas están
algo más que un poco secas. Dario, en vez de abrazarme a mí, abraza a un ganso.
Bueno poco más que reza por comerse una grasienta hamburguesa del McDonald’s,
así que, incluso Kai al que parece ser que le gusta comer cartón, se alegra de
tener carne fresca que comer.
Se me
hincha el corazón de felicidad al ver que he colocado una sonrisa en cada uno
de sus rostros.
Una vez que
paran de envolverme entre abrazos, cumplidos y besos (besos de Dario, Mmm…), retomamos la marcha. Pronto la
vegetación se hace un poco más variada. Comienzan a entrar en nuestro campo de
visión pequeños arbustos con graciosísimas versiones de los frutos del bosque.
Hay un arbusto que da una especie de mora del color del sol, según Kai, nos
dice que los frutos de estos arbustos tiene una especie de efectos secundarios.
Las moras te hacen la voz agudísima; te deja la voz de un pitufo. Lo que
parecen frambuesas, solo que de un color verde musgo que casi se camufla con el
tallo y las demás hojas, te hace tener alucinaciones. Atara nos cuenta que
cuando las probó tuvo alucinaciones de las peores. Creía estar muerta vagando
allá arriba con los dioses del limbo. Aunque también creía caer por un pozo sin
fin, mientras gatitos de colores cantaban la canción de la gallina turuleta. El
fruto que sin duda me gusta más son las fresas. Éstas son iguales a las de
siempre. De un rojo perfecto y brillante, de un tamaño normal. Pero la diferencia
es que su efecto secundario te hace bailar hasta la llegada del crepúsculo,
según nos explican los hermanos. Recojo unas muestras de cada fruto. Quién
sabe, puede que nos sean útiles.
Mientras
caminamos pongo mi atención en las nubes del cielo. Estoy ansiosa, nerviosa y
muy estresada. Pero sobre todo, preocupada por encontrar de una vez por todas a
Elliot. Buscar siluetas en las nubes me ayuda. Hace que me centre en otra cosa
que no sea pensar en que mi hermano pueda estar… eh… bueno, no hace falta decirlo.
- Tratando
de despejarte ¿verdad? – me dice Dario.
Me coge
dulcemente de la mano, entrelazando nuestros dedos. Que chocan absurdamente con
el anillo que lleva puesto y del que parece no haberse separado.
- ¿Y ese
anillo? Yo llevaba una pulsera cuando llegamos pero con tanto jaleo se me ha
debido perder. – digo, intentando mantener una agradable conversación.
- ¿La
verdad? – me pregunta
- Si no es
mucho pedir…
- Me lo
regalaron mis padres por mi cumpleaños. Realmente no me gusta mucho pero, es
que no me lo puedo sacar – dice mientras sus mejillas adoptan un adorable color
rosa.
Intento
aguantar la risa, por no molestarle, pero mis intentos son en vano ya que acabo
estallando en carcajadas. Los hermanos que iban a un paso algo más ligero y se
habían colocado en cabeza debieron escucharnos, porque ellos sueltan el aire en
forma de risa.
- No seáis
cabrones ¿vale? Le podría haber pasado a cualquiera. – dice intentando reprimir
una sonrisita, que logró mantener disimulada.
- No te
preocupes a mí se me quedaron incrustados unos pendientes tres meses porque me
eran demasiado chicos – dije yo.
- ¿En
serio?- me pregunta frunciendo el ceño
- ¿La
verdad?
- Si puede
ser… - dijo usando el mismo tono de voz que yo antes.
- ¡No!
Intentaba que te sintiera un poco mejor.
- Serás
mala – me dice entrecerrando los ojos.
- No, tú
sabes que en algún sitio, en un sitio muy al fondo yo te quiero – digo. Le
dirijo una sonrisa burlona. En verdad acabo de decir dos palabras que creí que
jamás le diría a un chico, ni aunque estuviésemos bromeando.
Le observo
mirándolo directamente a sus azulados ojos y veo como éstos me sonríen.
Así nos
pasamos la larga caminata, soltando absurdos comentarios. Chistes malos,
anécdotas divertidas y embarazosas para aligerar la marcha. Nos reímos con
ganas. Una vez más, me recuerda a estar dando un paseo por el bosque
tranquilamente con mis amigos. Como si ningún peligro, ninguna malvada bruja de
hielo salida del infierno se nos pudiera aparecer en nuestro camino. Ella o uno
de sus lacayos sin alma. Me encantaría hacer como si lo que soñé fuera solo
eso, un sueño. Pero entonces miro mi brazo y veo la marca que me dejó la lengua
de fuego que provenía de lo más profundo de su ser. De lo profundo del ser
salido del inframundo.
Kai
haciendo el payaso (algo que le sale muy natural) me devuelve al mundo real
lejos de mis tenebrosos pensamientos. Y me devuelve haciéndome poner una
sincera sonrisa en la cara.
Pronto la
vegetación cobró altura hasta que a nuestro alrededor nos envolvían el fresco
olor a pinos, sentimos la pinocha bajo nuestros desgastados zapatos y notamos
la frescura de la humedad, como si fuera lluvia cayendo suavemente sobre
nuestros rostros. La noche comenzaba a caer y el cielo adoptaba un color
violeta precioso, con millones de puntitos luminosos sobre él.

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